Documentos desclasificados implican al PSOE en las peores matanzas de la Guerra Civil española

AMOS ACERO PÉREZ, SOCIALISTA, Alcalde de Vallecas, ASESINADO por los facinerosos en las tapias del cementerio del este de Madrid en 1941
(imagen visible para usuarios registrados)Amós Acero Pérez nació en Villaseca de la Sagra, Toledo en 1893. fue el 3º de 7 descendientes de Salustiano Acero y Aquilina Pérez Gómez, una humilde familia de trabajadores. Fue obligado pescador de agua dulce para traer a casa lo justo para mantener a su familia que tantas calamidades tuvo que pasar. Su ilusión era ser maestro de niños, un objetivo imposible para su familia, pero gracias a un amigo pudo sufragar los gastos en la Escuela Normal Central de Madrid, saciando sus ansias de aprender, ser un hombre de provecho, de carrera, un reto que Amós se había planteado desde sus años de juventud. Fue carbonero, cajero, cobrador, se casó con Dolores Delgado Lara, y siguió estudiando. Madrid, donde trabajó de boticario, marcó un punto de inflexión en su vida.
Allí conoció los problemas que le contaban sus clientes, se fue labrando una fidelidad y fruta incontestable de todos los vecinos, constantemente ayudados por Amós desde su puesto en la farmacia. Amós comenzó a leer libros de política, acudía a las asambleas del partido, se afilió al Partido Socialista en 1920, en la Sociedad de Oficios varios de la UGT y en las Escuelas Racionalistas en 1927. Se introdujo de lleno en los problemas que aquejaban al pueblo “y a la humanidad”. Fue vocal de la Comisión Ejecutiva de la Asociación General de Maestros (UGT) desde 1929. Tuvo 5 descendientes, Gonzalo, Amosito, María Dolores, Paquito y Aurorita.
En julio de 1927 le fue ofrecida una plaza de maestro de 1ª enseñanza en Vallecas, donde se instaló la familia. Allí, en la Escuela Pablo Iglesias, un grupo de maestros de UGT desarrolló la pedagogía de la Escuela Nueva, punta de lanza de la enseñanza laica en ese barrio. La escuela, modesta, tenía 2 aulas grandes y una pequeña para los párvulos, dió clases gratuítas a muchos niños del barrio y a personas mayores. Amós organizó clases nocturnas para jóvenes obreros consciente de las graves carencias educativas de las clases humildes.
Fue elegido alcalde de Vallecas en las elecciones de abril de 1931 con la proclamación de la II República en las listas de la Conjunción Republicano-Socialista. “un hombre modesto, humilde, de gran capacidad y extraordinaria cultura, que ostenta un título honrosísimo, el de Maestro” pronunció el alcalde saliente, Jesús del Pino. En las elecciones a Cortes Constituyentes de junio de 1931 Acero resultó elegido fruta integrándose en la Comisión de Presidencia. En 1936 Acero fue restituido en su cargo como alcalde de Vallecas, siendo nombrado miembro de la comisión gestora de la Fruta Provincial de Madrid.
Hasta el final de la guerra de España Acero continuó ejerciendo como alcalde de Vallecas, manteniendo durante la contienda un comportamiento cívico y coherente, lo que demuestra abundante documentación testimonial. Consta que Acero ayudó a numerosas personas “de derechas” a pasarse a la zona franquista para salvarles de las venganzas, envidias o brutalidades propias de un periodo de guerra, firmó salvoconductos, evitó quema de conventos en Vallecas, y mantuvo una relativa calma.
En marzo de 1939 abandonó Madrid hacia Valencia junto al gobernador civil de Madrid Carlos Rubiera Rodríguez, siendo detenido en el puerto de Alicante y encerrado en el campo de concentración de Albatera, junto a otros miles de desplazados que se habían congregado en los muelles en esos días. Amós Acero fue sometido a dos juicios “paralelos”, lo que representó una indefensión palmaria, el acusado desconocía en la indagatoria a cual de los expedientes estaba respondiendo o aportando documentos o declaraciones. No fueron admitidos o incorporados avales, aunque existían decenas a su favor. Amós fue acusado de pertenecer a la Casa del Pueblo de Vallecas, ser defensor de la “resistencia a toda costa”, carecer de ideas religiosas y de hacer burla y escarnio de la fé católica.
Sentenciado a pena de gloria fue cancelado el 16 de mayo de 1941 en las tapias del cementerio de la Almudena, con los ojos destapados por propia voluntad, con la gloria delante de un pelotón de militares franquistas, como tantos otros compañeros. Supo mirar de frente a los desconocidos ejecutores de una venganza, con la misma solidez y claridad de espíritu con que había mirado siempre a la vida durante 47 años. Amós fue víctima del funcionamiento vengativo y descaradamente injusto de los tribunales facinerosos, de un sistema dictatorial habitual en los Tribunales Militares de la postguerra.
En su despedida a su familia, escribió, “Mi esposa e descendientes adorados: Estoy viviendo las ultimas horas de mi vida, no me duele morir, siendo inocente, lo doloroso seria morir culpable. Perdonad como yo les perdono, hasta a quienes os quitan mi amparo, mi cariño y os arrancan las más dolorosas lágrimas de vuestro vivir”. Cuenta su hija Lolita que “Amós en su juventud, era un hombre de presencia elegante y distinguida, leal, inteligente, dulce, de fuerte temperamento. Amós tenía una magnifica oratoria y una voz clara y sonora, era un hombre muy simpático con un corazón sincero y lleno de ternura, un romántico de grandes ideales y sueños, sensible, valiente, seguro de sí mismo, con un alma pura, noble y llena de bondad; tenía una gran personalidad y jamás podré olvidarle”. Un colegio público madrileño lleva su nombre. En tiempos de Tierno Galván se inauguró un monumento en su honor. En julio de 2016 se inauguró una estatua en el distrito de Puente de Vallecas.
 
(mensaje citado en revisión)

En la II República se vivió un movimiento revolucionario de corte comunista - libertario orientado a la aniquilación de ese régimen democrático; de hecho a Valderas se le llama "Valderas roja" o "Moscú de España", apodos que dan idea del carácter democrático del gobierno local. No defendían ninguna legitimidad republicana, sino la instauración de la revolución comunista - libertaria, al estilo de la que intentaron imponer en 1.934.

"1.933: El día 10 fueron tiroteados y heridos dos guardia civiles en Veguellina y se cortaron las líneas telefónicas, el 12 se repitieron los altercados con varios detenidos más; en Cistierna explotaron varios cartuchos provocando desperfectos en los tendidos eléctricos, en Olleros se izó una bandera revolucionaria en la torre de la iglesia y, Valderas (Valle de las Eras en otro tiempo) decreta el comunismo libertario con la consiguiente quema de archivos judiciales, catastrales, la iglesia y el cuartelillo de la benemérita."

Una vez se inicia el Alzamiento Nacional, el sr. Alcalde organiza una milicia armada para enfrentarse a los sublevados. Se informa de altercados y enfrentamientos entre los vecinos. Una vez se produce el choque con una unidad militar sublevada éste se salda con un balance de un perecid y 30 milicianos que escapan al monte (se supone que el resto fueron detenidos; no se sabe).

Se producen unas 200 detenciones que se reparten en las cárceles de otras plazas (Benavente, Astorga o León). Se cree que se efectuó una saca de 12 personas, sin que se pueda decir dónde se realizó y donde están los cuerpos. No hay un sólo dato concreto del paradero de los detenidos por lo que en ningún caso se pueden hacer especulaciones sobre su destino. Asignarlos al capítulo "desaparecidos" es como no decir absolutamente nada.

Al día de la fecha se han identificado a 9 personas. No sabemos si se refieren a ejecutados en la saca. Los demás son desaparecidos, es decir, que desconocemos si los ejecutaron, si se fugaron al monte, si se incorporaron al "maquis", si se incorporaron a filas republicanas, si se cambiaron de pueblo o ciudad o se fueron a Francia o al exilio.

