Documentos desclasificados implican al PSOE en las peores matanzas de la Guerra Civil española

Los crímenes políticos de Franco fueron "muy superiores" a los del nancy, según Preston: / EL PAÍS | Cultura

M. JOSÉ DÍAZ DE TUESTA - San Lorenzo de El Guanol

El historiador británico Paul Preston distingue entre dos tipos de crímenes: raciales y políticos. En los primeros encaja Hitler, que arrasó con judíos, etnianos y eslavos, mientras que el instinto vengativo de Franco se concentró en eliminar al adversario político. Visto así, "los crímenes políticos que cometió Franco fueron muy superiores a los cometidos por Hitler", comentó ayer Preston en los cursos de verano de la Universidad Complutense, cuando se cumplen 65 años del fin de la Guerra Civil.

El hispanista, ante una sala abarrotada de público, trazó en su conferencia Franco, la venganza del justiciero un retrato mordaz del dictador que se creyó un justiciero salomónico que distribuía justicia, cuando no hizo sino distribuir la "venganza ciega".

En la conferencia de prensa que tuvo lugar por la mañana, a la pregunta "¿no le parece un poco comercial llamar holocausto a los crímenes cometidos en España?", en referencia al título del próximo libro de Preston, El holocausto español, cuya salida está prevista en otoño de 2005, el historiador respondió: "Con ese título he querido llamar la atención sobre la escala de violencia y matanzas que hubo entre ambos bandos durante y después de la Guerra Civil. Existe la matanza de seis millones de judíos realizada por Hitler, pero, de no haber pasado eso, lo ocurrido en España hubiese parecido espantosísimo". A pesar de que el recuento de los perecid en España es complicado, añadió, los cientos de miles encarcelados, más los cientos de miles exiliados y los miles de deportados a campos de concentración suman un holocausto.

Después se manifestó sobre una polémica de hoy. El derecho de las familias a conocer a sus perecid enterrados en fosas comunes. "La gran diferencia entre las familias de vencedores y vencidos es que las atrocidades cometidas en la zona republicana tuvieron lugar como consecuencia de que, tras un golpe de Estado, se segarro todas las estructuras de orden público. Por el contrario, las atrocidades en zona nacional son un instrumento deliberado del Estado, practicadas por el Ejército, la Falange y justificadas por la Iglesia católica. Y de esta forma, los perecid que fueron consecuencia de los desmanes republicanos sí se pudieron llorar y oficialmente se les trata como héroes y mártires. Esto es lo que se merecen ahora las familias de los fallecidos republicanos".

Sobre el tema del Archivo de la Guerra Civil de Salamanca, Preston afirmó que recurrir a su unidad "no es una versión completa". "Ahora la Generalitat reclama sus papeles, y no tiene inconveniente en que se haga una copia, de tal forma que así no se rompe nada. Estoy, por lo tanto, a favor de que se devuelvan esos papeles que reclama Cataluña".
 
EUGENIO ENTRAMBASAGUAS CARACUEL, último alcalde REPUBLICANO de Málaga, CANCELADO por los franquistas en 1937
(imagen visible para usuarios registrados)Eugenio Entrambasaguas Caracuel era natural de Priego y vecino de Málaga, comerciante, masón, convencido republicano, político respetado y moderado. Desde Alianza Republicana en Málaga firmó el Manifiesto de abril de 1930 para la unión de todas las fuerzas republicanas para establecer la República de España. En las elecciones de abril de 1931 fue elegido concejal por la Alianza Republicana. Fue alcalde desde 1933 hasta 1934 con el Partido Republicano Radical, que abandonó al sentirse traicionado en sus ideales republicanos y reformistas.
Tras los sucesos de octubre de 1934 fue suspendido por el gobierno derechista, a pesar de manifestarse en contra de la huelga revolucionaria y manifestar su adhesión a la legalidad oficial. En Málaga los centros obreros fueron clausurados, la prensa intervenida y encarcelados centenares de dirigentes y afiliados de los partidos de izquierdas y sindicatos. Tras la victoria del Frente Popular en febrero de 1936 Entrambasaguas volvió a ser alcalde como militante de Unión Republicana, cargo que mantuvo hasta la ocupación de la ciudad por las tropas italianas y falangistas de Franco.
Sus preocupaciones como alcalde fueron generar unos servicios municipales para una mayoría del pueblo, que vivía en condiciones muy difíciles: La creación de nuevos centros escolares, la salubridad de los barrios obreros, mejorar el abastecimiento de artículos de primera necesidad para las clases desfavorecidas, la realización de obras públicas para mermar el grave paro existente, etc., fueron sus mayores preocupaciones. Para mitigar el paro en Marzo del 1936 su ayuntamiento pidió a la Corporación con destino una participación en las multas que se impusieron por evasión de capitales a los capitalistas en Málaga.
Pero el golpe del 18 de julio y la guerra bloquearon sus proyectos de mejora de la calidad de vida de la ciudadanía malagueña. La guerra, la destrucción y la gloria lo ocuparon todo, las institución municipal quedó relegada a unos pocos servicios que en sus primeros meses fueron los propios comités los que organizaron la vida colectiva en Málaga, atender a las miles de familias refugiadas en la capital que huían del avance franquista, habilitar espacios de residencia, mobiliarios, alimentos, abrigos, medicinas..
Durante la guerra se esforzó por salvar las vidas de personas y funcionarios municipales de derechas, o miembros de congregaciones religiosas, utilizando con la ayuda del cónsul honorario mejicano Porfirio Smerdou, el coche oficial para trasladarles hasta la escalerilla del barco en el puerto, para que pudieran irse a Gibraltar. Salvó el coro de la Catedral protegiéndolo con un muro de ladrillo. Venían los refugiados de los pueblos, huyendo de las tropas sublevadas, y temía que el coro desapareciese, no por motivos políticos o antirreligiosos sino simplemente porque por el frío lo convirtieran en leña.
Entrambasaguas no escapó cuando la ciudad fue tomada por los franquistas, aunque tenía información del avance de las tropas rebeldes, y disponía de un coche oficial para escapar. Fue detenido en su despacho por los nacionales. El cónsul Smerdou trató de mediar ante el fiscal Carlos Arias Navarro, argumentando que el primer edil republicano había ayudado a muchos malagueños de derechas. Sin embargo, éste le contestó: “¡Pero cónsul, como alcalde de Málaga es fusilable por necesidad!”. Eugenio Entrambasaguas fue cancelado el 6 de marzo de 1937 junto a otros 93 Republicanos en las tapias del cementerio San Rafael de Málaga.
Frente a la sorprendente rapidez con la que el Ayuntamiento dedicó sendas rotondas de la ciudad al dueño del Málaga C.F. Abdullah ben Nasser Al Thani y al antiguo entrenador chileno del equipo, Manuel Pellegrini, la familia del último alcalde republicano de Málaga, Eugenio Entrambasaguas Caracuel, cancelado en 1937 por orden del entonces fiscal franquista Carlos Arias Navarro, lleva 10 años a la espera de que el Consistorio le dedique la calle prometida.
 
Escobar antes de Zipi y Zape: sus chistes durante la Guerra Civil

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Dibujante prolífico y versátil en los años 30, Escobar trabajó en publicaciones burguesas como en otras con contenidos eróticos y sensual. Durante la Guerra Civil, formó parte de la plantilla de L'Esquella de la Torratxa, uno de los semanarios satíricos con mayor difusión. En sus páginas, puso sus lápices al servicio de la causa antifascista, pero también se vio envuelto en el conflicto que se desencadenó en Cataluña entre anarquistas y comunistas y la rivalidad que hubo entre el gobierno de la República y la Generalitat

19/08/2019 -
VALÈNCIA. Tuvo el mérito de, en la posguerra española, en los años más duros del franquismo y su censura, hacer que uno de los personajes más populares del tebeo fuese un vagabundo en situación de precariedad. Había ansioso de la cárcel por su vinculación política como dibujante durante la República y la Guerra Civil y, pese a eso, representó en un personaje infantil la situación en la que vivía la mayor parte del país en una época de privación, limitaciones y hambre.
Ese personaje, Carpanta, creado en 1947, y Zipi y Zape, aparecidos un año después, dominaron la historieta española hasta finales de los 70 y fueron leídos por varias generaciones. Como apunta el especialista en cómic y literatura popular Joan Manuel Soldevilla, hubo familias en las que los abuelos, los padres y los descendientes leyeron Zipi y Zape de niños.
Todos estos méritos han sido de sobra reconocidos, sin embargo, hay una época de Escobar que permanece en el olvido. Son sus obras anteriores al franquismo. Empezó a dibujar con 15 años en el Diario de Granollers y llegó a publicar en revistas burguesas, católicas y conservadoras como En Patufet (1904-1938) al mismo tiempo que en satíricas, como en Papitu (1908-1937), que tuvieron problemas durante su existencia con la censura por las escandalosas referencias sensual que contenían sus páginas. Aunque la manutención le llegaba por la plaza que obtuvo como funcionario de Correos.
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Militó en el Sindicato de Dibujantes Profesionales y en el año 36 comenzó a colaborar con L'Esquella de la Torratxa, un semanario satírico, republicano y anticlerical, uno de los que más exitosos. Escobar estaba haciendo chistes sobre la Olimpiada Popular que se iba a celebrar en Barcelona cuando le sorprendió el estallido de la Guerra Civil tras el golpe de estado del 18 de julio.
En el periodo inicial de la contienda, Escobar de lo que más hizo gala fue de su antimilitarismo. Uno de los primeros chistes empezada la guerra retrataba a un soldado con las flechas de Falange clavadas en la espalda y la leyenda "quien con niño se acuesta...". Retrató a muchos militares borrachos, se mofaba de los que tenían medallas por "retiradas heroicas" o subrayaba su cobardía en una viñeta en la que un asistente recogía unos pantalones que olían presumiblemente a excrementos y deducía: "Vaya, el general ha entrado en combate".
En la Nochebuena del 36, dibujó una portada de Navidad con un ángel anunciando "Paz a los hombres de buena voluntad" y añadía debajo "Y guerra hasta vencer a los hombres de mala voluntad".
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Describió el "ideal facineroso" en otra viñeta como Dios -sacas de dinero-, Patria -una mujer encadenada- y Rey -un látigo-. Había alusiones indirectas a las tropas africanas de Franco, con por ejemplo un chiste en el que Dios y Alá, armados, se dan la mano y dicen: "Los dos queremos la esclavitud del pueblo". También criticó a los que adoptaban una postura tibia frente al conflicto o, probablemente, a la posición de las democracias europeas que no ayudaron a la República y estuvieron de acuerdo en establecer el Comité de No Intervención; para todos ellos dibujó a con un funámbulo sobre una cuerda y en el texto puso: "O se es facineroso o antifascista".
Destacaron también sus burlas sobre el estado de las tropas enemigas. A las noticias de que una "nutrida" columna del bando rebelde había ansioso para Madrid, él contestaba con un chiste de traducción simultánea: "que comían una lata de sardinas al día". En otras viñetas de humor gráfico trataba de subir la sarracena, por ejemplo, mofándose de los requetés con uno a la carrera con un soldado republicano persiguiéndole que piensa al huir: "Se han olvidado de darnos el escapulario del Detente bayoneta", en referencia a los Detente Bala que llevaban junto al corazón especialmente las tropas de obediencia carlista.
Durante los primeros meses de la guerra, el semanario estuvo en poder de la CNT, pero desde octubre cayó en manos de la UGT. El sindicato socialista puso su dirección a cargo del Sindicato de Dibujantes Profesionales y durante la guerra la orientación de los chistes fue claramente antifascista, pero también muy crítica con Companys y los cenetistas. Sobre todo después de los sucesos de mayo, en los que comunistas y anarquistas se enfrentaron a tiros en las calles de Barcelona. Muchos de los chistes, por ejemplo, eran contra el Comissariat de propaganda de la Generalitat en una estrategia por hacerse con su control.
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La posición de Escobar en este sentido tuvo que ser compleja. En septiembre del 36, había firmado él la portada del semanario con un miliciano de la UGT y otro de la CNT dados de la mano con el texto: "El arma al hombro y las manos bien apretadas".
Según Fernando Diaz-Plaja, el éxito de L´Esquella durante la guerra se debió: "tanto su sátira contra los enemigos del otro lado de la trinchera, como su ironía con quienes oficialmente eran sus aliados, es decir, los miembros de la CNT-FAI. L´Esquella se dirigía preferentemente a un público mesocrático catalán que, aunque liberal y autonomista y por tanto en principio enemigo de la dictadura militar de Franco, se resentía de las actividades revolucionarias de la extrema izquierda".
En el marco de estos enfrentamientos intestinos, hay un chiste de Escobar que le alinea con las tesis socialistas y comunistas, las del gobierno de zainín, a cuyo servicio estaba la UGT, cuando un caballero acude a la estación y pregunta "¿Cuál es la consigna?" y le responde el ferroviario: "Ejército Popular y mando único". Aunque a partir del inicio de las hostilidades entre comunistas y anarquistas, gobierno de la República y Generalitat, sus chistes van desapareciendo de la publicación, lo que coincide con su ingreso en Hispano Grafic Films.

