La National Gallery rebautiza las bailarinas de Degas como ucranianas
La National Gallery de Londres ha retirado el título con el que la serie de pasteles de Edgar Degas se conoció durante más de un siglo. Lo que siempre fue «Bailarinas rusas» pasa a llamarse «Bailarinas ucranianas» después de que una ciudadana ucraniana residente en Londres, Tanya Kolotusha, reclamara el cambio por Instagram el 14 de marzo. El museo respondió al día siguiente confirmando la modificación. «Es importante recuperar nuestro patrimonio cultural y nombrarlo correctamente», declaró Kolotusha a la AFP, que recogió la noticia el 4 de abril.
El argumento del museo se apoya en que las bailarinas representadas no eran rusas. El argumento de los críticos con el cambio se apoya en otra cosa: en 1890, cuando Degas pintó la serie, Ucrania no existía como Estado. Era territorio del Imperio ruso. Nadie en la Europa occidental de la época llamaba «ucraniano» a quien venía de esas regiones.
Qué cambia exactamente en el museo
El cambio afecta al título de la obra en la cartelería y en el catálogo digital del museo. No es una restitución de un nombre original perdido: es una sustitución del nombre que el propio Degas eligió y que la historiografía del arte ha mantenido durante más de cien años. La National Gallery no ha publicado una explicación técnica sobre las fuentes documentales que respalden la nueva denominación.
Kolotusha sostiene que «Rusia/los rusos se adueñaron y se adueñan aún de muchos elementos de la cultura ucraniana» y califica la invasión actual como «un ataque contra la cultura». El museo se plegó a la petición en menos de 24 horas.
La wikipedia crea una página nueva, no renombra una existente
El 6 de abril, dos días después de que la noticia saltara a los medios, apareció en Wikipedia una página titulada «Bailarinas ucranianas». No existía antes una página llamada «Bailarinas rusas» que se hubiera retitulado: la página es de nueva creación. Solo tiene versión en inglés, lo que apunta a que la escribió un angloparlante en las horas siguientes al eco mediático del cambio en la National Gallery.
El detalle importa. Si el título hubiera sido una imposición errónea de la historiografía, existiría un debate académico previo. Lo que hay es una página nacida al calor de la noticia, con el mismo impulso que movió al museo.
El precedente soviético: San Petersburgo, Petrogrado, Leningrado
El cambio de nombre de obras de arte por motivos políticos tiene precedentes. San Petersburgo pasó a llamarse Petrogrado en 1914, Leningrado en 1924 y volvió a ser San Petersburgo en 1991. Cada cambio respondía a una reescritura del relato oficial, no a un hallazgo documental.
El nombre original de San Petersburgo lo puso Pedro I el Grande en honor a su santo patrón, y la ciudad se diseñó a imagen de las capitales centroeuropeas que el zar había visitado para tomar nota. Rusia lleva tres siglos intentando ser parte de Europa de pleno derecho, y cada vez que lo intenta hay quien se lo niega.
El efecto dominó: de la ensaladilla a Gógol
El cambio de título de Degas ha activado la memoria de otros rebautizos. Durante la Guerra Civil española, la ensaladilla rusa pasó a llamarse ensaladilla nacional y la montaña rusa se rebautizó como montaña suiza. La mecánica es idéntica: cuando un país se convierte en adversario, todo lo que lleva su nombre se convierte en sospechoso.
El siguiente paso lógico, señalan algunos análisis, sería reclamar como ucranianos a Gógol y a Répin, nacidos en territorios que hoy son Ucrania pero que en su época formaban parte del Imperio ruso. Gógol escribió en ruso, se formó en San Petersburgo y se definió siempre como ruso. La pregunta es si el criterio del lugar de nacimiento se aplicará con la misma generosidad a todos los artistas del XIX o solo a los que convenga.
El problema de fondo: quién tiene derecho a rebautizar una obra
El debate no es si las bailarinas de Degas eran rusas o ucranianas. El debate es si un museo puede cambiar el título de una obra porque un Estado en conflicto lo reclama. El título original es un dato histórico: lo puso el autor, lo mantuvo la institución y lo ha usado la crítica durante más de un siglo.
Cambiarlo por presión política abre una puerta que no se cierra. Si el criterio es la corrección nacional del momento, cada conflicto futuro reescribirá el catálogo del museo. La National Gallery no ha explicado por qué el título anterior era incorrecto, solo ha dicho que lo cambia. Eso no es una corrección historiográfica: es una decisión administrativa.
Qué dice el museo y qué no dice
La National Gallery confirmó el cambio de título pero no ha publicado un comunicado con la argumentación completa. La petición llegó por Instagram, la respuesta llegó al día siguiente y la noticia se difundió dos semanas después. En ese intervalo, Wikipedia ya tenía una página nueva con el título nuevo.
La secuencia sugiere que la decisión no pasó por un comité de historiadores del arte. Pasó por alguien con capacidad de decir sí en menos de 24 horas. Eso no invalida el cambio, pero sí explica por qué la discusión se ha trasladado del terreno académico al terreno político en cuestión de días.
El cuadro seguirá colgado en la misma pared, con la misma luz y los mismos colores. Solo cambia la etiqueta. La pregunta que queda sin respuesta es si dentro de veinte años alguien reclamará que vuelva a llamarse como Degas la llamó, y si entonces habrá otro museo dispuesto a cambiarlo en 24 horas.