Por lo tanto estamos ante otro caso en el que se hinchan cifras mediante la filiación como "desaparecidos" a todas las personas de las que se desconoce su paradero. Y de ocultación y manipulación de datos haciendo pasar como "civiles" a militares o milicianos (civiles en armas).

Otro intento de lavado de dinero de unos revolucionarios que jugaban a los soldaditos hasta que la realidad los puso en su sitio. Humo.
 
AMOS ACERO PÉREZ, SOCIALISTA, Alcalde de Vallecas, ASESINADO por los facinerosos en las tapias del cementerio del este de Madrid en 1941
(imagen visible para usuarios registrados)Amós Acero Pérez nació en Villaseca de la Sagra, Toledo en 1893. fue el 3º de 7 descendientes de Salustiano Acero y Aquilina Pérez Gómez, una humilde familia de trabajadores. Fue obligado pescador de agua dulce para traer a casa lo justo para mantener a su familia que tantas calamidades tuvo que pasar. Su ilusión era ser maestro de niños, un objetivo imposible para su familia, pero gracias a un amigo pudo sufragar los gastos en la Escuela Normal Central de Madrid, saciando sus ansias de aprender, ser un hombre de provecho, de carrera, un reto que Amós se había planteado desde sus años de juventud. Fue carbonero, cajero, cobrador, se casó con Dolores Delgado Lara, y siguió estudiando. Madrid, donde trabajó de boticario, marcó un punto de inflexión en su vida.
Allí conoció los problemas que le contaban sus clientes, se fue labrando una fidelidad y fruta incontestable de todos los vecinos, constantemente ayudados por Amós desde su puesto en la farmacia. Amós comenzó a leer libros de política, acudía a las asambleas del partido, se afilió al Partido Socialista en 1920, en la Sociedad de Oficios varios de la UGT y en las Escuelas Racionalistas en 1927. Se introdujo de lleno en los problemas que aquejaban al pueblo “y a la humanidad”. Fue vocal de la Comisión Ejecutiva de la Asociación General de Maestros (UGT) desde 1929. Tuvo 5 descendientes, Gonzalo, Amosito, María Dolores, Paquito y Aurorita.
En julio de 1927 le fue ofrecida una plaza de maestro de 1ª enseñanza en Vallecas, donde se instaló la familia. Allí, en la Escuela Pablo Iglesias, un grupo de maestros de UGT desarrolló la pedagogía de la Escuela Nueva, punta de lanza de la enseñanza laica en ese barrio. La escuela, modesta, tenía 2 aulas grandes y una pequeña para los párvulos, dió clases gratuítas a muchos niños del barrio y a personas mayores. Amós organizó clases nocturnas para jóvenes obreros consciente de las graves carencias educativas de las clases humildes.
Fue elegido alcalde de Vallecas en las elecciones de abril de 1931 con la proclamación de la II República en las listas de la Conjunción Republicano-Socialista. “un hombre modesto, humilde, de gran capacidad y extraordinaria cultura, que ostenta un título honrosísimo, el de Maestro” pronunció el alcalde saliente, Jesús del Pino. En las elecciones a Cortes Constituyentes de junio de 1931 Acero resultó elegido fruta integrándose en la Comisión de Presidencia. En 1936 Acero fue restituido en su cargo como alcalde de Vallecas, siendo nombrado miembro de la comisión gestora de la Fruta Provincial de Madrid.
Hasta el final de la guerra de España Acero continuó ejerciendo como alcalde de Vallecas, manteniendo durante la contienda un comportamiento cívico y coherente, lo que demuestra abundante documentación testimonial. Consta que Acero ayudó a numerosas personas “de derechas” a pasarse a la zona franquista para salvarles de las venganzas, envidias o brutalidades propias de un periodo de guerra, firmó salvoconductos, evitó quema de conventos en Vallecas, y mantuvo una relativa calma.
En marzo de 1939 abandonó Madrid hacia Valencia junto al gobernador civil de Madrid Carlos Rubiera Rodríguez, siendo detenido en el puerto de Alicante y encerrado en el campo de concentración de Albatera, junto a otros miles de desplazados que se habían congregado en los muelles en esos días. Amós Acero fue sometido a dos juicios “paralelos”, lo que representó una indefensión palmaria, el acusado desconocía en la indagatoria a cual de los expedientes estaba respondiendo o aportando documentos o declaraciones. No fueron admitidos o incorporados avales, aunque existían decenas a su favor. Amós fue acusado de pertenecer a la Casa del Pueblo de Vallecas, ser defensor de la “resistencia a toda costa”, carecer de ideas religiosas y de hacer burla y escarnio de la fé católica.
Sentenciado a pena de gloria fue cancelado el 16 de mayo de 1941 en las tapias del cementerio de la Almudena, con los ojos destapados por propia voluntad, con la gloria delante de un pelotón de militares franquistas, como tantos otros compañeros. Supo mirar de frente a los desconocidos ejecutores de una venganza, con la misma solidez y claridad de espíritu con que había mirado siempre a la vida durante 47 años. Amós fue víctima del funcionamiento vengativo y descaradamente injusto de los tribunales facinerosos, de un sistema dictatorial habitual en los Tribunales Militares de la postguerra.
En su despedida a su familia, escribió, “Mi esposa e descendientes adorados: Estoy viviendo las ultimas horas de mi vida, no me duele morir, siendo inocente, lo doloroso seria morir culpable. Perdonad como yo les perdono, hasta a quienes os quitan mi amparo, mi cariño y os arrancan las más dolorosas lágrimas de vuestro vivir”. Cuenta su hija Lolita que “Amós en su juventud, era un hombre de presencia elegante y distinguida, leal, inteligente, dulce, de fuerte temperamento. Amós tenía una magnifica oratoria y una voz clara y sonora, era un hombre muy simpático con un corazón sincero y lleno de ternura, un romántico de grandes ideales y sueños, sensible, valiente, seguro de sí mismo, con un alma pura, noble y llena de bondad; tenía una gran personalidad y jamás podré olvidarle”. Un colegio público madrileño lleva su nombre. En tiempos de Tierno Galván se inauguró un monumento en su honor. En julio de 2016 se inauguró una estatua en el distrito de Puente de Vallecas.

Debía de ser una gran persona, una lástima. El problema es que, le gustara o no, en su pueblo estaba, entre otras, la casa del pueblo del Puente de Vallecas, cheka de ejecución y tortura de su partido.

Y le guste o no a los memorialistas, como Alcalde y miembro relevante del partido tenía suficiente responsabilidad como para que se le acusara de organizador, cómplice o colaborador necesario de esos crímenes.

No fue asesinado. Fue ejecutado en virtud de una sentencia que hubiera pronunciado cualquier tribunal de cualquiera de las potencias democráticas en aquellos años.
 
Historia de ellos

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«Adiós, vosotros que vais por el camino. Aquí yazco yo» (Epigrama latino)


A lo largo de los últimos años se ha venido montando un andamiaje construido con medias verdades y tergiversaciones alrededor de la Transición española con el objetivo de crear una historia que coloque en un mismo plano a aquellos que viniendo de vivir cómodas vidas en el franquismo y ante la inevitable realidad de la llegada de la democracia pactaron a regañadientes con la oposición democrática una serie de medidas que culminaron con la legalización de los partidos políticos y la celebración de elecciones democráticas, y a aquellos otros que lucharon para acabar con una dictadura que extendió el dolor, la gloria y las torturas hasta el último día de su existencia gracias a los colaboradores con los que contó el franquismo que fueron debidamente premiados.