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Por una conferencia que dio el escritor Pere Calders en Buenos Aires en 1942 sabemos cómo se fabricaba aquel humor de guerra: "Las reuniones para la confección de cada número del semanario eran compartidas por los dibujantes y redactores que elaboraban conjuntamente una lista de temas de actualidad al calor de la conversación, iban saliendo chistes y ocurrencias de todo tipo eran seleccionados por aclamación Finalmente, se repartían los chistes entre los dibujantes de acuerdo con la adecuación al estilo de cada uno".
El humor crítico del semanario al estar dirigido también contra los que se tomaban la justicia por su mano en la retaguardia acabó siendo la fórmula de su éxito en aquellos años convulsos. Así lo expresó en un estudio Francesc Foguet, profesor de la Universidad Autónoma de Cataluña: "el semanario humorístico funcionó con vida propia sin la tutela del sindicato -absorbido por otras preocupaciones- y ganó mucha popularidad debido a la ridiculización incisiva de las actitudes de los incontrolados o los excesos revolucionarios en la retaguardia urbana. Las coacciones que recibían, muy probablemente de los sectores anarcosindicalistas más radicales, obligaron a los miembros de la redacción a armarse con pistolas y bombas de mano. A raíz de los sucesos de mayo, la sede de L'Esquella de la Torratxa corrió el peligro, incluso, de ser asaltada. A medida que los dibujantes fueron movilizados, el semanario perdió efectivos y empuje, si bien se mantuvo mientras duró la guerra".
Al final de la conflicto, Escobar fue detenido y encarcelado en la Modelo acusado de "rojo y separatista". Contó Manuel Espín en la revista El Siglo que la justicia franquista no pudo disponer de todos los ejemplares de L´Esquella, lo que le hubiera costado la ejecución. Le cayeron seis años, aunque cumplió menos. Es sabido que en prisión siguió dibujando caricaturas de sus compañeros de desdichas, los demás presos, hombres esperando el fusilamiento o personas desesperadas con situaciones familiares espantosas en los terribles años 40.
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Cuando fue liberado al año y medio, Escobar había perdido su plaza de funcionario de Correos, pero no tardó en idear a Zipi y Zape y Carpanta, personajes históricos del tebeo español donde la crítica era la misma, pero dispuesta en cargas de profundidad. En algunos casos, como con su serie Doña Tula, suegra, la censura le suspendió el personaje por "atentar contra la unidad del matrimonio". En 1988, declaró en El País: "Si algo tengo que agradecerle a Franco, es que me expulsara del Cuerpo de Correos porque entonces no me quedó más remedio que dedicarme enteramente a las historietas".
 
ALEXANDRE BÓVEDA IGLESIAS, intelectual GALLEGUISTA y REPUBLICANO, CANCELADO por los franquistas en A Caeira, Pontevedra, en 1936
(imagen visible para usuarios registrados)Alexandre Bóveda Iglesias nació en Orense en 1903. Era un talento natural, desde niño hablaba francés y tenía conocimientos de contabilidad y matemáticas inusuales para su edad. Estudio peritaje mercantil. Consiguió el n.º 1 en oposiciones en Madrid a jefe de hacienda del estado. Aunque Alopécico Sotelo le ofreció un puesto en su Comité de Intervención de Cambios, Bóveda rechazó la oferta y regresó a Galicia para trabajar en la Delegación de Hacienda de Ourense. Con 23 años, gracias a otras oposiciones ocupó el puesto de Jefe de Contabilidad en Pontevedra.
Se interesó en política a través de la revista Nós, publicada en gallego entre 1920 y 1936, impulsada por Vicente Risco, muy cuidada en detalles gráficos y artísticos gracias a Castelao, asiduo colaborador. Posteriormente pasó a escribir en la revista La Zarpa. Tomó contacto con la tertulia presidida por Castelao y Losada Diéguez en el Café Méndez Núñez implicándose en las actividades de los 2 galleguistas. En la Coral Polifónica conoció a Amalia Álvarez Gallego, con la que se casó en 1930 en el Monasterio de Poio y con la que tuvo 5 descendientes. Alexandre no pudo conocer al 5º, cuando lo fusilaron su mujer estaba embarazada.
Fue uno de los intelectuales más relevantes de la época en Galicia, según Castelao fue el motor del Partido Galeguista. En 1932 el partido le nombró delegado en la comisión del Seminario de Estudos Galegos, teniendo un papel muy activo en la redacción del estatuto y en la asamblea de municipios que se creó para debatir el mismo bajo el Gobierno del Frente Popular en 1936. El texto definía a Galicia como un “Estado libre dentro de la República Federal Española”.
En 1933 fue elegido miembro central del comité de la Autonomía presidida por Bibiano Fernández-Osorio Tafall, mientras que Enrique Rajoy, amigo íntimo de Bóveda, era el secretario de dicho comité. Al triunfar en Galicia el golpe de Estado de 1936 Rajoy fue represaliado y expulsado de su Cátedra Universitaria en Santiago de Compostela. Uno de sus nietos es Mariano Rajoy. Cuando en 1934 la derecha se hizo con el poder en la República, una orden ministerial del gobierno conservador de Lerroux, le impuso como castigo un destino administrativo forzoso en la Delegación de Hacienda de Cádiz. Regresó en 1935 a Galicia al obtener una plaza en la delegación de hacienda de Vigo.
Tras el triunfo de la sublevación en Pontevedra, el 20 de julio de 1936 Alexandre fue encarcelado. En agosto fue juzgado por un delito de “traición”, tras lo que Alexandre declaró: Mi patria natural es Galicia. La amo fervorosamente, jamás la traicionaría. Si entiende el tribunal que por este amor entrañable debe serme aplicada la pena de gloria, la recibiré como un sacrificio más por ella”.
Condenado a gloria, al alba del 17 de agosto de 1936, fue cancelado atado a un pino en el monte de A Caeira. Tenía 33 años. El juez que lo condenó no permitió que se cumpliera su última voluntad: ser enterrado bajo la bandera gallega. Cuando el pelotón que lo fusiló se disolvía, su amigo íntimo Xosé Sesto, corrió hasta su cuerpo. Sin dejarse amedrentar, Sesto introdujo en su chaqueta una bandera confeccionada para la ocasión. Con ella no cubrió la caja, pero si tapó la herida de bala que atravesaba su corazón.
En aquel agosto de 1936, defender la libertad y la democracia era el peor de los crímenes. Tras Bóveda, otros galleguistas fueron paseados. Unos días antes el artista Camilo Díaz Baliño caía abatido a tiros. El 19 de agosto, solo dos días después, las balas facinerosos se llevaban por delante al último alcalde Republicano de Santiago, el editor Ánxel Casal. Durante la guerra de España los franquistas asesinaron en Galicia a 4.699 personas, según la base de datos más completa al respecto, la del proyecto interuniversitario Nomes e Voces, cuyo cierre propició el gobierno del PP en la Xunta en 2012 al retirarle el apoyo.
En los últimos años se han multiplicado los homenajes a la figura de Alexandre Bóveda, donde fue cancelado se levanta un monumento en su honor. La fecha del asesinato de Bóveda se conmemora cada año en Galicia como Día da Galiza Mártir, aunque sin el apoyo del Gobierno del PP, y sirve no solo para recordar la figura del político galeguista, sino la de todas las personas que sufrieron la represión franquista en Galicia.
 
Jesús Laínz
¡No es esto, no es esto!
No tardaría mucho tiempo Ortega en empezar a desconfiar de la República neonata. En marzo del 39, celebró la entrada de Franco en Madrid.
2019-01-18

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La actividad principal del eminente pensador José Ortega y Gasset no fue, evidentemente, la política, aunque tanto en sus escritos como en sus acciones nunca dejó de participar en el debate sobre cómo debía regenerarse una España recién salida del Desastre del 98.
Radicalmente opuesto a la dictadura de Primo de Rivera, la complicidad de Alfonso XIII con ella le pareció la gota que colmaba el vaso de los desmanes de una Monarquía que debía desaparecer por el bien de España. Por eso publicó en El Sol el 15 de noviembre de 1930 el histórico artículo El error Berenguer, en el que deploró con singular indignación los siete años de gobierno primorriverista:
(mensaje citado en revisión)
Ortega consideró que no se podía continuar con el régimen monárquico como si nada hubiera pasado y que la aceptación regia de la Dictadura debía implicar su extinción. Por eso concluyó el artículo con el célebre "¡Españoles, vuestro Estado no existe! ¡Reconstruidlo! Delenda est Monarchia" que tanto influiría en la decisión de muchos españoles de optar por un régimen republicano.

