Malditos Ilegitimos
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SALVADOR VILA HERNÁNDEZ, REPUBLICANO, rector de la Universidad de Granada, CANCELADO por elementos franquistas en 1936
(imagen visible para usuarios registrados)Salvador Vila nació en Salamanca en 1904. Cursó brillantemente bachillerato obteniendo la Beca de San Bartolomé para realizar la carrera universitaria, doctorado, y ampliación de estudios en el extranjero. Se licenció en Filosofía y Letras y Derecho en la Universidad de Salamanca donde tomó contacto con el arabismo, y fue alumno de Miguel de Unamuno al que le uniría desde entonces una gran amistad. Tras doctorarse en Madrid con máximas calificaciones, durante el curso 1928/29 amplió sus estudios en la Universidad de Berlín. Allí conoció a Gerda Leimdörfer de 20 años, hija del redactor-jefe del principal periódico judío de Berlín, el Berliner Zeitung am Mittag, muy relacionado con el Canciller Alemán Gustav Stresemann, Premio Nobel de la Paz 1926.
Salvador de familia católica y Gerda alubia laica, se casaron en Berlín en 1932 y al año nació su descendiente Ángel. Salvador se introdujo y se enriqueció de la vida cultural e intelectual berlinesa. De vuelta a España fue catedrático de Literatura Española en Baeza, profesor en la Facultad de Letras de la Universidad de Madrid, en 1933 obtuvo la cátedra de Cultura Árabe e Instituciones Musulmanas de la Universidad de Granada, en 1934 era profesor de la Escuela de Estudios Árabes de Granada, encargado de la sección de Derecho e Instituciones Religiondelamors, y en 1935 director de la Escuela de Estudios Árabes de Madrid. Vila se relacionaba con grandes intelectuales de la época, como Wenceslao Roces, Manuel de Falla y los arabistas Miguel Asín o Emilio García Gómez. Tenía un futuro intelectual prometedor en el ámbito de la educación y la cultura española.
En abril de 1936 fue nombrado rector interino de la Universidad de Granada por el Gobierno del Frente Popular. Con el golpe de estado, el gobernador civil franquista de Granada José Valdés Guzmán, cesó a Vila y repuso inmediatamente al rector anterior, el reaccionario Antonio Marín Ocete. Al iniciarse la sublevación Vila se encontraba en Salamanca, donde paseaba por la calles con Miguel de Unamuno como si nada sucediese a su alrededor, pero el 7 de octubre de 1936 una pareja de la Guardia Civil detuvo a Salvador y a Gera, que fueron trasladados a Granada y encarcelados. Ya no volvieron a verse.
Salvador Vila tenía 32 años cuando fue cancelado junto a otros 28 hombres, y arrojado a una fosa común en el Barranco granadino de Víznar en la madrugada del 22-23 de octubre de 1936, tras pasar la noche en la finca Las Colonias al mando del capitán Nestares, donde los cancelados percibían el frío de la noche, el silencio monstruoso, la llegada de camiones con prisioneros. En la Universidad de Granada la represión fue sangrante. También fueran asesinados José Palanco, profesor de Historia de España; Joaquín García Labella, de Derecho Político; Rafael García Duarte Salcedo, de Pediatría; Jesús Yoldi Bereau, profesor de Química; y José Mejías Manzano, de Medicina. No era casualidad, en el claustro universitario del 7 de abril de 1936, los 5 catedráticos cancelados habían defendido al acceso a Vila al rectorado reprobando al saliente Marín Ocete, que en 1939 acusó a Vila de marxista.
