EEUU ha destruido dos lanzadores de misiles de crucero en Srik, en el sur de Irán, cuando se preparaban para atacar barcos en el estrecho de Ormuz. El tráfico petrolero por esa vía ha caído hasta unos 6,5 millones de barriles diarios tras la intensificación de los ataques iraníes a petroleros.
El estrecho de Ormuz es la puerta por la que sale al mundo una parte considerable del crudo del Golfo. Cuando esa puerta se estrecha, el precio no tarda en notarlo. Y estos días se ha estrechado de golpe: el flujo de petróleo que atraviesa el paso ha bajado hasta alrededor de 6,5 millones de barriles diarios, según la información difundida sobre el terreno. La causa inmediata es la intensificación de los ataques iraníes contra petroleros en la zona.
Dos lanzamisiles destruidos en Srik
En ese contexto, Estados Unidos ha alcanzado dos lanzadores de misiles de crucero en Srik, en el sur de Irán, en el momento en que se preparaban para disparar contra barcos que navegan por el estrecho. El dato importa porque no se trata de una escaramuza naval más: se han golpeado plataformas de lanzamiento en tierra, antes de que entraran en acción. Es la clase de objetivo que, si funciona, evita el ataque; y si falla, lo adelanta.
La elección del blanco dice bastante del tipo de conflicto. No se persigue a un barco concreto ni se responde en el mismo instante del impacto, sino que se intenta cortar la capacidad de golpear desde la costa. En un paso marítimo de apenas unas decenas de kilómetros de anchura, esa capacidad es la que convierte un petrolero en un blanco fácil.
El precio de un cuello de botella
Ormuz no es un estrecho cualquiera. Por él circula una porción muy relevante del petróleo que se comercia por mar, y cualquier interrupción se traslada con rapidez a las primas de riesgo y a los fletes. Que el flujo haya caído a unos 6,5 millones de barriles diarios no significa que el crudo haya dejado de salir, pero sí que sale menos y con más coste. Cada barril que no pasa se paga más caro en otro sitio.
Para el bolsillo del consumidor europeo, el canal habitual es el precio del carburante, que reacciona con retraso pero reacciona. Para las aseguradoras, el canal es la prima de guerra que se aplica a los buques que cruzan la zona. Y para los países del Golfo, el canal es la duda sobre si su principal vía de exportación sigue siendo fiable.
Qué vigilar a partir de aquí
La pregunta que se hace el mercado no es si habrá más ataques, sino cuánto tarda en reabrirse el grifo con normalidad. Un flujo de 6,5 millones de barriles diarios sostenido durante semanas obligaría a buscar rutas alternativas y a tirar de inventarios. Si la cifra se recupera rápido, el susto se queda en prima de riesgo. Si no, el encarecimiento energético deja de ser un episodio y pasa a ser un supuesto de trabajo.
Conviene tomar cualquier cifra de tráfico marítimo en plena crisis con cautela: se revisa, se corrige y a veces se contradice. Y si el asunto acaba afectando a precios o a contratos, lo sensato es consultar a un profesional antes de mover nada.