Pocos meses después, en febrero de 1931, Ortega fundaría la Agrupación al Servicio de la República junto con Gregorio Marañón y Ramón Pérez de Ayala, hecho por el que el trío pasaría a la historia como "los padres de la República". Los tres firmaron el manifiesto en el que exaltaron "la grande promesa histórica que es la República española":
(mensaje citado en revisión)
Su compromiso con la causa republicana le llevó a reclutar nuevos adeptos entre otras personalidades de la política y la cultura. Éste fue el caso de Francesc Cambó, a cuyo despacho del hotel Ritz acudió Ortega con tal fin. Así lo recordó el inteligente y experimentado catalán en sus memorias:
(mensaje citado en revisión)
Fue elegido fruta a las Cortes constituyentes junto con trece de sus compañeros de candidatura. Muy significativamente, siete de aquellos trece pronto acabarían enfrentados a la república: los tres fundadores; Alfonso García Valdecasas, que dos años más tarde participaría en la creación de Falange Española; Vicente Iranzo –cuyo descendiente, huido a Francia, regresó para alistarse, junto con el de Ortega, en el ejército sublevado– fue condenado a gloria por un tribunal revolucionario y logró salvar la vida por sus altos contactos con Martínez Barrio, lo que no impediría que, tras la guerra, fuese condenado a varios años de libertad vigilada por su supuesta pertenencia a la Guasonería; José Pareja, exministro de Instrucción Pública y catedrático de patología que fue destituido en 1937 por desafecto al régimen y tuvo que refugiarse en la embajada uruguaya; y Manuel Rico Avello, exministro de Gobernación y de Hacienda que acabaría asesinado por los milicianos izquierdistas en la cárcel Modelo junto con otros destacados políticos republicanos "moderados" como Melquíades Álvarez o Ramón Álvarez-Valdés y, por supuesto un buen número de derechistas. Al conocer lo allí sucedido, exclamó Indalecio Prieto: "La brutalidad de lo que aquí acaba de ocurrir significa, nada menos, que con esto hemos perdido la guerra".
No tardaría mucho tiempo Ortega en empezar a desconfiar de la República neonata. El 2 de junio, sólo mes y medio después de su alumbramiento y ya con la primera quema de edificios religiosos a sus espaldas, lamentó que "gentes con almas no mayores que las usadas por los coleópteros han conseguido en menos de dos meses encanijarnos esta República niña y hacerle perder el garbo con que nació".
Participó activamente en las discusiones parlamentarias, en las que se destacó por su oposición a organizar España como un Estado federal, lo que juzgó un retroceso hacia tiempos medievales, y por su crítica a las izquierdas a causa de su concepción de la República como un régimen revolucionario y de su propiedad exclusiva. Así, el 9 de septiembre de 1931, en pleno debate constitucional, publicó en el diario Crisol un importante artículo en el que advirtió que la República no funcionaría mientras no se desterrara la palabra revolución que tanto gustaban de usar los izquierdistas. Y lo concluyó con unas palabras que han pasado a la historia:
(mensaje citado en revisión)
Dos meses más tarde, el 6 de diciembre, tres días antes de la aprobación parlamentaria de la Constitución, pronunció un discurso, titulado Rectificación de la República, en el que lamentó, entre otros aspectos, su "arcaico anticlericalismo" y el espíritu partidista por encima del interés general de la nación:
(mensaje citado en revisión)
Desilusionado de un régimen al que acusaba de sectario y extremista, en octubre de 1932 disolvió la Agrupación al Servicio de la República y se retiró de la primera fila política no sin antes reiterar por escrito su desafección por una "Constitución lamentable, sin pies ni cabeza ni el resto de materia orgánica que suele haber entre los pies y la cabeza".
Tras la victoria fraudulenta del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936, Ortega consideró que la situación de España no auguraba un porvenir pacífico, por lo que viajó a París para ir preparando el traslado de su familia. Y con el asesinato de Alopécico Sotelo, que le sorprendió en Madrid, vio claro que por fin se había desatado la revolución que la izquierda venía anunciando desde tiempo atrás. Como relataría posteriormente su descendiente, temió que se produjeran, por parte republicana, acciones contra las personas de mentalidad equilibrada, al igual que había sucedido en octubre de 1934, cuando los primeros tiros se dispararon contra el domicilio de Besteiro, vecino suyo en El Viso, en castigo por respetar el sistema democrático. Se escondieron en casa de su suegro, justo a tiempo para que García Atadell y sus esbirros encontraran su domicilio vacío. Así lo relató su descendiente Miguel:
(mensaje citado en revisión)
Una vez conocida su fuga de España, la Comisión Universitaria Depuradora le destituyó de su cátedra. Algunos meses después, en el Epílogo para ingleses que escribió para una nueva edición de La rebelión de las masas, relataría así este episodio lamentando la ignorancia con la que se juzgaban en el extranjero los hechos de España:
(mensaje citado en revisión)
Y continuó reprochando a Albert Einstein la insolencia de haberse creído con derecho a opinar sobre la guerra civil española usufructuando "una ignorancia radical sobre lo que ha pasado en España ahora, hace siglos y siempre".
Refugiada toda la familia en París, evitó el contacto personal con los dirigentes y diplomáticos republicanos allí destinados, algunos de ellos amigos suyos. Sus dos descendientes decidieron alistarse en el Ejército de Franco con plena aprobación paterna. Desde la distancia, siguió el desarrollo de la guerra con enorme interés y el deseo de una rápida victoria del bando nacional. Cuando un amigo le transmitió el bulo de que se acababa de rendir el Alcázar de Toledo, Ortega respondió que "no puede ser verdad; los cadetes del Alcázar de Toledo no se rinden nunca".
Mantuvo contacto frecuente con Marañón, al que confesó con amargura su arrepentimiento por haber participado tan activamente en la campaña contra la Monarquía. Y le recordó a menudo la desagradable conversación que, unos días antes de publicar El error Berenguer, había mantenido con un Cambó contrario al cambio de régimen. Siete años y una guerra civil después, a Ortega no le quedó más remedio que admitir que el catalán había acertado y él, la cabeza más influyente de la España de su tiempo, se había equivocado estrepitosamente.
Si bien el 13 de marzo de 1939 escribió a su compañero de filas, de desengaño y de huida confesándole "haber pasado alguna nerviosidad con la última coletada del atún comunista", el 28 de marzo le envió un telegrama expresando su "alborozo y felicitación" por la entrada de Franco en Madrid.
Receloso de la acogida que podrían darle los gobernantes e intelectuales españoles por haber representado tan alto papel en la proclamación del fenecido régimen republicano, prefirió pasar los primeros años de la posguerra fuera de España, a donde regresó en 1944 y donde residió, intelectualmente activo pero políticamente al margen, hasta su fallecimiento en 1955.
 
Última edición:
Los ocho carmelitas asesinados en agosto de 1936 a los que Carmena ha retirado la placa
03 de febrero de 2016 por Redacción FNFF
Los ocho carmelitas asesinados en agosto de 1936 a los que Carmena ha retirado la placa, por Juan E. Pflüger

Juan E. Pflüger
La Gaceta

Carmena no ha esperado a cumplir ni siquiera los requisitos que su grupo municipal había impuesto para implantar la venganza vía Ley de Memoria Histórica. Tras aprobarse la retirada de placas y el cambio de denominación de calles y edificios de uso deportivo y educativo, se acordó que había una comisión encargada de justificar cada caso. Sin embargo el equipo que dirige la alcaldesa Manuela Carmena ha empezado a retirar placas sin cumplir esa premisa.
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No es casual que entre las primeras víctimas de esta imposición sesgada de la historia por decreto se encuentren inocentes que fueron asesinados por los precedentes ideológicos de podemitas, comunistas y socialistas. El viernes 29 de enero ordenó arrancar la placa que recuerda el asesinato de ocho carmelitas en el cementerio de Carabanchel. Si el objetivo es retirar “homenajes” a franquistas, debe explicarnos qué tenían de franquistas estos 8 jóvenes seminaristas de entre 18 y 22 años que habían sido detenidos pocos días después del alzamiento.

Ahora está claro: el objetivo no es retirar homenajes, es borrar de la memoria los crímenes cometidos por sus antecesores ideológicos. Es eliminar cualquier resto de los fistros asesinatos que, por ideología –no otra cosa sino una ley ideológica es la Memoria Histórica-, fueron cometidos. Especialmente crueles los que, como este de los ocho jóvenes religiosos, se cometieron por repruebo a la fe. Un repruebo inducido por ideologías políticas como el socialismo, el comunismo o el anarquismo, líneas de pensamiento que Podemos y sus “confluencias” (entiéndase marcas blancas) están reivindicando desde el primer momento en el que salieron a la luz pública.

Pero veamos cómo fueron asesinados estos peligrosos jóvenes que, dicho sea de paso, supieron morir defendiendo sus creencias más profundas.

Ahora está claro: el objetivo no es retirar homenajes, es borrar de la memoria los crímenes cometidos por sus antecesores ideológicos. Es eliminar cualquier resto de los fistros asesinatos que, por ideología –no otra cosa sino una ley ideológica es la Memoria Histórica-, fueron cometidos. Especialmente crueles los que, como este de los ocho jóvenes religiosos, se cometieron por repruebo a la fe. Un repruebo inducido por ideologías políticas como el socialismo, el comunismo o el anarquismo, líneas de pensamiento que Podemos y sus “confluencias” (entiéndase marcas blancas) están reivindicando desde el primer momento en el que salieron a la luz pública.

Pero veamos cómo fueron asesinados estos peligrosos jóvenes que, dicho sea de paso, supieron morir defendiendo sus creencias más profundas. El 27 de julio de 1936, la guerra llevaba 9 días de desarrollo, la Guardia de Asalto –cuerpo que recibía órdenes de la autoridad política y no grupos de exaltados como se suele justificar desde la izquierda- detuvo a los treinta religiosos que había en el Convento del Carmen de Onda en Castellón. Inmediatamente se les condujo a Valencia, donde veinte fueron separados del resto (algunos de los cuales sufrieron martirios y asesinato).

Los nueve más jóvenes fueron alojados en un convento en Valencia antes de ser enviados a Madrid, donde debían ser juzgados. Eran: fr. Alberto García, fr. Francisco Pérez, fr. Silvano Villanueva, fr. Ángel Sánchez, fr. Angelo Reguilón, fr. Bartolomé Fanti Andrés, fr. Ricardo Román y el Hno. Fr. Franco Arranz, además de fr. Isidoro Garrido que escapó por el camino.

El 28 de julio fueron trasladados a Madrid, llegando a primera hora de la mañana a la estación de Atocha, donde sus guardianes recibieron la orden de trasladarlos a Segovia. Ante la imposibilidad de realizar el viaje se optó por acomodarlos en un asilo de ancianos que había en las proximidades de la estación. Allí quedaron recluidos a la espera de traslado, un viaje que se retrat inexplicablemente. Hasta que la noche del 17 de agosto un grupo de milicianos irrumpió en la sala de reuniones en la que dormían los ocho religiosos y los subieron en dos camionetas.

Fueron bajados a culatazos junto al muro del cementerio de Carabanchel y situados frente a los focos de los vehículos en los que habían sido trasladados. Allí mismo, sin juicio, sin trámite legal alguno, fueron cancelados.
 
La desmemoria histórica

3.753 PERSONAS FUERON ASESINADAS EN TARRAGONA POR EL FRENTE POPULAR


Se acerca el 18 de julio, se cumplen ochenta años de la victoria de los nacionales, y se insiste con las querellas, la exhumación de perecid y la promoción política de las célebres “víctimas del franquismo”. No hemos conseguido que salga una sola víctima de los milicianos del Frente Popular o del Ejército republicano.

Algunos quieren volver la historia del revés como un calcetín y que lo que sucedió no haya pasado nunca. “Que lo que sucedió no haya pasado, cosa que al mismo Dios es imposible”, escribió en dos endecasílabos memorables Manuel Machado.

¿Quién responde del asesinato del doctor Josep María Vives Salas, quemado vivo rociando su cuerpo con gasolina, junto a la antigua Escuela de Trabajo (en la Era del Eume), cerca de donde hoy se hallan las instalaciones de Diari de Tarragona, inmolado por presos comunes, liberados y armados por la Generalitat, entre ellos Recasens, el tristemente célebre “Sec de la Matinada”? El doctor Vives dejó esposa y siete descendientes. ¿Quién responde de esta barbaridad?

¿Quién responde de los 3.752 asesinatos perpetrados en la provincia de Tarragona desde julio de 1936 hasta el final de la guerra, bajo el dominio del Frente Popular? Las cifras son del doctor Miquel Aleu (epr), médico forense de unos y otros, que, por imperativo legal, tuvo que presenciar las ejecuciones y efectuar la autopsia a los cadáveres de personas asesinadas que llegaban al cementerio. Me dijo: “Els afusellats en la represió franquista foren 116”. Después, haciendo broma, como le gustaba, sentenció: “Si fem una resta, la diferencia és de 3.636 víctimes; güanyen per golejada els del Front Popular”. Y se reía… Acabar con sin piedad a 3.752 personas en dos años no es una broma. Es imposible que, con ese número de víctimas, nadie encuentre un solo culpable. El doctor Aleu no necesitaba estadísticas; los asesinados pasaban por sus manos y tenía información fidedigna. Hubo consejos de guerra y condenas a la última pena, aplicando la Ley de Vagos y Maleantes, aprobada, por cierto, en tiempos de la Segunda República y empleada por el Frente Popular. Afortunadamente, muchos fueron los que se exiliaron a Francia porque eran bastantes los que tenían delitos de sangre o habían cooperado en ellos. Después pudieron regresar y algunos no quisieron. No debían tener la conciencia muy tranquila.

