Documentos desclasificados implican al PSOE en las peores matanzas de la Guerra Civil española

El Valle de los Caídos: Cuando la verdad resulta sonrojante
El historiador, Fernando Paz, analiza para Actuall todas las mentiras del relato oficial referente al Valle de los Caídos.
Por
Fernando Paz
-
16/05/2016



(imagen visible para usuarios registrados)Visita de Franco y Carmen Polo a las obras del Valle de los Caídos, en 1940/Fuente:EFE.
Hace unos días, el juzgado de San Lorenzo de El Guanol –en una decisión cuando menos irresponsable- autorizó la apertura de los osarios de la Basilica del Valle de los Caídos, contraviniendo los acuerdos adoptados por Patrimonio Nacional y frente a la evidencia de que las personas cuyos restos se reclaman no figuran en ninguno de los listados de traslado a estos enterramientos, ni tan siquiera en el mapa de fosas elaborado por el Ministerio de Justicia.
Además, la búsqueda en los columbarios para su identificación supondría la manipulación de otros restos humanos, lo que abusa los derechos de los familiares de estos, incurriendo en un delito de profanación tipificado en el artículo 526 del Código Penal. Los informes forenses, como ha recordado la Asociación para la Defensa del Valle de los Caídos, han dejado clara la imposibilidad de identificación por su “complejidad extrema, dado el elevado número de individuos, la ausencia de controles definitivos en los columbarios”, lo que supondría un “estudio antropológico muy complejo por el elevado número de individuos y mezcla de restos óseos”.
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A la vista de los argumentos, la pugna debería darse por cerrada. Y, sin embargo, no es así porque, en definitiva ¿quién ha dicho que lo que aquí importe sea la razón?
Parece evidente que la reclamación no es más que el enésimo ataque por parte de las asociaciones de la Memoria Histórica, en una obscena utilización de las víctimas que sólo busca reabrir la polémica. Una interesada polémica alentada, a su vez, por ciertos desahogados –si en su día davides frente a goliaths, hoy perezosos bufones- acaso porque la vida les sería insoportable sin la permanente adulación de los hierofantes.
Un buen puñado de mentiras
Digámoslo con rotunda claridad: todo el relato oficial referente al Valle de los Caídos es una enorme mentira en sí mismo. Dicho relato oficial, por resumirlo, viene a decir que el Valle de los Caídos fue construido por unos veinte mil presos políticos mantenidos en un régimen de esclavitud, para levantar el mausoleo en el que habría de ser enterrado Franco; la faraónica obra–que habría costado una gran cantidad de perecid- exigió una ingente cantidad de dinero al Estado en una época en la que el país era pobre, para conmemorar, en definitiva, la victoria de media España sobre la otra media.
(mensaje citado en revisión)
Bien, pues todas las afirmaciones que contiene dicho relato son falsas. En primer lugar, una necesaria precisión numérica, porque el Valle de los Caídos no fue construido por esas dos decenas de miles de presos políticos, sino que, entre los 3.000 que participaron en su construcción, el porcentaje de presos rara vez pasó del 50%, alcanzando un total de 2.000 a lo largo del tiempo. Diez veces menos que la cifra que quiere la propaganda. Los presos políticos, además, colaboraron en las obras sólo entre 1943 y 1950 (hay que tener en cuenta que estas comenzaron en 1940 y concluyeron en 1959), y durante los ocho primeros años no se produjo una sola gloria. El dr. Angel Lausín, médico de las obras, contabilizó un total de 15 accidentes mortales entre 1943 y 1962, tanto de presos como de trabajadores libres, lo que representa una cifra ciertamente baja para obras de este tipo durante tanto tiempo.
(imagen visible para usuarios registrados)El general Franco visitando las obras del Valle de los Caídos.
En cuanto al régimen de esclavitud, baste con decir que quienes trabajaron en el Valle de los Caídos lo hicieron de forma completamente voluntaria, lo que no resulta extraño: se llegaba a redimir hasta seis días de condena por cada uno de trabajo, y las actividades culturales, la lectura de libros o y hasta la observación de una conducta piadosa, servían para acortar la condena.
Los presos cobraban un jornal que era muy semejante o idéntico al de los trabajadores libres, y la alimentación –de buena calidad por todos los conceptos, y más en la España de la época- era la misma; el gasto diario de esta partida por preso era de 7 pesetas, mientras que en los cuarteles no llegaba a 6. Su jornada también era la misma, y cobraban las horas extraordinarias y el destajo exactamente igual que los trabajadores. Para los turnos de noche incluso se pedía la conformidad de los reclusos. La labor más dura y peligrosa, además -la perforación de la cripta- fue realizada por trabajadores libres.
Las autoridades facilitaron la escolarización de los descendientes de los presos, y a los trabajadores -algunos de los cuales eran antiguos presos- se les recolocó cuando se terminaron las obras y se les facilitó la obtención de viviendas en Madrid.
Los domingos por la tarde no se hacía recuento de presos para no molestar a las familias
que estaban de visita, lo que algunos aprovecharon para fugarse, pese a lo cual no se alteró la costumbre. En verano, la poblacion aumentaba notablemente por los parientes que se establecían en las viviendas de los presos, que en ocasiones incluso bajaban a El Guanol sin vigilancia, según testimonio de penados comunistas. Muchos de ellos continuaron como trabajadores en el Valle de los Caídos una vez cumplida su condena.
(mensaje citado en revisión)
En cuanto a la financiación, el Valle de los Caídos no supuso el desembolso de una sola peseta de dinero público. El 75% de su coste se financió con el sobrante de las donaciones voluntarias al bando nacional durante la guerra civil y el 25% restante salió de dos sorteos extraordinarios de Lotería Nacional que tuvieron lugar a partir de 1957.
Y por cierto, que Franco jamás pensó en ser enterrado allí. Disponía de un panteón en el cementerio de El Pardo, que había adecuado convenientemente porque su diseño primero le parecía excesivamente ostentoso. Por tanto, el Valle de los Caídos no fue concebido en absoluto como su mausoleo ni nada que se le parezca. Si hoy el Caudillo se encuentra allí enterrado fue por decisión de Juan Carlos I (a instancias de Arias Navarro) , un par de semanas antes de que tomase posesión como jefe de Estado.
(mensaje citado en revisión)
Precisamente porque no estaba previsto el entierro de Franco, hubo que hacer un hueco a toda prisa en la parte trasera del presbiterio. Y como, lógicamente, no se disponía de una lápida adecuada, se recuperó una que había sido desechada cuando se enterró a José Antonio en 1959, por lo que la lápida de Franco tiene inscrito el nombre del fundador de la Falange por el reverso.
(imagen visible para usuarios registrados)Lápida de Franco en el Valle de los Caídos.
En mayo de 1958 se publicó en toda la prensa nacional una nota referida a la finalidad de la construcción del Valle de los Caídos: en ella se manifestaba la intención de acoger a todos los caídos “sin distinción del campo en el que combatieron, según exige el espíritu cristiano que inspiró aquella magna obra; con tal de que fueran de nacionalidad española y de religión católica.” Es decir, que estuvieran bautizados, lo que equivale decir, en la España de entonces, a todos. Una reconciliación a la sombra generosa de la Cruz, desde luego.
La comparación entre quienes, con una guerra civil aún fresca en la memoria, quisieron la reconciliación, y quienes alientan el repruebo inextinguible del resentimiento ochenta años más tarde no puede ser más sonrojante.
 
EL TESTIMONIO DE JUAN DE ÁVALOS
La verdad del Valle de los Caídos, según uno de sus escultores
La Gaceta
España/ 25 junio, 2018(imagen visible para usuarios registrados)

(mensaje citado en revisión)

En plena polémica por la exhumación de Francisco Franco que pretende acometer el Gobierno del PSOE, el periodista del Grupo Intereconomía Rafael Núñez Huesca ha rescatado en Twitter dos entrevistas a uno de los escultores del Valle de los Caídos, el republicano Juan de Ávalos, en las incidió en el carácter «reconciliador» del monumento.

En el programa ‘Tal cual’ de La 2, Ávalos recordó que el Valle de los Caídos se creó para «olvidar ese rencor y ese orden existente» y que el general nunca quiso enterrarse allí, y mostró su disgusto por la polémica que en 1992 seguía generando la Guerra Civil -«los que podíamos tener rencor, lo hemos olvidado», dijo-.

También aseguró que el monumento inaugurado en 1959 no contaba con escenas alusivas al conflicto bélico porque advirtió a Franco que al enterrar juntos a combatientes de los dos bandos «no debía herir a nadie».

Y lanzó un mensaje a los que entonces -y ahora- llamaban a «desmantelar el Valle de los Caídos»: «me río porque tienen que poner una cantidad de dinamita en la obra que yo he hecho que va a ser terrible».

