jajajajja
por lo menos pon una imitación con tipografía de la época, o que al menos existiera.
Elegí esa porque era la más legible. Pero había donde elegir
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jajajajja
por lo menos pon una imitación con tipografía de la época, o que al menos existiera.
Yo si fuera del PSOE, miembro de su militancia o de la propia Ejecutiva, llevaría a juicio al creador de este hilo con sartas de injurias que no se sostienen. Es vergonzoso que en este foro se cuelen cosas de este tipo.
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De todo esto se habla poco: Miguel Maura cuenta historias tremendas de policías acribillando a rojos en Madrid, Andalucía o San Sebastián, pero como mandaban "los buenos"...La revuelta socialista contra la Segunda República que acabó en baño de sangre – I. Viana / ABC
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Poco después de proclamarse el nuevo régimen, el 14 de abril de 1931, Andalucía se convirtió en un importante foco de descontento social a causa de las malas condiciones de vida
Inmediatamente después de proclamarse la Segunda República, Andalucía se convirtió en un importante foco de descontento social a causa de las malas condiciones de vida. La situación de los jornaleros, que llevaban meses esperando las mejoras prometidas por los presidentes Niceto Alcalá Zamora y Manuel Azaña, era desesperante. No pasó ni medio año antes de que se comenzaran a producir enfrentamientos con las autoridades, destrucción de maquinaria agrícola, ataques a la propiedad, ocupación de fincas, robos y quema de cosechas, entre otros incidentes.
Uno de los focos más importantes de aquellas revueltas protagonizadas por trabajadores socialistas supuestamente afines al Gobierno republicano fue Gilena, una pequeña localidad sevillana de menos de 4.000 habitantes. En el mes de septiembre de 1931, una parte del vecindario comenzó a promover huelgas, piquetes e incidentes violentos que se extendieron por otros municipios de la comunidad andaluza. Su repercusión fue tal que, cuando la sangre llegó al río, el asunto fue discutido hasta en las Cortes Generales.
La mayoría de los diarios nacionales cubrió aquellas movilizaciones que acabaron en tragedia. «El Liberal» hablaba de «los dramas del hambre en el campo andaluz». «Matan a tiros a un guardia civil en Gilena», titulaba «El Correo». ABC, por su parte, envió a un periodista a la zona para informar de «la gloria de este cabo de la Benemérita y otros cuatro paisanos», poniendo el foco después en «los problemas provocados por el paro forzoso y los otros conflictos sociales que hay actualmente en España». Los artículos, sin embargo, se quedaron cortos en un primer momento. El balance final fue de seis perecid.
250 huelgas
No hay que olvidar que la Segunda República es el periodo de mayor movilización social del siglo XX. Sólo en Sevilla –la provincia donde, junto a Asturias, se produjo el mayor número de protestas contra el nuevo la República– se convocaron cerca de 250 huelgas. Hasta agosto de 1931 se produjeron 48 de ellas. Y solo en el mes de octubre, el mismo en el que se tuvieron lugar los sucesos de Gilena, hubo diez.
Este periodo coincidía con el de la recogida de aceitunas, la actividad a la que se dedicaban la mayoría de los jornaleros que iniciaron la huelga en la localidad sevillana. Trabajadores desesperados a la espera de las ayudas prometidas por Alcalá Zamora. La situación en el campo y la agricultura fue este uno de los problemas más urgentes que tuvo que resolver en Andalucía y Extremadura el primer presidente republicano.
El invierno anterior se habían superado ya los cien mil parados en el sector, a lo que había que sumar los bajos salarios y los abusos en la contratación. Para intentar solucionar esta situación, el ministro de Trabajo, Francisco Largo Caballero, promovió una serie de decretos agrarios que, sin ebargo, no fueron suficientes para calmar los ánimos de los trabajadores. Y tampoco contentaron a los patronos, puesto que alguno de ellos daba más poder a los sindicatos. En concreto, les daba potestad para impedir la contratación de jornaleros procedentes de otros municipios hasta que los vecinos del mismo no estuvieran empleados.