¿Quién responde de los 141 sacerdotes martirizados y cancelados en la Archidiócesis de Tarragona? (BOAT, núm 15, pág. 209 – 212, 30 de agosto de 1944). ¿Quién responde de los 316 sacerdotes martirizados y cancelados en la diócesis de Tortosa? ¿Quién responde de los 41 Hermanos de las Escuelas Cristianas inmolados en la provincia? ¿Y de los siete Carmelitas Descalzos? ¿Y de los siete Misioneros del Corazón de María? ¿Y de los cuatro religiosos de la Fraternidad Terciaria Carmelitana de la Enseñanza? ¿Y del capuchino, Carmelo de Colomés? Hoy, todos beatificados, excepto los de Tortosa. ¿Quién responde del asesinato en Calafell de quince Hospitalarios de San Juan de Dios, que se dedicaban al cuidado de niños minusválidos y enfermos mentales? Hoy, beatificados. ¿Y los 52 ex alumnos de La Salle, inmolados por sus creencias religiosas, quién responde?

¿Quién responde de los 500 templos devastados en la Archidiócesis de Tarragona? ¿Y del incalculable patrimonio artístico y cultural destruido, propiedad de la Iglesia y del Estado? ¿Quién responde? ¿Quién responde del tesoro del Papa Luna del obispado de Tortosa, trasladado a México en el barco “Vita”, y del cual nada más se supo? ¿Y del camión de la Generalitat que recorría pueblos y ciudades de la provincia para recoger los objetos de valor de la Iglesia y de los vecinos “benestants”, llevárselos a Barcelona para fundirlos y convertirlos en lingotes de oro y plata, para pasarlos a Francia? ¿Quién responde de todo esto?

¿Quién responde de las 149 personas no residentes en Tarragona, cuyos cadáveres fueron hallados en las carreteras, los descampados y en las tapias del cementerio de la capital, entre las que se relacionan 62 de desconocidos, que no pudieron ser identificados? Dice así: “Persona desconocida: se presume que era jesuita por su vestimenta”. Otro: “Persona desconocida: se presume que era sacerdote por la tonsura”. Otro: “Persona desconocida: llevaba una Cruz en el bolsillo”. Y así hasta 62 cadáveres. En otra lista aparecen 132 personas asesinadas, todas residentes en Tarragona, inmoladas entre julio de 1936 y abril de 1937. ¿Quién responde de todo esto?

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¿Quién responde de los 560 asesinatos perpetrados en el partido judicial de Tortosa? ¿Y de los 387 de Gandesa; y de los 329 del Priorato; y de los 373, de Reus; y de los 349 de Tarragona; y de los 278 de Valls; y de los 233 de El Vendrell; y de los 197 de Montblanc? ¿Quién responde del asesinato del beato Manuel Borrás, obispo auxiliar de Tarragona, en el Coll de Lilla? ¿Quién responde de la noche triste de Falset, con el asesinato en masa de 26 personas, ametralladas en el cementerio? ¿Y del asesinato de Enrique Rull Cortés, “porque tenía un descendiente en el Seminario”? ¿Quién responde?

¿Quién responde de haber suprimido el día de Navidad en Cataluña y de haber convertido el día de Reyes en “la setmana dels infants? ¿Quién responde de haber suprimido del callejero de los pueblos y ciudades de Cataluña, todos los que llevaban nombre de santo desde tiempo inmemorial? Santa Coloma de Queralt se convirtió en Queralt de la Conca; Sant Carles de la Ràpita, en La Ràpita a secas; Sant Jaume dels Domenys, en Domenys del Peine; Sant Jaume d’Enveja, en Enveja, y así en el resto de Cataluña? ¿Quién responde de estas barbaridades, abolidas luego por los nacionales?

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Y si van a revisar y anular las sentencias de los juicios sumarísimos del final de la guerra, ¿qué hacemos con todas las condenas a gloria de los llamados Tribunales Populares, creados por la Generalitat republicana? ¿Las ponemos como impecables ejemplos de la modélica y equilibrada justicia del pueblo en armas? El juicio y la condena de Jaume Hilari, hermano de las Escuelas Cristianas, por el Tribunal Popular de Tarragona, es un buen ejemplo de cómo funcionaba la justicia “popular” en aquellos tiempos. El hermano vivía en el colegio de Cambrils. Como estaba sordo no podía dedicarse a la enseñanza y trabajaba de payés en el huerto. Fue condenado “porque sabía Latín y enseñaba la Religión católica a sus alumnos”. El mismo día, el tribunal de Tarragona remitió a la Generalitat la condena de veinte penas de gloria para que fueran ratificadas o conmutadas por el presidente Lluis Companys. Diecinueve de ellas fueron conmutadas por treinta años de reclusión. Un solo reo fue condenado a la pena máxima: Jaume Hilari. Presenció la ejecución, por imperativo legal, el doctor Miquel Aleu. En 1999 estuvo presente en Roma, como testigo de excepción, junto a san Juan Pablo II, en el acto de canonización del hermano lasaliano. Es el primer Santo de la persecución religiosa en Cataluña.

Como pueden ver, si se sacan los perecid de un lado empezarán a salir los del otro. Y si hay que pedir perdón por unos habrá que hacerlo también por los otros, que fueron mucho más numerosos. Todo debe ser perdonado; pero es intolerable la manipulación de la verdad histórica. Han pasado ochenta años y es hora que se sepa la realidad de aquellos tiempos.

Jordi Pujol, siendo presidente de la Generalitat, dijo, referente a la memoria histórica que “se puede chapotear con el agua, pero no con la memoria”. Recordó que en Cataluña tenemos la suerte macabra de haber sido a la vez verdugos y mártires y, por tanto, podemos entendernos mutuamente”. Y se preguntó: “¿Alguien ha pedido perdón por los 5.000 curas, frailes, monjas, democristianos, carlistas o falangistas perecid en Cataluña?” Esta situación fue la que hizo que “en Cataluña murieran hasta tres veces más personas de derechas que de izquierdas, simplemente porque muchos pudieron huir a Francia”. Confesó que él, como presidente de la Generalitat también debería haber pedido perdón. Pero antes tenía que haberlo hecho Tarradellas, “porque aunque la Generalitat perdió el control de la calle, tenía la obligación de mantenerlo, porque era el régimen legalmente constituido y debía garantizar la seguridad de todos”.

Francesc Basco Gracià. Periodista. Tarragona, 15 de mayo de 2016.

DOCUMENTACION

Los Tribunales Populares fueron creados por la Generalitat republicana; las sentencias de gloria se ejecutaban por orden del Govern y las firmaba el president Companys. Para que quede claro, definitivamente. Por tanto, sant Jaume Hilari fue condenado a morir cancelado por el presidente Lluis Companys.

He aquí los documentos:

ELS TRIBUNALS POPULARS
(DOGC, núm. 289, 15 d’octubre de 1936, pags. 194 a 196)

El Conseller Primer de la Generalitat de Catalunya, Josep Tarradellas, amb el vist-i-plau del Conseller de Justícia, Andreu Nin, signen un Decret, amb data 13 d’octubre de 1936, creant al territori de Catalunya els Tribunals Populars, que entendran en els actes que directament o indirectament hagin coadjuvat a la rebel·lió militar i al moviment feixista i en aquells que per llur índole especial poden conceptuar-se com a contrarevolucionaris.

Els Tribunals Populars es compondran d’un president y vuit membres pertanyents a cadascun dels partits polítics i organitzacions sindicals següents: un del Partit Socialista Unificat de Catalunya(PSUC); un de la Federació Anarquista Ibèrica (FAI); un del Partit Obrer d’Unificació Marxista (POUM); un d’Esquerra Republicana de Catalunya (ERC); un de la Confederació Nacional del Treballs (CNT); un de la Unió General de Treballadors (UGT); un d’Acció Catalana Republicana (ACR) i un de la Unió de Rabassaires (UR).

LES SENTÈNCIES DE MORT ES COMUNIQUEN

I LES EXECUTA EL GOVERN DE LA GENERALITAT

(DOGC núm 29, de 28 de gener de 1937).

El Conseller de Justícia, Rafael Vidiella, resol que “Les sentències de condemnament a mort es comunicaran al Govern de la Generalitat per mitjà del Conseller de Justícia, al qual li’n serà tramesa una còpia autoritzada. El Conseller de Justícia donarà rebut de l’entrega, el qual s’unirà a la causa”. Seguidament que el Tribunal rebi l’acús de rebut de la còpia, notificarà la sentència al condemnat, al efectes del termini de l’apartat i de l’art. 18 del decret del 5 de gener de 1937. “La pena de mort s’executarà pel personal designat a l’efecte i hi assistiran les representacions que l’Autoritat legitima cregui convenient”. (Ordre de la Conselleria de Justícia de 18 de gener de 1937).

TARRAGONA; COMPANYS COMMUTA PEINE DE MORT

En data 12 de gener de 1937 (DOGC núm 14, del 14 de gener de 1937), el president Companys signa un Decret pel qual commuta la pena de mort dictada pel Tribunal Popular de Tarragona, en data 24 de desembre últim, per la de reclusió perpètua a Daniel Vallbona i Sanau, Josep Carreras i Pont i Salvador Palau i Costa.

En data 15 de gener de 1937 (DOGC núm 17, del 17 de gener de 1937, pag 260), vista la sentència dictada pel Tribunal Popular de Tarragona amb data 25 de desembre últim, el president Companys commuta la pena de mort per la de reclusió perpètua a Josep M. Sunyer i Vaquet, Josep Roca i Sanuan, Joaquim Sunyer i Paladella, Josep Llop i Peris, Josep Roca i Oriol i Josep Llop i Gasull.

El dia 26 de gener de 1937, el president Companys commutava a Isabel Segura i Adell la pena de mort imposada pel Tribunal Popular de Tarragona, per la privació de llibertat en camps de treball correccionals. I el mateix dia commutava la pena de mort dictada pel Tribunal Popular de Tarragona per la de reclusió perpètua a Josep Torrens i Grau, Lluis Solé i Grau, Agustí Solé i Grau, Sebastià Roig i Bover, Eduard Bargalló i Peirats, Joan Mercader i Mercader i Josep Martí i Navarro. (DOGC num 29, 28 gener 1937, pag. 422).
 