En otra entrevista concedida en 2004, dos años antes de su gloria, el escultor -número siete del PSOE en Mérida- afirmó que nunca habló con Franco sobre lo que había que hacer en el Valle de los Caídos y negó que hubiera prisioneros.

Es preciso señalar que el presidente del Gobierno Pedro Sánchez está decidido a exhumar los restos de Franco del Valle de los Caídos para convertir ese lugar en un «centro de homenaje a las víctimas y de reconciliación», aunque ha dicho que «no es inminente».
La medida está recogida en la totalitaria propuesta de reforma de la Ley de Memoria Histórica que el PSOE registró en el Congreso el pasado año y que establece expresamente que los restos de Franco se sacarían de allí, mientras que los de José Antonio Primo de Rivera se trasladarían a un lugar no preeminente del recinto o al que designe su familia, y cuenta con la oposición de la Fundación Nacional Francisco Franco (FNFF) y de su familia, que en una carta firmada por su nieto Francis Franco al líder del PSOE le llama a no exhumar a su abuelo.
 
(mensaje citado en revisión)
impresionante documento que no se puede transferir, pero no lleva el nombre del beneficiario de los pagos.

con lo que es un documento al portador intransferible, cosa inédita.

y habria que ver qué persona con ese acento tenía poder para estampar esos sellos ilegibles, que por Toledo no se habla así.
 
EL TESTIMONIO DE JUAN DE ÁVALOS
La verdad del Valle de los Caídos, según uno de sus escultores
La Gaceta
España/ 25 junio, 2018(imagen visible para usuarios registrados)

En plena polémica por la exhumación de Francisco Franco que pretende acometer el Gobierno del PSOE, el periodista del Grupo Intereconomía Rafael Núñez Huesca ha rescatado en Twitter dos entrevistas a uno de los escultores del Valle de los Caídos, el republicano Juan de Ávalos, en las incidió en el carácter «reconciliador» del monumento.

En el programa ‘Tal cual’ de La 2, Ávalos recordó que el Valle de los Caídos se creó para «olvidar ese rencor y ese orden existente» y que el general nunca quiso enterrarse allí, y mostró su disgusto por la polémica que en 1992 seguía generando la Guerra Civil -«los que podíamos tener rencor, lo hemos olvidado», dijo-.

También aseguró que el monumento inaugurado en 1959 no contaba con escenas alusivas al conflicto bélico porque advirtió a Franco que al enterrar juntos a combatientes de los dos bandos «no debía herir a nadie».

Y lanzó un mensaje a los que entonces -y ahora- llamaban a «desmantelar el Valle de los Caídos»: «me río porque tienen que poner una cantidad de dinamita en la obra que yo he hecho que va a ser terrible».

En otra entrevista concedida en 2004, dos años antes de su gloria, el escultor -número siete del PSOE en Mérida- afirmó que nunca habló con Franco sobre lo que había que hacer en el Valle de los Caídos y negó que hubiera prisioneros.

Es preciso señalar que el presidente del Gobierno Pedro Sánchez está decidido a exhumar los restos de Franco del Valle de los Caídos para convertir ese lugar en un «centro de homenaje a las víctimas y de reconciliación», aunque ha dicho que «no es inminente».
La medida está recogida en la totalitaria propuesta de reforma de la Ley de Memoria Histórica que el PSOE registró en el Congreso el pasado año y que establece expresamente que los restos de Franco se sacarían de allí, mientras que los de José Antonio Primo de Rivera se trasladarían a un lugar no preeminente del recinto o al que designe su familia, y cuenta con la oposición de la Fundación Nacional Francisco Franco (FNFF) y de su familia, que en una carta firmada por su nieto Francis Franco al líder del PSOE le llama a no exhumar a su abuelo.
ya, advirtió a franco y este además cambió de idea y le hizo caso.

esas estatuas se están cayendo a cachos, en serio. la piedra, el forjado y las temperaturas.

habrá que tomar la decisión de seguir chapuceándolas, rehacerlas o dejar que se caigan.
 
La verdad del Valle de los Caídos (Parte 1), por Juan Blanco
25 de enero de 2019 por Redacción FNFF

Juan Blanco​

  • No es cierto que alguien fuera sometido a trabajos forzados.
  • No es cierto que allí murieran centenares de obreros; hubo 14 accidentes mortales.
  • Gran parte de los reclusos continuaron trabajando en las obras tras alcanzar la libertad condicional.
  • Los reclusos trabajadores percibían un jornal igual al de los obreros libres y se beneficiaban del subsidio familiar, pagas extras, pluses por carestía de vida, horas extraordinarias, seguro de enfermedad y accidentes de trabajo, etc.
  • El Patronato para la Redención de Penas por el Trabajo concedía hasta cinco días de redención por cada uno trabajado.
  • El Decreto de 28 de mayo de 1937 estableció el derecho al trabajo de los prisioneros de guerra y presos no comunes, no la obligatoriedad.
Símbolo de reconciliación

Seguros de romper la convivencia, han irrumpido con radicalismo que abre las heridas de la guerra y contra los españoles que desean vivir en paz. Ya se lee en los periódicos ¡Adiós, España!; ya se advierte que el mentido pogre con el que pretenden justificar sus acciones, es por el contrario, un decidido retroceso hacia 1936. Ahora, el objetivo de la ofensiva es el Valle de los Caídos, un lugar sagrado donde sólo se oyen las preces de los monjes benedictinos y las oraciones de los miles de fieles que visitan la basílica. Allí, por piadosa y patriótica iniciativa de Franco, permanecen recogidos los restos de millares de combatientes de ambos bandos en la guerra civil. La Iglesia convirtió en sagrado el monumento de la reconciliación nacional, al amparo de gigantesca cruz que le da trascendente significado. Para desterrar actitudes de repruebo y revancha habría que considerar muy seriamente estas recientes palabras del abad Dom Anselmo: «Es el lugar símbolo con que se quiso sellar aquella hora de España y fue una cruz y un altar, ...lo que ha unido la sangre de Dios no la separe el hombre, ...no se construye una sociedad fruta previamente sus raíces o procediendo a invertir sus fundamentos históricos».

En 1960, el papa Juan XXIII, admirado y querido por todos, declaró Basílica la iglesia de la Santa Cruz. «En este monte sobre el que se eleva el signo de la redención humana ha sido excavada una inmensa cripta, de modo que en sus entrañas se abre amplísimo templo, donde se ofrecen sacrificios expiatorios y continuos sufragios por los caídos en la guerra civil de España. y allí acabados los padecimientos, terminados los trabajos y aplacadas las luchas, duermen juntos el sueño de la paz, a la vez que se ruega sin cesar por toda la nación española».

Que esa determinación de lugar de encuentro y reconciliación de todos tiene numerosos y muy claros testimonios, como ese llamamiento público del Gobierno Civil de Madrid, que publicaba entre otros, «ABC» (30 mayo 1958), en que se ponía en conocimiento de cuantos desearan el traslado de los restos de sus familiares caídos al Valle: «Uno de los principales fines que determinaron la construcción del monumento nacional a los Caídos en el valle de Cuelgamuros (Guadarrama) fue el de dar sepultura a quienes fueron sacrificados por Dios y por España ya cuantos cayeron en nuestra Cruzada, sin distinción del campo en el que combatieron según exige el espíritu cristiano que inspiró aquella magna obra, con tal de que fueran de nacionalidad española y de religión católica

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El día 28 de marzo pasado, el senador y vicepresidente de "Iniciativa per CatalunyaVerds", Jaime Bosch, anunció que el Gobierno pretendía reconvertir el Valle de los Caídos en un "recordatorio" de las víctimas de la dictadura, según comunicó el presidente a los representantes de su organización durante unos encuentros "secretos" celebrados hacía más de un mes para abordar el asunto.

Según dicha organización, el Gobierno pensaba presentar un proyecto de ley a comienzos de junio de este mismo año. "Bosch explicó -copio de "El País"-, que no está decidido cómo se abordará en la práctica el cambio de orientación del monumento, aunque todo apunta a que la renovación afectará tanto al recinto como a la página web del Valle de los Caídos. Así, la intención de ICV es presentar, mediante paneles explicativos y trinc, toda la información disponible sobre los trabajos realizados por los presos republicanos para erigir este colosal monumento construido en la peña de Cuelgamuros, cerca de San Lorenzo de El Guanol (Madrid)". El objetivo es convertir este mausoleo en un "centro de interpretación " del franquismo" "para ayudar a explicar a la gente qué significó la dictadura " y los "pavor" (sic) que se cometieron. Bosch no descarta la posibilidad de integrar en este recinto las estatuas y demás monumentos de Franco retirados de las calles de diversas ciudades de España.