Manuel de Falla salvó la vida de Gerda detenida en la cárcel, que como en los tiempos de la reconquista fue obligada a cambio de su libertad “a abjurar del judaísmo, aceptar el bautismo, abrazar la fe cristiana y cambiar su nombre de pila por el de la Patrona de Granada, María de las Angustias”. La trágica historia no acaba aquí. Sus padres se instalaron en el carmen de San Cecilio huyendo de la persecución del régimen alemán, pero “volvieron a sentir la tensión y el terror del fascismo sufrido en su país y la nostalgia de su mundo perdido”: Desde la ciudad de la Alhambra fueron deportados a Alemania y el padre fue rápidamente internado en el campo de exterminio de Dachau. Su familia ya había sufrido la persecución en los primeros 30. Tanta desdicha diezmó a los Vila-Leimdörfer y arruinó las expectativas de los que quedaron vivos.
El 13 de diciembre, 2 semanas antes de su gloria, Unamuno se lamentaba así en una carta dirigida a su amigo Quintín de la Torre: “Los mastines, entre ellos algunas hienas, de esa tropa encarcelan e imponen multas, verdaderos robos, confiscaciones y luego juzgan y fusilan. También fusilan sin juicio alguno. Han asesinado sin formación alguna de causa a dos catedráticos de universidad, uno de ellos discípulo mío, y a otros. Qué cándido y que ligero anduve al adherirme al movimiento de Franco”.
Granada fue una de las primeras capitales en manos de los rebeldes y el terror que barría las calles tenía una finalidad ejemplificadora. El modelo del paredón fue seguido también por Federico García Lorca o el alcalde Montesinos. Finalizada la guerra, la difícil justificación de los asesinatos hizo que se optase por la desmemoria. La pérdida de centenares de intelectuales y científicos por exilio, sanción, asesinato, facilitó la entrada masiva de docentes franquistas que durante 40 años borraron el pasado. Sus herederos no están interesados en cuestionar aquellos hechos y la actual situación.
Ahora, una placa recuerda a Salvador Vila en el paraje bajo el que permanecen sus restos. Hasta la gloria de Franco no se colgó en el Salón de Rectores de la Universidad de Granada un retrato de Salvador Vila Hernández. Poco a poco se va recuperando la memoria de un hombre y un arabista ejemplar cuyos restos, entre los de tantos centenares de inocentes, yacen todavía en las fosas de Víznar.
(imagen visible para usuarios registrados)Salvador Vila nació en Salamanca en 1904. Cursó brillantemente bachillerato obteniendo la Beca de San Bartolomé para realizar la carrera universitaria, doctorado, y ampliación de estudios en el extranjero. Se licenció en Filosofía y Letras y Derecho en la Universidad de Salamanca donde tomó contacto con el arabismo, y fue alumno de Miguel de Unamuno al que le uniría desde entonces una gran amistad. Tras doctorarse en Madrid con máximas calificaciones, durante el curso 1928/29 amplió sus estudios en la Universidad de Berlín. Allí conoció a Gerda Leimdörfer de 20 años, hija del redactor-jefe del principal periódico judío de Berlín, el Berliner Zeitung am Mittag, muy relacionado con el Canciller Alemán Gustav Stresemann, Premio Nobel de la Paz 1926.
Salvador de familia católica y Gerda alubia laica, se casaron en Berlín en 1932 y al año nació su descendiente Ángel. Salvador se introdujo y se enriqueció de la vida cultural e intelectual berlinesa. De vuelta a España fue catedrático de Literatura Española en Baeza, profesor en la Facultad de Letras de la Universidad de Madrid, en 1933 obtuvo la cátedra de Cultura Árabe e Instituciones Musulmanas de la Universidad de Granada, en 1934 era profesor de la Escuela de Estudios Árabes de Granada, encargado de la sección de Derecho e Instituciones Religiondelamors, y en 1935 director de la Escuela de Estudios Árabes de Madrid. Vila se relacionaba con grandes intelectuales de la época, como Wenceslao Roces, Manuel de Falla y los arabistas Miguel Asín o Emilio García Gómez. Tenía un futuro intelectual prometedor en el ámbito de la educación y la cultura española.