EN LA GUERRA CIVIL Y BAJO SU RÉGIMEN SE EJECUTÓ A MÁS DE 8.000 PERSONAS
Lluís Companys: los hechos que la propaganda separatista no suele mencionar
@ElentirVigoDom 15·10·2017 · 7:29 6
Tal día como hoy, el 15 de octubre de 1940, moría cancelado en el castillo de Montjuic, en Barcelona, Lluís Companys i Jover, el principal dirigente del separatismo catalán durante la Segunda República.
Los nombres de los 50 niños asesinados en la masacre de Paracuellos
La Ley de Vagos y Maleantes: así se crearon campos de concentración en la 2ª República
El fusilamiento de Companys, uno de los fundadores de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), le convirtió en uno de los mayores mitos de la causa separatista. Y según esta visión, el nacionalismo catalán habría ocultado sus crímenes. Y muestra de esa labor de ocultación y blanqueamiento sería la biografía que publica en su web la presidencia de la Generalidad: el texto omite los perecid provocados por el golpe de Estado separatista encabezado por Companys -de hecho, dicha web ni siquiera lo cita como un golpe e incluso lo justifica alegando “la involución conservadora del régimen republicano y las amenazas contra la autonomía catalana”-, y también oculta los miles de asesinatos cometidos bajo su mando en la Guerra Civil. Esta misma versión es la que, a su juicio, se transmite en las escuelas públicas catalanas. Como la Generalidad no lo cuenta, os lo contaré yo.
En 1934 encabezó un golpe separatista contra la Segunda República
Después de la victoria del centro-derecha en las primeras elecciones con voto femenino celebradas en la historia de España, en noviembre de 1933, Companys encabezó un golpe de Estado separatista contra la Segunda República el 6 octubre 1934. El líder de ERC exigió al Ejército que se pusiese bajo su mando, algo a lo que el capitán general de Cataluña, el general Domingo Batet, se negó, manteniéndose fiel al gobierno de la República y declarando el Estado de Guerra. Esa misma noche, partidarios del golpe separatista salieron armados a las calles -entre ellos grupos paramilitares de partidos de izquierda equipados con fusiles- y levantaron barricadas. Cuando un grupo de militares fieles a la República acudieron a la Rambla de Santa Mónica a leer el bando declarando el Estado de Guerra, los separatistas iniciaron los combates disparando contra los soldados, provocando un perecid y varios heridos.
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Mozos de Escuadra detenidos por su participación en el golpe de Estado del 6 de octubre de 1934​
El golpe, apoyado por los Mozos de Escuadra, dejó 107 perecid
Además de recibir el apoyo de los citados grupos paramilitares y de algunos miembros de la Guardia de Asalto, los separatistas emplearon en el golpe como fuerza armada a los Mozos de Escuadra. Los combates terminaron al día siguiente cuando los separatistas se rindieron al Ejército. El general Batet empleó la fuerza imprescindible para controlar la situación con el mínimo derramamiento de sangre posible. En las 10 horas que duró, el golpe de Companys dejó 107 perecid. Él y su gobierno fueron sometidos a juicio por el Tribunal de Garantías Constitucionales y condenados a 30 años de prisión por rebelión militar. Companys fue encerrado en el penal del Puerto de Santa María (Cádiz). A pesar de su condena, sólo estuvo en prisión 16 meses. Nada más llegar al poder el Frente Popular en febrero de 1936 mediante unas elecciones que el autor considera amañadas, el nuevo gobierno de extrema izquierda decretó una amnistía urgente a todos los encarcelados por los golpes de Estado de Cataluña y Asturias de 1934, a pesar de ser responsable de rebeliones armadas contra la República que se saldaron con numerosos perecid.
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Lluís Companys -en el centro de la foto- y otros miembros del gobierno catalán tras su detención una vez fracasado el golpe de Estado que perpetraron el 6 de octubre de 1934 contra la Segunda República​
Las ‘purgas’ de Companys incluyeron el asesinato de miembros de ERC
Unos meses después de haber sido puesto en libertad, Companys pasó de ser un golpista a hacer frente al alzamiento militar del 18 de julio de 1936, con el que dio comienzo la Guerra Civil Española. En vez de encarcelar a los alzados como habían hecho con él, Companys hizo acabar a 199 militares que participaron en el golpe en Barcelona. Fue solo el comienzo de más de tres años en los que Cataluña se convirtió en el escenario de una feroz represión contra derechistas, católicos y contra todo aquel que le estorbaba. De hecho, entre los ejecutados incluso hubo 90 miembros de su propio partido, ERC, una situación que el autor compara con lo ocurrido en la Alemania del régimen de 1933-1945 en la “noche de los cuchillos largos” y en la URSS durante las purgas de Stalin.
Ejecutó a más gente en 3 años que la Inquisición española en siglo y medio
Las cifras son escalofriantes: bajo las órdenes expresas o con el consentimiento de Companys fueron asesinadas más de 8.000 personas por sus ideas políticas o creencias religiosas, muchas de ellas sin juicio previo. El terror de Companys, un político abiertamente cristianófobo, se cebó especialmente con los católicos: fueron asesinados 4 obispos, 1.536 sacerdotes (el 30% del clero catalán) y miles de seglares por el mero hecho de ser católicos. Cualquier excusa valía para justificar esos crímenes: un religioso discapacitado fue ejecutado por el mero hecho de saber latín. El alcalde de Lérida, el catalanista Juan Rovira y Roure, fue cancelado por haber organizado una cabalgata de Reyes. Para que nos hagamos una idea de la magnitud de estos crímenes, simplemente señalaré que en la Cataluña gobernada por Companys y en poco más de tres años fueron asesinadas más personas que por la Inquisición española en 160 años en todo el Imperio español (entre 1540 y 1700 los ejecutados por ese tribunal fueron unos 3.000 en todos los territorios de la Corona española, según los datos de los que se dispone hoy en día).
(imagen visible para usuarios registrados)
Cuadro representando la ejecución de los mártires hospitalarios de Calafell, en Tarragona, el 30 de julio de 1936​
Convirtió a Cataluña en una dictadura de extrema izquierda
Además de las ejecuciones, Companys prohibió el culto católico (preguntado por una revista francesa por su posible restauración, se jactó de que “todas las iglesias han sido destruidas”), y envió a muchos presos políticos a campos de concentración, en los que a menudo los más débiles o los que no podían trabajar eran asesinados sin más. Por otra parte, bajo el régimen de terror de Companys fueron destruidos más de 7.000 edificios religiosos en Cataluña, provocando la destrucción, el robo y el expolio de una gran parte del patrimonio histórico y artístico de Cataluña. En la práctica, Companys actuó como un tirano totalitario, con absoluto desprecio por los derechos humanos, convirtiendo de hecho a Cataluña en una dictadura de extrema izquierda.
El tirano, elevado a los altares del separatismo catalán
A pesar de su sangriento golpe de Estado contra la Segunda República, a pesar del terror que desató durante la Guerra Civil, el hecho de haber perecid cancelado -el mismo método de represión que él usó contra sus rivales- hace que hoy muchos le absuelvan de sus crímenes, dedicándole homenajes institucionales y blanqueando su figura en los libros de texto escolares. También se le dedican a él las calles que se le niegan a la amplia mayoría de las víctimas de su golpe de 1934 y de su ola de terror durante la Guerra Civil, víctimas que hoy son condenadas al ostracismo y al olvido. Como ya dije aquí hace dos años, que el nacionalismo haya canonizado a este político es, a juicio del autor, una muestra más de hasta qué punto esa ideología falsifica la historia y eleva a sus altares a cualquier antidemócrata con tal de que haya profesado un profundo repruebo a España.
—
(Foto principal: Lluís Companys -ante el micrófono- dando un discurso el 11 de septiembre de 1937)
 
POR LOS CHEQUISTAS
El alcalde de Lérida que fue cancelado por Companys por celebrar una cabalgata
Juan E. Pflüger/ 05 enero, 2016
(mensaje citado en revisión)

Juan Rovira y Roure era un político perteneciente a la Liga Catalana que fue mantenido como alcalde de Lérida por Luis Companys cuando se hizo cargo de la presidencia de la autonomía catalana al frente de Esquerra Republicana de Cataluña. Su gran arraigo social y su popularidad así se lo aconsejaron al traidor que quiso proclamar la independencia catalana aprovechándose de la revolución de Asturias en octubre de 1934.

Su formación académica, además de la tradición familiar, le hicieron ser un católico practicante que, durante la República, le costó no pocos problemas con la persecución religiosa que se inició en mayo de 1931.
En Lérida, el 5 de enero de 1936 se celebró la tradicional cabalgata de Reyes con la autorización expresa del alcalde. Poco después, la unidad de Mossos d’Esquadra que quedaba en el municipio fue retirada con la excusa de que hacían falta en Barcelona. La realidad es que Rovira y Roure había mantenido el orden, en la medida de sus posibilidades, y se enfrentaba a los milicianos que pretendían instaurar el terror revolucionario desde la checa que habían establecido en la ciudad catalana.

Tras la salida de los Mossos, los chequistas implantaron un régimen de terror en la localidad que llegó a la detención, el 18 de agosto de 1936, del propio alcalde que fue cancelado el 27 de agosto en los muros del cementerio municipal. Su cuerpo, sin tiro de gracia, fue arrojado a la fosa común donde compartió destino con los cientos de represaliados por anarquistas, socialistas y comunistas.

En el sumario de la “causa” instruida contra Rovira y Roure consta como una de las acusaciones que le costaron la vida que “había hecho celebrar la cabalgata de los Reyes Magos”, una cabalgata que había sido suprimida o cambiada en la mayoría de los municipios de España.

Uno de los enterradores del cementerio, que declaró en la causa general, aseguró que el alcalde murió perdonando a quienes le habían torturado en la checa y le fusilaban en ese momento, a la vez que “invocaba a Jesucristo”.

Juan Rovira y Roure estaba casado y había tenido tres descendientes, uno de los cuales murió a edad muy corta en 1930. Fue canonizado en los procesos abiertos por la Iglesia Católica sobre los mártires de la Guerra Civil.
 
JULIA ROMERA YÁÑEZ, ANARCOSINDICALISTA, luchadora ANTIFASCISTA, murió de tuberculosis en 1940 en la cárcel de las Cortes de Barcelona tras padecer GRAVES TORTURAS
(imagen visible para usuarios registrados)Julia Romera Yáñez nació en Mazarrón (Murcia) en 1916, hija de Matilde y Francisco, minero. Ambos murieron con 3 días de diferencia por la epidemia de gripe de 1918, que diezmó la población. Su hermana mayor, María, quedó al cargo de los abuelos maternos en Cartagena y ella permaneció con los abuelos paternos en Mazarrón. En 1921 la región murciana estaba en crisis económica, los negocios mineros paralizados, campos de labor esquilmados, artes de pesca desprotegidas, el paro estaba desatado.
La población trabajadora de Mazarrón, y otras localidades mineras murcianas como Águilas, Cartagena, La Unión, Lorca, etc., emigraron masivamente hacia zonas más industrializadas. En 1921, la familia Romera emigró a Santa Coloma de Gramenet (Barcelona), una pequeña población eminentemente agrícola, con unos 3.000 habitantes, que la oleada migratoria elevó a 19.000 en 19 años. En 1930 con 14 años, Julia trabajaba de tejedora a las Pañolerias Baró, afiliándose, como otros obreros, a la CNT. En 1931 con el advenimiento de la II República Española, se legalizó y reorganizó la CNT, en clandestinidad durante la Dictadura de Primo de Rivera.
Independientemente del sindicato, actuaban las Juventudes libertarias de Cataluña, donde en 1934 ingresó Julia: En la Casa del Pueblo, organizaron la Biblioteca, impartieron charlas culturales, conferencias, representaciones teatrales, editaban una revista “Aurora Libre” y panfletos, organizaban excursiones y giras campestres, a veces de carácter comarcal, reuniéndose mucha gente joven. Colaboraron con los maestros de la Escuela Racionalista instalada en la Casa del Pueblo, impartiendo clases nocturnas gratuitas a jóvenes fuera de edad escolar y a adultos después de acabar su jornada laboral.
En Julio de 1936, Julia se alistó voluntaria a la Columna Ortiz de las Juventudes Libertarias. Fue nombrada secretaria general, cargo que alternó durante la guerra con el de tesorera, colaboradora del Socorro Rojo, defensa pasiva, desarrollando una eficaz labor. En 1936 ingresó Juan Vicente y Castells y con sólo 16 años, se hizo cargo de la revista Aurora libre, la biblioteca y la propaganda. La amistad entre Julia y Joan se fue consolidando día a día.
El 27 de enero de 1939 las tropas de Franco ocuparon Santa Coloma, comenzando una brutal dictadura represora que duraría 40 años. Muchos Republicanos marcharon al exilio, pero Julia se quedó cuidando de su abuela y de su tía. A pesar de los consejos de sus compañeros, no valoró suficientemente las graves consecuencias que le podría reportar su militancia y se quedó afrontando el riesgo que corría, no sólo como destacada militante de las Juventudes Libertarias, sino además ayudando a las familias con problemas económicos por tener en el frente a las personas que aportaban el sustento de la casa.
Un grupo de jóvenes entre 15 y 23 años, algunos con experiencia militar como Epifanio García Murcia y Joaquim Miquel pusieron en práctica tácticas de guerrilla mediante un grupo denominado UJA (Unión de Juventudes Antifascistas). Julia se incorporó a principios de mayo de 1939. Pronto fueron descubiertos y comenzaron las detenciones. Los encontraron en posesión de una máquina de escribir, 5 fusiles, 3 rifles y diversa munición.
Julia fue trasladada a la comandancia de la guardia civil permaneciendo 3 interminables días bajo terribles interrogatorios, torturas, vejaciones, a merced de las arbitrarias brutalidades del grupo de verdugos franquistas, que no sacaron ninguna confesión a Julia. El 2 de Junio, sin poder caminar, desfigurada, con el vientre hinchado por las lesiones internas, fue ingresada como preventiva en la Cárcel de mujeres de las Cortes de Barcelona donde había 1.400 reclusas. Compartió celda con Conxita Vives y la actriz Maruja Tomás y Martí. El 2 de enero de 1940 se juzgaron en consejo de guerra a 25 personas. Las sentencia recogieron 5 penas de gloria, 8 de reclusión perpetua, 2 de 20 años, 4 de 15 años, 2 de 6 años y 3 menores de 16 años pasaron al tribunal tutelar de menores. El fiscal pidió para Julia pena de gloria, pero fue condenada a cadena perpetua.
A finales del verano de 1941, Julia sufría fiebres recurrentes ya que las gravísimas lesiones internas originadas por las torturas y caricia a que había sido sometida habían […] en una tuberculosis complicada por las pésimas condiciones de vida, frío, excasa y mala alimentación y nulos (imagen visible para usuarios registrados)cuidados médicos. Julia necesitaba reposo, buena alimentación, medicamentos, cuidados, que por supuesto no recibió. Murió el 6 de septiembre de 1941 en la Cárcel de las Cortes rechazando el auxilio espiritual que le proponía el cura de la prisión. Las compañeras de Julia recaudaron algo de dinero para que pudiera tener un entierro digno.
En 2002 se inauguró en Santa Coloma de Gramenet, el Ateneu popular que lleva el nombre de Julia Romera Yáñez, un punto de encuentro para gente inquieta y diversa, interesada en la cooperación, la formación y las reivindicaciones ciudadanas. En 2017 se procedió a cambiar el nombre franquista del Pasaje de la Victoria, por el de Calle de la Julia Romera Yáñez. En la placa se puede leer: Luchadora por la libertad.
 