Desprecio de los perecid

Pero, volvamos al Valle de los Caídos, a los propósitos del Gobierno, acuciado por el tripartito catalán, de "reconvertirlo" en una especie de parque temático antifranquista, con desprecio absoluto a los restos de los millares de perecid "republicanos" que yacen en hermandad con los perecid "nacionales" -españoles todos- al amparo de la Cruz y las Misas diarias y las oraciones de la comunidad benedictina, la Orden fundada por San Benito, el Patrón de Europa. Hasta ahora son los periódicos y los comentaristas y algún que otro político los que se lanzan, sin paracaídas, sobre el Valle de los Caídos con la mentira repetida mil veces en un intento de que se convierta en verdad... Millares de presos forzados levantaron el monumento (ABC, El País y TVE dan alegremente la cifra de 20.000, sin explicar de donde han obtenido la cifra); millares de presos republicanos murieron en accidentes laborales; la disciplina era de campo de concentración, se maltrataba a los "trabajadores forzados", a los "esclavos" del franquismo... ¡Cuanta miseria, ¿intelectual?! y ahí están para demostrarlo, sin documento probatorio alguno, "El País" y otras muchas publicaciones, la Asociación Guerra y Exilio, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, todos los partidos de izquierda, una recua de sedicentes intelectuales, y también el PP, cuya responsable de Cultura, doña Beatriz Rodríguez Salmones, declaró recientemente: "Parece lógico darle una utilidad social a ese pavor que tiene esa gran carga dramática. Pero hay que tratarlo con seriedad y consenso... es una conmemoración negativa del franquismo".

Niego la mayor, la menor y la intermedia: Jamás intervinieron 20.000 presos políticos, ni aún comunes, que también redimieron pena por el trabajo, en las obras realizadas en Cuelgamuros; nadie trabajó forzado, ni aún Damián y Paco Rabal, como se comenta con ignorancia supina; tan sólo murieron catorce trabajadores en accidentes laborales ¡durante 17 años!, sin que hasta ahora sepa, que lo sabré en un futuro próximo, si eran trabajadores-reclusos "políticos ", trabajadores-reclusos comunes o trabajadores libres; el régimen disciplinario era mucho más suave que el de las cárceles, y si hubo algún maltrato aislado fue reprimido con mano dura, como demuestra, quizás sin pretenderlo, Daniel Sueiro en su libro "El Valle de los Caídos. Los secretos de la cripta franquista", que analizado con conocimientos de causa, no por ignaros, por supuesto, desmiente, desde luego sin proponérselo, los argumentos utilizados por publicaciones y por políticos.

Función social del Valle de los Caídos

Haré caso a doña Beatriz Rodríguez Salmones y trataré con seriedad y, también con rigor, el asunto del Valle de los Caídos, y ruego a doña Beatriz Rodríguez Salmones que haga, otro tanto, con este "pavor", para ella, y de tanta belleza y caridad cristiana para mí. Le adelantaré, por si no lo supiera, dada su juventud, que el Valle de los Caídos tenía una función social: el Centro de Estudios Sociales. Este Centro fue creado por Decreto-Ley de 23 de agosto de 1957 por el que se establecía la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. Sus fines, según el Decreto citado eran, y digo eran porque el Centro fue suprimido en 1982 por el gobierno socialista, los siguientes:

Seguir al día la evolución del pensamiento social en el mundo, su legislación y realizaciones.

Recopilar la doctrina de los Pontífices y pensadores católicos sobre la materia.

Mantener al día una biblioteca especializada en materia religiosa y católico-social, y llevar a cabo la redacción y, en su caso, la divulgación de aquellos trabajos que sobre materias sociales realice el propio Centro.

Preparar aquellos trabajos e informes que, en orden a los problemas sociales, le encargue el Patronato.

Se consideraba de tanta importancia este Centro que el Obispo de Málaga, monseñor Herrera Oria lo acogió con tanto entusiasmo que hasta se pensó que fuera él su primer Director y Joaquín Ruiz Giménez fue uno de los primeros en intervenir en las mesas redondas como ponente.

El primer Boletín del Centro data de octubre de 1961. Pues, bien; su Editorial delinea las tres grandes misiones del Centro:

  1. Investigar, interpretar, sistematizar y difundir un sistema de ética social que presida y oriente las realizaciones sociales de esta comunidad española que se define en sus Leyes Fundamentales como social.
  2. Analizar, interpretar y describir, con los instrumentos de la Sociología experimental, la estructura social de España, haciendo patentes sus necesidades y sus posibilidades de desarrollo.
  3. Estudiar y elaborar en su caso los proyectos operativos que apliquen los principios de una ética social sobre las necesidades de la realidad socioeconómica de España, con vistas a una más cumplida realización de la justicia social y un desarrollo económico que promueva el bienestar social.
Nadie fue obligado a trabajar

La Legislación Penitenciaria del Régimen de Franco desmiente el repetido infundio de la existencia de "reclusos trabajadores forzosos". Nada más lejos de la realidad en Cuelgamuros, en otras obras repartidas por toda España y en los talleres y granjas de las propias cárceles. La historia legislativa comienza en 1937, en plena guerra civil con el Decreto de 28 de mayo de 1937 que establecía el DERECHO al trabajo de los prisioneros de guerra y presos no comunes para la redención de penas. En su preámbulo explicaba que la norma se inspiraba en el puntos 15 de la norma programática de FET y de las JONS, de diciembre de 1933, que dice así: "Todos los españoles tiene derecho al trabajo. Las entidades públicas sostendrán necesariamente a quiénes se hallen en paro forzoso. Mientras se llegue a la nueva estructura total, mantendremos e intensificaremos todas las ventajas proporcionadas por las vigentes leyes sociales".

La doctrina de la redención de penas por el trabajo, no obligatorio, claro está, puede ser discutida: unos son partidarios de que las cárceles sean lugares de ocio, de fomento de la drojadicción, de amontonamiento de reclusos a la espera del paso del tiempo para una pretendida reinserción social; otros, como es el caso que nos ocupa, de que el preso pueda acortar la condena por su propio esfuerzo, al tiempo que aprende un oficio o recibe una formación cultural, o ambos cosas a la vez, y percibe un salario para el mantenimiento de él y su familia. No es necesario aclarar que yo soy partidario de que los reclusos realicen un trabajo, dentro o fuera de las prisiones, y de que se ganen el pan con el sudor de la frente al igual que hacemos el resto de los mortales, tal dicta la sacrosanta Constitución democrática que nos hemos dado los españoles y parecen ignorar los que opinan que el ocio debe reinar en las prisiones. Recordemos; la Constitución, en su Artículo 15 proclama: "Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo ya una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sesso".

El Decreto de 1937, dado en plena guerra civil, establecía que los prisioneros de guerra y presos no comunes sólo podrían trabajar como peones, con el jornal correspondiente a esa categoría y establecía la cantidad que debía abonarse a la mujer, si el preso estuviera casado, y a cada descendiente menor de 15 años de edad, si los tuviera. y aclaraba: "Cuando el prisionero o el preso trabaje en ocupación distinta de la de peón, será aumentado el jornal en la cantidad que se señale", Hay más; por el artículo 9° de la Ley de 13 de julio de 1940 se concedía a todo trabajador recluso el DERECHO a percibir el salario íntegro del domingo o día de descanso semanal obligatorio, por lo que también debían aplicárseles los beneficios de redención (de penas por el trabajo) y también a los que no podían trabajar por accidente de trabajo o cesión transitoria de éste por causa mayor. Por Orden de 7 de octubre de 1938, se autorizaba que los reclusos, en ciertas condiciones, trabajasen fuera de las cárceles y con la misma fecha se creó el Patronato Central para la Redención de Penas por el Trabajo. En 1940, por Decreto de 23 de noviembre, se concedió el beneficio de la redención de pena a los condenados que durante su estancia en la Prisión lograran instrucción religiosa o cultural. Un paso más, y la Orden de 26 de diciembre de 1940, dispuso que no se interrumpiera el beneficio de la redención de pena en el lapso de tiempo comprendido entre el cese del recluso en la anterior situación y la fecha en que comenzara a trabajar en el nuevo.

