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Madmaxista
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MIS VIAJES POR WEBS AJENAS (12)
Dice A. Pustogarov:
Cabe destacar que Stalin no consideraba en absoluto que las naciones fueran algo que siempre existiera. Es más, creía que su propia existencia dependía de las condiciones políticas y económicas. Esto es lo que escribió
en 1929:
«No había ni podía haber naciones en el período precapitalista, pues aún no existían mercados nacionales, ni centros económicos ni culturales nacionales y, en consecuencia, no existían factores que eliminaran la fragmentación económica de un pueblo determinado y unieran a las partes hasta entonces desunidas de este pueblo en un solo todo nacional..."
Evidente. Podían existir Reinos y territorios controlados por un determinado señor, sin que ellos tuvieran la suficiente fuerza militar como para obligar a todos los habitantes a seguir sus pautas. Estos siempre podían refugiarse en cualquier otro lugar alejados de la ira del poder. El advenimiento de las naciones lleva consigo un nuevo sistema económico centralizado, con impuestos, normas de vida social, censo de habitantes y una policía cada vez más presente en todos los lugares de la nueva nación instaurada. Esto sucede en el siglo XIX.
Y no consiste en que la creación de las naciones exija un nuevo sistema económico. Es al revés: se pretende crear un nuevo sistema económico y, para ello, se hace necesaria una organización social acorde y distinta: la Nación. La idea de Nación, mal que nos pese, constituye una idea romántica, fruto de la propaganda sentimentaloide, con la que se nos vende e implementa un nuevo sistema económico.
La Política sirve a la Economía. Realiza los cambios necesarios para que llegue a buen puerto. La Ideología. la Religión y la Filosofía, entre otras, colaboran en ello.
Esta lacónica frase es bien conocida:
El proletariado es el sepulturero de la burguesía.
Esto es aproximadamente lo que escribieron K. Marx y F. Engels en el Manifiesto del Partido Comunista (1848):
«(La burguesía - A.P.) produce sobre todo a sus propios sepultureros... el proletariado... es su propio producto...
En la medida en que la burguesía se desarrolla... el proletariado, la clase de los trabajadores modernos, también se desarrolla...
la burguesía no solo ha forjado las armas que la aniquilan, sino que también ha engendrado al pueblo que las dirigirá contra ella: los trabajadores modernos, los proletarios».
¡Hermosa dialéctica!
Excepto que, como escribió Voltaire en otra ocasión:
«Esta excelente filosofía jamás ha sido refutada por nada, salvo por los hechos» (La princesa de Babilonia).
Como es sabido, para facilitar el comercio colonial, se crean estructuras en las colonias a partir de la población local, responsables de dicho comercio.
Así, en África, el intercambio colonial se produjo (y aún se produce en algunos lugares) bajo el liderazgo local de los llamados líderes tribales. A menudo, «los esclavos no eran capturados por la fuerza, sino comprados a los líderes locales.
Así, se crearon estructuras protoestatales en las colonias. Inevitablemente, en interacción con los colonizadores, la economía de la colonia se desarrolló. Esto se debió, entre otras cosas, a la transferencia de empresas industriales a las colonias, debido a la mano de obra barata. En algunos casos, como en los estados norteamericanos, la economía local se volvió autosuficiente. Paralelamente, se desarrolló una nación con vocación independentista, la sepulturera del colonialismo. Como resultado de un conflicto con una nación orientada a la exportación colonial, una revolución anticolonial, por regla general, viene acompañada de una guerra civil.
Es decir, la propia estructura formada para poder llevar adelante los negocios coloniales termina por rebelarse contra sus jefes para tomar el control de la misma mediante la independencia.
Un nuevo sistema económico (substitución de los jefes por los subalternos) requiere una nueva organización social: La Independencia colonial.
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Dice A. Pustogarov:
Cabe destacar que Stalin no consideraba en absoluto que las naciones fueran algo que siempre existiera. Es más, creía que su propia existencia dependía de las condiciones políticas y económicas. Esto es lo que escribió
en 1929:
«No había ni podía haber naciones en el período precapitalista, pues aún no existían mercados nacionales, ni centros económicos ni culturales nacionales y, en consecuencia, no existían factores que eliminaran la fragmentación económica de un pueblo determinado y unieran a las partes hasta entonces desunidas de este pueblo en un solo todo nacional..."
Evidente. Podían existir Reinos y territorios controlados por un determinado señor, sin que ellos tuvieran la suficiente fuerza militar como para obligar a todos los habitantes a seguir sus pautas. Estos siempre podían refugiarse en cualquier otro lugar alejados de la ira del poder. El advenimiento de las naciones lleva consigo un nuevo sistema económico centralizado, con impuestos, normas de vida social, censo de habitantes y una policía cada vez más presente en todos los lugares de la nueva nación instaurada. Esto sucede en el siglo XIX.
Y no consiste en que la creación de las naciones exija un nuevo sistema económico. Es al revés: se pretende crear un nuevo sistema económico y, para ello, se hace necesaria una organización social acorde y distinta: la Nación. La idea de Nación, mal que nos pese, constituye una idea romántica, fruto de la propaganda sentimentaloide, con la que se nos vende e implementa un nuevo sistema económico.
La Política sirve a la Economía. Realiza los cambios necesarios para que llegue a buen puerto. La Ideología. la Religión y la Filosofía, entre otras, colaboran en ello.
Esta lacónica frase es bien conocida:
El proletariado es el sepulturero de la burguesía.
Esto es aproximadamente lo que escribieron K. Marx y F. Engels en el Manifiesto del Partido Comunista (1848):
«(La burguesía - A.P.) produce sobre todo a sus propios sepultureros... el proletariado... es su propio producto...
En la medida en que la burguesía se desarrolla... el proletariado, la clase de los trabajadores modernos, también se desarrolla...
la burguesía no solo ha forjado las armas que la aniquilan, sino que también ha engendrado al pueblo que las dirigirá contra ella: los trabajadores modernos, los proletarios».
¡Hermosa dialéctica!
Excepto que, como escribió Voltaire en otra ocasión:
«Esta excelente filosofía jamás ha sido refutada por nada, salvo por los hechos» (La princesa de Babilonia).
Como es sabido, para facilitar el comercio colonial, se crean estructuras en las colonias a partir de la población local, responsables de dicho comercio.
Así, en África, el intercambio colonial se produjo (y aún se produce en algunos lugares) bajo el liderazgo local de los llamados líderes tribales. A menudo, «los esclavos no eran capturados por la fuerza, sino comprados a los líderes locales.
Así, se crearon estructuras protoestatales en las colonias. Inevitablemente, en interacción con los colonizadores, la economía de la colonia se desarrolló. Esto se debió, entre otras cosas, a la transferencia de empresas industriales a las colonias, debido a la mano de obra barata. En algunos casos, como en los estados norteamericanos, la economía local se volvió autosuficiente. Paralelamente, se desarrolló una nación con vocación independentista, la sepulturera del colonialismo. Como resultado de un conflicto con una nación orientada a la exportación colonial, una revolución anticolonial, por regla general, viene acompañada de una guerra civil.
Es decir, la propia estructura formada para poder llevar adelante los negocios coloniales termina por rebelarse contra sus jefes para tomar el control de la misma mediante la independencia.
Un nuevo sistema económico (substitución de los jefes por los subalternos) requiere una nueva organización social: La Independencia colonial.
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