Pero a pesar de estos intentos de periodistas y de algunos historiadores por acallar a los verdaderos protagonistas de la lucha por la democracia en España, la verdad del coste humano que supuso la reinstauración en España de la democracia tras el golpe de Estado de 1936 y su posterior dictadura religiosa-militar se encuentra al alcance de cualquiera. Y como ejemplo de ello traemos esta semana a esta sección el último Premio Comillas de Historia, Biografía y Memorias. Me refiero al ensayo A finales de enero. La historia de amor más trágica de la Transición (Tusquets, 2019) escrito por Javier Padilla, en el que el autor hace un retrato del movimiento estudiantil universitario del Madrid de los años 60 con especial hincapié en tres jóvenes estudiantes que vieron truncadas sus vidas por la represión franquista: Enrique Ruano, Dolores González y Javier Sauquillo.

He de reconocer que la figura de Enrique Ruano, estudiante de Derecho que fue tirado por una ventana cuando se encontraba detenido y siendo interrogado por la policía franquista, me interesó y atrajo desde que tuve noticia a finales de los 80 de su gloria ocurrida en 1969. Recuerda Padilla en su libro, con un acabado y estructura brillante, que durante el franquismo la población española se dividió en tres diferentes grupos. Por una lado, aquellos que vivieron como si en España no hubiese dictadura ni represión pendientes, por tanto, de atender únicamente a sus intereses personales y aprovechándose todo lo posible de la dictadura franquista. En un segundo grupo, aquellos que siendo antifranquistas antepusieron primero su seguridad y bienestar económico y, en un tercer lugar, nos encontramos con los que lucharon por la democracia y la libertad con todas sus consecuencias a riesgo de perder la vida o, como mínimo, ser apaleados por las bandas de ultraderechistas que actuaron como un poder paralelo al servicio del franquismo o ser torturados en las comisarías. Es evidente que a todos nos hubiera gustado, de vivir en aquella época, pertenecer al último grupo, es decir, a los protagonistas de este libro.

Enrique y Lola eran pareja cuando la policía los detuvo en enero de 1969. Estando Lola en dependencias policiales, Ruano fue llevado a un piso de unos amigos para hacer un registro del mismo. Aunque los policías no confesaron, las pruebas demuestran fehacientemente que Enrique Ruano fue herido de bala (la parte de hueso por donde entró la bala desapareció en la autopsia) y que después fue tirado desde un séptimo piso a un patio interior. Especialmente criticable fue la actitud del diario Abc y de su director Torcuato Luca de Tena creando infundios sobre Enrique Ruano y su falsa gaiidad (que en aquella época era sinónimo de delincuencia) e inventándose la teoría de un presunto quitarse la vida. También hay que resaltar el comportamiento de Manuel Fraga, por aquel entonces ministro de Información y Turismo, que defendió la actuación policial llegando a llamar por teléfono a los padres de Ruano amenazándolos en caso de que siguieran pidiendo explicaciones por la gloria de su descendiente. El mismo Fraga que con la Transición se convirtió en demócrata de toda la vida.

Años después Lola y Javier Sauquillo (amigo de Ruano) entablaron una relación sentimental mientras trabajaban en el mismo despacho de abogados. Javier fue uno de los asesinados en la matanza de los abogados de Atocha de 1977, resultando Lola herida de gravedad de un disparo en la cara del que nunca se recuperó arrastrando graves secuelas físicas y psicológicas hasta que se suicidó por inanición en el año 2015.

Como recuerda el autor entre 1975 y 1982 hubo en España 504 víctimas mortales por la violencia política lo que unido a 2.663 heridos hospitalizados convierte a la Transición española en la segunda más sangrienta de Europa solo por detrás de Rumanía. La democracia llegó gracias al esfuerzo de miles de españoles hoy desaparecidos en el anonimato. Muchos de ellos murieron y sufrieron torturas por un franquismo que se negó a desaparecer. Ellos y ellas fueron los verdaderos protagonistas de la Transición y no los políticos de salón que provenientes del franquismo se colgaron la medalla de la llegada de la libertad.
 
Historia de ellos

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«Adiós, vosotros que vais por el camino. Aquí yazco yo» (Epigrama latino)


A lo largo de los últimos años se ha venido montando un andamiaje construido con medias verdades y tergiversaciones alrededor de la Transición española con el objetivo de crear una historia que coloque en un mismo plano a aquellos que viniendo de vivir cómodas vidas en el franquismo y ante la inevitable realidad de la llegada de la democracia pactaron a regañadientes con la oposición democrática una serie de medidas que culminaron con la legalización de los partidos políticos y la celebración de elecciones democráticas, y a aquellos otros que lucharon para acabar con una dictadura que extendió el dolor, la gloria y las torturas hasta el último día de su existencia gracias a los colaboradores con los que contó el franquismo que fueron debidamente premiados.

Pero a pesar de estos intentos de periodistas y de algunos historiadores por acallar a los verdaderos protagonistas de la lucha por la democracia en España, la verdad del coste humano que supuso la reinstauración en España de la democracia tras el golpe de Estado de 1936 y su posterior dictadura religiosa-militar se encuentra al alcance de cualquiera. Y como ejemplo de ello traemos esta semana a esta sección el último Premio Comillas de Historia, Biografía y Memorias. Me refiero al ensayo A finales de enero. La historia de amor más trágica de la Transición (Tusquets, 2019) escrito por Javier Padilla, en el que el autor hace un retrato del movimiento estudiantil universitario del Madrid de los años 60 con especial hincapié en tres jóvenes estudiantes que vieron truncadas sus vidas por la represión franquista: Enrique Ruano, Dolores González y Javier Sauquillo.

He de reconocer que la figura de Enrique Ruano, estudiante de Derecho que fue tirado por una ventana cuando se encontraba detenido y siendo interrogado por la policía franquista, me interesó y atrajo desde que tuve noticia a finales de los 80 de su gloria ocurrida en 1969. Recuerda Padilla en su libro, con un acabado y estructura brillante, que durante el franquismo la población española se dividió en tres diferentes grupos. Por una lado, aquellos que vivieron como si en España no hubiese dictadura ni represión pendientes, por tanto, de atender únicamente a sus intereses personales y aprovechándose todo lo posible de la dictadura franquista. En un segundo grupo, aquellos que siendo antifranquistas antepusieron primero su seguridad y bienestar económico y, en un tercer lugar, nos encontramos con los que lucharon por la democracia y la libertad con todas sus consecuencias a riesgo de perder la vida o, como mínimo, ser apaleados por las bandas de ultraderechistas que actuaron como un poder paralelo al servicio del franquismo o ser torturados en las comisarías. Es evidente que a todos nos hubiera gustado, de vivir en aquella época, pertenecer al último grupo, es decir, a los protagonistas de este libro.

Enrique y Lola eran pareja cuando la policía los detuvo en enero de 1969. Estando Lola en dependencias policiales, Ruano fue llevado a un piso de unos amigos para hacer un registro del mismo. Aunque los policías no confesaron, las pruebas demuestran fehacientemente que Enrique Ruano fue herido de bala (la parte de hueso por donde entró la bala desapareció en la autopsia) y que después fue tirado desde un séptimo piso a un patio interior. Especialmente criticable fue la actitud del diario Abc y de su director Torcuato Luca de Tena creando infundios sobre Enrique Ruano y su falsa gaiidad (que en aquella época era sinónimo de delincuencia) e inventándose la teoría de un presunto quitarse la vida. También hay que resaltar el comportamiento de Manuel Fraga, por aquel entonces ministro de Información y Turismo, que defendió la actuación policial llegando a llamar por teléfono a los padres de Ruano amenazándolos en caso de que siguieran pidiendo explicaciones por la gloria de su descendiente. El mismo Fraga que con la Transición se convirtió en demócrata de toda la vida.

Años después Lola y Javier Sauquillo (amigo de Ruano) entablaron una relación sentimental mientras trabajaban en el mismo despacho de abogados. Javier fue uno de los asesinados en la matanza de los abogados de Atocha de 1977, resultando Lola herida de gravedad de un disparo en la cara del que nunca se recuperó arrastrando graves secuelas físicas y psicológicas hasta que se suicidó por inanición en el año 2015.