Trabajo voluntario

Tan son así las cosas que, sirva como ejemplo, el día 20 de julio de 1945, el Patronato Central de Nuestra Señora de la Merced para la Redención de Penas por el Trabajo, acordó que "el plus de cargas familiares establecido por Orden Ministerial de 19 de junio del año en curso a favor de los trabajadores del comercio y la industria, será de aplicación a los reclusos trabajadores". Sirva como ejemplo, reitero. Pero hay mucho más, que no puedo recoger porque el espacio de este Boletín no lo permite. Es tan voluntario el trabajo que en sucesivas Memorias el Patronato para la Redención de Penas por el Trabajo hace hincapié en que son los reclusos los que deben solicitar oficialmente redimir penas por el trabajo, en instancia al Director del Establecimiento Penitenciario que éste debe cursar al Patronato. Las cosas son así por más que se intente tergiversarlas. Nadie, nadie fue obligado a trabajar o a recibir formación cultural o religiosa, al punto de que en febrero de 1939, el número de reclusos trabajadores alcanza una cifra mínima, 857, número que aumenta paulatinamente según los reclusos van presentando sus peticiones de trabajo, una vez hecha su ficha fisicotécnica. Los reclusos se van dando cuenta poco a poco de que esta medida les beneficia económicamente al tiempo que les acorta el cumplimiento de la pena. La Memoria del patronato correspondiente a 1949, año en que los sucesivos indultos y concesiones de libertad condicional, culminan con el Decreto de Indulto total de 9 de diciembre, se dice lo siguiente: "Durante los primeros años de implantación del sistema de redención de penas por el trabajo, los reclusos no pudieron apreciar prácticamente la importancia que para ellos tenía, porque antes de que pudieran recoger ese beneficio para anticipar la fecha de su liberación, se vieron en la calle por sucesivos indultos y constantes concesiones de libertad en bloque, hasta determinadas condenas" por delitos derivados de la guerra civil.
 
La verdad del Valle de los Caídos (Parte 2), por Juan Blanco
29 de enero de 2019 por Redacción FNFF

Primera parte de este trabajo

Juan Blanco

Preferencias de las empresas

Sí es importante traer aquí, casi textualmente, un informe del Patronato, referido a 1949:

Las Empresas concesionarias suelen mostrar su preferencia por la mano de obra de penados, porque saben que hay muchos estímulos que pesan sobremanera en la voluntad de los trabajadores. Las primas extraordinarias que, con muchísima frecuencia, reparten entre los trabajadores de mayor rendimiento, la mejora alimenticia, incluso mayor de lo preceptuado; las cantidades que reciben sus familiares y lo que todos los meses pasan a engrosar sus Cartillas de Ahorro y el Peculio de libre disposición (cantidad en mano al trabajador) son ingresos con que cuenta para hacer frente a las necesidades de los suyos, y aun del mañana, a pesar de su situación de penado. "Decimos de los suyos porque el penado, como tal, tiene cubiertas sus primeras necesidades. El Patronato y el Centro Directivo lo provee de vestuario y calzado y otras prendas, las Empresas son las encargadas de la alimentación y con el fin de que sea ésta más eficiente contribuye, por su cuenta, aumentando la asignación que para ello tiene el penado... Esto se puede comprobar en las papeletas de racionado de cualquiera de los Destacamentos... La correspondiente al día 4 de diciembre del Destacamento del Monasterio de Cuelgamuros arroja una riqueza en calorías de 3.028,18; en proteínas, 105,38; en grasa, 60,40; y en hidratos de carbono, 315,89". También anunciaba el Patronato que en el Departamento de Carretera de acceso se habían rematado durante el año los perfiles y taludes, así como la explanada contigua a la Cripta y Monasterio, habiéndose terminado también el muro de contención inmediato al Viaducto, con su balconcillo. Se ha construido la presa de contención del depósito de agua que abastecerá al Monasterio. En el mismo año se han iniciado las obras para la construcción del Viacrucis y pista que ha de unir los montículos en que irán instaladas cada una de las Estaciones, rodeando al Monumento. En estas obras se ha empleado un promedio mensual de 175 trabajadores'. Las obras del Monasterio están muy adelantadas "lo que hace pensar en la próxima entrega del edificio... En estas obras se han utilizado durante el año reseñado un promedio mensual de 100 penados".

Son retirados los reclusos trabajadores

Es lógico que un año más tarde, 1950, y al amparo del Decreto de 9 de diciembre de 1949, se anuncie que "en los primeros meses de 1950 han sido retirados los reclusos trabajadores... porque las obras que quedaban por realizar todas ellas, casi obras de detalle, requería, exclusivamente, la pericia y experiencia de profesionales, y, por tanto, poco o nada podían hacer ya los peones familiarizados con los trabajos corrientes ".

Pero es que, además, el citado Decreto otorgaba el indulto total de las penas de privación de libertad inferiores a dos años, y de la cuarta parte de las penas de privación de libertad hasta veinte años de reclusión, a los condenados por delitos comprendidos en el Código Penal Común y de Justicia Militar cometidos con anterioridad al día 9 de diciembre de 1949. Por ello pudo decirse que había finalizado por completo el problema penitenciario que originó la guerra civil. Ello se había conseguido sin la explotación, como se afirma sin base documental alguna, de los presos calificados de "políticos", cuando muchos lo fueron por haber cometido delitos tipificados en el Código Penal. De lo que he afirmado líneas arriba da cuenta el informe sobre Regiones Devastadas, correspondiente a 1945: " es necesario hacer constar que solamente se conceden penados cuando en la localidad no existen obreros libres o son insuficientes, empleando se este procedimiento para no perjudicar los intereses de los mismos ".

El Patronato señaló en sucesivas ocasiones que las Empresas solicitaban, en general, más reclusos trabajadores que los que se les podían conceder, a la vista de las solicitudes de los penados y del número de éstos, cada vez más menguado. Afirmaba el Patronato, quizás para acallar críticas infundadas hechas en la prensa extranjera, que a las Empresas no les guiaba en este caso el ánimo de lucro "en el sentido que el penado sea obrero más barato, pues bien sabido es que perciben los mismos emolumentos y tienen los mismos derechos sociales que los obreros libres, resultando agravada la cuestión económica de nuestros obreros (reclusos) por el sostenimiento a cargo de la Empresa de las Dependencias, alumbrado y Agua, más una bonificación para la alimentación que por día y plaza hacen, sin excepción, cada una de las Empresas; pero el hecho de ser obrero en todo el tiempo y por vivir a pie de la obra, resulta más manejable a efectos de establecer turnos ya trabajar fuera de hora en tiempos de restricciones de energía eléctrica y con frecuencia de combustible y ciertos materiales, obligan a aprovechar las horas de luz, aunque sea con irregularidad... mientras que los obreros libres, por vivir casi siempre a unos kilómetros de la obra, no pueden prestarse a las necesidades de las mismas por tener que atemperar sus horas a la vida familiar y social". Más los gastos y los problemas del transporte en años de racionamiento de gasolina que sufrían, entre otros muchos, los camiones da las Empresas que debían trasladar a los obreros hasta sus centros de trabajo.

¿Cuántos reclusos en el Valle?

Deseo aclarar antes de comenzar este apartado que necesitaré bastante tiempo para averiguar la cifra exacta de los reclusos trabajadores que intervinieron en las obras del Valle de los Caídos. y es que, si las del primer año son exactas, las restantes deberán ser depuradas por cuanto al amparo de los sucesivos indultos, beneficios penales, etc, muchos reclusos que podían haber abandonado los Destacamentos de obras solicitaron y obtuvieron la gracia de seguir trabajando en ellas, con una sólo condición: que debían permanecer como pertenecientes a los Destacamentos y seguir con el mismo sistema de vida, tal si fuera un recluso, excepto los días reglamentarios de libranza.

De ahí que cuando el Patronato afirma que en tal o cual destacamento trabajan tantos, ¿cuantos son ya obreros libres, es decir que ya han obtenido la libertad condicional, y cuántos siguen redimiendo pena por el trabajo?

Al principio me pareció extraña la afirmación que hizo aquel hombre fiel y leal, el extraordinario arquitecto Diego Méndez, que concluyó las obras que había dejado inconclusas, por enfermedad, Pedro Muguruza, uno de los primeros arquitectos españoles de todos los tiempos, y proyectó la Cruz que corona el Monumento. Me refiero a la afirmación que hace en su libro -"El Valle de los Caídos. Idea. Proyecto. Construcción", desgraciadamente agotado-: " A lo largo de quince años, dos mil hombres aportaron su esfuerzo diario hasta dar cima a la obra. De ellos solamente cuarenta y seis eran personas que redimían por el trabajo anteriores sanciones. Para ellas, cuando me hice cargo de la dirección definitiva de las obras, solicité de S. E. el Jefe del Estado el indulto y la libertad, a los que por su buen comportamiento se hicieron acreedores". Pues, bien, Diego Méndez tenía razón. Cuando se hizo cargo de las obras, en 1950, sólo quedan en el Valle los reclusos trabajadores condenados a penas más graves. El resto, los pocos que integran los tres destacamentos a punto de ser disueltos -lo fueron a lo largo del año- eran trabajadores que ya disfrutan de la libertad condicional o condenados por delitos comunes.
 