(mensaje citado en revisión)

Terminadas las fantasías "memorialistas", éstos son los hechos :

- Tras años de indagaciones sólo se han recuperado 51 restos de personas "presuntamente" represaliadas. Las cifras de 20.000, 5.000 ó 7.000 son sólo las habituales invenciones del cuadro flamenco de la "memoria" con el aderezo de los ricos caldos de las islas.

-
En Canarias no hubo guerra civil pero sí importantes incidentes y enfrentamientos. Ésto es obviado de manera sistemática al hacer referencia a las "víctimas". Aunque como en todas la guerras siempre caen algunos inocentes de ninguna manera se puede hablar de las habituales exageraciones como "exterminio", "holocausto", etc. Por ejemplo refiriéndonos sólo a Tenerife y de una manera bastante resumida : :

- En la llamada “Refriega”, en la tarde del 18 de julio en la Plaza de la Republica ( actual Plaza Candelaria en la capital de la Isla ), se desarrolla el enfrentamiento entre manifestantes y Guardias de Asalto contra efectivos del Ejercito que custodian el edificio del Gobierno Civil y los refuerzos que envía la Comandancia Militar, con el resultado de dos perecid, uno por bando, el cabo de Asalto Francisco Muñoz Serrano y el soldado voluntario Santiago Cuadrado, así como varios heridos de bala.

-
Se convoca una huelga general por las organizaciones de izquierda, en especial la CNT. La mantienen los principales sectores gremiales en la capital tinerfeña y muchas zonas del interior de la isla de Tenerife. Dura desde el 20 de julio hasta el 1 de agosto de 1936.

- Gran resistencia en el interior de la isla de Tenerife. En los días siguientes al golpe militar se producen diversos incidentes de resistencia en algunos pueblos de la isla de Tenerife.

- Además en otras islas de la provincia destacan en la Gomera los hechos del “Fogueo” en Vallehermoso y la controvertida “Semana Roja” en la isla de La Palma.

Además de los hechos anteriores hay que mencionar los ocurridos en la comarca de Icod de los Vinos e Isla Baja, donde se produjeron numerosos conatos subversivos destinados a sabotear la Revolución Nacional, estando implicados en ellos gran cantidad de militares pertenecientes al ejército nacional.

Podemos señalar que el final de la resistencia activa en la isla de Tenerife se produce cuando es abatido por la Guardia Civil el último miembro en libertad del Comité Confederal de Defensa el albañil conejero Francisco Bethencourt Clavijo en el pueblo santacrucero de Taganana el día 12 de junio de 1.937. A partir de esa fecha la resistencia dejará la acción directa y se orientará a la ayuda a huídos u socorro a los presos,


FUENTE : ¿ Hubo guerra civil en Canarias ? . Ramiro Rivas García.
 
Terminadas las fantasías "memorialistas", éstos son los hechos :

- Tras años de indagaciones sólo se han recuperado 51 restos de personas "presuntamente" represaliadas. Las cifras de 20.000, 5.000 ó 7.000 son sólo las habituales invenciones del cuadro flamenco de la "memoria" con el aderezo de los ricos caldos de las islas.

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En Canarias no hubo guerra civil pero sí importantes incidentes y enfrentamientos. Ésto es obviado de manera sistemática al hacer referencia a las "víctimas". Aunque como en todas la guerras siempre caen algunos inocentes de ninguna manera se puede hablar de las habituales exageraciones como "exterminio", "holocausto", etc. Por ejemplo refiriéndonos sólo a Tenerife y de una manera bastante resumida : :

- En la llamada “Refriega”, en la tarde del 18 de julio en la Plaza de la Republica ( actual Plaza Candelaria en la capital de la Isla ), se desarrolla el enfrentamiento entre manifestantes y Guardias de Asalto contra efectivos del Ejercito que custodian el edificio del Gobierno Civil y los refuerzos que envía la Comandancia Militar, con el resultado de dos perecid, uno por bando, el cabo de Asalto Francisco Muñoz Serrano y el soldado voluntario Santiago Cuadrado, así como varios heridos de bala.

-
Se convoca una huelga general por las organizaciones de izquierda, en especial la CNT. La mantienen los principales sectores gremiales en la capital tinerfeña y muchas zonas del interior de la isla de Tenerife. Dura desde el 20 de julio hasta el 1 de agosto de 1936.

- Gran resistencia en el interior de la isla de Tenerife. En los días siguientes al golpe militar se producen diversos incidentes de resistencia en algunos pueblos de la isla de Tenerife.

- Además en otras islas de la provincia destacan en la Gomera los hechos del “Fogueo” en Vallehermoso y la controvertida “Semana Roja” en la isla de La Palma.

Además de los hechos anteriores hay que mencionar los ocurridos en la comarca de Icod de los Vinos e Isla Baja, donde se produjeron numerosos conatos subversivos destinados a sabotear la Revolución Nacional, estando implicados en ellos gran cantidad de militares pertenecientes al ejército nacional.

Podemos señalar que el final de la resistencia activa en la isla de Tenerife se produce cuando es abatido por la Guardia Civil el último miembro en libertad del Comité Confederal de Defensa el albañil conejero Francisco Bethencourt Clavijo en el pueblo santacrucero de Taganana el día 12 de junio de 1.937. A partir de esa fecha la resistencia dejará la acción directa y se orientará a la ayuda a huídos u socorro a los presos,


FUENTE : ¿ Hubo guerra civil en Canarias ? . Ramiro Rivas García.
es inaceptable tanta violencia...
 
Las chicas que se negaban a ir con los guardias eran canceladas'

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'Las chicas que se negaban a ir con los guardias eran canceladas': BILBAO.- Historias de miedo y sufrimiento. Historias silenciadas. Historias convertidas, por fin, en testimonios que ya nada ni nadie podrán borrar. Tras varios meses de trabajo, la asociación de investigación histórica Elkasko ha conseguido plasmar la represión específica que sufrieron las mujeres en la comarca del Gran Bilbao, una de las zonas del Estado español con mayor incidencia obrera. Los abusos sensual, los fusilamientos y las estrictas medidas sarracena del régimen forman parte de este informe, que cuenta incluso con un apartado didáctico sobre el pavor.

"Nos planteamos hacer algo que luego se pudiese utilizar a nivel de educación secundaria y de centros para adultos, por lo que hemos incluido una serie de pautas tanto para los docentes como para los alumnos", explica a Público Belén Solé, una de las autoras —junto a Beatriz Díaz— del mencionado estudio, titulado Era más la miseria que el miedo. Mujeres y franquismo en el Gran Bilbao: represión y resistencias. "Queremos que la gente también haga sus propias pesquisas", continúa esta catalana afincada desde hace ya varios años en Sestao.

El informe cuenta con los testimonios de 21 personas, en su mayoría mujeres, nacidas entre 1914 y 1963 en la zona obrera de Bizkaia. "Estas historias de vida forman parte de una base de datos que sigue aumentando con nuevos testimonios y cuyo objetivo es ofrecer una visión sobre las transformaciones sociales de la Ría del Nervión a lo largo del siglo XX", señalan sus responsables. Al igual que en el resto del Estado español, la época más atroz comenzó el 18 de julio de 1936, tras el alzamiento franquista contra la República.

"Si bien la represión en general cuenta con muchos análisis, su impacto entre las mujeres ha sido muy poco investigado", afirma Solé. En ese sentido, el informe destaca que "hubo mecanismos de represión específicamente dirigidos contra las mujeres y una vivencia de la represión entre las mujeres distinta, en algunos aspectos, de las experiencias vividas por los hombres". El apartado de las abusa es, precisamente, uno de ellos. "La violencia sensual que sufrieron las mujeres tanto en los centros de detención como durante la ocupación de las tropas franquistas fue una forma de represión de género, una forma de someter a la población por medio del terror y la vergüenza", subrayan las autoras.

Encarnación Santamaría, una de las vecinas de Sestao entrevistadas por las historiadoras, supo desde pequeña que la dictadura no sólo fusilaba por razones ideológicas. "Mi progenitora nos contaba que había chicas muy guapas, también jóvenes, que como no querían ir con los guardias, las fusilaban. Por la noche, porque no querían ir con ellos… preferían morir antes que ir con ellos", relató. Miren Begoña Sánchez, otra de las voces que aparecen en el informe, también rememoró este tipo de atrocidades. "He oído contar a mi familia de Elgeta cómo los segarro que venían con las tropas de Franco tenían carta blanca y allí debieron de hacer atrocidades con las mujeres —explicó—. Y a una que desapareció del pueblo, la encontraron en el monte perecid, toda hinchada, toda reventada".

La violencia sensual es difícil de investigar porque "era y es practicada en un contexto social de permisividad o de impunidad", dicen las investigadoras

"También en los centros de detención era habitual que las mujeres sufrieran abusos sensual como forma de presión durante los interrogatorios. Esta forma de violencia, ejercida de forma sistemática, fue más frecuente durante la guerra y en la primera etapa del franquismo. Más adelante, en los años 60–70, se visibilizó en espacios públicos como las manifestaciones, donde las mujeres eran insultadas por la Policía y agredidas por grupos de extrema derecha", señala el estudio. Según destacan sus autoras, “la violencia sensual es un aspecto de nuestra historia aún poco conocido y difícil de investigar, porque esta forma de violencia era y es practicada en un contexto social de permisividad o de impunidad, fundamental para permitir que las situaciones no afloren o que las denuncias no sean consideradas”.

De esta manera, los abusos sensual cometidos por los franquistas acabarían cubriéndose por el miedo y el silencio de las víctimas: "La culpabilización y la falta de credibilidad que se imponía sobre las mujeres afectadas y sus familiares evitaban la denuncia y desembocaba en el silencio, que durante décadas ha permanecido". Palmira Merino, vecina de Sestao y testigo de esa época, dio fe de ello. "No es como ahora que todo se cuenta. Eso quedaba en secreto. Eso nadie lo contaba. Sabíamos que las habían llevado pero no sabíamos lo que les habían hecho. Y ellas jamás lo han contado. Eso era como… algo tremendo", describió.