Como recuerda el autor entre 1975 y 1982 hubo en España 504 víctimas mortales por la violencia política lo que unido a 2.663 heridos hospitalizados convierte a la Transición española en la segunda más sangrienta de Europa solo por detrás de Rumanía. La democracia llegó gracias al esfuerzo de miles de españoles hoy desaparecidos en el anonimato. Muchos de ellos murieron y sufrieron torturas por un franquismo que se negó a desaparecer. Ellos y ellas fueron los verdaderos protagonistas de la Transición y no los políticos de salón que provenientes del franquismo se colgaron la medalla de la llegada de la libertad.
vaya, mas que durante la republica...
 
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«Adiós, vosotros que vais por el camino. Aquí yazco yo» (Epigrama latino)


A lo largo de los últimos años se ha venido montando un andamiaje construido con medias verdades y tergiversaciones alrededor de la Transición española con el objetivo de crear una historia que coloque en un mismo plano a aquellos que viniendo de vivir cómodas vidas en el franquismo y ante la inevitable realidad de la llegada de la democracia pactaron a regañadientes con la oposición democrática una serie de medidas que culminaron con la legalización de los partidos políticos y la celebración de elecciones democráticas, y a aquellos otros que lucharon para acabar con una dictadura que extendió el dolor, la gloria y las torturas hasta el último día de su existencia gracias a los colaboradores con los que contó el franquismo que fueron debidamente premiados.

Pero a pesar de estos intentos de periodistas y de algunos historiadores por acallar a los verdaderos protagonistas de la lucha por la democracia en España, la verdad del coste humano que supuso la reinstauración en España de la democracia tras el golpe de Estado de 1936 y su posterior dictadura religiosa-militar se encuentra al alcance de cualquiera. Y como ejemplo de ello traemos esta semana a esta sección el último Premio Comillas de Historia, Biografía y Memorias. Me refiero al ensayo A finales de enero. La historia de amor más trágica de la Transición (Tusquets, 2019) escrito por Javier Padilla, en el que el autor hace un retrato del movimiento estudiantil universitario del Madrid de los años 60 con especial hincapié en tres jóvenes estudiantes que vieron truncadas sus vidas por la represión franquista: Enrique Ruano, Dolores González y Javier Sauquillo.

He de reconocer que la figura de Enrique Ruano, estudiante de Derecho que fue tirado por una ventana cuando se encontraba detenido y siendo interrogado por la policía franquista, me interesó y atrajo desde que tuve noticia a finales de los 80 de su gloria ocurrida en 1969. Recuerda Padilla en su libro, con un acabado y estructura brillante, que durante el franquismo la población española se dividió en tres diferentes grupos. Por una lado, aquellos que vivieron como si en España no hubiese dictadura ni represión pendientes, por tanto, de atender únicamente a sus intereses personales y aprovechándose todo lo posible de la dictadura franquista. En un segundo grupo, aquellos que siendo antifranquistas antepusieron primero su seguridad y bienestar económico y, en un tercer lugar, nos encontramos con los que lucharon por la democracia y la libertad con todas sus consecuencias a riesgo de perder la vida o, como mínimo, ser apaleados por las bandas de ultraderechistas que actuaron como un poder paralelo al servicio del franquismo o ser torturados en las comisarías. Es evidente que a todos nos hubiera gustado, de vivir en aquella época, pertenecer al último grupo, es decir, a los protagonistas de este libro.

Enrique y Lola eran pareja cuando la policía los detuvo en enero de 1969. Estando Lola en dependencias policiales, Ruano fue llevado a un piso de unos amigos para hacer un registro del mismo. Aunque los policías no confesaron, las pruebas demuestran fehacientemente que Enrique Ruano fue herido de bala (la parte de hueso por donde entró la bala desapareció en la autopsia) y que después fue tirado desde un séptimo piso a un patio interior. Especialmente criticable fue la actitud del diario Abc y de su director Torcuato Luca de Tena creando infundios sobre Enrique Ruano y su falsa gaiidad (que en aquella época era sinónimo de delincuencia) e inventándose la teoría de un presunto quitarse la vida. También hay que resaltar el comportamiento de Manuel Fraga, por aquel entonces ministro de Información y Turismo, que defendió la actuación policial llegando a llamar por teléfono a los padres de Ruano amenazándolos en caso de que siguieran pidiendo explicaciones por la gloria de su descendiente. El mismo Fraga que con la Transición se convirtió en demócrata de toda la vida.

Años después Lola y Javier Sauquillo (amigo de Ruano) entablaron una relación sentimental mientras trabajaban en el mismo despacho de abogados. Javier fue uno de los asesinados en la matanza de los abogados de Atocha de 1977, resultando Lola herida de gravedad de un disparo en la cara del que nunca se recuperó arrastrando graves secuelas físicas y psicológicas hasta que se suicidó por inanición en el año 2015.

Como recuerda el autor entre 1975 y 1982 hubo en España 504 víctimas mortales por la violencia política lo que unido a 2.663 heridos hospitalizados convierte a la Transición española en la segunda más sangrienta de Europa solo por detrás de Rumanía. La democracia llegó gracias al esfuerzo de miles de españoles hoy desaparecidos en el anonimato. Muchos de ellos murieron y sufrieron torturas por un franquismo que se negó a desaparecer. Ellos y ellas fueron los verdaderos protagonistas de la Transición y no los políticos de salón que provenientes del franquismo se colgaron la medalla de la llegada de la libertad.

No se que quieres trayendo una novela a no ser que reconozcas de entrada que lo que dices es mentira.

Sobre el asunto Ruano dos cosas :

- El poner en duda la versión judicial de que se tiró por la ventana es poner en duda que exista HOY ésto en los juzgados de género de Madrid.

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- Y la segunda que refuerza la primera. Ruano era íntimo amigo de PÉREZ RUBALCABA en su época universitaria. Fíjate si éste ha tenido tiempo de enredar y crear la historia que le pareciera, máximo si ha estado la mayor parte de su carrera política relacionado con las Fuerzas de Seguridad.

El resto de la novela ya pertenece a otras épocas más cercanas. Y eso es historia de otro hilo ...
 
Excelente hilo de historia, del que se extraen muchas conclusiones. Quizás la más importante para mí es la justificación de la ley de amnistía de 1977. Gracias a ella los españoles podemos perdonar, que no olvidar, los tremendos hechos ocurridos en el pasado. Leyendo al historiador Cesar Vidal, se pone de manifiesto que los socialistas deberían estar avergonzados de su reciente historia, pues fueron los socialistas y toda la izquierda republicana junto con los separatistas los desencadenantes de la situación prebélica de la guerra civil española. Nadie puede negar su responsabilidad. Su sectarismo llevó a la inseguridad jurídica, hambre, miseria, terror, quema de conventos y los viles asesinatos que se produjeron antes de la guerra civil. Hasta aquí, solo es historia. Historia que no debemos olvidar jamás. Porque la nación que olvida su historia está condenada a repetirla. De ahí que resulte necesario más que nunca mantener la ley de amnistía publicada en 1977. Hay que perdonar. Lo que resulta incomprensible es que sean los socialistas actuales quienes se afanen en cambiar la historia con la ley de la memoria histórica. Y que sea la misma izquierda quien ande levantando heridas con el pasado, cuando deberían avergonzarse de los actos realizados por sus antepasados ideológicos. Todos sabemos que en ambos bandos se cometieron atrocidades. Nadie lo niega. ¿Cuándo enterrará la izquierda su rencor?
 