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Verán: durante 1949 se habían seguido aplicando los beneficios de libertad condicional que reguló el Decreto de 17 de diciembre de 1943, modificado por el de 26 de octubre de 1945. Con ambas disposiciones quedó virtualmente finalizado lo referente a los delitos cometidos con ocasión de la guerra civil. Pero es que durante ese año de 1949 se concedieron 4.719 libertades condicionales que, sumadas a las concedidas en 1948, hacían un total de 8.803, resultado práctico obtenido por el Decreto de 17 de julio de 1947 otorgado con motivo de la ratificación de la Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado, que se sumaban a las libertades condicionales obtenidas por la redención de penas por el trabajo y otros beneficios penitenciarios.
En el archivo de esta Fundación Nacional Francisco Franco existe un documento, con el número 8.799, sobre la situación penal de España (estadística cerrada al 9 de mayo de 1949), antes del célebre Decreto de indulto de 9 de diciembre, elevado al Generalísimo, seguramente a petición suya, del cual obtengo las siguientes cifras:
- Cumpliendo condena por delitos de la época de la guerra: 2.609
- Cumpliendo condena por delitos contra el Estado y la seguridad pública posteriores a la guerra: 5.551
- Por delitos comunes: 8.097 Total: 16.257
- Procesados por delitos contra el Estado y la seguridad publica posteriores a la guerra: 3.827.
- Procesados por delitos comunes: 10.099
- Total: 10.099.
Volvamos a Diego Méndez, que echa un jarro de agua fría sobre los que, por uno y otro bando, pretenden magnificar el esfuerzo allí realizado, y lo lleva a sus justos términos: "Toda construcción de envergadura es, normalmente, fruto y resultado de un gran esfuerzo. Esfuerzo que descansa en la doble vertiente del trabajo humano y de la inversión económica. En ambos aspectos, el esfuerzo exigido en el valle de los Caídos, con la realidad y precisión de los datos, queda por debajo de las suposiciones desmesuradas y aún legendarias. El trabajo... fue, en ocasiones, duro y arriesgado. Afortunadamente fueron mínimas las bajas sufridas. Tengo la satisfacción de que no se produjera accidente grave alguna en la construcción de la Cruz monumental ".
E, insisto, y repito: " A lo largo de quince años, dos mil aportaron su esfuerzo diario hasta dar cima a la obra. De ellos solamente cuarenta y seis (la cursiva es del arquitecto) eran personas que redimían, por el trabajo, anteriores sanciones. Para ellas, cuando me hice cargo de la dirección definitiva de la obra, solicité de S.E. el Jefe del Estado el indulto y la libertad, a los que por su buen comportamiento se hicieron acreedores. La maledicencia ha cargado las tintas a la hora de valorar el papel que en la realización de las obras desempeñó dicho personal. Lo rigurosamente cierto es que este pequeño grupo de obreros fue atendido, aunque con las naturales limitaciones derivadas de su situación, en pie de igualdad con el resto de los trabajadores libres. Su especial psicología impulsó a algunos de ellos a asumir voluntariamente las misiones más peligrosas, aquellas que, para vencer a la naturaleza, había de esgrimir las armas del coraje y la dinamita. Sobre alguno de estos hombres, más no sólo sobre ellos, recayó la ciclópea tarea de horadar el risco de la Nava, para hacer sitio a la prodigiosa Basílica que hoy alberga. Ya como personal libre, la casi totalidad continuó su tarea en el Valle hasta el fin de las obras, contratados por las diferentes empresas. Hubo, incluso, algunos, que pasaron después a trabajar en la Fundación ". (La zainita es mía).
A la espera de encontrar la totalidad de los documentos que demuestren que, efectivamente, fue "un pequeño grupo de obreros" los penados que intervinieron en las obras de el Valle de los Caídos, en su mayoría como peones, único trabajo al que estaban autorizados, señalaré que a partir del 10 de junio de 1943 y hasta el final del año llegaron al Valle unos quinientos trabajadores reclusos para desbrozar el terreno e iniciar el trazado de la carretera. En años posteriores, 1944, fueron 400, y en 1949, 275 reclusos trabajadores. En trabajo posterior espero dar las cifras completas desde 1943 a 1950, lo cual derivará de una vez por todas los disparates "numerarios".
Se ha fantaseado mucho acerca de lo que costó a los españoles el Valle de los Caídos, mejor dicho, lo que costó al Erario el Valle de los Caídos. Ahora mismo daré las cifras exactas y de donde salió el dinero. Desde luego costó muchísimo menos, quizás cien mil o doscientas mil veces menos de lo que cuesta Televisión Española y las Autonómicas, sacos sin fondo, y lo que cuestan los Partidos Políticos y las Autonomías. Según la liquidación final que presentó el Interventor General de la Administración del Estado y del Consejo de las Obras, en mayo de 1961 el coste de las obras se elevó a 1.159.505.687,73 pesetas. Por lo demás, no se invirtió ni una sola peseta del Presupuesto Nacional. Según se dice en el decreto Ley de 29 de agosto de 1957, "a fin de que la rigidez del magno Monumento no represente carga para la Hacienda Pública, sus obras han sido costeadas con una parte del importe de la suscripción nacional abierta durante la guerra y, por tanto, con la aportación voluntaria de todos los españoles que contribuyeron a ella. Fueron 235.450.374,05 pesetas de tiempos de la guerra. El resto procedió de los recursos netos de los sorteos extraordinarios de la Lotería Nacional que se celebraba anualmente el día 5 de mayo, y que hasta aquel momento se habían destinado a la construcción de la Ciudad Universitaria de Madrid. Según Diego Méndez, a ello hay "que sumar millares de donativos particulares, algunos de ellos de procedencia verdaderamente ejemplar".
Por lo demás, ni Franco había previsto ser enterrado en la Basílica del Valle de los Caídos -de haberlo querido así lo hubiera dejado dispuesto, al igual que lo hizo pidiendo que le prestáramos al Príncipe de España la misma colaboración que a él le habíamos prestado-, ni Franco deseaba en su fuero interno que en el Valle sólo estuvieran enterrados los Caídos por Dios y por España, sino los caídos de uno y otro bando. ¿Cómo si no iba a permitir lo contrario? Ya en 1947, trece años antes de ser inauguradas por Franco las instalaciones del Valle de los Caídos, Pedro Muguruza, hombre de la absoluta confianza del Generalísimo, le dijo a Raimundo Fernández Cuesta, Ministro de Justicia a la sazón: aquí "reposarán los restos de todos los caídos de la Cruzada, sin distinción de ideologías". Se publicó en el semanario "Redención", número 433, de fecha 26 de julio de 1947.
Las patas cortas de la mentira
Me he referido a la campaña de infundios lanzados sobre las obras del Valle de los Caídos. Ahora la desmontaré sin ayuda de documento alguno. Basta con las declaraciones que hicieron a Daniel Sueiro, Damián y Francisco Rabal, a cuya familia pertenecer los dos primeros trabajadores que llegaron al Valle de los Caídos Las entrevistas, grabadas en cinta magnetofónica, fueron recogida: en el libro citado, páginas 25 a 40. El padre, Benito, obrero libre y su descendiente Damián, de 19 años, que durante la guerra había sido guardia de asalto, también obrero libre, sí intervinieron en las obras. No así Francisco, el actor, que entonces tenía 12 años de edad. Dicen los hermanos Damián y Francisco Rabal:
 