La huelga
Fue el 9 de octubre de 1931 cuando ABC informó por primera vez de la huelga convocada en Gilena, después de que hubiera fracasado una reunión celebrada en el Ayuntamiento del pueblo en la que estuvieron presentes los patronos. Los miembros de la Federación Nacional de Trabajadores de la Tierra (FNTT), el sindicato socialista que se había implantado en la localidad, llevaban tiempo acusando a los republicanos de haber organizado un centro que únicamente daba trabajo a sus afiliados. Esto desembocó en los primeros choques entre los obreros republicanos y socialistas del municipio, donde se produjeron ya los primeros heridos. Lo peor, sin embargo, estaba por llegar.
Para intentar reconducir la crisis, el gobierno local fue sustituido por una comisión gestora, pero esta no fue capaz de llegar a un acuerdo con los patronos. El problema obrero continuó y, en la mañana del 9 de octubre, se organizó un piquete. Algunos jornaleros habían decidido ir a trabajar y sus compañeros de huelga no iban a permitirlo. Un grupo de cien trabajadores armados con palos y piedras, incluídas no pocas mujeres, marcharon hacia el cortijo de «El Marqués» para impedir que sus compañeros se incorporaran a su puesto.
Antes de llegar, el grupo fue interceptado por la Guardia Civil para ser reconducido hacia el pueblo y evitar males mayores. El ambiente estaba tan crispado que, al pasar por la sede del Centro Socialista, se encontraron con más obreros que se sumaron a las protestas. Los agentes comenzaron a recibir insultos de todo tipo. Se pusieron tan nerviosos al ver que la situación se les iba de las manos que apuntaron sus armas contra un grupo de mujeres que les increpaba. Al día siguiente, el gobernador de Sevilla defendía la actuación en ABC: «La Benemérita ha cumplido estrictamente con su deber en todo momento, sin excederse en lo más mínimo». El titular sens de «El Liberal» simplificaba lo ocurrido: «Una excitación femenina, causa determinante de los hechos».
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Noticia informando sobre las víctimas de Gilena, en octubre de 1931 – ABC
En medio de la confusión, y cuando pasaban frente a la Casa del Pueblo, se escuchó un disparo y uno de los guardias civiles cayó al suelo. Los agentes comenzaron a disparar contra el centro y desde el interior los socialistas devolvían los balazos, mientras en la calle los obreros atacaban a los agentes con piedras y otras armas blancas. Se había iniciado el baño de sangre. Según contaba ABC, «varias mujeres se arrojaron sobre el cabo de la Guardia Civil y le desarmaron».
El balance final: un agente y cinco obreros perecid, varios heridos y 79 detenidos. José Regidor Sanguino fue el cabo que recibió un disparo en la cabeza, aunque también presentaba una herida causada con una aguja de espartero. Rafael Jurado Pérez, Antonio Reina Rodríguez y José Morillas Maireles fueron los obreros que murieron en el act por los disparos de la Benemérita, mientras que Francisco Reina Reina falleció camino de Sevilla y Francisco Javier Pozoblanco, al día siguiente en el hospital.
Con la intención de recobrar cuanto antes la tranquilidad, gobernador civil adoptó medidas urgentes como cambiar a los representantes populares y distribuir, sin distinción de matiz político, grupos de seis obreros por cada cien fanegas de tierra. Fue nombrado alcalde un representante de la minoría republicana que ya había ocupado el cargo en Gilena entre 1899 a 1903. También se produjeron donaciones de hasta 1.100 pesetas para las familias de los jornaleros detenidos en Gilena, aportadas por otros centros obreros de Estepa, Aguadulce y el Rubio y ayuntamientos como el de La Puebla de Cazalla.
Los responsables no sufrieron excesivamente el peso de la ley. La identidad del autor del disparo que acabó con el cabo de la Guardia Civil nunca se supo, pues fue protegido por sus compañeros. Los arrestados y condenados por promover los disturbios fueron liberados menos de tres años después por las Leyes de Amnistía. Y algunos de ellos incluso participaron activamente después en la vida política de la localidad.