El "dinero rojo" incautado a los republicanos: "Reclamaré hasta que me muera lo que Franco robó a mi familia"

El bando golpista exigió la entrega de todo el dinero republicano a partir de 1936 y dio a cambio unos recibos que en algunos casos conservan las familias
Reclaman que el Estado les devuelva, con intereses, las cantidades entregadas, de momento sin éxito
El despacho de Baltasar Garzón ha llevado al Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo el caso con la esperanza de que se compense a estos descendientes

El 13 de julio de 1939, tres meses después de terminar la Guerra Civil, Emiliano Rodríguez, vecino de Cabezamesada (Toledo), fue a casa de su hermano. "Trae todo el dinero que tengas", le pidió. Lo colocó junto al suyo propio y al de su padre y se fue al ayuntamiento del pueblo. Allí entregó los tres fajos de billetes a las autoridades franquistas, que le devolvieron sendos recibos a cambio. Guardó el suyo y el de su padre, por valor de 9.000 y 9.500 pesetas, respectivamente. Cuando le dio a su hermano el que le correspondía, éste lo quemó.


El que relata este episodio, ochenta años después, es uno de los descendientes de Emiliano, Roberto Rodríguez, que conserva esos pagarés. Apela al Estado español a que le devuelva las 18.500 pesetas, con intereses acumulados, como se hizo en Alemania con algunos bienes incautados a los judíos o en España con las posesiones de partidos políticos y sindicatos al llegar la democracia. "No pararé de reclamar que me devuelvan el dinero que Franco le robó a mi padre y a mi abuelo hasta que me muera", advierte en una entrevista con eldiario.es en la pensión que regenta en la calle Mayor de Madrid. Y confía en que si él no llega a verlo, sea su hija, jueza, la que tome el relevo en la demanda.

Roberto es uno de los alrededor de mil descendientes que guardan los recibís del dinero republicano con el encabezamiento "fondo papel moneda puesto a circulación por el enemigo", y que esperan aún un resarcimiento del Estado.

(imagen visible para usuarios registrados)Recibo de las 9.000 pesetas entregadas por Emiliano RodríguezCRISTINA POZO GARCÍA
El bando franquista exigió que todo aquel que tuviera dinero republicano lo depositara en instituciones como los ayuntamientos, comandancias militares o entidades bancarias. La cantidad entregada pudo ascender a 35 millones de pesetas. El Banco de España, en cuyo archivo histórico se conserva un libro de registro de estas operaciones, dice no tener un cálculo sobre la equivalencia actual de esta cantidad, que algunas asociaciones elevan a 3.000 millones de euros actuales. No obstante, la moneda republicana durante la guerra estuvo afectada por una gran inflación que complica estos cálculos.

"La gente que tenía ese papel tenía más miedo que otra cosa. Hasta que no han perecid las personas que aparecen en los recibos no hemos podido reclamarlo", explica Laureana Cervera, presidenta de la Asociación de Perjudicados por la Incautación del Gobierno Franquista, donde se agrupan unas 700 familias afectadas. Por ejemplo, el tío de Roberto Rodríguez directamente destruyó el recibo, algo que se repitió en multitud de casos de personas deseosas de romper cualquier vínculo con la antigua legalidad por miedo a la represión.

Según Laureana Cervera la situación fue tan común y generalizada que los recibos se pueden comprar en algunos mercadillos. "Creemos que para poder recuperar el dinero se debe demostrar la relación de parentesco con el expoliado", opina al respecto.

La entrega del "dinero rojo" fue una de las instrucciones del aparato de incautación que puso en marcha el régimen de Franco en plena guerra para ir acabando con la economía de la zona republicana.

"Cuando tienen que optar entre las lógicas económicas y las represivas, al contrario de lo que se pudiera pensar, a menudo optan por las lógicas represivas", relata el decano de la Facultad de Formación de Profesorado y Educación y profesor de Historia Contemporánea de la Universidad Autónoma de Madrid, Manuel Álvaro Dueñas.

Según explica en una conversación con eldiario.es, el decreto de 1936 que dispone la incautación de los bienes de las organizaciones y personas desafectas al franquismo provocó un verdadero caos económico, hasta el punto de que la patronal bancaria y los propios organismos centrales de incautación advirtieron a las autoridades golpistas del perjuicio económico nacional que estaban generando.

Por ejemplo, se intervienen los saldos bancarios en las sucursales de la zona franquista que pertenecían a empresas y particulares en la zona republicana y se aplicó la presunción de culpabilidad. No podía haber movimientos en esas cuentas hasta que todos los titulares demostraran ser afectos al régimen a través de certificados y con testimonios exculpatorios de personas "limpias" que ya hubieran mostrado su adhesión a los golpistas.

En el caso de las empresas, este proceso debían llevarlo a cabo todos los miembros de sus consejos de administración. Llegaron a bloquear cuentas de Siemens, que por otra parte estaba proporcionando armamento al propio bando sublevado, y tuvo que mediar el gobierno alemán de Adolf Hitler para resolverlo.

(imagen visible para usuarios registrados)Los padres de Roberto Rodríguez, que reclama al Estado que le devuelva el dinero que les incautó el franquismo
"Todo el proceso de incautación tuvo un efecto práctico inmediato pero también punitivo: amedrentar, controlar, tocando algo tan básico como las economías familiares. Están tan obsesionados con que no se les escape un desafecto, que generan en ocasiones un verdadero caos económico", incide Manuel Álvaro Dueñas.

En este proceso que se produce tras partirse en dos lo que hasta entonces era un espacio económico único, el bando franquista quiere acabar con el dinero republicano. En un primer momento, utilizan el método del estampillado, es decir, colocan unos sellos en los billetes emitidos por el gobierno legítimo para otorgarles vigencia, tal y como refiere en su obra José Ángel Sánchez Asiaín, citado por Álvaro como referente en la materia. Después, los franquistas directamente reclaman su entrega, a cambio de unos recibos. Son los descendientes de quienes conservaron estos comprobantes los que ahora reclaman su devolución.
 
Demanda ante el Tribunal de Estrasburgo
Una parte de ellos, unos 130, han interpuesto varias demandas ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo, representados por el despacho de abogados de Baltasar Garzón, ILOCAD.

"Es difícil que estimen una pretensión de esta naturaleza", admiten fuentes del despacho. No obstante, han presentado cuatro recursos ante la Corte Europea de Derechos Humanos y tienen otros dos pendientes de registrar una vez que el Tribunal Constitucional español inadmita, previsiblemente, los recursos de amparo que anteriormente llevaron ante esta instancia.

Son los últimos pasos que se están dando en un largo proceso en el que ni el Consejo de Ministros, ni el Congreso, ni los distintos tribunales a los que se ha apelado en España han aceptado las demandas de este colectivo. No niegan la existencia de un daño, pero alegan que solo tenían derecho a reclamar entre el 27 de diciembre de 1978, cuando se aprueba la Constitución, y el mismo día de 1979. Las responsabilidades patrimoniales al Estado se pueden reclamar en el plazo de un año, y se considera que el periodo se inicia al entrar en Democracia, ya que durante la dictadura se entiende la imposibilidad de reclamar. Para el despacho ILOCAD, esta resolución es "arbitraria" y colisiona con el artículo 6 del Convenio de Derechos Humanos.

La Ley de Memoria Histórica como freno a sus demandas
La Ley de 2007 por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura, llamada comúnmente "ley de memoria histórica", paradójicamente cierra la posibilidad de que los particulares recuperen los bienes expoliados, según señala el magistrado José Antonio Martín Pallín y recuerda Manuel Álvaro en el artículo La justicia de Franco. Naturaleza y legitimación de la represión franquista, publicado con motivo del I Congreso de Víctimas del Franquismo, que se celebró en 2012.

Esto es así porque la ley exime de responsabilidad patrimonial al Estado y a cualquier administración pública. "Es decir, se puede obtener un resarcimiento sarracena, pero no reclamar la restitución de los bienes incautados o una compensación económica por su expolio", afirman.