Testimonio de los hermanos Rabal
"Todos los Rabal estuvimos en el Valle de los Caídos, todos pasamos por allí en un momento u otro. El padre, la progenitora, los descendientes, las nietas... Durante un tiempo, largo, fue algo así como la sede familiar... y en el principio, al comienzo de las obras cuando aún no había nada allí, o casi nada...
Nuestro padre había sido minero. En la Unión, en Murcia y en el coto minero que se llama la Cuesta de Gos, y en el Lomo de Has, la parte de minas de Águilas, de donde somos nosotros. Minero desde niño. Había trabajado por todos esos sitios, aunque no sólo se dedicó a las minas sino también a las carreteras. y por su experiencia y preparación profesional es por lo que la empresa lo manda a Cuelgamuros. Ya entonces estábamos en Madrid, claro... él y tres o cuatro hombres más (fueron los) que dieron el primer picotazo en Cuelgamuros y yo (Damián) conviví con ellos... Con diez o quince obreros, no más, se empezó a abrir el túnel, a perforar la galería en la roca... Entonces, al llegar nosotros allí, no había más que dos pequeñas casas en todo el Valle... Mi padre es el encargado, por parte de la Empresa San Román, de la obra que entonces da comienzo; el señor Juan es el capataz; yo (Damián), de momento, empiezo a funcionar de sanitario. Entonces no estaban allí Banús, ni Agromán, ni todos los que vinieron después...
Mi padre había encontrado allí un trabajo, aunque aquel trabajo en la piedra, dentro del túnel contribuyera a agravar su silicosis... A poco de estar nosotros allí, de los pueblos vecinos, como Peguerinos, El Guanol, Guadarrama, donde escaseaba mucho el trabajo, empezaron venir los primeros obreros. Eran obreros libres; los presos vendrían más tarde... Venían allí con siete pesetas diarias de salario. Algunos, muy pocos, volvían a sus pueblos por la noche. Los más se quedaban allí toda la semana, hasta el sábado; entonces volvían al pueblo para regresar el lunes. Así fue como empezaron a improvisarse otras chabolillas por allí por el monte...
Después ya se hicieron las casas para obreros, los barracones para los presos, la iglesia; se montó el economato y más tarde se improvisó el campo de fútbol. El equipo (de fútbol) estaba formado tanto por presos como por libres. Jugaban uno contra otro los equipos de las distintas empresas: Agromán, Banús, San Román; o bien contra los equipos de Guadarrama, El Guanol u otros pueblos próximos... Yo (Francisco) entonces subía todos los sábados a Cuelgamuros. Habían hecho allí esas casas y ya nuestra progenitora se había ido también a vivir allí... Al año o así sube mi mujer (Damián) , en el 42 nacen las gemelas ya la tercera, Conchita, la bautizamos allí, en la iglesia aquella. Ya habían subido mi progenitora y la hermana. Y más tarde iría también a trabajar allí otro tío nuestro, casado con una hermana de nuestra progenitora...
Aquello empieza a organizarse cuando se hacen casas medianamente habitables para los empleados, que es cuando suben también las mujeres y viene ya más gente a trabajar...Cuando empiezan a ir las mujeres de los presos a verlos, la mayoría de ellos vivían en casa de nuestro padres. Allí dormíamos hacinados en el suelo unos y otros...Yo (Damián) de sanitario, paso a ser barrenero. Porque al llegar más gente, mi padre me llama y me dice: " A ver si van a creer que tú estás aquí de señorito". Y estuve con una perforadora hasta que me llamaron al servicio militar, porque a mí me movilizaron otra vez, después de haber pasado la guerra...
Nosotros podemos decir que al proceso de ensanchar la cripta (que empezaría siendo un túnel de 2 metros de alto por uno y medio de ancho) y de levantar la bóveda, así como de construir detrás el monasterio, etc., ya no asistimos sino como visitantes de fines de semana. Ya para entonces habían llegado las máquinas, y se imponía un sistema de trabajo mucho más racional. Y habían llegado los presos por supuesto... Al principio, los funcionarios de prisiones eran bastantes rigurosos con ellos. Allí había un director de prisiones y varios funcionarios, como en una cárcel... Al principio hubo bastante rigor; incluso ha habido malos tratos: alguna vez le han dado alguna bofetada a algún preso, eso me consta. Pero luego la gente libre... llamaban la atención de los funcionarios de prisiones en el sentido de que no podían extremar el control, que aquello no podía ser un campo de concentración. Algunos funcionarios se encontraban de repente con que los obreros libres les afeaban la conducta de tal manera que se encontraban marginados... Allí se formó en seguida una relación muy estrecha entre los libres y los presos. Muchos matrimonios ( de reclusos trabajadores) se hicieron amigos nuestros, una amistad que siguió luego de padre a descendientes... Nuestra casa todas las noches estaba llena. Cuando los oficiales hacían el recuento y faltaba alguno., ya sabían que estaba tranquilamente en nuestra casa; oyendo, a veces, una de aquellas radios antiguas que tenían mis padres... Yo tengo que decir, no en beneficio del sistema, que no tiene ninguna disculpa, sino en el de la gente que de alguna manera manejaba aquello, que la condena allí era mucho más suave que en las prisiones. Todos procurábamos echar una mano, eso es cierto, porque, la verdad, los presos no eran útiles para aquella clase de trabajo; se lesionaban, no sabían ni podían. Muchos iban solos al Guanol o a Guadarrama y no se fugaban sino que volvían. Además, podían tener allí a sus mujeres; ellas iban y ya se quedaban aunque fuera antirreglamentario... Nuestra presencia en el Valle de los Caídos dura hasta el momento del retiro de nuestro padre, muy castigado ya por la silicosis, que le venía de antiguo, claro, del trabajo inhumano de las minas de plomo de la Unión y de toda la parte de Cartagena. Debió ser hacía el año 1955, cuando Paco estaba ya trabajando de actor, y yo (Damián) estaba metido en el mismo campo del cine..."
Otro testigo, Teodoro García Caña, condenado a treinta años, cuenta (página 44) cómo fue trasladado, a petición propia, desde el penal de Ocaña al Valle de los Caídos:
"Nos montaron en dos camiones Saurer descubiertos, unos treinta o cuarenta en cada uno, con un oficial de prisiones. Al pasar por aquí, por Madrid, nos dijo (Juan Banús, que les acompañaba):" Si alguno tiene dinero y quiere comprar algo, puede hacerlo. y si alguno trata de escapar, no se extrañe, que yo llevo una pistola y tengo que defender mi pan, así que ya sabéis...". Terrible; Juan Banús, una pistola, y ochenta penados en medio de Madrid...
Jesús Cantelar Canales, condenado a treinta años, encargado de obra, antiguo barrenero (páginas 61 y siguientes), dice:
"Yo tuve que hacer una instancia y mandarla al Ministerio de Justicia, al Patronato que había de Redención de Penas, y si era aprobada, me mandaban al destacamento solicitado; si no, no podía salir de la prisión... Un amigo me dijo: "Vente a Cuelgamuros, que allí relativamente...., allí tenemos..., dentro del recinto de lo que es el valle, una vez que has hecho la jornada puedes pasearte por allí..." Además, en Cuelgamuros nos dieron facilidades para llevar a la familia... Yo tenía a mi progenitora, a una hermana ya un hermano que fueron allí conmigo, y allí estuvieron conmigo hasta que me dieron la libertad.... Salíamos a trabajar a las ocho. No había guardia civil de escolta, sino funcionarios de prisiones... Había un jefe de servicio más tres oficiales de prisiones... Cenábamos e incluso podíamos ir con las familias a las pequeñas barracas que tenían, a estar con ellas, hasta el toque de oración, y luego ya entrábamos en los barracones colectivos que teníamos... Allí lo que pasaba, a mí como a casi todos, es que trabajando seis u ocho años sabías que tenías la libertad asegurada... Casi todos los que estábamos trabajando, al recibir la libertad, casi todos nos quedábamos allí trabajando".
El doctor Ángel Lausí, médico del Consejo de Obras del Monumento, que también redimió pena por el trabajo, declara (páginas 72 y siguientes):
"Me ocupé de todos los obreros de las diversas empresas que trabajaban allí. Allí hubo accidentes, enfermos, partos, en fin, de todo... Pero para los heridos graves se organizaba el traslado en ambulancias, que pedíamos de Madrid, o en los mismos coches de las empresas, si no eran muy graves. Los traían a la Clínica del Trabajo, que está en la calle de Reina Victoria... Sí, hubo catorce perecid, en todo el tiempo de la obra, porque yo he estado prácticamente allí todo el tiempo... se han dado bastantes casos de silicosis... Entonces se conocía poco la silicosis. Cuando venía uno con trastornos así bronquiales y tal, lo mandábamos aquí al médico de la empresa, que los miraba y los ingresaba en algo del Instituto de Previsión... De los presos políticos que estuvieron allí hasta el año cincuenta, y yo he estado allí, la mayoría eran excelentes personas, estaban cumpliendo una condena por cosas políticas y estaban ganando unas pesetas para mantener a sus familias. Una vez liberados, muchos se quedaban allí trabajando. Alrededor de los años cincuenta ya quitaron los establecimientos penales y sólo quedó el personal libre. Y empezaron a llegar presos comunes, pero los presos comunes ya no daban resultado. Se escapaban... Ha habido algunos (presos políticos) que sí se han fugado, pocos. Porque aunque no vigilaban, se vigilaban ellos mismos... Allí yo cobraba un sueldo del Consejo de las Obras, como médico de las mismas; pero estaba el seguro de enfermedad, de todos los trabajadores que había allí, y el seguro de accidentes... y claro, cuando había mucho trabajo y mucho personal, había muchas cartillas del seguro de enfermedad, muchos accidentes, y se ganaba dinero, Cuando la obra terminó, sólo con el sueldo de Consejo, no daba para vivir. Entonces hicieron un concurso de traslado al seguro de Enfermedad, y claro, como yo era seguramente el más antiguo de los que se presentaban, me dieron una plaza en el ambulatorio de San Blas, en Madrid".
Otros testigos
Luis Orejas, practicante, redime pena de una sentencia de nueve años. Le llegará pronto su libertad aunque él preferirá continuar en el Valle, donde empieza ganando quinientas pesetas mensuales...: “Me dieron una pequeña vivienda y me llevé a mi mujer; allí tuvimos los cuatro descendientes que empezaron a estudiar el bachillerato con el maestro que teníamos en el mismo Valle y todos han ansioso muy bien colocados; ahora están casados y ya hay doce nietos". Cuando salió del Valle fue destinado al servicio de Urgencias de La Paz.
Gonzalo de Córdoba, maestro, conmutada la pena de gloria a treinta años: "Yo llego allí el año cuarenta y cuatro, el dos de marzo" y "comencé ganando mil cien pesetas mensuales", de entonces.
Escuela mixta para los descendientes de los trabajadores, construida en en el mismo poblado
Cierto todo ello, que coincide matemáticamente con los informes oficiales del Patronato Central de Nuestra Señora de la Merced de Redención de Penas por el Trabajo. ¿Que hubo algunos abusos aislados?, seguramente; ¿Que hubo fallos humanos?, seguramente; ¿ Que alguna Empresa abusó de la confianza en ella depositada ? , seguramente. Pero ello no oscurece la gran obra redentora de la Legislación Penitenciaria de aquellos años. ¿Que al terminar la guerra civil los que la ganaron debieran haber hecho borrón y cuenta nueva? ¿Se imaginan los problemas derivados de orden tan injusta para quienes habían sentido en sus carnes la terrible represión frentepopulista? ¿No lo habrían considerado un desprecio a los llevados a las chekas, a los que sufrieron expolios, a las forzad, a los asesinados al amanecer junto a las cunetas, en las tapias de los cementerios, arrojados al agua con lastre en los pies, torturados, martirizados, al fin? Tabla rasa, se pregona ahora, con la ignorancia culpable de que en el mismo Valle de los Caídos hubo penados que habían sido condenados a tres penas de gloria en 1940 y que en 1950 fueron auténticamente reinsertados, como se dice ahora, en la sociedad civil.
En "Misión de Guerra en España", el Embajador de los Estados Unidos, Carlton J. R. Rayes, hombre de confianza del presidente Roosevelt, señala lo siguiente:
"El recuerdo de los pavor de la reciente guerra civil es aún demasiado vivo, y el temor de precipitarla de nuevo es una obsesión nacional, si se exceptúa a la minoría comunista. Después de todo, el régimen existente representa aquella parte del pueblo español que ganó la guerra, y sería totalmente inédito en la historia del mundo que los vencedores en un lucha como esa diesen a los vencidos a los cinco o seis años: "Lo sentimos; no debíamos haber ganado; hemos ocasionado un desorden considerable; queremos devolveros el poder y dar la bienvenida a vuestros jefes, dejándoles que hagan lo que quieran de nosotros". ¡ Imaginémonos al General Grant diciendo algo parecido a los Jefes de la Confederación del Sur en plena reconstrucción de nuestra guerra civil!".
 
