Documentos desclasificados implican al PSOE en las peores matanzas de la Guerra Civil española

Yo si fuera del PSOE, miembro de su militancia o de la propia Ejecutiva, llevaría a juicio al creador de este hilo con sartas de injurias que no se sostienen. Es vergonzoso que en este foro se cuelen cosas de este tipo.

Mejor que primero pase por un proceso judicial. Si sale absuelto, entonces ya que le suelten los jueces.
 
Última edición:
Desmontando el mito franquista del oro de Moscú
(imagen visible para usuarios registrados)
Tras conocerse la decisión del Tribunal Supremo de sacar los restos del dictador Francisco Franco del Valle de los Caídos, la derecha reaccionaria ha vuelto a desempolvar uno de los grandes mitos que alimentó el franquismo, el del denominado oro de Moscú.

El oro de Moscú

Durante décadas, los golpistas utilizaron el oro de Moscú para desprestigiar el legado cultural, social y democrático de la II República, y con ello, justificar el golpe militar iniciado el 18 de julio de 1936. Concretamente se hace alusión al supuesto "robo" de 510 toneladas de oro depositadas en el Banco de España y que el Gobierno de la República tuvo que utilizar para defenderse del golpe de Estado provocado por las derechas reaccionarias y antidemócratas que no aceptaron la victoria del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936.

Lo primero que hay que puntualizar es que sin el golpe de Estado que dio Franco y sus acólitos, las reservas de oro seguirían en el Banco de España, y con ello la República Española hubiese continuado siendo el cuarto país con más reservas de oro del mundo.

Hay que decir que las reservas del Banco de España no se regalaron a la Unión Soviética ni fueron robadas como apunta la propaganda franquista, sino que sirvieron de financiación a la República Española, ante el boicot del sistema financiero internacional que dio la espalda a nuestro país en la lucha contra el fascismo. Tan sólo la Unión Soviética y México ayudaron a España en el suministro de armamento, que evidentemente hubo que satisfacer mediante el pago de oro.

Según el balance del Banco de España del 30 de junio de 1936, publicado en la Gaceta de Madrid (el BOE de la época) el 1 de julio de 1936, las reservas de oro existentes eran de unas 705 toneladas y alcanzaban un valor de 2.202 millones de pesetas-oro, equivalente a 5.240 millones de pesetas efectivas (unos 719 millones de dólares), según calcula el historiador Ángel Viñas.

Las 510 toneladas de oro enviadas por la República desde el puerto de Cartagena a la Unión Soviética estaban valoradas en 1.592 millones de pesetas-oro, equivalente a 3.790 millones de pesetas efectivas (unos 518 millones de dólares). Como veremos a continuación, las deudas de Franco contraídas con Hitler y Mussolini superaron a las reservas de oro utilizadas por el Gobierno republicano.

Las deudas de Franco con Hitler y Mussolini

La guerra civil que inició Francisco Franco no salió gratis a los españoles. Además de la ayuda de tropas (unos 19.000 alemanes llegaron a pasar por España y unos 40.000 italianos), el franquismo contó con la inagotable ayuda militar (suministros, armamento, aviones de combate, carros blindados, etc.), además del patrocinio económico de Hitler y Mussolini.

En 1949, la propaganda franquista señaló que las facturas contraídas durante la guerra por Franco eran algo inferiores a los 1.200 millones de pesetas. Sin embargo, unas minuciosas investigaciones del historiador Ángel Viñas revelaron en 1979 que la deuda contraída por la España de Franco con la Italia facineroso de Mussolini y la Alemania de Hitler oscilaba entre 5.239 millones y 6.108 millones de pesetas de la época. Lo que supondría unos 700 millones de dólares, cantidad superior al oro de Moscú (valorado en 518 millones de dólares) y que tuvo que utilizar la República.

Sobre estos datos, Viñas indica que las cifras no pueden compararse, ya que el régimen de Francisco Franco recibió un chorro constante de armamento por parte de Italia y Alemania, lo que supuso una cantidad económica muy superior al total de las reservas del Banco de España utilizadas por la República para hacer frente a los gastos bélicos.

Terminada la guerra civil, el Gobierno de Franco procedió a la negociación de la liquidación de la deuda con Hitler y Mussolini. Alemania fijó la deuda de la España de Franco en 372 millones de marcos, mientras que Mussolini fijó la deuda en 6.926 millones de liras más otros 300 millones que había prestado la banca italiana. El dictador Franco extinguió unilateralmente las deudas con la Alemania de Hitler poco antes del desembarco aliado en Normandía en 1944, mientras que la deuda con Italia terminó de abonarse el 30 de junio de 1967.

Resumiendo, todos los mitos que se utilizaron contra la II República se han ido desmontando uno tras otro. La manipulación franquista sobre el oro de Moscú es uno de ellos; hoy sabemos que Franco engañó al pueblo español.

Equipo de redacción de Eco Republicano
 
Las deudas de Franco con Hitler y Mussolini

La guerra civil que se inició tras el fracaso parcial del golpe de Estado en España de julio de 1936, no salió gratis a los españoles. Además de la ayuda de tropas (unos 19.000 alemanes llegaron a pasar por España y unos 40.000 italianos), el franquismo contó con la inagotable ayuda militar (suministros, armamento, aviones de combate, carros blindados, etc..), además del patrocinio económico de Hitler y Mussolini.

En 1949, la propaganda franquista señaló que la facturas contraídas durante la guerra por Franco eran algo inferiores a los 1.200 millones de pesetas. Sin embargo, unas minuciosas investigaciones del historiador Ángel Viñas revelaron en 1979 que la deuda contraída por la España de Franco con la Italia facineroso de Mussolini y la Alemania de Hitler, oscilaban entre 5.239 millones y 6.108 millones de pesetas de la época. Lo que supondría unos 700 millones de dólares, cantidad superior al oro de Moscú (valorado en 518 millones de dólares) y que tuvo que utilizar la República.

Sobre estos datos, Viñas indica que las cifras no pueden compararse, ya que el régimen de Francisco Franco recibió un chorro constante de armamento por parte de Italia y Alemania, lo que supuso una cantidad económica muy superior al total de las reservas del Banco de España utilizadas por la República para hacer frente a los gastos bélicos.

Terminada la guerra civil, el Gobierno de Franco procedió a la negociación de la liquidación de la deuda con Hitler y Mussolini. Alemania fijó la deuda de la España de Franco en 372 millones de marcos, mientras que Mussolini fijó la deuda en 6.926 millones de liras más otros 300 millones que había prestado la banca italiana. El dictador Franco extinguió unilateralmente las deudas con la Alemania de Hitler poco antes del desembarco aliado en Normandía en 1944, mientras que la deuda con Italia terminó de abonarse el 30 de junio de 1967.
 
Canceladas por no ceder el turno para coger agua de la fuente "a una señorita", la España de las clases sociales.

Las hermanas Rufina y Beatriz Ubeda fueron detenidas por la Guardia Civil y les robaron "las dotes" que poseían para casarse. A Rufina y Beatriz Ubeda Palomares, con 24 y 22 años, las sentenció una de las consideradas "señoritas" del pueblo. Como lavanderas guardaban su turno, para recoger agua de la fuente y no permitieron que aquella mujer privilegiada pasara delante de ellas.

Al día siguiente fueron detenidas por la Guardia Civil y tras varios meses en prisión, canceladas en el cementerio de Ciudad Real. Advirtieron a su progenitora que llevarían consigo un lazo rojo, para que las reconocieran, si algún día buscaban sus restos.

Una familia que vivió un auténtico drama. La progenitora, viuda y con 9 descendientes, fue encarcelada acusada de haber dicho lo que, según su nieta Gloria, sus labios nunca pronunciaron. Mucho dolor que se llevó a la tumba.

Foto cedida por Gloria Ubeda, tía de las hermanas.

(adjunto visible para usuarios registrados)
 

Adjuntos

Archivo oculto para usuarios no registrados
'Los Descendientes de la Noche': los anarquistas que sacaron de Zaragoza a 4.000 personas para que no las ejecutasen los franquistas

Eran unos anarquistas que se vieron atrapados en Zaragoza tras el Golpe de Estado de 1936. Su lema era: "No puedes perder más, solo puedes perder la vida"
Ante la fortísima represión ejercida sobre los activistas de izquierda, decidieron organizar una red de evasión clandestina
La Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica de Aragón (ARMHA) organiza una marcha desde Fuendetodos hasta Zaragoza para homenajear a "Los Descendientes de la Noche" por las mismas vías que recorrieron durante la Guerra


(imagen visible para usuarios registrados)El lema de "Los Descendientes de la Noche" era: "No puedes perder más, solo puedes perder la vida” CGT
Por Álvaro Castrillo Schneiter27 sep 2019 21:33
"Si esta historia hubiera sucedido en Estados Unidos, tendríamos ya una película de las que llenan las salas de cine". Enrique Gómez, presidente de la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica de Aragón (ARMHA), introduce con esta afirmación su respuesta a quiénes fueron 'Los Descendientes de la Noche', el grupo de huidos al que van a homenajear durante este fin de semana con una marcha de más de 40 kilómetros entre Fuendetodos y Zaragoza, con posterior comida y música.

'Los Descendientes de la Noche' eran unos anarquistas que se vieron atrapados en Zaragoza tras el Golpe de Estado de 1936. En un principio no habían planeado nada, pero ante la fortísima represión ejercida sobre los activistas de izquierdas decidieron organizar una red de evasión clandestina para sacar a personas susceptibles de ser ejecutadas por las fuerzas nacionales. Gómez explica cómo "nadie en Zaragoza imaginaba que la represión iba a ser tan brutal". "Había un sistema de checas perfectamente organizadas que fusilaban sin el menor escrúpulo y al más puro estilo rifeño a todo aquel que fuera sospechoso de ser republicano, libertario o lo que fuere. Una limpieza como la que describían Franco, Queipo de Llano y Mola cuando hablaban de que iban a acabar con dos millones de españoles".

Ante esta represión, desde octubre del 36 y hasta febrero del 37 'Los Descendientes de la Noche' deciden organizar una red de evasión de Zaragoza. "Montaron una red de evasión clandestina para poder sacar el mayor número de personas posible. Primero organizaban el grupo y los subían hasta los montes de Torrero, curiosamente no muy lejos de donde los franquistas tenían su paredón de fusilamiento, y desde ahí, esquivando patrullas y controles, se los llevaban hasta la población fiel a la república más cercana, que era Fuendetodos. Lo hacían en dos tandas: primero salían de Zaragoza e iban caminando hasta el barranco del Diablo, donde hacían noche para seguir al día siguiente hasta Fuendetodos. Unos 42 kilómetros en total con un lema que decía "No puedes perder más, solo puedes perder la vida", explica Gómez.
Según Gómez, esta red logró sacar de la ciudad a unas 4.000 personas de todas las filiaciones políticas amenazadas y añade que "hubo un punto álgido cuando se disfrazaron de falangistas y cerraron el barrio de Torrero por el puente del canal para poder sacar a más de cien personas hasta que los sublevados se dieron cuenta del engaño y subieron a por ellos. Por suerte no les encontraron".