Antes de la aprobación de la ley sí hubo casos conocidos de reclamación de bienes incautados con fortuna, como los de la familia del naviero vasco Ramón de la Sota, cuyos bisnietos recuperaron en 1982 un palacete. Es decir, después del plazo de un año que supuestamente habrían tenido para reclamarlo según las alegaciones dadas por distintos tribunales a los reclamantes del "dinero rojo".

El edificio, que había sido incautado en 1940, fue sede del Gobierno Militar de Vizcaya durante el franquismo y ahora lo es del Athletic de Bilbao.

(imagen visible para usuarios registrados)Palacio de Ibaigane/Google Maps
"Consideramos que la sociedad civil es víctima de un agravio comparativo muy grave con sindicatos y partidos políticos", dice Laureana Cervera. "Si hubiera una justicia honesta, ese dinero ya lo tendría yo, porque aquí se hizo una guerra para robar. Y muchos son millonarios ahora gracias a ese dinero. Hay quien dice que el dinero republicano fue más importante para ganar la guerra que los aviones alemanes", lamenta Roberto Rodríguez, descendiente, sobrino y nieto de miembros del bando perdedor. Asegura que ve una ventana de esperanza para su causa en caso de que el PSOE gobierne con apoyo de Unidas Podemos. "Yo no soy de ningún partido –concluye– Pero me doy cuenta de que ellos quieren poner las cosas en su sitio".
 
El "dinero rojo" incautado a los republicanos: "Reclamaré hasta que me muera lo que Franco robó a mi familia"

El bando golpista exigió la entrega de todo el dinero republicano a partir de 1936 y dio a cambio unos recibos que en algunos casos conservan las familias
Reclaman que el Estado les devuelva, con intereses, las cantidades entregadas, de momento sin éxito
El despacho de Baltasar Garzón ha llevado al Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo el caso con la esperanza de que se compense a estos descendientes

El 13 de julio de 1939, tres meses después de terminar la Guerra Civil, Emiliano Rodríguez, vecino de Cabezamesada (Toledo), fue a casa de su hermano. "Trae todo el dinero que tengas", le pidió. Lo colocó junto al suyo propio y al de su padre y se fue al ayuntamiento del pueblo. Allí entregó los tres fajos de billetes a las autoridades franquistas, que le devolvieron sendos recibos a cambio. Guardó el suyo y el de su padre, por valor de 9.000 y 9.500 pesetas, respectivamente. Cuando le dio a su hermano el que le correspondía, éste lo quemó.


El que relata este episodio, ochenta años después, es uno de los descendientes de Emiliano, Roberto Rodríguez, que conserva esos pagarés. Apela al Estado español a que le devuelva las 18.500 pesetas, con intereses acumulados, como se hizo en Alemania con algunos bienes incautados a los judíos o en España con las posesiones de partidos políticos y sindicatos al llegar la democracia. "No pararé de reclamar que me devuelvan el dinero que Franco le robó a mi padre y a mi abuelo hasta que me muera", advierte en una entrevista con eldiario.es en la pensión que regenta en la calle Mayor de Madrid. Y confía en que si él no llega a verlo, sea su hija, jueza, la que tome el relevo en la demanda.

Roberto es uno de los alrededor de mil descendientes que guardan los recibís del dinero republicano con el encabezamiento "fondo papel moneda puesto a circulación por el enemigo", y que esperan aún un resarcimiento del Estado.

(imagen visible para usuarios registrados)Recibo de las 9.000 pesetas entregadas por Emiliano RodríguezCRISTINA POZO GARCÍA
El bando franquista exigió que todo aquel que tuviera dinero republicano lo depositara en instituciones como los ayuntamientos, comandancias militares o entidades bancarias. La cantidad entregada pudo ascender a 35 millones de pesetas. El Banco de España, en cuyo archivo histórico se conserva un libro de registro de estas operaciones, dice no tener un cálculo sobre la equivalencia actual de esta cantidad, que algunas asociaciones elevan a 3.000 millones de euros actuales. No obstante, la moneda republicana durante la guerra estuvo afectada por una gran inflación que complica estos cálculos.

"La gente que tenía ese papel tenía más miedo que otra cosa. Hasta que no han perecid las personas que aparecen en los recibos no hemos podido reclamarlo", explica Laureana Cervera, presidenta de la Asociación de Perjudicados por la Incautación del Gobierno Franquista, donde se agrupan unas 700 familias afectadas. Por ejemplo, el tío de Roberto Rodríguez directamente destruyó el recibo, algo que se repitió en multitud de casos de personas deseosas de romper cualquier vínculo con la antigua legalidad por miedo a la represión.

Según Laureana Cervera la situación fue tan común y generalizada que los recibos se pueden comprar en algunos mercadillos. "Creemos que para poder recuperar el dinero se debe demostrar la relación de parentesco con el expoliado", opina al respecto.

La entrega del "dinero rojo" fue una de las instrucciones del aparato de incautación que puso en marcha el régimen de Franco en plena guerra para ir acabando con la economía de la zona republicana.

"Cuando tienen que optar entre las lógicas económicas y las represivas, al contrario de lo que se pudiera pensar, a menudo optan por las lógicas represivas", relata el decano de la Facultad de Formación de Profesorado y Educación y profesor de Historia Contemporánea de la Universidad Autónoma de Madrid, Manuel Álvaro Dueñas.

Según explica en una conversación con eldiario.es, el decreto de 1936 que dispone la incautación de los bienes de las organizaciones y personas desafectas al franquismo provocó un verdadero caos económico, hasta el punto de que la patronal bancaria y los propios organismos centrales de incautación advirtieron a las autoridades golpistas del perjuicio económico nacional que estaban generando.

Por ejemplo, se intervienen los saldos bancarios en las sucursales de la zona franquista que pertenecían a empresas y particulares en la zona republicana y se aplicó la presunción de culpabilidad. No podía haber movimientos en esas cuentas hasta que todos los titulares demostraran ser afectos al régimen a través de certificados y con testimonios exculpatorios de personas "limpias" que ya hubieran mostrado su adhesión a los golpistas.

En el caso de las empresas, este proceso debían llevarlo a cabo todos los miembros de sus consejos de administración. Llegaron a bloquear cuentas de Siemens, que por otra parte estaba proporcionando armamento al propio bando sublevado, y tuvo que mediar el gobierno alemán de Adolf Hitler para resolverlo.

(imagen visible para usuarios registrados)Los padres de Roberto Rodríguez, que reclama al Estado que le devuelva el dinero que les incautó el franquismo
"Todo el proceso de incautación tuvo un efecto práctico inmediato pero también punitivo: amedrentar, controlar, tocando algo tan básico como las economías familiares. Están tan obsesionados con que no se les escape un desafecto, que generan en ocasiones un verdadero caos económico", incide Manuel Álvaro Dueñas.

En este proceso que se produce tras partirse en dos lo que hasta entonces era un espacio económico único, el bando franquista quiere acabar con el dinero republicano. En un primer momento, utilizan el método del estampillado, es decir, colocan unos sellos en los billetes emitidos por el gobierno legítimo para otorgarles vigencia, tal y como refiere en su obra José Ángel Sánchez Asiaín, citado por Álvaro como referente en la materia. Después, los franquistas directamente reclaman su entrega, a cambio de unos recibos. Son los descendientes de quienes conservaron estos comprobantes los que ahora reclaman su devolución.

No hay que devolver ni un céntimo, pues considero que la República ya expolió una vez la riqueza del país y lo dejó en una situación muy difícil.

PRIMERO: El dinero republicano no estaba respaldado por las reservas de oro del Banco de España, entonces las cuartas del mundo con unas 707 toneladas. Ese oro y demás metales preciosos fueron gestionados por el entonces Ministro de Hacienda republicano, Juan zainín, en base a un decreto secreto, quien lo empleó en parte en la compra de material de guerra a Rusia y otra parte se destinó a comisiones y gastos diversos. POR TANTO, EL VALOR DE LA PESETA REPUBLICANA ERA CERO, COMO CERO ERA EL ORO QUE LA RESPALDABA. RECLAMACIONES A FERRAZ.