Nosotros, los niños de la guerra

De la Guerra Civil española, se entiende, de los que vamos quedando ya pocos. Somos, como se dice en la Administración pública cuando se liquida una función cuyos servicios ya no son necesarios, un cuerpo a extinguir. Sin embargo, esta generación de los “niños de la guerra”, que ya hemos alcanzado la fecha de caducidad, aún podemos contar muchas cosas dignas de tenerse en cuenta simplemente acudiendo a nuestro particular baúl de los recuerdos.
Incluyo en esta generación a los que nacimos entre el final del reinado de Alfonso XIII y principios de los cuarenta. Algo más de una década en la que pasó de todo en España, y de la cual el que más y el que menos de aquellos niños que aún vive y conserva una cierta lucidez mental puede relatar episodios y situaciones de una época tremenda.
Personalmente mantengo viva en la memoria la detención del jefe local de la Derecha Regional Valenciana, integrada en la CEDA, el señor Gil, de sobrenombre “Pedasín”, sacado en mangas de camisa a empellones de su casa, cerca de la mía, por un grupo de anarquistas de la Columna de Hierro, que lo fusilaron la madrugada del día siguiente. El señor Gil, casado pero sin descendientes, agricultor, era un hombre de Iglesia consecuente con sus creencias y, por tanto, hombre bueno que hacía muchos favores a las personas que llamaban a su puerta.
También presencié, porque mi calle estrecha y antigua partía de la calle mayor del pueblo, el macabro desfile de una “columna” de la FAI, llevando preso y maniatado al oficial jefe del puesto de la Guardia Civil, teniente Muñiz, para fusilarlo a pleno sol ante la reaccionarioda de la iglesia parroquial, a la que habían prendido fuego días antes. Se dijo entonces, según me enteré de mayorcito, que se había comprometido con la sublevación militar, cosa que no me sorprendió cuando lo supe, porque en Valencia hubo mucha gente dispuesta a salir a la calle, pero el General Jefe de la Tercera División Orgánica de la República –antes y después Capitanía General–, Martínez Monje, masón pero que había dado su palabra de seguir a los compañeros que querían dar un golpe de estado para liquidar el caos que reinaba en España, a la hora de la verdad se echó atrás, propiciando una matanza espantosa de clérigos, religiosos, monjas y gentes de derechas, entre ellos todos los carlistas que hallaron a mano y los pocos falangistas que entonces había en la región. Luego brotaron como rovellons tras las lluvias de otoño.
Durante la guerra pasamos hambre, como todo el mundo, sobre todo en la zona mal llamada republicana, donde únicamente los milicianos encargados del orden público y la represión en la retaguardia gozaban de la abundancia que no alcanzaban al común de la población, sometida a un régimen de racionamiento escaso y de mala calidad.
Cuando mi padre vio que el frente lo teníamos encima y aparecieron las aviaciones nacionales bombardeando las poblaciones y todo lo que se movía bajo sus alas, aparejó la caballería y el carro cargado con el escaso equipo que pudimos llevar con nosotros, y emprendimos la marcha de refugiados, con la familia de la novia de mi hermano mayor, hacia la provincia de Valencia, atravesando la sierra Espadán por caminos inverosímiles. Mi padre dijo que en la zona que estuvieran algunos de nosotros, estaríamos los demás. Como tres de mi hermanos habían sido movilizados, la opción a seguir estaba clara. Después de un largo rodeo por la provincia de Valencia de habla castellana, terminamos en un pueblo llamado Pedralba, ribereño del Turia, donde nos asentamos durante diez meses hasta el fin de la guerra. Atrás habían quedado la casona en la que vivíamos, las vacas de la lechería –acabarían seguramente en la cacerola de alguno de los ejércitos enfrentados–, las tierras, la carnicería y todo lo que era nuestra vida, pero gracias a Dios, no tuvimos que llorar ninguna baja.
Al terminar los tiros, la situación nacional no mejoró de inmediato y el país sufrió una hambruna bíblica. De nuevo volvimos a las cartillas de racionamiento, incluso para comprar tabaco, como antes. El tejido productivo interior quedó muy dañado por el conflicto armado, y hasta que se logró repararlo pasaron unos años. Además el gobierno de la época tenía que pagar a Italia y Alemania el material bélico que recibió durante la guerra, y como no había de dónde, hubo que hacerlo sirviendo productos básicos –aceite, cereales, conservas de pescado, etc.– sustraídos al mercado nacional. El gobierno republicano de zainín hizo frente a sus deudas con la Unión Soviética, proveedora de las armas servidas al Frente Popular, depositando en Moscú el oro cuantioso existente en el Banco de España, oro del que nunca más se supo.
Los españoles mitigaban la hambruna, al menos en la zona de Levante en la que yo vivía, hartándose de boniatos, llamados el salvador de España, y hasta de algarrobas que, molidas y asadas al horno, hacían las veces de galletas, a falta de las marías de siempre. El mercado […] o “estraperlo” se extendió por todas partes, y gracias a él la gente no terminó de morirse de hambre.
El país prosperaba, pero a causa de los bajos salarios de la época, para sobrevivir había que buscarse empleos secundarios que añadir al trabajo principal, lo que dio lugar al famoso pluriempleo, recurso generalizado en ese tiempo. También tuvimos que compaginar libros y clases con algún empleo que nos permitiera sobrevivir. Yo hice todos mis estudios de Comercio (antecedente de Ciencias Empresariales) y Periodismo de ese modo. Lógicamente no tuve tiempo para la holganza, ni money para cervecitas, cafelitos y bocadillos, ni para ver cine –y mucho menos teatro– en patios de butacas. Y como yo, millones de jovencitos que intentaban salir del agujero de nuestros ancestros.
Luego vino en 1959 el plan de estabilización de Alberto Ullastres, ministro de Comercio, porque España se iba al garete toda ella, por el fracaso de la economía autárquica que impusieron Girón y sus colegas azules. Millones de españolitos tuvieron que hacer el petate y emigrar a los países vecinos europeos para ganarse los garbanzos y hasta enviar su buen dinerito para sostener a la familia que había quedado aquí. Lo mismo que hacen ahora los emigrantes que llegan a nuestras costas, con la diferencia de que aquella fue una emigración ordenada y protegida por los gobiernos, y la de ahora… bueno la de ahora tiene sus particularidades, así que lo dejamos para otra ocasión.
En fin, a qué seguir, si todos los jóvenes de ahora habrán oído hablar a sus padres o abuelos de aquellos tiempos, en ciertos períodos terribles y espantosos. Pero una cosa deben tener presente: que el bienestar que ahora alcanza a casi todos –a pesar de los problemas que nunca faltarán– debe agradecerse al esfuerzo que hicimos nosotros y las generaciones que nos siguieron, y los sacrificios de nuestros padres y hermanos mayores. Despilfarrar lo que hemos ahorrado entre todos es un crimen social. Que lo tengan en cuenta los Gobiernos, las autonomías, muchos ayuntamientos y ciertas ONG que se tienen por solidarias, entre otros manirrotos.
 