Fuente: ABC
(mensaje citado en revisión)
Los comunistas de Podemos pedirán la libertad para los apologetas del asesinato; ERC pedira libertad e impunidad para los golpistas, y el PNV el indisimulado perdón y blanqueamiento de sus descendientes políticos de ETA, los malos marxistas leninistas llamados falsamente “gudaris”.(mensaje citado en revisión)
El pueblo es MALAGÓN (Ciudad Real) y estuvo toda la guerra civil en manos del bando republicano. Durante este tiempo se ejecutaron sin ningún tipo de juicio o procedimiento a 50 personas de derechas.ah bueno, fusilarlas solo por lo de la fuente parecia excesivo, si ademàs causaron malos tratos ya si,
vaya caradura,
MASACRE en Almonte (Huelva), los rocieros franquistas ASESINARON a un centenar de REPUBLICANOS en 1936
(imagen visible para usuarios registrados)La película “Rocío” continua censurada por el Tribunal Supremo desde 1984, su director, Fernando Ruiz Vergara, fue condenado a cárcel, fuerte multa e indemnización. El Tribunal, que nunca negó la veracidad de los hechos, censuró los fotogramas donde se responsabiliza a José María Reales Carrasco, terrateniente, bodeguero, fundador de la Hermandad de la Virgen del Rocío, del asesinato de 100 Republicanos almonteños, muchos de ellas siguen hoy desaparecidos en fosas comunes. Según el juez Luis Vivas Marzal, “es indispensable inhumar y olvidar…las generaciones posteriores convivan pacífica, armónica y conciliadamente…no avivar los rescoldos, no despertar rencores, odios y resentimientos adormecidos por el paso del tiempo..”.
La película había tenido excelentes críticas de políticos, escritores y poetas andaluces como Alfonso Guerra, Fernando Quiñones, José Caballero Bonald, Ian Gibson, Pilar Miró, Luis G. Berlanga, José Hierro o Antonio Gala. “Vergara fue la primera víctima de la impunidad del franquismo, amparada por la transición y el aparato judicial”, sostiene el historiador Francisco Espinosa en su libro Contra la República. Los sucesos de Almonte de 1932. Según José Luis Tirado, director de ‘El Caso Rocío. La historia de una película secuestrada por la Transición’: “La falsa Transición más que un periodo histórico significa una estrategia para que los poderes tácitos del Franquismo sigan durante el nuevo régimen”. La película escandalizó cuando denunció el centenar de víctimas tras el golpe militar de 1936: “En Almonte cancelar a Frasquita La Charamusca, Diego Cepeda Aragón Azuquita,..un total de 100 personas, 99 hombres y una mujer”. A determinados sectores de la derecha de Almonte les afectó la conexión que establece la película entre los fusilamientos del 36, el ejercicio del poder y la romería de El Rocío.
El Gobierno de la Segunda República acordó desterrar símbolos religiosos de los espacios públicos, aplicando el artículo 27 de la Constitución Republicana que definía la laicidad del Estado. En 1932 las derechas manipularon los sentimientos de los almonteños, y alentaron una algarada contra la decisión del ayuntamiento de retirar las imágenes de la Virgen del Rocío y del Sagrado Corazón de Jesús del salón de plenos del ayuntamiento. Los exaltados agraviaron a los concejales y al alcalde Francisco Villarán, frente al ayuntamiento el párroco invitó a asistir al Santo Rosario en desagravio de los hechos, agredieron al concejal Francisco Acevedo Salguero y al guardia municipal José Larios Ramírez. Se abrieron las bodegas de algunos de los señores del pueblo para repartir vino a las gentes, el gobernador civil de Huelva obligó a poner los cuadros retirados. El germen de estos episodios fue económico y político, y no religioso. Sin embargo las elecciones municipales de 1936 volvieron a dar el triunfo a los Republicanos y socialistas en Almonte.
La derecha nunca admitió la pérdida del poder político que sobrevino con la proclamación de la República. Era un sistema político en el que varias familias se alternaban en el poder desde hacía más de medio siglo. No podía desaparecer. Las élites locales y provinciales no soportaban ver a sus enemigos de clase (a simples obreros en muchas ocasiones) ocupando espacios políticos que siempre habían sido suyos y que consideraban parte de la herencia familiar. Y si grave fue la pérdida del poder político mucho peor fue cuando la amenaza pasó al terreno económico. Es aquí, aunque se disfrazara de afrenta a la Virgen, donde hay que buscar la clave de los sucesos de Almonte.
