El cannabis cae un 40 % entre los adolescentes: menos porros, más pantallas
¿De verdad fuman menos los chavales o es que ya no lo llaman fumar? El Plan Nacional sobre Drogas sostiene que el consumo de cannabis entre estudiantes de secundaria de 14 a 18 años ha caído un 40 % desde el máximo de hace dos décadas. En 2004,
uno de cada cuatro alumnos (25 %) reconocía haber fumado en el último mes. En 2023, la cifra bajó al
15 %. La tendencia ascendente se rompió. El informe atribuye el giro a un cambio de hábitos, a una mayor percepción del riesgo y a las campañas de prevención, sin descartar que los jóvenes hayan migrado a sustancias o formatos que consideran menos dañinos.
Qué dicen los datos del informe
El descenso entre menores contrasta con la estabilidad del consumo en la población general de 15 a 64 años: en torno al
12 % declara haber consumido en el último mes, sin variaciones de calado en décadas. La presión sobre el sistema sanitario sigue siendo alta. En 2022, el cannabis estuvo presente en el
46,2 % de las urgencias hospitalarias relacionadas con drogas psicoactivas y motivó el
27,4 % de los ingresos en centros de tratamiento, solo por detrás de la cocaína. Entre los menores que inician tratamiento por drogas ilegales, el
93,5 % lo hace por cannabis. El informe advierte además de que la concentración de THC ha subido y de que proliferan formatos nuevos: comestibles, líquidos para vapeadores y cannabinoides sintéticos, cuya variabilidad química complica la regulación.
¿Por qué baja el consumo si el acceso es más fácil?
Aquí el relato oficial empieza a hacer aguas. Una parte del análisis sostiene que el descenso responde a un cambio cultural real: los jóvenes beben menos, salen menos y cuidan más el cuerpo. Otra corriente apunta a que el dato estadístico es engañoso, porque la sustancia que se consume ya no es la que se medía. Se argumenta que el hachís importado ha sido desplazado por marihuana de cultivo interior, más barata y disponible en cualquier barrio, y que ese mercado no aparece reflejado en las encuestas escolares. La discusión sobre si el consumo baja o solo cambia de forma queda abierta.
El relevo generacional: del canuto al algoritmo
El diagnóstico más repetido no habla de drogas, sino de pantallas. Hay quien sostiene que la generación actual ha sustituido el porro por el
scroll infinito: vídeos cortos, redes y porno gratuito que estimulan el cerebro sin necesidad de sustancia. El mecanismo es el mismo —dopamina rápida— pero el coste es cero y el acceso, inmediato. Desde esta lectura, el chaval que hace veinte años se juntaba a fumar ahora se encierra a consumir contenido. La consecuencia, dicen, es una juventud más sana en el cuerpo y más sola en la cabeza.
La carga sanitaria que no baja
Menos consumo adolescente no significa menos problema. El cannabis sigue siendo la droga que más urgencias genera y la que más tratamientos inicia entre menores. El aumento del THC agrava los riesgos: trastornos mentales, afecciones cardiovasculares y dependencia. Los cannabinoides sintéticos, con composición variable, escapan al control sanitario. La reducción del 40 % es una buena noticia estadística; la foto completa, con urgencias y tratamientos, lo es bastante menos.
Al final resulta que la generación más sana de la historia va a llegar a los treinta con el móvil en la mano, el gimnasio pagado y cero conversaciones reales. Menudo progreso.