El consumo de drogas entre adolescentes cae a mínimos históricos
Un grupo de adolescentes camina por la calle con el móvil en la mano. No fuman, no beben, no se drogan. La encuesta ESTUDES 2025, presentada el 5 de noviembre por la ministra de Sanidad, Mónica García, revela que los estudiantes de 14 a 18 años tienen los hábitos de salud más saludables de los últimos 25 años. Solo un
4,2% fuma a diario, el 11,6% ha consumido cannabis en el último mes y el 51,8% ha bebido alcohol en ese periodo. Son cifras históricas, pero el dato que descoloca es otro: la percepción de riesgo del tabaco calentado se ha disparado 18,5 puntos hasta el 57,3%.
El alcohol sigue siendo la sustancia más consumida
Pese a la caída general, el alcohol se mantiene como la sustancia psicoactiva más extendida. El
73,9% de los jóvenes ha bebido alguna vez, dos puntos menos que en 2023, y el 51,8% lo ha hecho en el último mes. Las borracheras se reducen al 17,2% y el consumo en atracón al 24,7%, las cifras más bajas desde 2000. La edad media de inicio se mantiene en 13,9 años. La mayoría bebe porque lo considera divertido, aunque en las chicas es más frecuente que lo hagan porque les ayuda cuando están deprimidas.
¿Por qué los adolescentes fuman y beben menos?
La explicación oficial apunta a las políticas públicas de las últimas décadas. La ministra Mónica García ha vinculado los datos a la ley antitabaco y a la futura ley de alcohol y menores, pendientes de impulsar. Sin embargo, en el debate late otra hipótesis: la
falta de poder adquisitivo. Hay quien sostiene que un gramo de cocaína cuesta 60 euros, y para muchos jóvenes ese gasto es inasumible. El consumo se desploma, pero no necesariamente por convicción saludable.
Hay quien sostiene que el aburrimiento es la fuerza que empuja a beber y drogarse, y que internet y las pantallas han llenado ese vacío. Otros apuntan al precio como factor disuasorio. Y una tercera corriente, más escéptica, duda de los datos: argumenta que la normalización del cannabis entre los jóvenes contradice las cifras oficiales. La percepción de riesgo del cannabis alcanza su máximo histórico: el
94% lo considera dañino, más que el tabaco.
El cannabis y las drogas ilegales marcan récords a la baja
El consumo de cannabis cae a mínimos: un 11,6% declara haberlo consumido en el último mes, frente al 15,6% anterior, y el 21% lo ha probado alguna vez. La cocaína baja al 1,6%, los alucinógenos al 1,4% y los inhalables volátiles al 2%. Son porcentajes inferiores al 2% en todas las drogas ilegales. El tabaco diario desciende al 4,3%, el valor más bajo desde 1994, y la edad de inicio se sitúa en 14,1 años. Casi la mitad, el 46,4%, dice haber intentado dejarlo en el último año.
El ocio nocturno y las pantallas cambian los hábitos
Los jóvenes salen menos. Se comunican online, quedan para jugar cada uno desde su casa y en pijama. El ocio nocturno, tradicional caldo de cultivo del consumo, pierde peso. Las bebidas energéticas y los vapeadores ocupan ese espacio: el 27,1% ha usado cigarrillos electrónicos en el último mes. Galicia busca convertirse en la primera comunidad en prohibir su venta a menores. La sustitución de unas sustancias por otras no implica que la juventud sea más sana, solo que ha cambiado el vehículo.
La percepción de riesgo aumenta, pero el acceso sigue siendo fácil
Los adolescentes aseguran que pueden acceder a las sustancias fácilmente. La concienciación sobre el tabaco calentado ha crecido 18,5 puntos, y la del cannabis alcanza máximos. La paradoja es que, aunque el consumo cae, la disponibilidad no se reduce. El descenso del consumo no se explica solo por la educación: también por el bolsillo. Con estos diferenciales, la juventud española parece haber cambiado el botellón por el móvil. Y hay quien sostiene que el gramo sigue costando 60 euros.