Detrás de este suceso subyace un problema agrario y de distribución de los montes de propios y las tierras del municipio. Hasta un 83% del término municipal de Almonte quedó en manos privadas a partir de las desamortizaciones del siglo XIX, perdiendo la población una inmensa cantidad de recursos públicos que utilizaba tradicionalmente para sobrevivir. La República animó a los municipios desde su implantación a una revisión del catastro para establecer qué terrenos pertenecientes al pueblo habían pasado a manos privadas, descubriendo tras estudios pormenorizados que había extensas apropiaciones ilegítimas que debían volver a propiedad municipal. En 1931 los ayuntamientos republicano-socialistas enviaron al Gobierno relaciones de las propiedades que les pertenecieron y listados de sus actuales propietarios en base a los archivos municipales, los registros de propiedad y los testimonios orales. Los selectos propietarios que habían acaparado inmensas cantidades de terreno ilegítimamente no estaban dispuestos a permitir el derrotero que tomaba la cuestión agraria. Ésta y no la decisión de quitar los azulejos del salón de plenos fue la causa de los “sucesos de Almonte”, un verdadero motín de carácter político, que tuvo lugar en el momento clave en que se discutía la Ley de Reforma Agraria.
La derecha terrateniente e integrista de Almonte instrumentalizó la devoción popular rociera para someter y humillar a las autoridades republicanas que aplicaron la legislación laica emanada de la Constitución republicana. Los amotinados se apoderaron de los atributos de mando de la autoridad civil y los entregaron a la Guardia Civil, cuerpo de carácter militar creado precisamente al mismo tiempo que se iniciaban las desamortizaciones, y que constituyó la verdadera salvaguarda del inmenso trasvase de propiedad realizado (el 20 % del territorio nacional). Fue la Guardia Civil quien llamó a Reales para que “pacificara” la situación, imponiendo de nuevo el crucifijo en las escuelas. Propiedad y religión, como siempre, unidas.
El 25 de julio de 1936 Almonte fue tomada por la columna Ramón de Carranza. Los falangistas esperaron en la carretera de Hinojos la llegada de los golpistas, que no encontraron ningún tipo de resistencia. Los 25 mineros que llegaron de Rociana a socorrer al pueblo fueron detenidos inmediatamente por las tropas sublevadas. Más de 100 personas fueron canceladas, muchas de ellas en la zona conocida como Rompecoches, en aplicación del Bando de Guerra, permaneciendo aún la mayoría en fosas comunes sin identificar ni dignificar en el viejo cementerio, donde en una primera fosa yacen cancelados procedentes de Hinojos, Huelva, La Palma, Bonares y Bollullos, en una clara estrategia de desarraigo de las víctimas de sus pueblos de origen. Los años de posguerra en Almonte fueron estremecedores, la precipitación del trabajo para los niños huérfanos, las coacciones de Falange, las burlas de los soldados a vecinos que vivían en silencio la tragedia de un ser querido asesinado. Doñana pasó a ser de nuevo lo que había sido antes del 14 de abril de 1931, un lugar de recreo para las clases ociosas.
| Te amplío los datos que se te olvidan, sobre los combates en Almonte. Tenéis la manía de apuntar como "victimas" a caídos en combate. Además, los cien perecid se refiere a la zona que comprende Hinojos, Rociana, Bonares, Huelva o Niebla, lugares donde se supone que estarían enterrados ( si en realidad existieron ). Lo demás, el victimismo y el melodrama. "Las organizaciones obreras se hicieron pronto con el control del pueblo tras el golpe de estado, cuando se produjeron varias detenciones y el asalto a un par de fincas de destacados personajes de la derecha local. Por lo general, se evitó la violencia con las personas, dándose un solo caso de un herido, Manuel Reales Cala, tras un tiroteo en una casa de campo cuando algunos milicianos pretendían su detención. El pueblo fue tomado el día 25 de Julio por fuerzas de la Guardia Civil, el Ejército y Falange, con el resultado de 2 heridos en la breve refriega, un Brigada y un falangista. Ese mismo día por la noche llegaron 25 socialista de Rociana a socorrer el pueblo, los cuales fueron detenidos inmediatamente. Ya al día siguiente llegó una nueva columna desde Rociana, esta vez de mineros con numerosos vehículos, alguno de ellos blindados, aunque fueron rechazados antes de entrar en el pueblo, dejando al menos 1 perecid y algunos heridos. Las fuerzas facinerosos en Almonte no volvieron a sufrir ningún nuevo ataque." |
ATILANO COCO MARTÍN, pastor protestante y masón, REPUBLICANO, CANCELADO por militares franquistas en Salamanca en diciembre de 1936
(imagen visible para usuarios registrados)Atilano Coco Martín nació en (Frescate) Zamora en 1902 en una familia de labradores acomodados, su padre era miembro de la Iglesia Reformada Episcopal. Cursó sus estudios en Inglaterra y, cuando volvió, trabajó como maestro en la Escuela Evangélica Española. En 1929 era el pastor, luego presbítero, de la pequeña congregación evangélica de Salamanca. Fue un ciudadano muy influyente y activo en la ciudad. Ingresó en la guasonería en Inglaterra, y renovó esta sociedad en Salamanca, llegando a Gran Maestro Venerable. En 1936 obtuvo el título oficial de maestro. Casado con Enriqueta Carbonell Carratalá, tuvo 2 descendientes, Alicia y Enrique.