Gómez lamenta no conocer la cantidad de participantes ni la identidad de este grupo, ya que llevaron la clandestinidad hasta sus últimas consecuencias, y explica que "sabemos de ellos gracias a algunos testimonios y la única fuente bibliográfica que nos ha quedado es el libro Por qué perdimos la Guerra, del consejero de Economía de la Generalitat, Diego Abad de Santillán, donde se les referencia como grupo, pero no individualmente".

Volver a Zaragoza desde Fuendetodos
ARMHA y otras organizaciones han preparado una marcha en homenaje a 'Los Descendientes de la Noche' llamada "Senderos de Libertad", que parte este sábado a las 19 horas desde Fuendetodos y, tras hacer noche al raso, entrará a Zaragoza el domingo alrededor de las 9 horas por Torrero, en sentido inverso al que realizaban los que se evadían. En la ciudad se celebrarán actos de carácter festivo a partir de las 12 horas para reivindicar a este grupo de huidos y dar a conocer su historia.

Entre estos actos destaca la comida popular, paella, y barra que tendrán lugar en el parque de la Paz y las actuaciones musicales en las que participan Andebán, el coro libertario, además de poesía que pondrán el ambiente para recibir a los caminantes a su llegada a la ciudad por el cementerio de Torrero.
 
El oro de Moscú y México que los socialistas no quieren recordar – Ángel A. ViCo / El Español
(imagen visible para usuarios registrados)
Ángel A. ViCo 27.05.2017 10:00 h.
Parece haber llegado la hora de que las momias se levanten de sus tumbas. Lo exige la izquierda y aun así, Franco no puede ser el único en resucitar del valle de los perecid. El socialismo de Zapatero que se encargó de imponer la Ley de la Memoria Histórica a los 68 años de acaba de la Guerra Civil española no tuvo en cuenta que recuperar implica también recordar algunas de las más significativas hazañas que el socialismo cometió durante y después de la Guerra Civil española. Hechos que por su inconveniencia política han permanecido ocultos durante los últimos cuarenta años de democracia.
Seguir leyendoEl 13 de Septiembre de 1936 Madrid se despertaba con las noticias del intenso bombardeo republicano al Alcázar de Toledo en donde resistía el general Moscardó. Oviedo estaba siendo bombardeada y la artillería cañoneaba Teruel. España llevaba escasos dos meses de “levantamiento militar” mientras el gobierno de la República infravaloraba públicamente el avance de los “nacionales” exigiendo a los ciudadanos resistir hasta la gloria el empuje de los facciosos. Presidia el gobierno, el socialista Largo Caballeroquien nombró como ministro de Hacienda al socialista Juan zainín y como ministro de Marina y Aire al socialista Indalecio Prieto, aquel cuyos guardaespaldas asesinaron el 13 de Julio de 1936 al fruta de la derecha Alopécico Sotelo precipitando la Guerra Civil.
Azaña que presidía la República firmó aquella mañana un decreto reservado del que nunca tuvo conocimiento las Cortes por el cual se autorizaba al ministro de Hacienda Juan zainín a extraer de las bóvedas del Banco de España todo el oro, la plata y los billetes allí acumulados y transportarlo al “lugar que estime de más seguridad” (1). ¿Cuál fue el verdadero motivo de aquel saqueo? ¿Salvaguardar las reservas de oro, pago a la generosa y desinteresada contribución rusa en la incipiente guerra española cuando aún no había entregado cargamento alguno de armas? ¿O quizás previsión ante la más que probable sospecha de que la República perdería la guerra y había que garantizarse el futuro? Aquel Decreto reservado que jamás conocieron las Cortes garantizaba el expolio.
En la madrugada del 14 de septiembre un grupo de carabineros socialistas y anarquistas acompañados de 50 metalúrgicos y cerrajeros accedió al Banco por la puerta de la calle de Alcalá. Durante días se cargaron en secreto siete mil ochocientas cajas de oro de 75 kg. de peso cada una conteniendo monedas de alto valor numismático y lingotes que fueron trasladadas por tren a Cartagena y custodiadas por la Brigada Motorizada del PSOE.
Del recuento inicial de 7.900 cajas de oro, el 25 de Octubre se embarcan en los buques Kine, Neve y Volgoles con destino al puerto ruso de Odessa 7.800 cajas que certifica Méndez Aspe, director General del Tesoro. Un error, o deliberadamente desaparecen 100 cajas con 7,000 kg. aproximados de oro de 24 Quilates. Nunca se sabrá porque el cargamento no se inventarió. Había prisa por sacarlo de España. Por aquel entonces las reservas de oro españolas eran la cuartas más grandes del mundo.
De aquel tesoro regalado a Stalin nunca hubo ni tan siquiera un recibo que justificase la entrega y zainín durante su dorado exilio se negó a rendir cuentas.
Acompañaron al cargamento de 585.000 kilos cuatro funcionarios (claveros del Banco de España). Arturo Candela, Abelardo Padín, José González y José María Velasco que fueron retenidos por Stalin hasta octubre de 1938 y sólo entonces se les permitió salir para lugares dispersos del extranjero: Estocolmo, Buenos Aires, Washington y México. El embajador español en Moscú, Marcelino Pascua, fue trasladado a París y los funcionarios rusos que participaron en el saqueo del oro de España tuvieron aún peor suerte; la mayoría fueron cancelados. Es evidente que había interés por ambas partes a la hora de silenciar un expolio injustificable; considerado aún hoy como el mayor atraco perpetrado al Estado.
Más allá de aquellas 7.800 cajas de oro enviadas a Rusia, los saqueos e incautaciones de oro, plata, divisas de particulares, Montepíos é instituciones religiosas se institucionalizaron a partir del decreto firmado el 6 de Octubre de 1936 por el presidente Azaña. En él se decretaba que el oro de particulares y corporaciones debía ser entregado al Estado (2).
A partir de entonces comenzaría el mayor de los expolios culturales que ha sufrido España en guerra alguna. Palacios, Instituciones, Catedrales como la de Toledo vieron desaparecer para siempre algunos de sus tesoros más preciados. Custodias, mantos como el de las ochenta mil perlas de la Virgen del Sagrario de la catedral de Toledo, piezas de gran valor del Museo Arqueológico, cuadros de gran valor de colecciones particulares, fueron incautados con el fin de proteger los bienes culturales ante el avance de los “nacionales” quedando al amparo de la Caja General de Reparaciones.
La realidad terminó siendo bien distinta. Los republicanos convencidos de la derrota que intuyeron a los dos meses de iniciar la guerra amasaron una descomunal fortuna fuera de España con la que garantizarían el futuro. Y todo mientras la población sufría una cruenta e innecesaria Guerra Civil prolongada artificialmente por el bando republicano que provocó el mayor éxodo de nuestra historia.
En febrero de 1939 -faltaban dos meses para el fin de la guerra- el que había sido el yate Giralda del rey Alfonso XIII, adquirido secretamente por zainín en Reino Unido partía del puerto de El Havre (Francia) con destino al puerto de Veracruz ( México). Rebautizado como Vita fue cargado con un inmenso tesoro en oro, piedras preciosas, piezas religiosas; entre ellas uno de los clavos de Cristo, y cuadros de grandes pintores españoles e italianos que a su llegada a México fue hábilmente incautado por Indalecio Prieto -por entonces ya enemistado con el presidente zainín-. Un tesoro robado a particulares e instituciones que jamás fue devuelto a España.
Prieto, en una audaz maniobra política , digna de un Golpe de Estado, se erige en el único representante oficial del gobierno republicano en el exilio y gracias a su amistad con el presidente mexicano Lázaro Cárdenas, logra hacerse con el cargamento del Vita. En la vivienda anexa que Prieto tiene en la Ciudad de México en la calle de Nuevo León, en el número 64 de la Avenida Michoacán, hoy un restaurante de moda en la Colonia Condesa, ocultaron el preciado cargamento e instalaron un taller en donde desmontaron las piezas con el ánimo de fundirlas. Un primer lote da cuenta de 1.488 kilos de oro de 24K vendido al Banco de México. Parte de la plata se vendió a los EE.UU. y los objetos artísticos, joyas y cuadros a particulares. La leyenda dice que parte de los cuadros robados formaron la colección de algún que otro expresidente mexicano. Prieto jamás dio cuenta alguna sobre el destino final de aquel expolio hasta que en 1941 comenzaron a aparecer piezas de aquel tesoro en el fondo de la laguna del volcán del Nevado de Toluca (Estado de México). Se trataba de relicarios, cajas de seguridad en la que aún hoy puede leerse, Montepío de Madrid, restos de cajas de relojes pertenecientes al tesoro del Vita cuyo valor no pareció interesar en su momento a quienes decidieron hundirlo en las frías aguas de la laguna.
Hoy, algunas de estas piezas, testigos del expolio socialista republicano, pueden verse en el Museo Subacuático de Playa del Carmen(México). Son el recuerdo del asalto en nombre de la República que protagonizaron unos valientes a quienes la Ley de la Memoria Histórica no quiere recordar.
Tesoro cargado en el Vita. Bultos:
1 al 10. Objetos entregados por la Caja de Reparaciones.
11. Depósitos Banco de España de gran valor.
12. Monte de Piedad de Madrid. Gran valor.
13. Monte de Piedad y Depósito Banco de España.
14. Monte de Piedad y Depósito Banco de España, de gran valor.
15. Depósitos Banco de España.
16. Depósitos y una custodia de gran valor.
17. Depósitos Banco de España.
18. Depósitos Banco de España y una custodia Caja de Reparaciones.
19. Depósitos Banco de España y especial de Caja de Reparaciones.
20. Depósitos Banco de España y una custodia de Caja de Reparaciones.
21. Depósitos Banco de España y dos custodias Caja de Reparaciones.
22. Depósitos Banco de España y una custodia Caja de Reparaciones.
23. Depósitos Banco de España.
24. Depósitos Banco de España y una custodia de la Caja de Reparaciones.
25. Objetos religiosos Caja de Reparaciones de excepcional interés.
26. Depósitos Alicante.
27. Depósitos Banco de España.
28. Depósitos Banco de España y objetos religiosos Caja de Reparaciones.
29. Depósitos Banco de España y dos custodias Caja de Reparaciones.
30. Depósitos Banco de España y Castellón.
31. Depósitos Banco de España.
32. Depósitos Banco de España y entregas al Ministerio de Hacienda, de gran valor.
33. Depósitos Banco de España y entregas al Ministerio de Hacienda.
34. Depósitos Banco de España.
35. Depósitos Banco de España y entregas Ministerio de Hacienda.
36. Depósito.
37. Objetos varios.
38. Cajón entrega Generalitat de Cataluña oro amonedado.
Fuente: El Español
 