En abril de 1936 fue nombrado rector interino de la Universidad de Granada por el Gobierno del Frente Popular. Con el golpe de estado, el gobernador civil franquista de Granada José Valdés Guzmán, cesó a Vila y repuso inmediatamente al rector anterior, el reaccionario Antonio Marín Ocete. Al iniciarse la sublevación Vila se encontraba en Salamanca, donde paseaba por la calles con Miguel de Unamuno como si nada sucediese a su alrededor, pero el 7 de octubre de 1936 una pareja de la Guardia Civil detuvo a Salvador y a Gera, que fueron trasladados a Granada y encarcelados. Ya no volvieron a verse.
Salvador Vila tenía 32 años cuando fue cancelado junto a otros 28 hombres, y arrojado a una fosa común en el Barranco granadino de Víznar en la madrugada del 22-23 de octubre de 1936, tras pasar la noche en la finca Las Colonias al mando del capitán Nestares, donde los cancelados percibían el frío de la noche, el silencio monstruoso, la llegada de camiones con prisioneros. En la Universidad de Granada la represión fue sangrante. También fueran asesinados José Palanco, profesor de Historia de España; Joaquín García Labella, de Derecho Político; Rafael García Duarte Salcedo, de Pediatría; Jesús Yoldi Bereau, profesor de Química; y José Mejías Manzano, de Medicina. No era casualidad, en el claustro universitario del 7 de abril de 1936, los 5 catedráticos cancelados habían defendido al acceso a Vila al rectorado reprobando al saliente Marín Ocete, que en 1939 acusó a Vila de marxista.
Manuel de Falla salvó la vida de Gerda detenida en la cárcel, que como en los tiempos de la reconquista fue obligada a cambio de su libertad “a abjurar del judaísmo, aceptar el bautismo, abrazar la fe cristiana y cambiar su nombre de pila por el de la Patrona de Granada, María de las Angustias”. La trágica historia no acaba aquí. Sus padres se instalaron en el carmen de San Cecilio huyendo de la persecución del régimen alemán, pero “volvieron a sentir la tensión y el terror del fascismo sufrido en su país y la nostalgia de su mundo perdido”: Desde la ciudad de la Alhambra fueron deportados a Alemania y el padre fue rápidamente internado en el campo de exterminio de Dachau. Su familia ya había sufrido la persecución en los primeros 30. Tanta desdicha diezmó a los Vila-Leimdörfer y arruinó las expectativas de los que quedaron vivos.
El 13 de diciembre, 2 semanas antes de su gloria, Unamuno se lamentaba así en una carta dirigida a su amigo Quintín de la Torre: “Los mastines, entre ellos algunas hienas, de esa tropa encarcelan e imponen multas, verdaderos robos, confiscaciones y luego juzgan y fusilan. También fusilan sin juicio alguno. Han asesinado sin formación alguna de causa a dos catedráticos de universidad, uno de ellos discípulo mío, y a otros. Qué cándido y que ligero anduve al adherirme al movimiento de Franco”.
Granada fue una de las primeras capitales en manos de los rebeldes y el terror que barría las calles tenía una finalidad ejemplificadora. El modelo del paredón fue seguido también por Federico García Lorca o el alcalde Montesinos. Finalizada la guerra, la difícil justificación de los asesinatos hizo que se optase por la desmemoria. La pérdida de centenares de intelectuales y científicos por exilio, sanción, asesinato, facilitó la entrada masiva de docentes franquistas que durante 40 años borraron el pasado. Sus herederos no están interesados en cuestionar aquellos hechos y la actual situación.
Ahora, una placa recuerda a Salvador Vila en el paraje bajo el que permanecen sus restos. Hasta la gloria de Franco no se colgó en el Salón de Rectores de la Universidad de Granada un retrato de Salvador Vila Hernández. Poco a poco se va recuperando la memoria de un hombre y un arabista ejemplar cuyos restos, entre los de tantos centenares de inocentes, yacen todavía en las fosas de Víznar.