Medias por decreto

La dictadura también ejerció una fuerte represión sarracena sobre las mujeres del Gran Bilbao. Uno de los máximos exponentes de aquella "gloriosa cruzada" fue el alcalde de Barakaldo, José María Llaneza, quien llegó a prohibir que las vecinas saliesen a la calle sin medias debajo de sus faldas. De acuerdo a los testimonios recogidos por las historiadoras, el jefe de los alguaciles era quien se encargaba de comprobar que ninguna mujer abusa esta inédita norma. En el caso de los hombres, el alcalde les prohibía pasearse en manga de camisa.

El informe incluye extractos de la ordenanza municipal firmada por Llaneza, en la que dictaminaba cómo debían vestir sus vecinas y vecinos a partir de ese momento. Allí se lamentaba que muchas mujeres de Barakaldo transitaban "en formas poco correctas y decorosas en sus vestido y ademanes, so pretexto de recrearse en las playas, haciendo como digo gala en calles y plazas a las idas y regreso de estos lugares de su escandalosa desenvoltura y desvergüenza, exhibiendo sus piernas sin recato de sus medias y simulando ir vestidas".

"Hoy todo esto puede parecer pintoresco, pero hay que tener en cuenta que se trató de una auténtica cruzada sarracena", destaca Solé. Las consecuencias aún son visibles entre la población: a pesar de los años transcurridos, las investigadoras se toparon con personas que seguían teniendo miedo a relatar sus vivencias. El terror, para muchas y muchos, quedó grabado en la memoria.
 
Así depuraban los comunistas españoles, los 46 cancelados de la 84 Brigada Mixta
Juan E. Pflüger
/ 20 julio, 2015
El 15 de diciembre de 1937 cerca de 80.000 soldados pertenecientes al Ejército Popular de la República se lanzaron a la conquista de Teruel, una pequeña capital de provincia que era defendida por una guarnición de 3.000 hombres más cerca de 1.000 voluntarios civiles. Pese a la diferencia clara de fuerzas, los soldados del bando nacional al mando del coronel Rey d’Harcourt resistieron hasta el 8 de enero, y eso que desde el día 22 se combatía cuerpo a cuerpo y casa a casa.

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La rendición de guarnición de Teruel ante los soldados del Frente Popular se produjo cuando el único edificio que mantenían en su poder era el seminario y se habían quedado sin balas y sin medicinas y cuando llevaban dos días sin comida y sin agua. Este éxito, que tan solo duró un mes pues en febrero las tropas de Franco recuperaron la ciudad, fue explotado por la propaganda republicana puesto que se trataba de la única capital de provincia que lograron conquistar en el trascurso de la Guerra Civil.
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Entre las unidades republicanas que participaron en la toma de la ciudad aragonesa estaba la 84 Brigada Mixta que había participado en los combates desde el inicio de la batalla. Varios de los miembros de esta brigada solicitaron un permiso el día 10 de enero y les fue concedido una semana después.
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Para disfrutar del merecido descanso deben desplazarse andando al municipio de Rubielos de […]. Una caminata de 56 kilómetros que realizan entre los días 16 y 18 de enero. Pero el día 20, solamente 48 horas después, reciben la orden de reincorporarse al frente y la supresión del permiso. En ese momento 600 milicianos voluntarios que se habían alistado en Valencia deciden no acatar la orden y se niegan a reincorporarse al frente.
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En respuesta el coronel Andrés Nieto, que había sido alcalde socialista de Mérida pero que en ese momento ya pertenecía al Partido Comunista de España, decide que se detenga a 60 de los milicianos rebeldes y que sean cancelados para escarmiento de sus compañeros.

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Durante los días de detención 14 de ellos consiguieron escapar, pero al anochecer del mismo 20 de enero los 46 restantes –tres sargentos, 12 cabos y 31 soldados- fueron cancelados sin juicio previo, en cumplimiento de la orden de Nieto.

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Más de 70 años después un equipo de forenses de la Fundación Aranzadi apoyados por los equipos técnicos de Cóndor Georadarencontraron las tumbas en las que fueron enterrados estos soldados represaliados en un paraje próximo a Rubielos de […].
 
13 obispos asesinados por el Frente Popular durante la Guerra Civil
Juan E. Pflüger
/ 22 julio, 2015
La persecución religiosa fue una de las características entre quienes decían defender la “legalidad republicana” tras el levantamiento militar del 18 de julio. Desde el principio, el asesinato de religiosos y religiosas fue una constante, incluso antes de que la jerarquía publicase la Carta Colectiva de los obispos el 1 de julio de 1937. Es más, los precedentes habían sido claros desde las primeras matanzas en mayo de 1931 y durante la Revolución de Asturias en 1934.

Entre los miles de católicos, religiosos y seglares, asesinados, se cuentan hasta 13 obispos contra los que los revolucionarios, principalmente pertenecientes al Partido Comunista de España y a las diversas organizaciones anarquistas como la Federación Anarquista Ibérica y la Confederación Nacional de Trabajadores, mostraron su más brutal ensañamiento.
Por orden cronológico, los obispos asesinados por los frentepopulistas fueron:
(imagen visible para usuarios registrados)ustaquio Nieto Martín, obispo de Sigüenza. Pese a la insistencia de personas de su entorno, el 18 de julio, una vez producido el pronunciamiento militar, se negó a abandonar la diócesis. Cuando la capital de la provincia, Guadalajara, se pronunció a favor de los sublevados el 21 de julio, Nieto intercedió ante los líderes sublevados para que no se cometieran fusilamientos y logró reducir considerablemente la represión en la provincia. La columna dirigida por el coronel Puigdengolas que tomó Guadalajara el día 22 envió unas secciones al mando del líder de milicias, Cipriano Mera, para tomar Sigüenza, que fue conquistada por los frentepopulistas el día 24. Lo primero que hicieron fue detener al obispo y someterlo a un juicio público, pero los testimonios de los dirigentes izquierdistas locales contando su actuación para salvar vidas en los primeros días del levantamiento llevaron a su absolución y liberación. Sin embargo, el 26 fue secuestrado por orden de Mera para ser asesinado. Cuando lo trasladaban en coche fue arrojado en marcha del vehículo, como sobrevivió le dispararon y quemaron su cuerpo.
(imagen visible para usuarios registrados)alvio Huix Miralpeix, obispo de Lérida. Al conocer la noticia del alzamiento se refugió en casa de unos conocidos en Lérida. A los pocos días empezaron a llegarle noticias de la brutal represión a la que estaban sometiendo al clero de su diócesis por lo que decidió entregarse para intentar mediar ante las autoridades revolucionarias. Fue encarcelado inmediatamente en la cárcel provincial donde pasó dos semanas hasta que durante la madrugada del 5 de agosto fue conducido junto a otros veinte presos –en su mayoría religiosos y destacados políticos y empresarios locales- a las inmediaciones del cementerio donde fueron cancelados.
(imagen visible para usuarios registrados)ruz Laplana Laguna, obispo de Cuenca. El pronunciamiento del 18 de julio fracasó en Cuenca gracias a la actuación del teniente coronel Francisco García de Ángela quien se comprometió a garantizar la integridad de todos los ciudadanos. Así fue hasta la llegada de milicianos anarquistas de las unidades mandadas por Cipriano Mera que obligaron a Laplana a abandonar su residencia el 28 de julio, siendo trasladado al seminario que había sido convertido en cárcel. Allí permaneció detenido hasta que el 7 de agosto, en compañía de otras 7 personas fue sacado de madrugada para ser cancelado sin que mediara juicio alguno.
(imagen visible para usuarios registrados)lorentino Asensio Barroso, obispo de Barbastro. Nada más producirse el levantamiento militar, el comité revolucionario local decidió su arresto dentro de la residencia episcopal, pero cuatro días después se decidió su traslado a la cárcel municipal, donde se le interrogó en varias ocasiones y se le intentó obligar a que apostatara. Ante el fracaso se decidió su traslado a una celda aislada donde fue torturado por milicianos que llegaron a realizarle fruta, como la de los testículos. En la madrugada del 9 de agosto fue trasladado junto a otros doce detenidos en un camión hasta un paraje cercano a Barbastro, donde fueron cancelados y arrojados a una fosa común en la que ya habían sido enterrados varios de los seminaristas de la localidad.
(imagen visible para usuarios registrados)iguel Serra Sucarats, obispo de Segorbe. Tras decretarse su arresto en las dependencias del obispado, el 27 de julio se le trasladó a la cárcel local improvisada en locales del ayuntamiento. Junto a él fueron trasladados el vicario, Blasco Palomar, el hermano del obispo, Carlos Serra, y otros cinco religiosos y seglares vinculados a la sede episcopal. Allí estuvieron hasta la madrugada del 9 de agosto en la que fueron sacados en varios coches con la excusa de trasladarlos a Vall de Uxó, pero en el trascurso del camino pararon y en una zona deshabitada fueron cancelados y sus cuerpos abandonados sin enterrar.
(imagen visible para usuarios registrados)anuel Basulto Jiménez, obispo de Jaén. Tras retenérsele durante los primeros días en su domicilio, el 2 de agosto fue detenido, junto a su hermana y su cuñado, y encarcelados en la catedral de Jaén que había sido convertida en cárcel gestionada por el Comité Revolucionario provincial. Allí permanecieron hasta el día 11 de agosto, en que fueron trasladados a la estación de tren para ser llevados en tren a la cárcel de Alcalá de Henares. A estos traslados se les conoce como “los trenes de la gloria”, ya que el tren fue detenido y todos sus ocupantes –casi 200- fueron ametrallados. Entre ellos se encontraba el obispo Basulto que, al igual que el resto de las víctimas fueron saqueados por la turba que se había congregado para ver los asesinatos.

(imagen visible para usuarios registrados)anuel Borrás Ferré, obispo auxiliar de Tarragona. Fue detenido junto al cardenal Vidal y Barraquer el día 21 de julio. Se les mantuvo retenidos unos días en el monasterio del Poblet, hasta que el día 24 tras la intermediación del Papa, se consiguió la liberación del cardenal que fue trasladado a Italia. Sin embargo, Borrás no tuvo la misma suerte y quedó detenido en Montblanch hasta que, a mediados de la primera semana de agosto fue llevado ante un tribunal revolucionario en Tarragona que decretó su condena a gloria que fue ejecutada de inmediato. Murió cancelado y su cadáver fue quemado después para dificultar su identificación.
(imagen visible para usuarios registrados)arciso Esténaga, obispo de Ciudad Real. La población castellanomanchega vivió una situación peculiar a comienzos de la Guerra Civil. En ella, la numerosa guarnición de la Guardia Civil había pactado con el gobernador civil no sumarse al alzamiento a cambio de que éste frenase los desmanes revolucionarios. Si bien se produjeron fusilamientos y sacas de ciudadanos, al obispo se le respetó durante las primeras semanas. Pero cuando a principios de agosto se trasladó a la Guardia Civil a Madrid para reforzar la defensa de la capital, los milicianos anarquistas y comunistas asaltaron el palacio episcopal obligando a Esténaga a abandonarlo porque había sido incautado para ser la nueva sede del Comité Revolucionario. Se le obligó a trasladarse a la residencia de un vecino, donde permaneció hasta el 22 de agosto. En la madrugada de ese día fueron sacados por la fuerza y trasladados a la localidad de Peralvillo del Monte, donde fueron cancelados y abandonados en una zona próxima al río Guadiana.
(imagen visible para usuarios registrados)iego Ventaja Milán, obispo de Almería. El 24 de julio un grupo de milicianos irrumpió en la sede episcopal de Almería con la excusa de registrarla. Se incautaron de numerosa documentación que, supuestamente, relacionaba al obispo con “actividades contrarrevolucionarias”, lo que provocó que fuera detenido y encarcelado primero en el barco prisión Astoy Mendi y después en el acorazado Jaime I, donde coincidió con el obispo de Guadix, Manuel Medina. Ambos fueron sacados el 30 de agosto, trasladados al lugar conocido como el barranco de Vícar y cancelados junto a varios religiosos más.
(imagen visible para usuarios registrados)anuel Medina Olmos, obispo de Guadix. Fue detenido en su residencia tras un registro realizado por milicianos y dirigido por el alcalde de Guadix y su descendiente que aprovecharon para incautarse de cuanto objeto de valor hubiera en la casa. Fue más un saqueo que un registro. Tras su detención fue obligado a desfilar entre las turbas congregadas en las calles de la localidad para hacerle pasar por una situación de escarnio. Dos días después, el 29 de julio, fue trasladado a Almería donde pasó por hasta cuatro prisiones diferentes hasta que el 30 de agosto fue sacado junto al obispo de Almería y otros 16 religiosos para ser cancelado en el barranco de Vícar.
(imagen visible para usuarios registrados)anuel Irurita, obispo de Barcelona. El 21 de julio, mientras que la residencia del obispo era asaltada por una turba dirigida por comunistas y anarquistas, el clérigo se ocultaba en la casa del joyero Antonio Tort cuya casa se había convertido en un piso franco para los religiosos y religiosas perseguidos por los partidarios del Frente Popular durante los primeros días de la Guerra Civil. Allí permaneció hasta el 1 de diciembre de 1936, cuando un grupo de milicianos descubre la protección que daba Tort a los religiosos. Fueron detenidas ocho personas protegidas de la familia de joyeros, además de éstos. El día 3 de diciembre, el obispo fue cancelado en las tapias del cementerio de Moncada. La propaganda republicana extendió durante muchos años la patraña de que Irurita había salvado la vida y había vivido oculto en el Vaticano desde que acabó la Guerra Civil. Esta absurda hipótesis fue desmentida tras los estudios de Jorge López Teulón que tras realizar las pruebas de ADN al cadáver del obispo que se conservaban en España desde su asesinato pudo desmontar el absurdo de la propaganda frentepopulista.

