«Os mató poco la ETA»: el exabrupto de Lola Guzmán que indigna al campo
Una frase. Ocho palabras dirigidas a agentes de la Policía Nacional en el marco de las protestas agrarias. «Os mató poco la ETA, hijos de puta». La pronunció, según los vídeos difundidos, Lola Guzmán, portavoz de la Plataforma 6F, el colectivo que ha canalizado buena parte del malestar del campo español. El episodio, recogido por varios medios y viralizado en redes, ha reabierto una discusión incómoda: la doble vara de medir con la que se juzgan las salidas de tono según quién las pronuncie y contra quién.
No es un detalle menor. La misma semana en que se celebraba la gala de los Goya, dos titiriteros habían sido señalados por un grito satírico en un espectáculo. La comparación se impuso sola: si aquello mereció diligencia judicial, ¿por qué esto no?
Qué dijo exactamente Lola Guzmán y a quién
Según las grabaciones que circularon, la portavoz de la Plataforma 6F se dirigió a los agentes en estos términos: «Criminales, si levantáis la porra contra un español os las vais a ver... os mató poco la ETA, hijos de puta». La frase, reproducida por varios periodistas, se convirtió en el eje del escándalo.
La reacción fue inmediata. Hubo quien recordó que la misma persona había defendido posiciones antivacunas, había visto veneno en las nubes y había apoyado a formaciones de extrema derecha. El retrato se completó con una pregunta: ¿es esta la representante que el campo español quiere para negociar con Bruselas?
La comparación con los titiriteros: por qué el caso se judicializó y este no
El argumento más repetido fue el de la asimetría. Dos titiriteros acabaron en prisión el mismo día en que se les denunció por un grito satírico durante una representación. La pregunta que sobrevoló el asunto fue simple: si aquello fue apología del terrorismo, ¿qué es esto?
Hay quien sostiene que la diferencia es sustancial: una cosa es una obra de ficción y otra un insulto directo a la cara de un agente. Otros replican que el criterio no puede depender del color político del emisor. La discusión, en cualquier caso, no se cerró.
El contexto: una tractorada, dos asociaciones y una plataforma incómoda
El episodio no ocurrió en el vacío. La Plataforma 6F había convocado movilizaciones agrarias por toda España. En paralelo, las asociaciones mayoritarias —ASAJA y COAG— preparaban su entrada en las negociaciones. La teoría que circuló con más fuerza fue que el exabrupto podía servir de excusa para apartar a los colectivos pequeños de la mesa.
No hay prueba de ello. Pero la sospecha encaja con un patrón conocido: cuando un movimiento social se vuelve incómodo, el foco se desplaza del problema a la anécdota.
La doble vara: «si eres fachito no hay delito»
El reproche más repetido fue el de la hipocresía. «A los que os distinguís bien es a los hipócritas que sois capaces de cualquier cosa por justificar siempre lo que hagan y digan los vuestros, hasta justificar que hagan enaltecimiento de ETA», resumió un participante. Otro lo formuló con más retranca: «si eres fachito no hay delito».
La acusación cruzada fue constante. Unos reprochaban a los otros que llevaran años criminalizando declaraciones de izquierdas y nacionalistas, y que ahora quitaran hierro a esto. Los aludidos respondían que no hay comparación posible entre una burrada dicha con la boca caliente y una amenaza real.
ETA, la droga y el minuto de silencio: el hilo se va por las ramas
Como suele ocurrir, la conversación derivó. Se discutió si ETA se financió con droga, si el ayuntamiento de Pamplona guardó o no un minuto de silencio por una víctima, y si los cuerpos de seguridad cobran gracias a los guardias de la porra. La discusión original quedó enterrada bajo capas de agravios acumulados.
Hubo quien lo resumió con crudeza: «ETA mató policías. Los policías impidieron que la sociedad se tomara la justicia por su cuenta». Y hubo quien respondió que la policía solo mira por su nómina. El tono se calentó y el foco se perdió.
Qué pasa ahora: nadie ha detenido a Lola Guzmán
A fecha de esta discusión, no constaba detención alguna. La pregunta que quedó flotando fue por qué. La respuesta más repetida fue la política: el lunes y el martes entraban ASAJA y COAG en el mogollón y necesitaban una excusa para apartar a las asociaciones pequeñas.
Otra respuesta, más cínica, fue que simplemente no hay delito. Que una cosa es una burrada y otra una amenaza. Que la libertad de expresión ampara también a quien dice lo que no gusta oír. El problema es que ese argumento, aplicado a otros, no siempre se sostiene.
¿Cuánto tardará alguien en pedir la perpetua por algo similar?