Resumen: vivimos en una oligarquía envilecida y corrupta que nos hace creer que estamos en una democracia porque nos dejan votar.
El Dilema del Prisionero es uno de los dilemas más conocidos e ilustrativos que se conocen. Dos sospechosos son arrestados, aunque no hay más pruebas para condenarlos que su propio testimonio. Los sospechosos son interrogados por separado y a ambos se les hace el mismo ofrecimiento: (1) si ambos confiesan, serán condenados a seis años de cárcel; (2) si uno confiesa y el otro no, quedará libre quien haya confesado y será condenado a diez años de cárcel quien no haya confesado; (3) si ambos lo niegan todo, serán condenados a un año de prisión. Las tres opciones del Dilema del Prisionero se agrupan en dos estrategias:
(a) Competición: son las dos primeras opciones, en las que los dos prisioneros compiten para obtener la mayor ventaja individual.
(b) Colaboración: es la tercera opción, en la que los dos prisioneros colaboran para conseguir la mayor ventaja para ambos.
La colaboración es la mejor estrategia para los dos prisioneros, pero la desconfianza, el miedo y el oportunismo los empuja a la competición.
Las elecciones en los falsos sistemas democráticos presentan el mismo dilema: (1) si vamos a votar, perpetuamos el sistema envilecido y corrupto que nos engaña y esclaviza; (2) si no votamos, pero votan los “otros”, los que votan se benefician a nuestra costa; (3) si no votamos ninguno, el sistema es insostenible. Las dos primeras opciones representan la competición entre los electores para conseguir ventajas individuales; la tercera opción representa la colaboración entre los electores para conseguir lo mejor para todos.
El régimen oligárquico que nos quieren colar como “democracia” es una trampa que se mantiene eliminando la cooperación de los ciudadanos mediante el engaño, el enfrentamiento y el conflicto de intereses. Así se consigue que los electores vayan a votar porque, si no votamos “nosotros”, votarán los “otros” y se aprovecharán de ello. Muy pocos se dan cuenta de que lo verdaderamente importante para todos ya está decidido y en las elecciones sólo se reparten beneficios y perjuicios individuales.
La competición entre los electores equivale a colaborar con el sistema, mientras que la colaboración entre los electores provocaría que, tarde o temprano, el sistema tuviera que cambiar, para (a) mejorar mediante la verdadera representación y participación de los ciudadanos, o para (b) empeorar mediante la represión, descubriéndose el embeleco electoral y la manipulación de los gobernantes. La primera opción representa el reto a conseguir y la segunda el riesgo que habría que asumir para vivir con la dignidad del ciudadano libre y responsable.
El Dilema del Prisionero es uno de los dilemas más conocidos e ilustrativos que se conocen. Dos sospechosos son arrestados, aunque no hay más pruebas para condenarlos que su propio testimonio. Los sospechosos son interrogados por separado y a ambos se les hace el mismo ofrecimiento: (1) si ambos confiesan, serán condenados a seis años de cárcel; (2) si uno confiesa y el otro no, quedará libre quien haya confesado y será condenado a diez años de cárcel quien no haya confesado; (3) si ambos lo niegan todo, serán condenados a un año de prisión. Las tres opciones del Dilema del Prisionero se agrupan en dos estrategias:
(a) Competición: son las dos primeras opciones, en las que los dos prisioneros compiten para obtener la mayor ventaja individual.
(b) Colaboración: es la tercera opción, en la que los dos prisioneros colaboran para conseguir la mayor ventaja para ambos.
La colaboración es la mejor estrategia para los dos prisioneros, pero la desconfianza, el miedo y el oportunismo los empuja a la competición.
Las elecciones en los falsos sistemas democráticos presentan el mismo dilema: (1) si vamos a votar, perpetuamos el sistema envilecido y corrupto que nos engaña y esclaviza; (2) si no votamos, pero votan los “otros”, los que votan se benefician a nuestra costa; (3) si no votamos ninguno, el sistema es insostenible. Las dos primeras opciones representan la competición entre los electores para conseguir ventajas individuales; la tercera opción representa la colaboración entre los electores para conseguir lo mejor para todos.
El régimen oligárquico que nos quieren colar como “democracia” es una trampa que se mantiene eliminando la cooperación de los ciudadanos mediante el engaño, el enfrentamiento y el conflicto de intereses. Así se consigue que los electores vayan a votar porque, si no votamos “nosotros”, votarán los “otros” y se aprovecharán de ello. Muy pocos se dan cuenta de que lo verdaderamente importante para todos ya está decidido y en las elecciones sólo se reparten beneficios y perjuicios individuales.
La competición entre los electores equivale a colaborar con el sistema, mientras que la colaboración entre los electores provocaría que, tarde o temprano, el sistema tuviera que cambiar, para (a) mejorar mediante la verdadera representación y participación de los ciudadanos, o para (b) empeorar mediante la represión, descubriéndose el embeleco electoral y la manipulación de los gobernantes. La primera opción representa el reto a conseguir y la segunda el riesgo que habría que asumir para vivir con la dignidad del ciudadano libre y responsable.
