El dilema de las elecciones

El dilema de las elecciones
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

El dilema del prisionero muestra que dos partes ganarían más cooperando, pero la desconfianza las lleva a competir. Aplicado a las elecciones, votar se vuelve una estrategia individual que perpetúa el sistema, mientras que la abstención coordinada lo pondría en aprieto.

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El dilema del prisionero muestra que dos partes ganarían más cooperando, pero la desconfianza las lleva a competir. Aplicado a las elecciones, votar se vuelve una estrategia individual que perpetúa el sistema, mientras que la abstención coordinada lo pondría en aprieto.

Hay una escena que se repite en las comisarías de medio mundo, al menos en los libros de texto. Dos sospechosos, interrogados por separado, sin más pruebas contra ellos que sus propias declaraciones. Cada uno puede confesar o callar. Si ambos confiesan, seis años para cada uno. Si uno confiesa y el otro no, el que habla sale libre y el que calla se come diez años. Si ninguno dice nada, un año y a casa. La conclusión es incómoda: lo mejor para los dos es callar, pero ninguno puede fiarse del otro. El miedo y el oportunismo hacen el resto.

Qué dice la teoría de juegos sobre votar

Ese esquema es el dilema del prisionero, formulado por Merrill Flood y Melvin Dresher en 1950 en la corporación RAND, y bautizado así por Albert W. Tucker. Su enseñanza central es que la racionalidad individual puede producir un resultado colectivo peor que la cooperación. Cada jugador elige lo que más le conviene suponiendo lo que hará el otro, y ese cálculo le lleva a traicionar aunque ambos saldrían ganando con un pacto.

Trasladado a las urnas, el planteamiento es el siguiente. Si vas a votar, aceptas las reglas de un sistema que, según esta lectura, no representa de verdad a los ciudadanos. Si no votas pero votan los demás, esos votantes deciden por ti y se benefician a tu costa. Si no vota nadie, el sistema se queda sin la legitimidad que le da la participación y entra en crisis. Las dos primeras opciones son competición entre electores. La tercera es cooperación.

La trampa de la abstención coordinada

El argumento sostiene que el régimen se mantiene precisamente porque elimina la cooperación ciudadana mediante el engaño, el enfrentamiento y el conflicto de intereses. El elector acude a las urnas con el razonamiento de que, si no va él, irán los otros y se aprovecharán. Ese cálculo convierte cada voto en una decisión defensiva, no en una elección libre.

Hay un detalle que suele pasarse por alto. En el dilema original, los presos no pueden hablar entre ellos. En unas elecciones, los ciudadanos tampoco tienen un canal para coordinarse a gran escala: no existe un mecanismo que permita a millones de personas pactar de antemano una abstención conjunta. Sin ese canal, la desconfianza es estructural, no un defecto personal.

El riesgo de que el sistema reaccione

La cooperación entre electores, siempre según este marco, forzaría un cambio tarde o temprano. Puede ir en dos direcciones. Una, que el sistema mejore y abra paso a una representación y participación reales. Otra, que empeore y recurra a la represión, dejando al descubierto el fraude electoral y la manipulación de los gobernantes. La primera es el reto. La segunda, el riesgo que habría que asumir para vivir con la dignidad del ciudadano libre y responsable.

Conviene tomar distancia antes de cerrar. La teoría de juegos describe incentivos, no sentencia sobre la calidad de un sistema político concreto. Aplicar el dilema del prisionero a las elecciones es un ejercicio analítico, no una prueba de que toda democracia sea una oligarquía. Y ninguna decisión sobre participación electoral está exenta de consecuencias legales y cívicas: infórmate antes de actuar.

Datos clave
  • El dilema del prisionero fue formulado por Merrill Flood y Melvin Dresher en 1950 en la RAND Corporation.
  • Albert W. Tucker le puso el nombre y la versión de los dos presos con penas de uno, seis y diez años.
  • La cooperación da un año de cárcel a cada preso; la confesión mutua, seis años; la traición unilateral, la libertad para uno y diez años para el otro.
  • El marco aplica tres escenarios electorales: votar, no votar mientras votan otros, y abstención coordinada.
  • La abstención conjunta se presenta como la única vía para forzar un cambio del sistema, con el riesgo de represión como contrapartida.
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

emerico

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Resumen: vivimos en una oligarquía envilecida y corrupta que nos hace creer que estamos en una democracia porque nos dejan votar.

El Dilema del Prisionero es uno de los dilemas más conocidos e ilustrativos que se conocen. Dos sospechosos son arrestados, aunque no hay más pruebas para condenarlos que su propio testimonio. Los sospechosos son interrogados por separado y a ambos se les hace el mismo ofrecimiento: (1) si ambos confiesan, serán condenados a seis años de cárcel; (2) si uno confiesa y el otro no, quedará libre quien haya confesado y será condenado a diez años de cárcel quien no haya confesado; (3) si ambos lo niegan todo, serán condenados a un año de prisión. Las tres opciones del Dilema del Prisionero se agrupan en dos estrategias:

(a) Competición: son las dos primeras opciones, en las que los dos prisioneros compiten para obtener la mayor ventaja individual.

(b) Colaboración: es la tercera opción, en la que los dos prisioneros colaboran para conseguir la mayor ventaja para ambos.

La colaboración es la mejor estrategia para los dos prisioneros, pero la desconfianza, el miedo y el oportunismo los empuja a la competición.
Las elecciones en los falsos sistemas democráticos presentan el mismo dilema: (1) si vamos a votar, perpetuamos el sistema envilecido y corrupto que nos engaña y esclaviza; (2) si no votamos, pero votan los “otros”, los que votan se benefician a nuestra costa; (3) si no votamos ninguno, el sistema es insostenible. Las dos primeras opciones representan la competición entre los electores para conseguir ventajas individuales; la tercera opción representa la colaboración entre los electores para conseguir lo mejor para todos.

El régimen oligárquico que nos quieren colar como “democracia” es una trampa que se mantiene eliminando la cooperación de los ciudadanos mediante el engaño, el enfrentamiento y el conflicto de intereses. Así se consigue que los electores vayan a votar porque, si no votamos “nosotros”, votarán los “otros” y se aprovecharán de ello. Muy pocos se dan cuenta de que lo verdaderamente importante para todos ya está decidido y en las elecciones sólo se reparten beneficios y perjuicios individuales.

La competición entre los electores equivale a colaborar con el sistema, mientras que la colaboración entre los electores provocaría que, tarde o temprano, el sistema tuviera que cambiar, para (a) mejorar mediante la verdadera representación y participación de los ciudadanos, o para (b) empeorar mediante la represión, descubriéndose el embeleco electoral y la manipulación de los gobernantes. La primera opción representa el reto a conseguir y la segunda el riesgo que habría que asumir para vivir con la dignidad del ciudadano libre y responsable.
 
De los que tienen minutos y espacio en los medios, sean más o sean menos, no espere el ciudadano nada, salvo reformas superficiales.

Un peligro para el sistema nunca saldrá en ningún medio controlado por el mismo, ni para descalificarlo.
 
Los Seres Humanos vivimos en sociedad, en grupos, pero es evidente que todos y cada uno de nosotros somos individualistas y buscamos lo mejor para nosotros mismos, lo primero es instinto y lo segundo también, y eso no lo vas a cambiar por mucha filosofía que nos expliques, y a pesar de que sea cierto lo que dices.
 

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