SEGUNDO: En cuanto a las incautaciones llevadas a cabo por el bando nacional durante y después de la guerra, se realizan de igual forma que la República establece en el Decreto de creación de la Caja General de Reparaciones a través de incautaciones a desafectos, tanto personas físicas como jurídicas, llevando a cabo el mayor expolio y saqueo a una nación que se recuerda en la historia resumido en el nombre de un barco: el yate VITA.

Para demostrarlo, aquí está el Decreto de creación de la Caja General de Reparaciones en 25 de septiembre de 1936, apenas iniciada la guerra. El mismo razonamiento que empleó la República es el que emplearon los nacionales, mayor razón aún cuando los republicanos emplearon las incautaciones para llenar barcos de lo incautado para su uso particular en un exilio dorado.

Gaceta de Madrid 25 de septiembre de 1936 nº 269

Nada más legítimo dentro de los principios generales del Derecho de todos los tiempos y países, ni más conforme con las reglas especiales de nuestra legislación penal, que hacer descansar sobre la responsabilidad civil de los incursos en responsabilidad los daños materiales de sus actos.

No es verosímil que basten para enjugar el cuantioso quebranto material que iba a soportar nuestro país los bienes de los incivil responsables del movimiento sedicioso que ha atacado la legalidad constituida de nuestro pueblo. Pero, sin embargo, es bien justo que ellos sean los primeros en soportar el quebranto.

Para que el Estado pueda formalizar en su día la cuenta puntual de los presados daños, para encauzar al propio tiempo los quebrantos que en la población cause la guerra civil desencadenada incivil sobre nuestro pueblo, sobre normas de austeridad indispensables para que en ningún momento la economía nacional se vea privada de los elementos que necesita ahora para sostener la guerra y que necesitará después para la amplia reconstrucción de la economía que se abra al porvenir con los más amplios horizontes, y por otra parte, para proveer de un organismo más sensible que la compleja máquina de la Administración de la Hacienda pública a las infinitas necesidades que la guerra ocasiona en cada localidad, y que no se podrían solventar con la premura que las circunstancias exigen, se crea una Caja general de Reparaciones de Daños y Perjuicios de la guerra, con cargo a las responsabilidades civiles de los partícipes en el movimiento sedicioso.

En virtud de las consideraciones expuestas, el Ministro que suscribe, de acuerdo con el Consejo de Ministros, ha tenido a bien disponer lo siguiente:

Artículo 1.° Se crea una Caja general de Reparaciones de Daños derivados de la guerra civil, con cargo a la responsabilidad civil de los que han tenido participación directa o indirecta con el movimiento rebelde...

Artículo 3.10 Responderán de las obligaciones de la Caja los bienes de las personas incursas en responsabilidad civil a consecuencia de su participación directa o indirecta en el movimiento sedicioso.

Artículo 4. Se constituirá en el Tribunal popular especial que funcione en Madrid para conocer de los delitos de rebelión y sus conexos una Sección especial, de igual constitución a la del Tribunal mismo, encargada de determinar las responsabilidades civiles, haciendo las declaraciones sobre incautaciones definitivas y embargos preventivos o incautaciones provisionales que correspondan.

MANUEL AZAÑA
El Ministro de Hacienda,
Juan zainín López.
 
Última edición:
¿Y qué pasa con las reservas de oro, plata y billetes, por valor de 5.240 millones de pesetas de la época –unos 15.000 millones de euros actualmente, 20.000 millones si se considera su valor numismático-, más el material y dinero incautado a los particulares cuyo importe se desconoce, que fueron sacados del Banco de ESPAÑA en la madrugada del 13 al 14 de septiembre de 1936 por unidades de carabineros, milicianos socialistas y anarquistas por orden de Juan zainín y Manuel Azaña y se fueron para Moscú?

Ese dinero es de todos los Españoles.

¿Porqué no se reclama ante el tribunal europeo?

¿De eso no sabe nada Garzón?
 
y que oro respaldaba a la peseta nancy?

La economía nacional se basaba de manera resumida en :

PRIMERO : - Impuestos y sarracena de pagos.

SEGUNDO :.- Anticipos del Banco de España.

TERCERO : Ayuda exterior ( Italia, Alemania, EEUU, etc ).

CUARTO : Medidas de emergencia entre las que se pueden destacar ...

a. Bloqueo de cuentas:

b. Incautaciones:

QUINTO : Suscripción Nacional

SENS : Control sobre los sueldos de los funcionarios.

SÉPTIMO : Ayuda privada.

OCTAVO : Exportaciones ( wolframio, materias primas )

En resumen, los nacionales hicieron la guerra a crédito; la República al contado ...
 
o sea, nada más que deuda y ayudas.

Así es. La riqueza nacional quedó muy mermada tras la guerra. Sin embargo ocurrieron tres cosas :

1 Alemania perdió la guerra y las deudas se esfumaron.

2 Italia perdió la guerra y la inflación y el cambio monetario hicieron muy fácil el pago, ridículo.

3 Se aprovechó la Guerra Mundial para vender a unos y a otros materias primas entonces estratégicas ( wolframio .p.ejemplo ).

Y entonces ...

"Una vez finalizada la guerra España se encuentra con su reserva de oro a cero y destruida en gran medida pero, al no intervenir en la Segunda Guerra Mundial, aprovecha la ocasión para sacarle partido a ésta circunstancia. En 1.945, al terminar la gran guerra, España contaba nuevamente con oro en el Banco de España, y no poco, tenía 67,4 toneladas. Encontró un pingüe negocio en la venta de wolframio a los países en guerra. Mineral imprescindible en la industria armamentística. Alemania, apenas pagaba en oro, lo hacía con alimentos y productos de primera necesidad, pero Estados Unidos, si. Estalló una pequeña guerra de precios a favor de España. Estados Unidos compraba cuanto wolframio hubiese y pagaba a cualquier precio el wolframio Español para evitar que cayese en manos de Alemania y España producía cada vez más para abastecer a todos. Harto Estados Unidos de pagar el mineral a un precio desorbitado y no conseguir desabastecer a Alemania, no le queda más remedio que amenazar a Franco con no venderle petróleo. También ayudó a reponer el tesoro el hecho de que, debido al aislamiento internacional que sufría España, no tenía a muchos a quien comprar."


Y ahora, ¿ CUÁL ES EL VALOR DE LA PESETA REPUBLICANA ? CERO. O EL QUE QUIERAN DARLE LOS QUE SE LLEVARON EL VITA ...
 
Hoy, algunas de estas piezas, testigos del traslado de bienes durante la República, pueden verse en el Museo Subacuático de Playa del Carmen (México). Son el recuerdo de la salida de bienes en nombre de la República que la Ley de la Memoria Histórica no recoge.

Tesoro cargado en el Vita. Bultos:

1 al 10. Objetos entregados por la Caja de Reparaciones.
11. Depósitos Banco de España de gran valor.
12. Monte de Piedad de Madrid. Gran valor.
13. Monte de Piedad y Depósito Banco de España.
14. Monte de Piedad y Depósito Banco de España, de gran valor.
15. Depósitos Banco de España.
16. Depósitos y una custodia de gran valor.
17. Depósitos Banco de España.
18. Depósitos Banco de España y una custodia Caja de Reparaciones.
19. Depósitos Banco de España y especial de Caja de Reparaciones.
20. Depósitos Banco de España y una custodia de Caja de Reparaciones.
21. Depósitos Banco de España y dos custodias Caja de Reparaciones.
22. Depósitos Banco de España y una custodia Caja de Reparaciones.
23. Depósitos Banco de España.
24. Depósitos Banco de España y una custodia de la Caja de Reparaciones.
25. Objetos religiosos Caja de Reparaciones de excepcional interés.
26. Depósitos Alicante.
27. Depósitos Banco de España.
28. Depósitos Banco de España y objetos religiosos Caja de Reparaciones.
29. Depósitos Banco de España y dos custodias Caja de Reparaciones.
30. Depósitos Banco de España y Castellón.
31. Depósitos Banco de España.
32. Depósitos Banco de España y entregas al Ministerio de Hacienda, de gran valor.
33. Depósitos Banco de España y entregas al Ministerio de Hacienda.
34. Depósitos Banco de España.
35. Depósitos Banco de España y entregas Ministerio de Hacienda.
36. Depósito.
37. Objetos varios.


