Los lloros del kiosquero se convierten en un pulso sobre la UIP
Cuarenta mensajes en una sola jornada, la del
24 de septiembre de 2026, y el hilo se va de las manos. Arranca con el llanto televisado y en dos mensajes deja de hablar de él. El pulso ya no es por las lágrimas: es por la UIP, la unidad antidisturbios, por quién manda en ella y por qué se puede decir de los agentes que salen en el vídeo.
Qué se ha sabido
El material que se pega en este tramo son dos tuits. Uno de ellos abre la conversación:
. A partir de ahí los mensajes se ordenan solos.
Lo de la sinceridad se cierra pronto. Un participante lo resume así: «Nadie cree sus lloros, solo lo hace para rascar votos en Madrid». Nadie pide pruebas de lo contrario.
Y aparece la candidatura. Un forero cuenta el calendario: el kiosquero «Lleva dos días de candidato y lleva tres llorando». Otro lo remata y dice que «Este va a arrasar en las elecciones por Madrid». Un tercero calcula que el paso por las urnas le va a dar pocos votos. Son impresiones, no encuestas.
Después entra el detalle que cambia el tono. Un participante repara en que al señalar al delegado del Gobierno, del PSOE, al entrevistado se le nota un cambio de cara, y sospecha que «lo mismo se la estan liando a uno de los que les dio acceso al poder». Es una lectura, no un dato.
Y entonces llega el organigrama. Para discutir si ahí alguien puede desobedecer, un forero pega la estructura de la unidad: «Los policías van en grupos de 7, que los manda un oficial, llamados equipos». Dos equipos forman un subgrupo con un subinspector; tres subgrupos, un grupo; un grupo son
50 agentes. Su conclusión: «Ahí nadie hace nada si no lo ordena el mando. No existe la iniciativa».
En paralelo, otro trae dos referencias para argumentar que la obediencia no exculpa a nadie: el experimento Milgram y el caso de Eichmann, «examinado por al menos 6 psicólogos y psiquiatras» que lo declararon cuerdo. El mismo forero pide que se pregunte a los manifestantes de Ceuta si no les pegó la policía. Y un tercero zanja qué hace la Policía Científica: «Recogen vestigios, hacen fotos y elaboran informes. Ahí acaba su trabajo».
Dónde está la bronca
El hilo se parte en dos y la grieta no son las lágrimas.
Un bloque defiende a los agentes. Que es su trabajo y les pagan por eso, dice uno. Que el perfil de esa unidad es el que es, añade otro, y que quien no quiere líos se va a cualquiera de los cien destinos más tranquilos: según su cálculo, el
95% de los policías funcionarios pasa de meterse ahí. Y el argumento que más se repite: sin la protección de las fuerzas de seguridad, del Estado y de los jueces, «iban a llorar de verdad».
El otro bloque ataca a la unidad entera. Un participante sostiene que esos agentes se exceden, que la respuesta debería ser proporcional a la amenaza y que acaban arreando a quien ni estaba en la manifestación. Otro va más lejos: su función real, dice, es reprimir «a los posibles enemigos de las élites, osea al pueblo llano».
Aquí salta la bronca fina. Cuando alguien ironiza con que si le dejan pegarle a quien él dice se apunta a esa unidad, otro le corrige con el organigrama: en la UIP todo lo decide el mando. La discusión se mueve de «son unos matones» a «son una cadena de órdenes». No es lo mismo.
También sube el tono entre los que escriben. Un forero desea a otro que desahucien a un familiar suyo y se rían de ella; la respuesta llega con un «Ánimo!!!!!!!!!!!!!!!!» cargado de ironía. A partir de ahí varios mensajes dejan al kiosquero y se dedican a los compañeros de hilo.
Qué cambia respecto a antes
Se da por superado lo de la sinceridad. En este tramo nadie discute si el llanto es real; se discute para qué sirve y a quién señala. La sospecha de cálculo electoral ya no se plantea como duda, se plantea como hecho.
Entra material nuevo. La estructura interna de la UIP, con sus mandos y sus
50 agentes por grupo, se convierte en el eje. Entran también las referencias históricas sobre obediencia y la sospecha de que el señalamiento al delegado del Gobierno incomode a quien le abrió la puerta.
Y entran las urnas, en las dos direcciones. Uno vaticina que «Este va a arrasar en las elecciones por Madrid»; otro, que le va a dar pocos votos. Las dos predicciones caben en la misma página y nadie va a esperar al recuento para comprobarlo.