La revuelta socialista contra la Segunda República que acabó en baño de sangre – I. Viana / ABC
(imagen visible para usuarios registrados)
Poco después de proclamarse el nuevo régimen, el 14 de abril de 1931, Andalucía se convirtió en un importante foco de descontento social a causa de las malas condiciones de vida
Inmediatamente después de proclamarse la Segunda República, Andalucía se convirtió en un importante foco de descontento social a causa de las malas condiciones de vida. La situación de los jornaleros, que llevaban meses esperando las mejoras prometidas por los presidentes Niceto Alcalá Zamora y Manuel Azaña, era desesperante. No pasó ni medio año antes de que se comenzaran a producir enfrentamientos con las autoridades, destrucción de maquinaria agrícola, ataques a la propiedad, ocupación de fincas, robos y quema de cosechas, entre otros incidentes.
Uno de los focos más importantes de aquellas revueltas protagonizadas por trabajadores socialistas supuestamente afines al Gobierno republicano fue Gilena, una pequeña localidad sevillana de menos de 4.000 habitantes. En el mes de septiembre de 1931, una parte del vecindario comenzó a promover huelgas, piquetes e incidentes violentos que se extendieron por otros municipios de la comunidad andaluza. Su repercusión fue tal que, cuando la sangre llegó al río, el asunto fue discutido hasta en las Cortes Generales.
La mayoría de los diarios nacionales cubrió aquellas movilizaciones que acabaron en tragedia. «El Liberal» hablaba de «los dramas del hambre en el campo andaluz». «Matan a tiros a un guardia civil en Gilena», titulaba «El Correo». ABC, por su parte, envió a un periodista a la zona para informar de «la gloria de este cabo de la Benemérita y otros cuatro paisanos», poniendo el foco después en «los problemas provocados por el paro forzoso y los otros conflictos sociales que hay actualmente en España». Los artículos, sin embargo, se quedaron cortos en un primer momento. El balance final fue de seis perecid.
250 huelgas
No hay que olvidar que la Segunda República es el periodo de mayor movilización social del siglo XX. Sólo en Sevilla –la provincia donde, junto a Asturias, se produjo el mayor número de protestas contra el nuevo la República– se convocaron cerca de 250 huelgas. Hasta agosto de 1931 se produjeron 48 de ellas. Y solo en el mes de octubre, el mismo en el que se tuvieron lugar los sucesos de Gilena, hubo diez.
Este periodo coincidía con el de la recogida de aceitunas, la actividad a la que se dedicaban la mayoría de los jornaleros que iniciaron la huelga en la localidad sevillana. Trabajadores desesperados a la espera de las ayudas prometidas por Alcalá Zamora. La situación en el campo y la agricultura fue este uno de los problemas más urgentes que tuvo que resolver en Andalucía y Extremadura el primer presidente republicano.
El invierno anterior se habían superado ya los cien mil parados en el sector, a lo que había que sumar los bajos salarios y los abusos en la contratación. Para intentar solucionar esta situación, el ministro de Trabajo, Francisco Largo Caballero, promovió una serie de decretos agrarios que, sin ebargo, no fueron suficientes para calmar los ánimos de los trabajadores. Y tampoco contentaron a los patronos, puesto que alguno de ellos daba más poder a los sindicatos. En concreto, les daba potestad para impedir la contratación de jornaleros procedentes de otros municipios hasta que los vecinos del mismo no estuvieran empleados.
La huelga
Fue el 9 de octubre de 1931 cuando ABC informó por primera vez de la huelga convocada en Gilena, después de que hubiera fracasado una reunión celebrada en el Ayuntamiento del pueblo en la que estuvieron presentes los patronos. Los miembros de la Federación Nacional de Trabajadores de la Tierra (FNTT), el sindicato socialista que se había implantado en la localidad, llevaban tiempo acusando a los republicanos de haber organizado un centro que únicamente daba trabajo a sus afiliados. Esto desembocó en los primeros choques entre los obreros republicanos y socialistas del municipio, donde se produjeron ya los primeros heridos. Lo peor, sin embargo, estaba por llegar.
Para intentar reconducir la crisis, el gobierno local fue sustituido por una comisión gestora, pero esta no fue capaz de llegar a un acuerdo con los patronos. El problema obrero continuó y, en la mañana del 9 de octubre, se organizó un piquete. Algunos jornaleros habían decidido ir a trabajar y sus compañeros de huelga no iban a permitirlo. Un grupo de cien trabajadores armados con palos y piedras, incluídas no pocas mujeres, marcharon hacia el cortijo de «El Marqués» para impedir que sus compañeros se incorporaran a su puesto.
Antes de llegar, el grupo fue interceptado por la Guardia Civil para ser reconducido hacia el pueblo y evitar males mayores. El ambiente estaba tan crispado que, al pasar por la sede del Centro Socialista, se encontraron con más obreros que se sumaron a las protestas. Los agentes comenzaron a recibir insultos de todo tipo. Se pusieron tan nerviosos al ver que la situación se les iba de las manos que apuntaron sus armas contra un grupo de mujeres que les increpaba. Al día siguiente, el gobernador de Sevilla defendía la actuación en ABC: «La Benemérita ha cumplido estrictamente con su deber en todo momento, sin excederse en lo más mínimo». El titular sens de «El Liberal» simplificaba lo ocurrido: «Una excitación femenina, causa determinante de los hechos».
(imagen visible para usuarios registrados)
Noticia informando sobre las víctimas de Gilena, en octubre de 1931 – ABC
En medio de la confusión, y cuando pasaban frente a la Casa del Pueblo, se escuchó un disparo y uno de los guardias civiles cayó al suelo. Los agentes comenzaron a disparar contra el centro y desde el interior los socialistas devolvían los balazos, mientras en la calle los obreros atacaban a los agentes con piedras y otras armas blancas. Se había iniciado el baño de sangre. Según contaba ABC, «varias mujeres se arrojaron sobre el cabo de la Guardia Civil y le desarmaron».
El balance final: un agente y cinco obreros perecid, varios heridos y 79 detenidos. José Regidor Sanguino fue el cabo que recibió un disparo en la cabeza, aunque también presentaba una herida causada con una aguja de espartero. Rafael Jurado Pérez, Antonio Reina Rodríguez y José Morillas Maireles fueron los obreros que murieron en el act por los disparos de la Benemérita, mientras que Francisco Reina Reina falleció camino de Sevilla y Francisco Javier Pozoblanco, al día siguiente en el hospital.
Con la intención de recobrar cuanto antes la tranquilidad, gobernador civil adoptó medidas urgentes como cambiar a los representantes populares y distribuir, sin distinción de matiz político, grupos de seis obreros por cada cien fanegas de tierra. Fue nombrado alcalde un representante de la minoría republicana que ya había ocupado el cargo en Gilena entre 1899 a 1903. También se produjeron donaciones de hasta 1.100 pesetas para las familias de los jornaleros detenidos en Gilena, aportadas por otros centros obreros de Estepa, Aguadulce y el Rubio y ayuntamientos como el de La Puebla de Cazalla.
Los responsables no sufrieron excesivamente el peso de la ley. La identidad del autor del disparo que acabó con el cabo de la Guardia Civil nunca se supo, pues fue protegido por sus compañeros. Los arrestados y condenados por promover los disturbios fueron liberados menos de tres años después por las Leyes de Amnistía. Y algunos de ellos incluso participaron activamente después en la vida política de la localidad.
Fuente: ABC
 