Atilano fue miembro del Partido Republicano Radical Socialista y luego de Unión Republicana, de ideario liberal avanzado y laicismo radical, desde donde promovieron la Liga Española de los Derechos del Hombre. Se presentó a las elecciones de 1936 con el Frente Popular, que en Salamanca obtuvo las actas de José Andrés y Manso y Valeriano Casanueva del PSOE y Casto Prieto Carrasco, de Izquierda Republicana. Cuando estalló la rebelión militar, en toda España guasones y protestantes fueron especialmente reprimidos por los mandos nacionales. Franco quería un país absolutamente católico, lo que requería de una fuerte represión, y Salamanca, capital del bando nacional al comenzar la contienda, debía ser un ejemplo de contundencia y determinación.
Atilano sabía que había que luchar contra la injusticia, la opresión, la ignorancia, también sabía que habría un castigo, sabía que pagaría por ello. Fue detenido por los sublevados el 31 de julio de 1936, acusado de «propalador de noticias falsas» y encerrado en una prisión construida para un centenar de presos donde se hacinaban más de un millar en condiciones totalmente infrahumanas, por lo que el presbítero no tardó en enfermar. Nunca fue acusado formalmente de nada, pero fue determinante el hecho de ser protestante, maestro, republicano y masón.
La esposa de Atilano, Enriqueta Carbonell, escribió una carta a Miguel de Unamuno rogándole que lograse la liberación de su esposo. Unamuno, amigo personal de Atilano, trató infructuosamente de usar su influencia ante el gobernador civil para que liberasen a su amigo. En la otra cara de la carta que le había entregado Enriqueta Carbonell estaban escritas las palabras de Unamuno, “estamos en el templo de la inteligencia y yo soy su sumo sacerdote, venceréis, pero no convenceréis”, en respuesta a las del general de la legión José Millán Astray, “¡Muera la inteligencia!”.
Por orden del gobernador militar, el 9 de diciembre de 1936 Atilano fue “sacado” de la cárcel e introducido en un furgón. Sería la última vez que viera la ciudad por la que tanto luchó. En La Orbada, a 24 kilómetros de Valladolid, un batallón de fusileros acabó con su vida por atreverse a pensar diferente. Con él fueron cancelados Báncora (maitre del Gran Hotel) y «El Timbalero», crítico taurino de “El Adelanto”. Se desconoce dónde descansan sus restos mortales, se cree que los 3 fueron enterrados en un paraje situado en el término de El Cubo del Vino. Los gobiernos del PP, que han dedicado cero euros a la Ley de la Memoria Histórica, no apoyan a quienes intentan recuperar los restos de las víctimas del franquismo y dignificar su memoria.
En 2005 fue inaugurada en Salamanca la residencia universitaria «Centro Atilano Coco», promovida por las iglesias anglicanas como homenaje al pastor asesinado en Salamanca.
En 1941, Portillo colaboraba con el servicio exterior de la BBC, junto a otro español, Arturo Barea, y en contacto con George Orwell. Fue este último quien puso a ambos en contacto con el crítico Cyril Connelly, quien les encargó dos relatos para la revista literaria que dirigía, Horizons. Barea entregó un capítulo de las memorias que estaba escribiendo (que titularía La forja de un rebelde), y Portillo compuso una narración ficticia del acto del 12 de octubre de 1936 en el paraninfo de Salamanca. Ambas fueron traducidas al inglés por Ilse Barea, la mujer de Arturo. El texto de Portillo se titulaba Unamuno's Last Lecture. "El relato tiene una clara intención literaria, no historiográfica", explica Delgado. "Portillo no intenta describir objetivamente el acto del paraninfo, al que no asistió, sino hacer una recreación literaria". FUENTE : https://elpais.com/cultura/2018/05/07/actualidad/1525711624_377047.html |