El juego de las felicitaciones navideñas que resiste en la red
Un mensaje inicial propone algo tan simple como inusual: felicitar las Fiestas a alguien a quien quizá no conoces, adjuntar una imagen y esperar que el gesto viaje. La mecánica, inspirada en las cadenas de cartas postales, arranca con una felicitación acompañada de un festín británico —coles de Bruselas con bacon y castañas, budín de Navidad, rollitos de salchicha y costilla de ternera— y se convierte en un goteo de invocaciones que cruza ideologías, rencores y afinidades.
El resultado es un
hilo con numerosas respuestas donde conviven felicitaciones a amigos, a adversarios declarados y a quienes simplemente aparecen en el recuerdo. La regla es laxa: uno o dos destinatarios por mensaje, sin necesidad de trato previo. La Navidad, ese territorio donde todo el mundo se permite una tregua, funciona como excusa para algo más terrenal: recordar que al otro lado hay alguien.
De la felicitación a la reconciliación
El mecanismo tiene una derivada práctica que su promotor explicita: si el ignore es mutuo, la felicitación se puede enviar por privado o a través de terceros.
La Navidad está llena de posibilidades, incluida la de un mensaje que llegue donde antes no llegaba. La propuesta no exige simpatía, solo un gesto.
Las respuestas se organizan por afinidad y por deuda pendiente. Hay quien felicita a los que considera buena gente, quien lo hace con los que comparten trinchera y quien extiende el saludo a los que apenas coinciden. Un participante resume el ambiente: felicita a los que le odian o le tienen obsesión, a los que cagan hilos endófobos y desmoralizadores, y a los que simplemente están profundamente equivocados. La ironía no impide el saludo.
El festín como tarjeta de presentación
La imagen que abre el juego no es un adorno: es una declaración de intenciones. El menú británico —
coles de Bruselas con bacon y castañas, budín en olla instantánea, rollitos de salchicha en hojaldre y costilla con mantequilla de mostaza— sirve como tarjeta de felicitación. La procedencia de las fotos,
The Washington Post, añade un punto de prestigio gastronómico a un gesto que en el fondo es doméstico.
A partir de ahí, cada cual arrima su imagen: gatos romanos, paisajes, jerséis navideños, vídeos musicales. La consigna es que la imagen sea agradable y navideña, pero el criterio se relaja. Un participante pide expresamente fotos de mamás noelas vestidas de rojo. Otro responde con un vídeo de un grupo de rock. La Navidad admite casi todo.
El año nuevo toma el relevo
Cuando la Navidad se agota, el mismo mecanismo se recicla para el Año Nuevo. El promotor del juego lanza la tanda de felicitaciones para 2025 y la respuesta no se hace esperar. Un participante devuelve el saludo con una imagen de gatos romanos y Roma, y el intercambio se cierra con un deseo de buena fortuna y una versión pompeyana de la diosa Fortuna.
El juego termina, si es que termina, con una felicitación al último en incorporarse. La mecánica se agota, pero deja un rastro: un hilo que, en un entorno donde la confrontación es la norma, se permite una tregua. La pregunta es si el gesto sobrevive cuando se apaga la Navidad o si, como las cadenas de cartas postales, se queda en el intento.
¿Qué es el juego de las felicitaciones navideñas?
Es una propuesta que circula en un espacio de debate: felicitar las Fiestas a alguien a quien quizá no conoces, adjuntar una imagen navideña y esperar que el gesto viaje. La mecánica, inspirada en las cadenas de cartas postales, admite uno o dos destinatarios por mensaje y no exige trato previo. El resultado es un catálogo de felicitaciones que cruza afinidades, rencores y simple cortesía.
¿Cómo se gestionan los bloqueos mutuos?
El propio promotor del juego ofrece una salida: si el ignore es mutuo, la felicitación se puede enviar por privado o a través de un tercero. La propuesta no exige simpatía, solo un gesto. En la práctica, la mayoría de los mensajes se dirigen a personas con las que ya existe algún tipo de relación, aunque sea de confrontación.
¿Qué imágenes se comparten?
Desde un menú británico de Navidad hasta gatos romanos, pasando por paisajes, jerséis navideños y vídeos musicales. La consigna es que la imagen sea agradable y navideña, pero el criterio se relaja. La variedad refleja la diversidad de los participantes y la ausencia de un código estricto.
¿El juego tiene continuidad en Año Nuevo?
Sí. Cuando la Navidad se agota, el mismo mecanismo se recicla para el Año Nuevo. El promotor lanza la tanda de felicitaciones para 2025 y la respuesta no se hace esperar. El intercambio se cierra con un deseo de buena fortuna y una versión pompeyana de la diosa Fortuna. La mecánica se agota, pero deja un rastro de numerosos mensajes.