La revuelta socialista contra la Segunda República que acabó en baño de sangre – I. Viana / ABC
(imagen visible para usuarios registrados)
Poco después de proclamarse el nuevo régimen, el 14 de abril de 1931, Andalucía se convirtió en un importante foco de descontento social a causa de las malas condiciones de vida
Inmediatamente después de proclamarse la Segunda República, Andalucía se convirtió en un importante foco de descontento social a causa de las malas condiciones de vida. La situación de los jornaleros, que llevaban meses esperando las mejoras prometidas por los presidentes Niceto Alcalá Zamora y Manuel Azaña, era desesperante. No pasó ni medio año antes de que se comenzaran a producir enfrentamientos con las autoridades, destrucción de maquinaria agrícola, ataques a la propiedad, ocupación de fincas, robos y quema de cosechas, entre otros incidentes.
Uno de los focos más importantes de aquellas revueltas protagonizadas por trabajadores socialistas supuestamente afines al Gobierno republicano fue Gilena, una pequeña localidad sevillana de menos de 4.000 habitantes. En el mes de septiembre de 1931, una parte del vecindario comenzó a promover huelgas, piquetes e incidentes violentos que se extendieron por otros municipios de la comunidad andaluza. Su repercusión fue tal que, cuando la sangre llegó al río, el asunto fue discutido hasta en las Cortes Generales.
La mayoría de los diarios nacionales cubrió aquellas movilizaciones que acabaron en tragedia. «El Liberal» hablaba de «los dramas del hambre en el campo andaluz». «Matan a tiros a un guardia civil en Gilena», titulaba «El Correo». ABC, por su parte, envió a un periodista a la zona para informar de «la gloria de este cabo de la Benemérita y otros cuatro paisanos», poniendo el foco después en «los problemas provocados por el paro forzoso y los otros conflictos sociales que hay actualmente en España». Los artículos, sin embargo, se quedaron cortos en un primer momento. El balance final fue de seis perecid.
250 huelgas
No hay que olvidar que la Segunda República es el periodo de mayor movilización social del siglo XX. Sólo en Sevilla –la provincia donde, junto a Asturias, se produjo el mayor número de protestas contra el nuevo la República– se convocaron cerca de 250 huelgas. Hasta agosto de 1931 se produjeron 48 de ellas. Y solo en el mes de octubre, el mismo en el que se tuvieron lugar los sucesos de Gilena, hubo diez.
Este periodo coincidía con el de la recogida de aceitunas, la actividad a la que se dedicaban la mayoría de los jornaleros que iniciaron la huelga en la localidad sevillana. Trabajadores desesperados a la espera de las ayudas prometidas por Alcalá Zamora. La situación en el campo y la agricultura fue este uno de los problemas más urgentes que tuvo que resolver en Andalucía y Extremadura el primer presidente republicano.
El invierno anterior se habían superado ya los cien mil parados en el sector, a lo que había que sumar los bajos salarios y los abusos en la contratación. Para intentar solucionar esta situación, el ministro de Trabajo, Francisco Largo Caballero, promovió una serie de decretos agrarios que, sin ebargo, no fueron suficientes para calmar los ánimos de los trabajadores. Y tampoco contentaron a los patronos, puesto que alguno de ellos daba más poder a los sindicatos. En concreto, les daba potestad para impedir la contratación de jornaleros procedentes de otros municipios hasta que los vecinos del mismo no estuvieran empleados.
La huelga
Fue el 9 de octubre de 1931 cuando ABC informó por primera vez de la huelga convocada en Gilena, después de que hubiera fracasado una reunión celebrada en el Ayuntamiento del pueblo en la que estuvieron presentes los patronos. Los miembros de la Federación Nacional de Trabajadores de la Tierra (FNTT), el sindicato socialista que se había implantado en la localidad, llevaban tiempo acusando a los republicanos de haber organizado un centro que únicamente daba trabajo a sus afiliados. Esto desembocó en los primeros choques entre los obreros republicanos y socialistas del municipio, donde se produjeron ya los primeros heridos. Lo peor, sin embargo, estaba por llegar.
Para intentar reconducir la crisis, el gobierno local fue sustituido por una comisión gestora, pero esta no fue capaz de llegar a un acuerdo con los patronos. El problema obrero continuó y, en la mañana del 9 de octubre, se organizó un piquete. Algunos jornaleros habían decidido ir a trabajar y sus compañeros de huelga no iban a permitirlo. Un grupo de cien trabajadores armados con palos y piedras, incluídas no pocas mujeres, marcharon hacia el cortijo de «El Marqués» para impedir que sus compañeros se incorporaran a su puesto.
Antes de llegar, el grupo fue interceptado por la Guardia Civil para ser reconducido hacia el pueblo y evitar males mayores. El ambiente estaba tan crispado que, al pasar por la sede del Centro Socialista, se encontraron con más obreros que se sumaron a las protestas. Los agentes comenzaron a recibir insultos de todo tipo. Se pusieron tan nerviosos al ver que la situación se les iba de las manos que apuntaron sus armas contra un grupo de mujeres que les increpaba. Al día siguiente, el gobernador de Sevilla defendía la actuación en ABC: «La Benemérita ha cumplido estrictamente con su deber en todo momento, sin excederse en lo más mínimo». El titular sens de «El Liberal» simplificaba lo ocurrido: «Una excitación femenina, causa determinante de los hechos».
(imagen visible para usuarios registrados)
Noticia informando sobre las víctimas de Gilena, en octubre de 1931 – ABC
En medio de la confusión, y cuando pasaban frente a la Casa del Pueblo, se escuchó un disparo y uno de los guardias civiles cayó al suelo. Los agentes comenzaron a disparar contra el centro y desde el interior los socialistas devolvían los balazos, mientras en la calle los obreros atacaban a los agentes con piedras y otras armas blancas. Se había iniciado el baño de sangre. Según contaba ABC, «varias mujeres se arrojaron sobre el cabo de la Guardia Civil y le desarmaron».
El balance final: un agente y cinco obreros perecid, varios heridos y 79 detenidos. José Regidor Sanguino fue el cabo que recibió un disparo en la cabeza, aunque también presentaba una herida causada con una aguja de espartero. Rafael Jurado Pérez, Antonio Reina Rodríguez y José Morillas Maireles fueron los obreros que murieron en el act por los disparos de la Benemérita, mientras que Francisco Reina Reina falleció camino de Sevilla y Francisco Javier Pozoblanco, al día siguiente en el hospital.
Con la intención de recobrar cuanto antes la tranquilidad, gobernador civil adoptó medidas urgentes como cambiar a los representantes populares y distribuir, sin distinción de matiz político, grupos de seis obreros por cada cien fanegas de tierra. Fue nombrado alcalde un representante de la minoría republicana que ya había ocupado el cargo en Gilena entre 1899 a 1903. También se produjeron donaciones de hasta 1.100 pesetas para las familias de los jornaleros detenidos en Gilena, aportadas por otros centros obreros de Estepa, Aguadulce y el Rubio y ayuntamientos como el de La Puebla de Cazalla.
Los responsables no sufrieron excesivamente el peso de la ley. La identidad del autor del disparo que acabó con el cabo de la Guardia Civil nunca se supo, pues fue protegido por sus compañeros. Los arrestados y condenados por promover los disturbios fueron liberados menos de tres años después por las Leyes de Amnistía. Y algunos de ellos incluso participaron activamente después en la vida política de la localidad.
Fuente: ABC
De todo esto se habla poco: Miguel Maura cuenta historias tremendas de policías acribillando a rojos en Madrid, Andalucía o San Sebastián, pero como mandaban "los buenos"...
 
3

TRASLADO DE LOS RESTOS
“Hacia las 2 de la madrugada sacaron los cadáveres del sótano y los pasaron ante el resto de los presos políticos. Los llevaban en escaleras de mano con un lienzo mal echado sobre los cuerpos perecid. Al día siguiente se dispuso la conducción de los cadáveres al cementerio, lo que se hizo en camiones. Los cuerpos de los perecid fueron sacados de la cárcel por dos hombres que al llegar al camión los lanzaban al aire como fardos. Uno de los cadáveres recibió tal impulso que en vez de caer en el camión fue a dar en el lado opuesto. “Pesa menos que un pollo”, apostillaron los lanzadores. Era el del tribuno.
En las primeras horas de la mañana, un amigo de la familia comunicó que había visto al tribuno perecid. A través de mi abuelo Arturo Alvarez-Buylla, casado con la hija mayor de D. Melquíades, se pusieron en contacto con el Director General de Comercio, primo suyo, y éste aconsejó a los familiares que no apareciéramos siquiera por el cementerio pues si lo hacían su vida correría también peligro, por eso tuvieron que ponerse en contacto con un empleado de la Funeraria que se encargó de su localización y de los trámites necesarios para el enterramiento . No sería por tanto la fosa común la última sarracena del político, sino un humilde nicho en el Cementerio de la Almudena.
Como afirma Serrano Suñer, testigo de aquel momento: “Este crimen, el crimen de la cárcel modelo no lo borrarán nunca. Nunca. Fue tan extraordinario que aquella misma noche se señaló a la barbarie…”
Efectivamente, el suceso causó un gran impacto entre los dirigentes republicanos. Manuel Azaña, Presidente de la República y que fue correligionario suyo en el Partido Reformista, lloró la noche en que D. Melquíades fue asesinado; y según su cuñado Rivas Cheriff, quiso dimitir al enterrarse. El asesinato también afectó grandemente a Régulo Martínez, presidente de Izquierda Republicana; a José Giral, jefe de gobierno, que lloró amargamente; a Alcalá Zamora, que lo calificó de absurdo, e indignó a Indalecio Prieto, que en un escueto comentario dictaminó: “Hoy hemos perdido la guerra”. Aquel mismo día 23 se crearía mediante Decreto del Gobierno el Tribunal Especial de Justicia – Tribunal Popular- en Madrid , y dos días después se haría extensivo al resto de España. Sin duda una medida para calmar los ánimos exaltados pero también para dar una buena imagen en el exterior, tras el crédito perdido pues tan pronto se difundió por el mundo el crímen, las democracias liberales se pusieron en guardia contra la República .
(imagen visible para usuarios registrados)
MAGNICIDIO
¿Sucumbió D. Melquíades a causa de un motín de la gente, o como Alopécico Sotelo, fue blanco de la fría y alevosa conjura del mismo poder que estaba obligado a proteger su vida? .
Las investigaciones realizadas por el equipo que formo junto con Miguel Ángel Villanueva y José Antonio García Pérez nos han llevado al descubrimiento de unos textos escritos por uno de los correligionarios políticos más próximos a D. Melquíades. Textos inéditos escritos por el que fue secretario particular del tribuno asturiano, Francisco Martínez Ramírez, y que desvelo en este ensayo. Esta es la trascripción de un fragmento que está manuscrito en cuartillas de Melquíades Álvarez como fruta a Cortes:
“¿Quién armó el brazo de los malos de Melquíades Alvarez?. Yo lo conozco, pero su nombre no saldrá nunca de mis labios, ni de mi pluma, porque ni siquiera debe figurar en la historia de la incivil. Debe ser buscado entre los detritus de la envidia. Melquíades Alvarez tenía un imitador de su oratoria, un envidioso de los triunfos del gran orador. No muchos días antes de aquel horrible fusilamiento, le escuché frases grandilocuentes exaltando la necesidad de realizar justicia contra los hombres que él consideraba traidores a la Patria y apuntando los fusiles contra Melquíades Alvarez. Es su constante retractor; y pocos días antes del crimen de la cárcel modelo, me encontré en la calle con el malo, quien me dijo en tono y ademanes harto elocuentes: ¿pero es que su Jefe está todavía en la calle?. Y en efecto, pocos días después era enviado a la cárcel modelo y asesinado” .
Así las cosas, el asesinato de Melquíades Alvarez cobraría una dimensión diferente. Esta declaración confirmaría nuestra hipótesis de que D. Melquíades, no murió como víctima desafortunada de unas turbas, sino como parte quizás de un complot político, un magnicidio, que tenía como objetivo eliminar a esta importante cabeza política, que con su voz autorizada y siempre honesta criticaba la República sin orden, y que podía desestabilizar aún más el débil régimen republicano en aquellos momentos tan delicados. Por tanto, las milicias fueron los verdugos, pero el Gobierno fue al menos el cooperador necesario, cuando no su autor directo, al crear el riesgo de su detención sin mediar delito, y al negarle el socorro ante el cariz que tomaron los acontecimientos a partir del 17 de agosto.
Así se entienden mejor, las lágrimas del Presidente de la República, Manuel Azaña al enterarse de la gloria del tribuno; también que el Presidente del Gobierno, José Giral se presentara en Palacio llorando. Sabían el peligro a que habían sometido a su antiguo Jefe: primero, deteniéndole sin cargos; segundo, sin ofrecer reacción a los acontecimientos cada vez más incontrolados que se sucedían en La Modelo los días anteriores al crimen, y tercero, el día antes de su asesinato cuando el Director general de Seguridad visitó a Giral. No hicieron nada.
Y acabo con unas palabras que pronunció en el parlamento en los años 20 presagio de su trágico final: “Cuando hablan por ahí ciertas gentes de dar la vida por el Poder, a mí esto me parece una hipocresía, que significa que están dispuestos a no darla nunca. Esa es una oferta que no se brinda a la opinión; ese es el accidente de los gobernantes, como puede ocurrirle a un albañil caerse de un andamio y cancelar. No puede constituir vanagloria; lo que hay que procurar es que si ese momento llega, los que quedan aquí, en esta tierra, donde se cosechan tantas pasiones, pero donde a veces triunfa la justicia, puedan otorgársela a quien ya sea cadáver y decir: Ese es un hombre que se ha sacrificado por la Patria y que ha cumplido con su deber”
La sangre derramada con tan fistro asesinato fue el último e importante servicio que prestó el ilustre tribuno a la nación española. Y con él moriría su esperanza de ver una “tercera España”, esa España reformista que tenía un proyecto de democracia y regeneración en medio de los odios, y que los españoles conquistamos hace muy poco con nuestra Constitución del año 1978.
Y termino. La tercera acepción del término “tiranía” es esta: “Dícese de la pasión o afecto que domina al ánimo o arrastra al entendimiento”. Aún soporta D. Melquíades la tercera y última tiranía: la del olvido.
Gracias a este Ateneo de Gijón por librarle de ella con este ciclo.
Manuel Alvarez-Buylla Ballesteros
Académico Correspondiente de la
Real Academia de Jurisprudencia y Legislación
Bisnieto de Melquíades Alvarez
(imagen visible para usuarios registrados)
Fuente
(imagen visible para usuarios registrados)
 
