El debate sobre cuándo existió España llega al hilo del ladino
El hilo ha dejado atrás el forcejeo sobre si el Quijote se lee sin esfuerzo y ha abierto dos frentes nuevos. El primero es la fecha de nacimiento de España: un participante sostiene que como ente político no existió hasta 1812 y otro que el gentilicio «español» ya estaba consolidado en 1600. El segundo es la irrupción del Conde Lucanor, cuyo anteprólogo se copia sin traducir, como prueba de que el castellano de hace casi siete siglos se lee. En paralelo, varios mensajes derivan hacia la genética sefardí, una revista de pasatiempos en español que se vende en Israel y una tanda de mensajes hostiles hacia los judíos.
Qué se ha sabido
Un participante fecha el Conde Lucanor entre 1330 y 1335 y considera que se entiende «aceptablemente bien». Otro copia el anteprólogo del libro, atribuido a don Johan, hijo del infante don Manuel, y enlaza la web biblioteca-antologica.org como fuente. Del mismo libro se reproducen líneas enteras sin adaptar.
En el plano histórico, un forero afirma que España no existió como ente político hasta 1812 y que los conceptos de España y Las Españas eran puramente geográficos, comparables a los Balcanes o a Escandinavia. Para defender que el imperio era castellano enumera: las leyes de todos los Reinos de Castilla de 1538, la recopilación de leyes de Indias de 1680 y una recopilación de ordenanzas reales de Castilla de 1779. Añade el enlace retsinformation.dk para equiparar el caso con el uso geográfico de Skandinavien. Y recuerda que el artículo 3 de la Constitución fija el castellano como lengua común de los españoles.
Enfrente, otro participante sitúa el gentilicio «español» desde el siglo XIII y lo da por consolidado en 1600, con Felipe III. Aporta que la España de Cervantes coincide con la de hoy más el imperio. Y un tercer forero sostiene que los españoles tienen «muchísima genética judía» y que la submeseta peninsular es, en sus palabras, un vergel de ese linaje. Una forera cuenta que hay una revista de pasatiempos en español a la venta en Israel, con «25 séquels».
Las posturas
La discusión sobre quién habla mejor castellano se ha desplazado al norte. Un participante defiende que configuraciones como «dijéronme» son muy comunes en el principado y que la gente de alrededor es consciente de ello. Otro responde que allí nació el castellano y que los asturianos son los que mejor lo hablan de toda España. Un tercero tercia: son los riojanos.
Sobre el Quijote, el intercambio se ordena en torno a gramática y léxico. Un forero sostiene que don Quijote es un personaje que cree a pies juntillas las fantasías de las novelas de caballerías, que la edad de oro a la que se refiere no existió más que en la imaginación de quienes escribieron disparates y que Cervantes firmó una parodia. El mismo añade que el pasaje discutido no tiene una sola diferencia gramatical con el castellano moderno y que cuesta solo por las prendas y tejidos que ya no se usan. Otro coincide: la gramática es exactamente igual que la de ahora y lo único distinto es el vocabulario, algo lógico por las diferencias regionales y los objetos desaparecidos; de las palabras citadas, varias siguen vivas en otras lenguas. Un tercero zanja que esas cosas se leen y se entienden perfectamente y que mucho de ese lenguaje lo usaban todavía los abuelos. Alguien ironiza con que haga falta un historiador para adivinar el significado de un insulto clásico. Y quien mantiene el 90% mínimo de comprensión lo repite.
En el choque sobre España, un participante insiste en que en 1600 el país ya existía para propios y extraños y que la España de Cervantes es la misma de ahora más el imperio, Portugal incluido. El otro responde que no va a poder probarlo, porque España como ente político no existió hasta 1812, que el concepto era geográfico como el de Escandinavia y que la lengua común se llama castellano. Ilustra su punto con una frase larga cargada de jerga rioplatense para mostrar que el español es diverso.
Genética, una revista y mensajes hostiles
Una parte de los participantes lleva la conversación a los rasgos físicos: uno afirma que la mitad de los españoles y los israelíes son indistinguibles a golpe de vista y otro sostiene que españoles y judíos comparten un tronco común no muy lejano. La revista de pasatiempos en español que se vende en Israel aparece como ejemplo de vitalidad de la lengua fuera de España.
El tono se degrada en varios mensajes contra los judíos. Se repiten acusaciones de rituales y de organización comunitaria que no cuentan con ningún respaldo, y un forero invoca abusos cometidos en Reino Unido y un caso español de hace años para sostener que se lo cree. Otro responde que no ve la relación con el hilo, que los judíos que conoce viven como un ciudadano más, sujetos a su Ley, y que la gente sin sujeción moral es la más propensa a hacer daño. Un último mensaje ironiza con que «ladino» y «chabacano» le sonaban a insultos y pide una traducción del Quijote como quien pide un comentario talmúdico.
Lo que cambia respecto a antes
El eje se ha movido del vocabulario a la gramática: ya no se discute si las palabras del Quijote son raras, sino si la sintaxis es la de hoy. El Conde Lucanor entra como pieza nueva, con fecha y texto original copiado. Entra también la pregunta jurídica de cuándo existió España, con tres normas fechadas y un enlace extranjero como término de comparación. La genética sefardí y una revista en Israel abren un frente que no había aparecido. Y los mensajes hostiles escalan hasta acusaciones sin base, con respuestas que replican desde la experiencia personal.