(imagen visible para usuarios registrados)uan de Dios Ponce y Pozo, obispo de Orihuela. Varios seglares que trabajaban para el obispado de Orihuela convencieron al obispo Ponce de la necesidad de ocultarse en los primeros días de la Guerra Civil. Consiguió ocultarse, cambiando varias veces de casa hasta que fue descubierto a mediados de octubre de 1936. Fue encarcelado y tras pasar varias semanas en la cárcel, donde fue torturado para intentar conseguir que apostatara. Finalmente, la madrugada del 30 de noviembre de 1936 fue trasladado junto a otros nueve sacerdotes de su diócesis al cementerio de Elche, donde fueron cancelados. Los milicianos impidieron que los cuerpos de los 10 religiosos fueran recogidos hasta una semana después del asesinato para que pudieran ser contemplados “para escarmiento de contrarrevolucionarios”.
(imagen visible para usuarios registrados)nselmo Polanco, obispo de Teruel. Tras la rendición del coronel Domingo Rey d’Harcourt el 8 de enero de 1938, el obispo y el militar fueron hechos prisioneros por las tropas republicanas. El Gobierno descartó la propuesta de que fuera enviado a Francia y puesto allí en libertad, realizada por Indalecio Prieto. Tras varias etapas y el paso por Valencia, el religioso y Rey d’Harcourt fueron internados en el “Depósito para prisioneros” de Barcelona. Allí pasaron la guerra hasta que el 23 de enero de 1939, horas antes de que Barcelona fuera tomada por las tropas de Franco, se les acercó a la frontera con Francia obligándoles a acompañar a los milicianos que huían en desbandada hacia el país vecino. Éstos consideraban que con el militar y el religioso tenían dos buenos rehenes con los que negociar en caso de necesidad. El 7 de febrero de 1939 el comandante comunista Pedro Díaz decidió acabar al grupo de 40 prisioneros que les acompañaban en su huida. Entre ellos se encontraba el obispo Polanco.
 
Mártires concepcionistas, 14 víctimas del repruebo comunista a la religión católica
Juan E. Pflüger
/ 14 julio, 2015
La persecución religiosa en la zona controlada por el Frente Popular durante la Guerra Civil española alcanza su máxima crueldad en el ensañamiento que tuvo contra los elementos más débiles de lo que comunistas, socialistas y anarquistas consideraban el enemigo. Eso debían pensar de las 14 monjas concepcionistas-pese a que jamás cogieron un arma, ni atacaron a nadie y su única labor fue la beneficencia y la oración- que fueron perseguidas, torturadas y asesinadas en los primeros meses de la Guerra Civil. 14 mártires a las que ahora el Ayuntamiento de Madrid quiere quitar la calle que recuerda su asesinato.

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El crimen contra estas 14 mujeres se cometió en tres fases, entre julio y noviembre de 1936. Las torturas y la saña de los milicianos que acabaron con sus vidas deja clara la bajeza sarracena que no se detuvo ni ante una anciana paralítica que se encontraba en silla de ruedas, como fue el caso de sor Asunción Monedero.
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Las primeras 10 hermanas concepcionistas asesinadas vivían en el convento de la orden en las Rozas de Madrid. De allí fueron expulsadas tras incautarse el comité revolucionario local el edificio. Se trasladaron a Madrid, donde fueron acogidas en la calle Francisco Silvela, en un piso propiedad de un matrimonio benefactor de la orden. Los milicianos las descubrieron gracias al chivatazo de la portera del edificio contiguo. Desde ese momento, las hermanas eran visitadas a diario para recibir amenazas de gloria para intentar forzarlas a adjurar de sus creencias. Ante la inutilidad de las amenazas, los milicianos, en su mayoría comunistas y anarquistas, comenzaron a golpearlas durante las visitas que todos los días hacían al piso en el que estaban retenidas. Como las agresiones físicas tampoco surtían efecto, empezaron a aplicarles torturas. Durante los meses de julio y agosto, en pleno calor veraniego en Madrid, les retiraban el agua dejándolas dos días sin beber. En octubre y noviembre, lo que les retiraban era la ropa de abrigo. El martirio acabó el 8 de noviembre, cuando las diez hermanas allí retenidas fueron canceladas en las cercanías de Madrid. Sus cuerpos no se han encontrado.
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Otras dos hermanas de la misma orden, residentes en el convento de El pardo,fueron la segunda oleada de mártires concepcionistas. El 21 de julio el edificio fue confiscado y ellas se fueron refugiando en varias casas de vecinos hasta que fueron localizadas y expulsadas del municipio. Llegaron a Madrid, donde fueron acogidas por un matrimonio de edad avanzada hasta que fueron localizadas por un grupo de seis milicianos el 23 de agosto. Las dos hermanas fueron enviadas a una checa junto a sus benefactores y la empleada de estos. Se desconoce el paradero de los ancianos, pero las dos hermanas fueron canceladas en Vicálvaro dos días después.
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La tercera fase afectó a las hermanas que formaban la comunidad de la localidad toledana de Escalona. Nuevamente encontramos la misma forma de proceder. El convento es incautado por el comité revolucionario local y la comunidad expulsada del pueblo y enviadas a la Dirección General de Seguridad en Madrid donde son instadas a abandonar la fe y apostatar. Para forzar a las más jóvenes, las dos sores de mayor edad fueron separadas del grupo y enviadas a una checa donde fueron torturadas y finalmente canceladas a finales del mes de octubre.

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Las 14 mártires concepcionistas asesinadas en Madrid por comunistas, socialistas y anarquistas fueron las hermanas: Isabel Lacaba Andía, Petra Peirós Benito, Asunción Monedero, Manuela Prensa Cano, Balbina Rodríguez Higuera, Beatriz García Villa, Ascensión Rodríguez Higuera, Juana Ochotorena Arniz, Basilia Díaz Recio, Clotilde Campos Urdiales, Inés Rodriguez Fernández, Carmen Rodríguez Fernández, María de San José Ytoiz y Asunción Pascual Nieto.
 

Eso es absurdo. La secuencia es: un bando se dedicó a arrasar de forma planificada, desde el primer día de guerra (y antes en menor escala, mención especial a Asturias y el golpe de 1934), a miles de personas (además de torturas, etc.) por su religión, ideas políticas, etc. Los vencedores detienen a los responsables que no han podido escapar, generalmente de base (los peces rellenitos han huido con el botín rapiñado dejándoles en la estacada) y los condenan a distintas penas, incluidas de gloria (y a veces indultos).

Quien equipara ambos bandos dice que los dos son iguales, si no peores los que hacen justicia.
 
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Con los españoles de la División Leclerc
Una comunicación telefónica nos anunciaba el día 25 del pasado, que los primeros carros blindados americanos habían llegado «l’Hôtel de ville», y que otros desfilaban ya por el Bulevard de Sebastopol. Añadían nuestros informadores que muchos de los carros ostentaban la bandera republicana española, por ser compuestos equipajes de compañeros españoles. Ansiosos de verificar la noticia, para no ser victimas de un bulo, nos dirigimos inmediatamente hacia los lugares indicados; no habíamos llegado todavía a nuestro objetivo cuando ya nos encontramos con los primeros carros que desde la Rue del Temple y Rue les Fontaines atacaban ya la plaza de la República. Eran exactamente las 11 de la mañana. Nos acercamos a los carros mas avanzados. El equipaje de los tres primeros era compuesto de españoles. Una exclamación seguida de una pregunta fue nuestra primera intervención: ¡Una cara conocida! ¿Ex comisario de sanidad de la Brigada Tierra y Libertad? -¡Presente!- fue la respuesta, rematada con un fuerte y emocionado abrazo; después siguió el comentario de su odisea...
Unos cuantos miles de españoles se hallan encuadrados en la Division Leclerc. Todos ellos son exiliados políticos que combatieron por la libertad y la justicia social durante la Guerra Social española y que se hallaban en los campos de concentración Argelia en el momento de la liberación de la colonia francesa por los ejércitos anglo-americanos.
Inmediatamente se ofrecieron como voluntarios para vengar todas la afrentas de la intervención asesina y brutal del ejército alemán e italiano contra la Revolución Española.
Han hecho la campaña de Túnez. Mas tarde desembarcaron en Normandía y actuando siempre en primera linea es como los hemos encontrado en el corazón mismo de París.
Bravos muchachos de la 26 y 28 Divisiones y de tantas otras de recuerdos también heroicos, recibid el homenaje reconocido de todos los millares de españoles exiliados que han sufrido el oprobio de la tiranía y de la política colaboracionista francesa.
Hemos visto mas tarde el desfile arrogante de los carros, sobre los que hemos podido distinguir en grandes caracteres el nombre glorioso de Durruti y entre otros el del magnifico Teruel, Zaragoza y Belchite. Ello significa, no solamente un recuerdo, sino tanto también un símbolo de lucha, condensado en la significación de nombres tan gloriosos. Recuerdo de reconocido homenaje al pasado y promesa de bellas perspectivas liberatrices para el futuro de nuestra querida España. Afirmación que va condesada en la exclamación de un bravo muchacho de la División Leclrec, mientras acariciaba orgulloso el cañón de su ametralladora: ¡Ha! Si se nos permitiese dirigir nuestras armas hacia España para libertarla del yugo falangista…
Ese es nuestro verdadero deseo.
 
El 6 de mayo llegó Leclerc a su cuartel general de Bad Reichentall tras limpiar Alsacia de resistencia y peine en la Alta Baviera. Alineados frente a él se encontraban 13 prisioneros en uniformefeldgrau. Cuando le informaron de que la docena de prisioneros eran franceses que habían combatido bajo las armas nancy en Rusia, Leclerc entró en cólera. Los rendidos desafiantes, pero abatidos; el general gaullista orgulloso, con el mentón alto. Pronto se intercambian duras palabras, elevando la tensión. Leclerc les acusó de llevar un uniforme extranjero, alemán y de las SS. Con sangre fría le respondió un divisionario: “Señor, usted también lleva un uniforme extranjero, ¡El americano!”. Acto seguido Leclerc, preso de la furia, ordenó la ejecución de estos hombres por “insolentes”, sin corte marcial ni juicio previo.

(Por no hablar de L'Épuration sauvage.)
 
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