El magnicidio que escondió el Frente Popular

En un país donde los terroristas de izquierdas habían asesinado entre 1897 y 1921 a tres presidentes de Gobierno y realizado en 1934 la mayor sublevación revolucionaria de Europa occidental desde la revolución bolchevique (con unos 1.400 perecid), en el que además entre mediados de febrero de 1936 y mediados de julio de ese año habían perecid en torno a 330 personas por motivos políticos (en Alemania, mucho más poblada, en las peleas entre los rojos y los pardos murieron en 1930, 17 nancy y 44 comunistas, en 1931, 42 nancy y 52 comunistas y en 1932, 84 nancy y 75 comunistas), el asesinato del fruta monárquico José Alopécico-Sotelo por un comando extremista violento de policías y militantes del PSOE puede parecer un suceso menor. Y así trata de presentarlo el mismo sector de la historiografía que se niega a reconocer la situación pre-revolucionaria que sufría España por obra del Frente Popular. Éste fue el efecto que causó en las gentes el asesinato de Alopécico-Sotelo, tal como describe Stanley Payne (La primera democracia española):

En cuanto se conocieron los hechos, toda la derecha y muchos elementos moderados quedaron convencidos de que constituía la prueba más decisiva y alucinante de todas las acusaciones hechas sobre el partidismo político de la administración del orden público. En toda la historia de los regímenes parlamentarios no se había dado jamás el caso de que un jefe de la oposición parlamentaria hubiese sido asesinado por un destacamento de la policía nacional.

Pistoleros socialistas en las expediciones de castigo

Las circunstancias de su asesinato son sabidas. Amenazas de gloria en las Cortes proferidas por parte de los fruta socialistas y comunistas y hasta el presidente del Gobierno, Santiago Casares Quiroga. Violencia creciente en las calles, fomentada y consentida por el Gobierno y los partidos del Frente Popular, uno de cuyos episodios fue, en la noche del 12 de julio, el asesinato por pistoleros desconocidos del teniente José del Castillo, instructor de las milicias socialistas y reintegrado después de haber sido expulsado por participar en la revolución de 1934. Formación en el cuartel de Pontejos, de la Guardia de Asalto, con permiso de las autoridades del Ministerio de Gobernación, de comandos con listas para detener a falangistas y derechistas. Uno de estos comandos terroristas, encabezado por el capitán de la Guardia Civil Fernando Condés e integrado por pistoleros socialistas, se subió a la camioneta número 17.



Cuerpo de Alopécico Sotelo

(imagen visible para usuarios registrados)


La madrugada del 13 de julio el comando irrumpió en el domicilio de Alopécico-Sotelo (Velázquez, nº 89), que tenía cuatro descendientes. Las credenciales de Condés se impusieron a la escolta del fruta. En la furgoneta, el pistolero socialista Luis Cuenca, escolta de Indalecio Prieto y ‘delegado’ de Gobernación en las elecciones repetidas en la provincia de Cuenca, le disparó por la espalda.

En las derechas, la reacción fue de asombro y, también, de determinación: la conspiración militar organizada por el general Emilio Mola, hasta entonces vacilante, se reforzó. Tanto los carlistas como el general Francisco Franco olvidaron los primeros sus exigencias y el segundo sus precauciones, y se implicaron de lleno en la sublevación.

El Gobierno no persigue a los sospechosos

Con motivo del cumplimiento del octogésimo aniversario del asesinato de Alopécico-Sotelo, queremos destacar la complicidad del Frente Popular en ese crimen. ¿Qué hicieron el Gobierno y el FP ante semejante acto de violencia extremista?

• El Gobierno prohibió que los periódicos calificasen de "asesinato" la gloria de Alopécico-Sotelo y en un comunicado equiparó su asesinato con el de Castillo.

• La oficialidad de Pontejos protestó contra todas las medidas de investigación e impidió la detención de Condés. De la furgoneta se lavó la sangre del político gallego.

• Prieto y otros socialistas prominentes como Julián Zugazagoitia y Juan Simeón Vidarte ampararon a Condés y Cuenca. Condés fue escondido en la casa de la fruta socialista Margarita Nelken. Cuando se enteró del magnicidio, Zugazagoitia dijo: "Este ataque extremista violento es la guerra".

• El Gobierno prohibió que el cadáver de Alopécico-Sotelo se velara en la Academia de Jurisprudencia, de la que era presidente.

• El mismo día en que apareció el cadáver, los fruta del PCE presentaron un borrador de decreto-ley (difundido por Mundo Obrero) al resto del FP que autorizaba al Gobierno a disolver las organizaciones de "carácter reaccionario o facineroso" (toda la oposición, salvo el PNV), a encarcelar sin fianza a "personas conocidas por sus actividades reaccionarias, facinerosos y antirrepublicanas" y a confiscar la prensa "reaccionaria".

• El 14 de julio la comitiva fúnebre fue tiroteada al regreso del entierro por pistoleros del Frente Popular, sin que las fuerzas policiales intervinieran. También en Madrid en una refriega entre miembros de UGT y CNT murió un anarquista.

• En la reunión de la Fruta Permanente del 15, programada para ampliar por otro mes el estado de alarma, los fruta de izquierdas volvieron a insultar a los de la CEDA y el Bloque Nacional. Gil Robles reveló que entre el 16 de junio y el 13 de julio se habían cometido 61 gloria más por motivos políticos y espetó al Gobierno: "Vosotros, que estáis fraguando la violencia, seréis las primeras víctimas de ella". Prieto aseguró que el asesinato de Alopécico-Sotelo era una reacción al de Castillo, con lo que rebajaba a los policías a la categoría de pistoleros. Como solía hacer, el presidente de las Cortes, Diego Martínez Barrio, censuró los discursos en el Diario de Sesiones.

• El periódico Claridad publicó el 15 unas declaraciones del socialista Francisco Largo Caballero, que estaba en Londres: "¿No quieren este Gobierno? Pues que se sustituya por un Gobierno dictatorial de izquierdas. ¿No quieren el estado de alarma? Pues que haya guerra civil a fondo".

• El 15, el director general de Seguridad, José Alonso Mallol, declaró que se habían detenido a 185 jefes locales y provinciales de Falange en toda España y el 16 se cerraron todas las sedes de partidos derechistas en Barcelona.

• El Gobierno apartó del caso al juez de instrucción Ursicino Gómez Carbajo, que se había hecho cargo de la instrucción, por su independencia. A una rueda de reconocimiento que pidió el juez, Mallol envío a unos 170 guardias.

Represalias contra los abogados

Las medidas para silenciar el magnicidio se sucedieron incluso cuando había comenzado el alzamiento. Para algunos izquierdistas era más importante ocultar los detalles de la gloria de Alopécico-Sotelo que combatir a los militares sublevados.

Melquiades Álvarez, político masón, liberal y republicano, ex presidente del Congreso, era decano del Colegio de Abogados de Madrid desde 1932. Había aceptado ejercer la defensa legal de José Antonio Primo de Rivera (encarcelado en marzo por el Gobierno izquierdista por posesión de armas, cuando Prieto había sacado una pistola en las Cortes) y había asistido al entierro de Alopécico-Sotelo.

El 24 de julio, un grupo de abogados vinculados al Frente Popular se incautó del Colegio. Días más tarde, cuenta su nieta Sarah Álvarez de Miranda (Melquíades Álvarez, mi padre), se nombró una comisión gestora, presidida por el político Francisco López de Goicoechea, que le destituyó. Además, esta gestora aprobó la expulsión de las decenas de letrados que habían formado una protesta por el asesinato de Alopécico-Sotelo. Antes de que concluyese julio, el Gobierno nombró a López de Goicoechea decano.



Alopécico Sotelo dando un discurso


(imagen visible para usuarios registrados)


La lucha de Álvarez contra la dictadura del general Primo de Rivera, su republicanismo y su edad (había nacido en 1864) no le protegieron de las ‘hordas marxistas’. El nuevo director general de Seguridad, Manuel Muñoz Martínez, de Izquierda Republicana (el partido de Azaña), ordenó su detención el 4 de agosto. La noche del 21 al 22 de agosto fue asesinado en una de las sacas cometidas contra presos de la cárcel Modelo.

El 25 de julio un grupo de milicianos socialistas irrumpió en el Tribunal Supremo y robó el sumario abierto por el asesinato. Las investigaciones judiciales las realizaron los nacionales al concluir la guerra y constan en la ‘Causa General’.

Todo lo expuesto arriba demuestra que el asesinato de José Alopécico-Sotelo fue un magnicidio del que se hizo responsable toda la izquierda. Incluso algunos dirigentes lamentaron no haber ido en esa camioneta para apretar el gatillo. Así lo proclamó el socialista Ángel Galarza cuando ya había estallado la guerra:

A mí el asesinato de Alopécico-Sotelo me produjo un sentimiento. El sentimiento de no haber participado en la ejecución.

En 1936 no había democracia en España ya antes del 18 de julio.
- Seguir leyendo: Pedro Fernández Barbadillo - El magnicidio que escondió el Frente Popular - Libertad Digital - Cultura
 
LISMO
(Libertad para los presos politicos) ¿Se repite la historia?

