El choque entre fe y laicismo que divide a la derecha
¿Se puede sostener una civilización sobre el ateísmo? La pregunta, que parecía enterrada, reaparece con fuerza en un contexto de crisis de identidad y de creciente influencia del pensamiento laicista en el espacio público. Un sector del análisis sostiene que la herencia cristiana es el único cemento capaz de unir a naciones europeas hoy fragmentadas, mientras que otra corriente defiende que fue precisamente el laicismo el que abrió las puertas a dinámicas que hoy se consideran indeseables. El intercambio de argumentos, lejos de ser un debate académico, refleja una fractura real en el seno de la derecha política y cultural.
El papel del cristianismo en la construcción de Europa
La tesis de que sin base no hay orden vertebra buena parte de la discusión. Se argumenta que la base europea es cristiana y que no se puede construir nada sólido sobre el ateísmo en las circunstancias actuales. Según esta postura, recuperar
Europa solo sería posible a través del cristianismo como nexo de unión entre las naciones, y ha sido precisamente la deriva laicista la que ha sumido al continente en la situación actual. En el cristianismo se identifican valores como el honor, la verdad, la fraternidad, la familia y la superposición de lo espiritual sobre lo material, que se consideran ausentes en otras tradiciones religiosas.
Frente a esta visión, otra línea de pensamiento sostiene que el laicismo fue lo que abrió las puertas de par en par a lo que se percibe como una influencia internacional indeseable. Es decir, para algunos, el problema no es la religión, sino su abandono. La discusión se enreda en una paradoja: quienes critican el laicismo por haber facilitado ciertos procesos globalizadores acaban coincidiendo con quienes defienden la fe como dique de contención.
La herencia grecolatina como alternativa
Otra corriente reivindica que quien ha construido la civilización es Grecia, con sus filósofos, arquitectos, científicos, geógrafos, escultores, legisladores, marineros, dramaturgos y atletas olímpicos. Desde esta óptica, la religión solo habría canalizado el analfabetismo, y se critica que una secta surgida hace dos mil años para meterle la puntilla al imperio romano y saquear el continente siga hoy pretendiendo imponer sus relatos. La respuesta no se hace esperar: se recuerda que sin la escolástica no se habría conocido nada de Grecia, y que figuras como Newton, Leibniz, Galileo o Ignacio de Loyola no pueden ser calificadas de analfabetas. El intercambio sube de tono cuando se señala que quien ataca la fe cristiana suele ser un amargado que busca atención en la vida real.
El respeto al creyente desde el ateísmo
Una postura intermedia emerge con fuerza: la de quienes se declaran ateos o agnósticos pero respetan profundamente al creyente cristiano, al que consideran origen de nuestra civilización. Se sostiene que la figura de Jesús existió como gran pensador de su época y como el primero que estableció normas de convivencia, y que fue luego la leyenda cristiana la que lo convirtió en la figura religiosa actual. Esta posición, que busca tender puentes, es recibida con honores por algunos católicos, que la califican de grande, mientras los sectores más beligerantes la desdeñan como una imbecilidad propia de analfabetos.
La fractura interna de la derecha
El análisis más incisivo señala una contradicción llamativa: se pierde toda credibilidad apoyando a la Unión Europea y la OTAN contra Rusia mientras se denuncia que esas mismas élites tienen una agenda para transformar Europa. El chiste se cuenta solo, vienen a decir. Se critica que quien se cree el coronatimo critique a la Iglesia, y se observa con sorna que la insistencia en hablar de chicos mazados y musculosos solo podría hacerla alguien con determinada orientación. La conclusión es demoledora: matarlo era poco.
El aniversario de Lepanto como símbolo
En medio del fuego cruzado, alguien recuerda que precisamente hoy es el aniversario de la batalla de Lepanto, el 7 de octubre de 1571, la más alta ocasión que vieron los siglos, y que el pendón de batalla aún está en Toledo. La referencia histórica sirve para subrayar que la identidad europea se forjó también en el enfrentamiento con el islam, y que ese legado sigue vivo. Para otros, sin embargo, la religión es un mero vehículo que canaliza la vocación espiritual en sentido de trascendencia, igual que otros emplean el foro para canalizar su idiocia en forma de bilis paupérrima.
La discusión deja un poso amargo: mientras unos invocan la herencia cristiana como único dique frente a la fragmentación, otros responden que fue el laicismo el que abrió las puertas a lo que ahora se critica. Y en medio, millones de personas que, simplemente, siguen creyendo. Ironía seca: al final, los que más ruido hacen son los que menos fe tienen.