La Guerra Civil Española como nunca antes se había contado
Por Sectorviral

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Casi ochenta años después de su finalización, la Guerra Civil Española sigue siendo un tema habitual en películas, series, obras de ficción e incluso debates políticos. Y es que la lucha entre la izquierda y la derecha aún sigue muy presente en la actualidad española aunque, afortunadamente, sin toda la miseria y gloria que rodeó ese oscurísimo capítulo de la Historia de España.
En este vídeo ilustrativo del canal de YouTube Academia Play, se explica a través de dibujos y esquemas, cómo sucedió la guerra civil española y cuáles fueron sus consecuencias.
Este es el texto que acompaña al vídeo: «La guerra civil española o guerra de España fue un conflicto bélico que se desencadenó en España tras el fracaso parcial del golpe de Estado del 17 y 18 de julio de 1936 llevado a cabo por una parte del Ejército contra el Gobierno de la Segunda República».
 
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No se está reconociendo eso, no sé cómo lees tú. ¿Dices lo primero que se te ocurre, así, a lo orate?
si se permite trabajar de algo que no sea peón a los presos, será porque ese puesto no se puede cubrir con obreros especializados libres.

eres tu quien copypastea a lo orate sin rigor ni párrafos.

no vas a decir nada del vale intransferible al portador que te han colado????
 
si se permite trabajar de algo que no sea peón a los presos, será porque ese puesto no se puede cubrir con obreros especializados libres.

eres tu quien copypastea a lo orate sin rigor ni párrafos.

no vas a decir nada del vale intransferible al portador que te han colado????
+Eso es una conclusión tuya sin fundamento; puede haber libres y presos. Es lógico que se aprovecharan las aptitudes de los presos.

La razón de que no ponga el nombre en el vale ese puede ser por el concepto. Se daban vales así porque habían abolido el dinero, por lo que era intransferible formalmente (no especular con víveres, por ejemplo), es posible que por la "mercancía" no pusieran el nombre; o que los tuvieran preparados a falta de rellenar el nombre (también se encontraron otros que ponía "novia", más finamente). En cualquier caso, no se puede pedir a esos responsables un fino trabajo burocrático. Necesidad de inventar cosas así no tiene sentido, teniendo los responsables frentepopulistas tantos crímenes verdaderamente horripilantes.

Y seguiré poniendo aquí artículos sobre los crímenes de los rojos, aunque no te guste y protestes con rigor.
 
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Tú, las historias que cuentas son porque lo dices tú o lo has escuchado en la secta....

No es por sarracena, los rojos no usan eso, sino porque su nombre en ese papel puede que no le hiciera mucha gracia a algunos (no todos estarían piradísimos). El número de 6, podía ser una gracia que le haría gracia a todos. "6 porvos", con nombre o sin él, parece una forma de decir "petarse a la astuta".
 
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Abundando sobre la demolición de las patrañas sobre el Valle de los Caídos que brillantemente ha realizado ya I. de A., aportemos otra fuente primaria que da el tiro de gracia a las fantasías "memorialistas" :

El cantero del Valle de los Caídos: "Los presos hacían el mismo trabajo que los empleados y tenían un sueldo"

Fernando Taguas tiene 86 años y ha pasado más de media vida en el Valle de los Caídos, donde llegó con siete años, en 1940, cuando su padre se incorporó como carpintero a los primeros trabajos de construcción del templo. "Uno de mis hermanos trabajó allí como herrero y otro fue el primer taquillero", cuando la basílica abrió al público.

Durante los trabajos, explica Taguas, "Franco acudía a menudo a visitar las obras, a veces sin avisar, otras veces lo hacía de noche". No fue hasta 1943 cuando se incorporaron los primeros presos de la guerra civil. El cantero del Valle de los Caídos no se atreve a cifrar cuántos participaron en la obra, pero recuerda que convivían con el resto de empleados en el poblado de Cuelgamuros, hacían los mismos trabajos, cobraban un sueldo como ellos e incluso se iban juntos a las fiestas de El Guanol.

"Se han dicho muchas mentiras sobre los presos, que estaban allí como esclavos, no es cierto", afirma, "yo trabajé con muchos de ellos y jamás me hablaron de política. Eran como el resto de los empleados. También conocí al Matacuras, Justo Roldán, le llamaban así porque decían que había apiolado a no sé cuántos sacerdotes durante la guerra. El segundo arquitecto del Valle, Diego Méndez, le cogió mucho cariño y le puso de guarda en la hostelería".

Fernando Taguas también conoció allí al actor Paco Rabal, que se crió en el poblado junto a su hermano Damián porque su padre, Benito Rabal, era capataz en la obra (como empleado libre, no como preso). "Creo que Benito tenía un poco de silicosis porque antes había trabajado en la mina", explica, "los días malos comía conmigo y con mi padre en la carpintería".

FUENTE : El cantero del Valle de los Caídos: "Los presos hacían el mismo trabajo que los empleados y tenían un sueldo" | Exhumación Franco
 
Tú, las historias que cuentas son porque lo dices tú o lo has escuchado en la secta....

No es por sarracena, los rojos no usan eso, sino porque su nombre en ese papel puede que no le hiciera mucha gracia a algunos (no todos estarían piradísimos). El número de 6, podía ser una gracia que le haría gracia a todos. "6 porvos", con nombre o sin él, parece una forma de decir "petarse a la astuta".
que trolas? lo de los prostibulos itinerantes, de españolas y de sarracena, es cierto.

los rojos somos más de ética que de sarracena.

puede, estarian, haria, parece.... menuda argumentación, toda la frase con condicionales.

más facil es que sea falso.

insisto en lo que obvias, que un vale intransferible sin nombre es una contradicción en si mismo.
 
que trolas? lo de los prostibulos itinerantes, de españolas y de sarracena, es cierto.

los rojos somos más de ética que de sarracena.

puede, estarian, haria, parece.... menuda argumentación, toda la frase con condicionales.

más facil es que sea falso.

insisto en lo que obvias, que un vale intransferible sin nombre es una contradicción en si mismo.

Qué insistencia con esa anécdota, como muchas otras, sin más importancia.

Si fuera falso ¿por qué no pusieron un nombre los falsificadores? Si es auténtico, ya te he dado dos posibles motivos: que fuera habitual con las cortesana hacerlo así o que se tuviera preparado a falta de expedir. Y más: hacer un favor a su compadre para que lo trapichee en blanco a rellenar por otro (no vamos a pedir mucha honradez administrativa a esos responsables), por negligencia...

Pero, un falsificador, después de currárselo todo, ¿cómo que no rellena ese dato? Sólo se me ocurre que por negligencia; pero eso es más fácil que le ocurra a un tipo que rellena mogollón de vales y puede meter la pata que a un falsificador que sólo hace uno con mucho cuidado.

Más fácil que sea auténtico.
 
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Qué insistencia con esa anécdota, como muchas otras, sin más importancia.

Si fuera falso ¿por qué no pusieron un nombre los falsificadores? Si es auténtico, ya te he dado dos posibles motivos: que fuera habitual con las cortesana hacerlo así o que se tuviera preparado a falta de expedir. Y más: hacer un favor a su compadre para que lo trapichee en blanco a rellenar por otro (no vamos a pedir mucha honradez administrativa a esos responsables), por negligencia...

Pero, un falsificador, después de currárselo todo, ¿cómo que no rellena ese dato? Sólo se me ocurre que por negligencia; pero eso es más fácil que le ocurra a un tipo que rellena mogollón de vales y puede meter la pata que a un falsificador que sólo hace uno con mucho cuidado.

Más fácil que sea auténtico.
Si fuera verdadero, ¿por qué no se usó?
No creo que fuera esta la forma de pago a los milicianos, entre otras cosas porque la Lola tendria que aceptar esos vales, y ser capaz de aguantar seis porvos seguidos. Si los tuvieran preparados estaria en blanco el número. No todos los beneficiarios serian héroes para merecer tal gracia.
 

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