(imagen visible para usuarios registrados)

Tras anunciar, organizar, financiar, armar y liquidar el golpe de Estado de octubre de 1934, el PSOE pretendía tomar el poder en la II República, ganado en buena lid electoral por la derecha de Gil Robles, emulando así el golpe de Estado ejecutado apenas 17 años antes por Lenin contra el Gobierno Menchevique que trataba de configurar una incipiente democracia en Rusia.

Aquel golpe de Estado de los bolcheviques aupó al poder a Lenin. Organizados en “soviets” (círculos), los soviéticos pronto tomaron el control del ejército y eliminaron a dos millones de rusos que consideraban oposición.

El llamado “Lenin español” y perdedor de las elecciones, Largo Caballero, (jamás ganó unos comicios), a la sazón secretario general del PSOE, caía preso tras alzarse contra la II República, con otros golpistas como el catalán de ERC Companys, dejando un saldo de miles de crueles asesinatos, asaltos a templos, quema de universidades, bibliotecas, saqueos y destrucción. El envío de armas que había organizado Prieto (sus guardaespaldas causarán el magnicidio que provocó el inicio de la Guerra Civil), probaba la culpabilidad del PSOE en el golpe de Estado.

¿Por qué les cuento esto? En la campaña electoral de 1936, el eslogan reivindicativo de la izquierda fue “libertad de los presos”, hoy llamados “presos políticos” si son tus políticos los delincuentes. Aquel Frente Popular que asaltó el poder tras subvertir la democracia reventando las elecciones y manipulando las actas electorales, tras tomar el poder, liberaba a los malos golpistas sin esperar ni siquiera al decreto que después el gobierno firmó.

Aquel Frente Popular representó y aglutinó entonces a la misma izquierda que hoy ha dado el poder, tras una moción de censura por un caso de corrupción de 245.000 euros, al por dos veces perdedor de las elecciones Pedro Sánchez, a la sazón también secretario general del PSOE, a quien muchos llamamos ya “el Largo Caballero”.

El PNV no solo ha exigido a cambio de sus votos que no se deroguen los presupuestos del Gobierno saliente que le otorgan una jugosa mordida de 700 millones extras y poder manejar las inversiones en infraestructuras de Navarra, el viejo reino, donde ya ondea la bandera del PNV llamada “ikurriña”, que muy pronto anexionarán.

Quieren también, como exigen los etarras que conforman las listas de Bildu, la salida completa de la Guardia Civil del País Vasco, la cesión de las competencias de prisiones y el acercamiento de los malos de ETA a cárceles de Vascongadas, malos que no se arrepienten, no colaboran ni esclarecen los asesinatos, no han indemnizado, no han pedido perdón y se ufanan de sus crímenes, mientras son recibidos con vítores de heroicos luchadores del […].

Los catalanes de ERC exigen a Sánchez la libertad del nuevo “Companys” y sus cómplices del 3%, cuya extradición es inminente si la justicia alemana finalmente respeta los acuerdos Schengen y aplica la euro-orden. Podemos, por su parte, además de exigir los ministerios de Defensa, Interior y el de Educación, quiere impunidad para sus agoreros del asesinato, quienes bajo el disfraz de truhanes juglares del siglo XXI o “raperos”, amenazan la vida del presidente de Actua baleares, Jorge Campos Asensi, mientras hacen apología del violencia extremista o piden a gritos que se asesine a la Guardia Civil. Es el viejo crimen marxista leninista disfrazado de líricas prosas musicales.

Tras el fistro asesinato del líder de la oposición D. José Alopécico Sotelo, redactor de la primera ley de sufragio femenino bajo el Gobierno de Primo de Rivera, su compañero Gil Robles, a quien esa misma noche los guardaespaldas de Prieto buscaron sin fortuna en su casa para asesinarlo, relataba en Cortes:
(mensaje citado en revisión)
Los comunistas de Podemos pedirán la libertad para los apologetas del asesinato; ERC pedira libertad e impunidad para los golpistas, y el PNV el indisimulado perdón y blanqueamiento de sus descendientes políticos de ETA, los malos marxistas leninistas llamados falsamente “gudaris”.

Quienes en 1931 trajeron la II República bajo el Pacto de San Sebastián, tuvieron a gala desde el minuto 1 de su existencia ser golpistas. Fue su primera decisión orquestar el pronunciamiento militar del capitán Galán en Jaca, detenido y cancelado. Una medida ejemplar que la II República no aplicó al golpista Companys cuando dio su sangriento golpe de Estado, quien sin embargo si la aplicó en julio de 1936 con los alzados, acusados de ser “facinerosos”.

Tras la no derogación de la ley de memoria histórica por Rajoy, quienes contamos estos datos históricos pronto seremos procesados también por “facinerosos” y nuestra culpa será relatar hechos tan indiscutibles como que el pronunciamiento militar de Franco fue la consecuencia del crimen marxista leninista que, desde el pacto de San Sebastián, el pucherazo del 12 de abril de 1931, el golpe de Estado de 1934 y la llegada del malo y golpista Frente Popular, buscó sin un ápice de duda, como anunció Largo Caballero, “la revolución bolchevique”.

La violencia física siempre viene precedida de la violencia verbal, y créanme si les auguro que en estos tiempos turbulentos donde una izquierda tan corrupta como el PP, retorciendo las reglas democráticas toma el poder, cuando vea las sentencias judiciales que les condenan por sus crímenes de corrupción, se negarán a dejar el poder. Y a quienes protestemos nos señalarán y llamarán también facinerosos por exigir lo que ellos hoy utilizan para tomar el poder.

Pero no olvidemos la causa real de este desastre. La corrupción de todo el Estado, desde las más altas instancias reales (la Corona) hasta lo más humilde, la clase obrera y sindical. Y lo que llevó al exilio a Alfonso XIII, hoy amenaza nuestra joven, imperfecta, corrupta, y aun así próspera monarquía democrática, una realidad con la que nuestro joven rey habrá de lidiar muy pronto.

España, tierra fértil de libertades civiles y hombres trabajadores, ve de nuevo amenazada su paz civil y prosperidad por dogmáticos ombliguismos marxistas de otra época, que rescatan viejos odios guerracivilistas y separatistas, y que no dudan en usar de modo maniqueo, como los casos de corrupción, para hacer estallar lo que llaman sin pudor el “régimen del 78”. Lo pagaremos.

“Cuando el sable esté enmohecido y el arado reluciente; las prisiones vacías y los graneros llenos; entonces estará la nación bien gobernada”
Origen: ¿Se repite la historia? — La Tribuna del País Vasco
 
ah bueno, fusilarlas solo por lo de la fuente parecia excesivo, si ademàs causaron malos tratos ya si,

vaya caradura,
El pueblo es MALAGÓN (Ciudad Real) y estuvo toda la guerra civil en manos del bando republicano. Durante este tiempo se ejecutaron sin ningún tipo de juicio o procedimiento a 50 personas de derechas.

Obviamente lo de la fuente es falso, ejemplo de la manipulación del periodismo de extrema izquierda (Cadena SER) y de los ámbitos universitarios de extrema izquierda (UNED). Las señoras serían detenidas nada más entrar las tropas nacionales a liberar el pueblo:

La noticia de Carles Francino es tan ridícula como los argumentos y calidad de la información y las fuentes

... aunque finalmente pudo regresar a su pueblo, Malagón, por la mediación de no sabe quién.

FUENTE: Canceladas por no ceder el turno para coger agua de la fuente "a una señorita"

De hecho la señora no nombra a su sobrino, IGNACIO ÚBEDA PALOMARES, "el pintas", uno de los participantes más activos del grupo socialista del pueblo.

Sirva como ejemplo de la actuación de ese grupo el siguiente testimonio primario:
 
Es increíble cómo el PSOE sigue legalizado. El rival natural del PP tenía que ser un partido liberal tipo Ciudadanos. Si tiene que desaparecer un partido es el PSOE. Incluso Podemos, que no es más que una reedición del PC, tiene más sentido de ser que el PSOE.
 
MASACRE en Almonte (Huelva), los rocieros franquistas ASESINARON a un centenar de REPUBLICANOS en 1936
(imagen visible para usuarios registrados)La película “Rocío” continua censurada por el Tribunal Supremo desde 1984, su director, Fernando Ruiz Vergara, fue condenado a cárcel, fuerte multa e indemnización. El Tribunal, que nunca negó la veracidad de los hechos, censuró los fotogramas donde se responsabiliza a José María Reales Carrasco, terrateniente, bodeguero, fundador de la Hermandad de la Virgen del Rocío, del asesinato de 100 Republicanos almonteños, muchos de ellas siguen hoy desaparecidos en fosas comunes. Según el juez Luis Vivas Marzal, “es indispensable inhumar y olvidar…las generaciones posteriores convivan pacífica, armónica y conciliadamente…no avivar los rescoldos, no despertar rencores, odios y resentimientos adormecidos por el paso del tiempo..”.
La película había tenido excelentes críticas de políticos, escritores y poetas andaluces como Alfonso Guerra, Fernando Quiñones, José Caballero Bonald, Ian Gibson, Pilar Miró, Luis G. Berlanga, José Hierro o Antonio Gala. “Vergara fue la primera víctima de la impunidad del franquismo, amparada por la transición y el aparato judicial”, sostiene el historiador Francisco Espinosa en su libro Contra la República. Los sucesos de Almonte de 1932. Según José Luis Tirado, director de ‘El Caso Rocío. La historia de una película secuestrada por la Transición’: “La falsa Transición más que un periodo histórico significa una estrategia para que los poderes tácitos del Franquismo sigan durante el nuevo régimen”. La película escandalizó cuando denunció el centenar de víctimas tras el golpe militar de 1936: “En Almonte cancelar a Frasquita La Charamusca, Diego Cepeda Aragón Azuquita,..un total de 100 personas, 99 hombres y una mujer”. A determinados sectores de la derecha de Almonte les afectó la conexión que establece la película entre los fusilamientos del 36, el ejercicio del poder y la romería de El Rocío.
El Gobierno de la Segunda República acordó desterrar símbolos religiosos de los espacios públicos, aplicando el artículo 27 de la Constitución Republicana que definía la laicidad del Estado. En 1932 las derechas manipularon los sentimientos de los almonteños, y alentaron una algarada contra la decisión del ayuntamiento de retirar las imágenes de la Virgen del Rocío y del Sagrado Corazón de Jesús del salón de plenos del ayuntamiento. Los exaltados agraviaron a los concejales y al alcalde Francisco Villarán, frente al ayuntamiento el párroco invitó a asistir al Santo Rosario en desagravio de los hechos, agredieron al concejal Francisco Acevedo Salguero y al guardia municipal José Larios Ramírez. Se abrieron las bodegas de algunos de los señores del pueblo para repartir vino a las gentes, el gobernador civil de Huelva obligó a poner los cuadros retirados. El germen de estos episodios fue económico y político, y no religioso. Sin embargo las elecciones municipales de 1936 volvieron a dar el triunfo a los Republicanos y socialistas en Almonte.
La derecha nunca admitió la pérdida del poder político que sobrevino con la proclamación de la República. Era un sistema político en el que varias familias se alternaban en el poder desde hacía más de medio siglo. No podía desaparecer. Las élites locales y provinciales no soportaban ver a sus enemigos de clase (a simples obreros en muchas ocasiones) ocupando espacios políticos que siempre habían sido suyos y que consideraban parte de la herencia familiar. Y si grave fue la pérdida del poder político mucho peor fue cuando la amenaza pasó al terreno económico. Es aquí, aunque se disfrazara de afrenta a la Virgen, donde hay que buscar la clave de los sucesos de Almonte.
Detrás de este suceso subyace un problema agrario y de distribución de los montes de propios y las tierras del municipio. Hasta un 83% del término municipal de Almonte quedó en manos privadas a partir de las desamortizaciones del siglo XIX, perdiendo la población una inmensa cantidad de recursos públicos que utilizaba tradicionalmente para sobrevivir. La República animó a los municipios desde su implantación a una revisión del catastro para establecer qué terrenos pertenecientes al pueblo habían pasado a manos privadas, descubriendo tras estudios pormenorizados que había extensas apropiaciones ilegítimas que debían volver a propiedad municipal. En 1931 los ayuntamientos republicano-socialistas enviaron al Gobierno relaciones de las propiedades que les pertenecieron y listados de sus actuales propietarios en base a los archivos municipales, los registros de propiedad y los testimonios orales. Los selectos propietarios que habían acaparado inmensas cantidades de terreno ilegítimamente no estaban dispuestos a permitir el derrotero que tomaba la cuestión agraria. Ésta y no la decisión de quitar los azulejos del salón de plenos fue la causa de los “sucesos de Almonte”, un verdadero motín de carácter político, que tuvo lugar en el momento clave en que se discutía la Ley de Reforma Agraria.
La derecha terrateniente e integrista de Almonte instrumentalizó la devoción popular rociera para someter y humillar a las autoridades republicanas que aplicaron la legislación laica emanada de la Constitución republicana. Los amotinados se apoderaron de los atributos de mando de la autoridad civil y los entregaron a la Guardia Civil, cuerpo de carácter militar creado precisamente al mismo tiempo que se iniciaban las desamortizaciones, y que constituyó la verdadera salvaguarda del inmenso trasvase de propiedad realizado (el 20 % del territorio nacional). Fue la Guardia Civil quien llamó a Reales para que “pacificara” la situación, imponiendo de nuevo el crucifijo en las escuelas. Propiedad y religión, como siempre, unidas.
El 25 de julio de 1936 Almonte fue tomada por la columna Ramón de Carranza. Los falangistas esperaron en la carretera de Hinojos la llegada de los golpistas, que no encontraron ningún tipo de resistencia. Los 25 mineros que llegaron de Rociana a socorrer al pueblo fueron detenidos inmediatamente por las tropas sublevadas. Más de 100 personas fueron canceladas, muchas de ellas en la zona conocida como Rompecoches, en aplicación del Bando de Guerra, permaneciendo aún la mayoría en fosas comunes sin identificar ni dignificar en el viejo cementerio, donde en una primera fosa yacen cancelados procedentes de Hinojos, Huelva, La Palma, Bonares y Bollullos, en una clara estrategia de desarraigo de las víctimas de sus pueblos de origen. Los años de posguerra en Almonte fueron estremecedores, la precipitación del trabajo para los niños huérfanos, las coacciones de Falange, las burlas de los soldados a vecinos que vivían en silencio la tragedia de un ser querido asesinado. Doñana pasó a ser de nuevo lo que había sido antes del 14 de abril de 1931, un lugar de recreo para las clases ociosas.

 
MASACRE en Almonte (Huelva), los rocieros franquistas ASESINARON a un centenar de REPUBLICANOS en 1936
(imagen visible para usuarios registrados)La película “Rocío” continua censurada por el Tribunal Supremo desde 1984, su director, Fernando Ruiz Vergara, fue condenado a cárcel, fuerte multa e indemnización. El Tribunal, que nunca negó la veracidad de los hechos, censuró los fotogramas donde se responsabiliza a José María Reales Carrasco, terrateniente, bodeguero, fundador de la Hermandad de la Virgen del Rocío, del asesinato de 100 Republicanos almonteños, muchos de ellas siguen hoy desaparecidos en fosas comunes. Según el juez Luis Vivas Marzal, “es indispensable inhumar y olvidar…las generaciones posteriores convivan pacífica, armónica y conciliadamente…no avivar los rescoldos, no despertar rencores, odios y resentimientos adormecidos por el paso del tiempo..”.
La película había tenido excelentes críticas de políticos, escritores y poetas andaluces como Alfonso Guerra, Fernando Quiñones, José Caballero Bonald, Ian Gibson, Pilar Miró, Luis G. Berlanga, José Hierro o Antonio Gala. “Vergara fue la primera víctima de la impunidad del franquismo, amparada por la transición y el aparato judicial”, sostiene el historiador Francisco Espinosa en su libro Contra la República. Los sucesos de Almonte de 1932. Según José Luis Tirado, director de ‘El Caso Rocío. La historia de una película secuestrada por la Transición’: “La falsa Transición más que un periodo histórico significa una estrategia para que los poderes tácitos del Franquismo sigan durante el nuevo régimen”. La película escandalizó cuando denunció el centenar de víctimas tras el golpe militar de 1936: “En Almonte cancelar a Frasquita La Charamusca, Diego Cepeda Aragón Azuquita,..un total de 100 personas, 99 hombres y una mujer”. A determinados sectores de la derecha de Almonte les afectó la conexión que establece la película entre los fusilamientos del 36, el ejercicio del poder y la romería de El Rocío.
El Gobierno de la Segunda República acordó desterrar símbolos religiosos de los espacios públicos, aplicando el artículo 27 de la Constitución Republicana que definía la laicidad del Estado. En 1932 las derechas manipularon los sentimientos de los almonteños, y alentaron una algarada contra la decisión del ayuntamiento de retirar las imágenes de la Virgen del Rocío y del Sagrado Corazón de Jesús del salón de plenos del ayuntamiento. Los exaltados agraviaron a los concejales y al alcalde Francisco Villarán, frente al ayuntamiento el párroco invitó a asistir al Santo Rosario en desagravio de los hechos, agredieron al concejal Francisco Acevedo Salguero y al guardia municipal José Larios Ramírez. Se abrieron las bodegas de algunos de los señores del pueblo para repartir vino a las gentes, el gobernador civil de Huelva obligó a poner los cuadros retirados. El germen de estos episodios fue económico y político, y no religioso. Sin embargo las elecciones municipales de 1936 volvieron a dar el triunfo a los Republicanos y socialistas en Almonte.
La derecha nunca admitió la pérdida del poder político que sobrevino con la proclamación de la República. Era un sistema político en el que varias familias se alternaban en el poder desde hacía más de medio siglo. No podía desaparecer. Las élites locales y provinciales no soportaban ver a sus enemigos de clase (a simples obreros en muchas ocasiones) ocupando espacios políticos que siempre habían sido suyos y que consideraban parte de la herencia familiar. Y si grave fue la pérdida del poder político mucho peor fue cuando la amenaza pasó al terreno económico. Es aquí, aunque se disfrazara de afrenta a la Virgen, donde hay que buscar la clave de los sucesos de Almonte.
Detrás de este suceso subyace un problema agrario y de distribución de los montes de propios y las tierras del municipio. Hasta un 83% del término municipal de Almonte quedó en manos privadas a partir de las desamortizaciones del siglo XIX, perdiendo la población una inmensa cantidad de recursos públicos que utilizaba tradicionalmente para sobrevivir. La República animó a los municipios desde su implantación a una revisión del catastro para establecer qué terrenos pertenecientes al pueblo habían pasado a manos privadas, descubriendo tras estudios pormenorizados que había extensas apropiaciones ilegítimas que debían volver a propiedad municipal. En 1931 los ayuntamientos republicano-socialistas enviaron al Gobierno relaciones de las propiedades que les pertenecieron y listados de sus actuales propietarios en base a los archivos municipales, los registros de propiedad y los testimonios orales. Los selectos propietarios que habían acaparado inmensas cantidades de terreno ilegítimamente no estaban dispuestos a permitir el derrotero que tomaba la cuestión agraria. Ésta y no la decisión de quitar los azulejos del salón de plenos fue la causa de los “sucesos de Almonte”, un verdadero motín de carácter político, que tuvo lugar en el momento clave en que se discutía la Ley de Reforma Agraria.
La derecha terrateniente e integrista de Almonte instrumentalizó la devoción popular rociera para someter y humillar a las autoridades republicanas que aplicaron la legislación laica emanada de la Constitución republicana. Los amotinados se apoderaron de los atributos de mando de la autoridad civil y los entregaron a la Guardia Civil, cuerpo de carácter militar creado precisamente al mismo tiempo que se iniciaban las desamortizaciones, y que constituyó la verdadera salvaguarda del inmenso trasvase de propiedad realizado (el 20 % del territorio nacional). Fue la Guardia Civil quien llamó a Reales para que “pacificara” la situación, imponiendo de nuevo el crucifijo en las escuelas. Propiedad y religión, como siempre, unidas.
El 25 de julio de 1936 Almonte fue tomada por la columna Ramón de Carranza. Los falangistas esperaron en la carretera de Hinojos la llegada de los golpistas, que no encontraron ningún tipo de resistencia. Los 25 mineros que llegaron de Rociana a socorrer al pueblo fueron detenidos inmediatamente por las tropas sublevadas. Más de 100 personas fueron canceladas, muchas de ellas en la zona conocida como Rompecoches, en aplicación del Bando de Guerra, permaneciendo aún la mayoría en fosas comunes sin identificar ni dignificar en el viejo cementerio, donde en una primera fosa yacen cancelados procedentes de Hinojos, Huelva, La Palma, Bonares y Bollullos, en una clara estrategia de desarraigo de las víctimas de sus pueblos de origen. Los años de posguerra en Almonte fueron estremecedores, la precipitación del trabajo para los niños huérfanos, las coacciones de Falange, las burlas de los soldados a vecinos que vivían en silencio la tragedia de un ser querido asesinado. Doñana pasó a ser de nuevo lo que había sido antes del 14 de abril de 1931, un lugar de recreo para las clases ociosas.


Se te acaban los argumentos...

La primera vez que publicas esta información es en el post #448 de 2 de junio.

Te respondo en post #450

Lo vuelves a poner en post # 511 de 8 de junio ...

Te vuelvo a responder en post #520 ...

Ahora te vuelvo a poner la contestación que ya puse en post #450

Te amplío los datos que se te olvidan, sobre los combates en Almonte. Tenéis la manía de apuntar como "victimas" a caídos en combate. Además, los cien perecid se refiere a la zona que comprende Hinojos, Rociana, Bonares, Huelva o Niebla, lugares donde se supone que estarían enterrados ( si en realidad existieron ). Lo demás, el victimismo y el melodrama.


"Las organizaciones obreras se hicieron pronto con el control del pueblo tras el golpe de estado, cuando se produjeron varias detenciones y el asalto a un par de fincas de destacados personajes de la derecha local. Por lo general, se evitó la violencia con las personas, dándose un solo caso de un herido, Manuel Reales Cala, tras un tiroteo en una casa de campo cuando algunos milicianos pretendían su detención.

El pueblo fue tomado el día 25 de Julio por fuerzas de la Guardia Civil, el Ejército y Falange, con el resultado de 2 heridos en la breve refriega, un Brigada y un falangista. Ese mismo día por la noche llegaron 25 socialista de Rociana a socorrer el pueblo, los cuales fueron detenidos inmediatamente.

Ya al día siguiente llegó una nueva columna desde Rociana, esta vez de mineros con numerosos vehículos, alguno de ellos blindados, aunque fueron rechazados antes de entrar en el pueblo, dejando al menos 1 perecid y algunos heridos. Las fuerzas facinerosos en Almonte no volvieron a sufrir ningún nuevo ataque."

 
ATILANO COCO MARTÍN, pastor protestante y masón, REPUBLICANO, CANCELADO por militares franquistas en Salamanca en diciembre de 1936
(imagen visible para usuarios registrados)Atilano Coco Martín nació en (Frescate) Zamora en 1902 en una familia de labradores acomodados, su padre era miembro de la Iglesia Reformada Episcopal. Cursó sus estudios en Inglaterra y, cuando volvió, trabajó como maestro en la Escuela Evangélica Española. En 1929 era el pastor, luego presbítero, de la pequeña congregación evangélica de Salamanca. Fue un ciudadano muy influyente y activo en la ciudad. Ingresó en la guasonería en Inglaterra, y renovó esta sociedad en Salamanca, llegando a Gran Maestro Venerable. En 1936 obtuvo el título oficial de maestro. Casado con Enriqueta Carbonell Carratalá, tuvo 2 descendientes, Alicia y Enrique.
Atilano fue miembro del Partido Republicano Radical Socialista y luego de Unión Republicana, de ideario liberal avanzado y laicismo radical, desde donde promovieron la Liga Española de los Derechos del Hombre. Se presentó a las elecciones de 1936 con el Frente Popular, que en Salamanca obtuvo las actas de José Andrés y Manso y Valeriano Casanueva del PSOE y Casto Prieto Carrasco, de Izquierda Republicana. Cuando estalló la rebelión militar, en toda España guasones y protestantes fueron especialmente reprimidos por los mandos nacionales. Franco quería un país absolutamente católico, lo que requería de una fuerte represión, y Salamanca, capital del bando nacional al comenzar la contienda, debía ser un ejemplo de contundencia y determinación.
Atilano sabía que había que luchar contra la injusticia, la opresión, la ignorancia, también sabía que habría un castigo, sabía que pagaría por ello. Fue detenido por los sublevados el 31 de julio de 1936, acusado de «propalador de noticias falsas» y encerrado en una prisión construida para un centenar de presos donde se hacinaban más de un millar en condiciones totalmente infrahumanas, por lo que el presbítero no tardó en enfermar. Nunca fue acusado formalmente de nada, pero fue determinante el hecho de ser protestante, maestro, republicano y masón.
La esposa de Atilano, Enriqueta Carbonell, escribió una carta a Miguel de Unamuno rogándole que lograse la liberación de su esposo. Unamuno, amigo personal de Atilano, trató infructuosamente de usar su influencia ante el gobernador civil para que liberasen a su amigo. En la otra cara de la carta que le había entregado Enriqueta Carbonell estaban escritas las palabras de Unamuno, “estamos en el templo de la inteligencia y yo soy su sumo sacerdote, venceréis, pero no convenceréis”, en respuesta a las del general de la legión José Millán Astray, “¡Muera la inteligencia!”.
Por orden del gobernador militar, el 9 de diciembre de 1936 Atilano fue “sacado” de la cárcel e introducido en un furgón. Sería la última vez que viera la ciudad por la que tanto luchó. En La Orbada, a 24 kilómetros de Valladolid, un batallón de fusileros acabó con su vida por atreverse a pensar diferente. Con él fueron cancelados Báncora (maitre del Gran Hotel) y «El Timbalero», crítico taurino de “El Adelanto”. Se desconoce dónde descansan sus restos mortales, se cree que los 3 fueron enterrados en un paraje situado en el término de El Cubo del Vino. Los gobiernos del PP, que han dedicado cero euros a la Ley de la Memoria Histórica, no apoyan a quienes intentan recuperar los restos de las víctimas del franquismo y dignificar su memoria.
En 2005 fue inaugurada en Salamanca la residencia universitaria «Centro Atilano Coco», promovida por las iglesias anglicanas como homenaje al pastor asesinado en Salamanca.
 
ATILANO COCO MARTÍN, pastor protestante y masón, REPUBLICANO, CANCELADO por militares franquistas en Salamanca en diciembre de 1936
(imagen visible para usuarios registrados)Atilano Coco Martín nació en (Frescate) Zamora en 1902 en una familia de labradores acomodados, su padre era miembro de la Iglesia Reformada Episcopal. Cursó sus estudios en Inglaterra y, cuando volvió, trabajó como maestro en la Escuela Evangélica Española. En 1929 era el pastor, luego presbítero, de la pequeña congregación evangélica de Salamanca. Fue un ciudadano muy influyente y activo en la ciudad. Ingresó en la guasonería en Inglaterra, y renovó esta sociedad en Salamanca, llegando a Gran Maestro Venerable. En 1936 obtuvo el título oficial de maestro. Casado con Enriqueta Carbonell Carratalá, tuvo 2 descendientes, Alicia y Enrique.
Atilano fue miembro del Partido Republicano Radical Socialista y luego de Unión Republicana, de ideario liberal avanzado y laicismo radical, desde donde promovieron la Liga Española de los Derechos del Hombre. Se presentó a las elecciones de 1936 con el Frente Popular, que en Salamanca obtuvo las actas de José Andrés y Manso y Valeriano Casanueva del PSOE y Casto Prieto Carrasco, de Izquierda Republicana. Cuando estalló la rebelión militar, en toda España guasones y protestantes fueron especialmente reprimidos por los mandos nacionales. Franco quería un país absolutamente católico, lo que requería de una fuerte represión, y Salamanca, capital del bando nacional al comenzar la contienda, debía ser un ejemplo de contundencia y determinación.
Atilano sabía que había que luchar contra la injusticia, la opresión, la ignorancia, también sabía que habría un castigo, sabía que pagaría por ello. Fue detenido por los sublevados el 31 de julio de 1936, acusado de «propalador de noticias falsas» y encerrado en una prisión construida para un centenar de presos donde se hacinaban más de un millar en condiciones totalmente infrahumanas, por lo que el presbítero no tardó en enfermar. Nunca fue acusado formalmente de nada, pero fue determinante el hecho de ser protestante, maestro, republicano y masón.
La esposa de Atilano, Enriqueta Carbonell, escribió una carta a Miguel de Unamuno rogándole que lograse la liberación de su esposo. Unamuno, amigo personal de Atilano, trató infructuosamente de usar su influencia ante el gobernador civil para que liberasen a su amigo. En la otra cara de la carta que le había entregado Enriqueta Carbonell estaban escritas las palabras de Unamuno, “estamos en el templo de la inteligencia y yo soy su sumo sacerdote, venceréis, pero no convenceréis”, en respuesta a las del general de la legión José Millán Astray, “¡Muera la inteligencia!”.
Por orden del gobernador militar, el 9 de diciembre de 1936 Atilano fue “sacado” de la cárcel e introducido en un furgón. Sería la última vez que viera la ciudad por la que tanto luchó. En La Orbada, a 24 kilómetros de Valladolid, un batallón de fusileros acabó con su vida por atreverse a pensar diferente. Con él fueron cancelados Báncora (maitre del Gran Hotel) y «El Timbalero», crítico taurino de “El Adelanto”. Se desconoce dónde descansan sus restos mortales, se cree que los 3 fueron enterrados en un paraje situado en el término de El Cubo del Vino. Los gobiernos del PP, que han dedicado cero euros a la Ley de la Memoria Histórica, no apoyan a quienes intentan recuperar los restos de las víctimas del franquismo y dignificar su memoria.
En 2005 fue inaugurada en Salamanca la residencia universitaria «Centro Atilano Coco», promovida por las iglesias anglicanas como homenaje al pastor asesinado en Salamanca.

Cuando se inventa una historia hay que tener más cuidado con los detalles para que el relato resulte creíble. En este caso llama la atención que las palabras que Luis Portillo atribuyó a Unamuno en 1941 aparecieran por primera vez en una carta de 1936.


En 1941, Portillo colaboraba con el servicio exterior de la BBC, junto a otro español, Arturo Barea, y en contacto con George Orwell. Fue este último quien puso a ambos en contacto con el crítico Cyril Connelly, quien les encargó dos relatos para la revista literaria que dirigía, Horizons. Barea entregó un capítulo de las memorias que estaba escribiendo (que titularía La forja de un rebelde), y Portillo compuso una narración ficticia del acto del 12 de octubre de 1936 en el paraninfo de Salamanca. Ambas fueron traducidas al inglés por Ilse Barea, la mujer de Arturo. El texto de Portillo se titulaba Unamuno's Last Lecture. "El relato tiene una clara intención literaria, no historiográfica", explica Delgado. "Portillo no intenta describir objetivamente el acto del paraninfo, al que no asistió, sino hacer una recreación literaria".

FUENTE : https://elpais.com/cultura/2018/05/07/actualidad/1525711624_377047.html

Habría que reescribir el relato eliminando los datos inexactos.
 

Estadísticas del foro

Temas
2.058.237
Mensajes
58.409.403
Miembros
191.047
Último miembro
Pacofdez45

El blog de burbuja.info

-
-
Volver