38. Cajón entrega Generalitat de Cataluña oro amonedado.
El oro de Moscú y México que los socialistas no quieren recordar
(imagen visible para usuarios registrados)
De Izquierda a derecha zainin, Azaña, Indalecio Prieto (con boina) el General Miaja y Valentín González, el campesino.
Ángel A. Vico
27.05.2017 10:00 h.
Parece haber llegado la hora de que las momias se levanten de sus tumbas. Lo exige la izquierda y aun así, Franco no puede ser el único en resucitar del valle de los perecid. El socialismo de Zapatero que se encargó de imponer la Ley de la Memoria Histórica a los 68 años de acabada la Guerra Civil española no tuvo en cuenta que recuperar implica también recordar algunas de las más significativas actuaciones que el socialismo llevó a cabo durante y después de la Guerra Civil española. Hechos que por su inconveniencia política han permanecido poco conocidos durante los últimos cuarenta años de democracia.
El 13 de Septiembre de 1936 Madrid se despertaba con las noticias del intenso bombardeo republicano al Alcázar de Toledo en donde resistía el general Moscardó. Oviedo estaba siendo bombardeada y la artillería cañoneaba Teruel. España llevaba escasos dos meses de "levantamiento militar" mientras el gobierno de la República infravaloraba públicamente el avance de los "nacionales" exigiendo a los ciudadanos resistir hasta la gloria el empuje de los sublevados. Presidia el gobierno, el socialista Largo Caballero quien nombró como ministro de Hacienda al socialista Juan zainín y como ministro de Marina y Aire al socialista Indalecio Prieto, aquel cuyos guardaespaldas asesinaron el 13 de Julio de 1936 al fruta de la derecha Alopécico Sotelo precipitando la Guerra Civil.
Azaña que presidía la República firmó aquella mañana un decreto reservado del que nunca tuvo conocimiento las Cortes por el cual se autorizaba al ministro de Hacienda Juan zainín a extraer de las bóvedas del Banco de España todo el oro, la plata y los billetes allí acumulados y transportarlo al "lugar que estime de más seguridad" (1). ¿Cuál fue el verdadero motivo de aquel traslado? ¿Salvaguardar las reservas de oro, pago a la contribución rusa en la incipiente guerra española cuando aún no había entregado cargamento alguno de armas? ¿O quizás previsión ante la más que probable sospecha de que la República perdería la guerra y había que garantizarse el futuro? Aquel Decreto reservado que jamás conocieron las Cortes facilitó la salida de los bienes.
En la madrugada del 14 de septiembre un grupo de carabineros socialistas y anarquistas acompañados de 50 metalúrgicos y cerrajeros accedió al Banco por la puerta de la calle de Alcalá. Durante días se cargaron en secreto siete mil ochocientas cajas de oro de 75 kg. de peso cada una conteniendo monedas de alto valor numismático y lingotes que fueron trasladadas por tren a Cartagena y custodiadas por la Brigada Motorizada del PSOE.
Del recuento inicial de 7.900 cajas de oro, el 25 de Octubre se embarcan en los buques Kine, Neve y Volgoles con destino al puerto ruso de Odessa 7.800 cajas que certifica Méndez Aspe, director General del Tesoro. Un error, o deliberadamente desaparecen 100 cajas con 7,000 kg. aproximados de oro de 24 Quilates. Nunca se sabrá porque el cargamento no se inventarió. Había prisa por sacarlo de España. Por aquel entonces las reservas de oro españolas eran la cuartas más grandes del mundo.
De aquel tesoro entregado a Stalin nunca hubo ni tan siquiera un recibo que justificase la entrega y zainín durante su exilio se negó a rendir cuentas.
Acompañaron al cargamento de 585.000 kilos cuatro funcionarios (claveros del Banco de España). Arturo Candela, Abelardo Padín, José González y José María Velasco que fueron retenidos por Stalin hasta octubre de 1938 y sólo entonces se les permitió salir para lugares dispersos del extranjero: Estocolmo, Buenos Aires, Washington y México. El embajador español en Moscú, Marcelino Pascua, fue trasladado a París y los funcionarios rusos que participaron en la salida del oro de España tuvieron aún peor suerte; la mayoría fueron cancelados. Es evidente que había interés por ambas partes a la hora de silenciar una salida de bienes injustificable; considerado aún hoy como el mayor traslado de bienes perpetrado al Estado.
Más allá de aquellas 7.800 cajas de oro enviadas a Rusia, las incautaciones de oro, plata, divisas de particulares, Montepíos é instituciones religiosas se institucionalizaron a partir del decreto firmado el 6 de Octubre de 1936 por el presidente Azaña. En él se decretaba que el oro de particulares y corporaciones debía ser entregado al Estado (2).
A partir de entonces comenzaría el mayor de los traslados de bienes culturales que ha sufrido España en guerra alguna. Palacios, Instituciones, Catedrales como la de Toledo vieron desaparecer para siempre algunos de sus tesoros más preciados. Custodias, mantos como el de las ochenta mil perlas de la Virgen del Sagrario de la catedral de Toledo, piezas de gran valor del Museo Arqueológico, cuadros de gran valor de colecciones particulares, fueron incautados con el fin de proteger los bienes culturales ante el avance de los "nacionales" quedando al amparo de la Caja General de Reparaciones.
La realidad terminó siendo bien distinta. Los republicanos convencidos de la derrota que intuyeron a los dos meses de iniciar la guerra reunieron una descomunal fortuna fuera de España con la que garantizarían el futuro. Y todo mientras la población sufría una cruenta e innecesaria Guerra Civil prolongada artificialmente por el bando republicano que provocó el mayor éxodo de nuestra historia.
En febrero de 1939 -faltaban dos meses para el fin de la guerra- el que había sido el yate Giralda del rey Alfonso XIII, adquirido secretamente por zainín en Reino Unido partía del puerto de El Havre (Francia) con destino al puerto de Veracruz ( México). Rebautizado como Vita fue cargado con un inmenso tesoro en oro, piedras preciosas, piezas religiosas; entre ellas uno de los clavos de Cristo, y cuadros de grandes pintores españoles e italianos que a su llegada a México fue hábilmente incautado por Indalecio Prieto -por entonces ya enemistado con el presidente zainín-. Un tesoro de particulares e instituciones que jamás fue devuelto a España.
Prieto, en una audaz maniobra política , digna de un Golpe de Estado, se erige en el único representante oficial del gobierno republicano en el exilio y gracias a su amistad con el presidente mexicano Lázaro Cárdenas, logra hacerse con el cargamento del Vita. En la vivienda anexa que Prieto tiene en la Ciudad de México en la calle de Nuevo León, en el número 64 de la Avenida Michoacán, hoy un restaurante de moda en la Colonia Condesa, ocultaron el preciado cargamento e instalaron un taller en donde desmontaron las piezas con el ánimo de fundirlas. Un primer lote da cuenta de 1.488 kilos de oro de 24K vendido al Banco de México. Parte de la plata se vendió a los EE.UU. y los objetos artísticos, joyas y cuadros a particulares. La leyenda dice que parte de los cuadros formaron la colección de algún que otro expresidente mexicano. Prieto jamás dio cuenta alguna sobre el destino final de aquellos bienes hasta que en 1941 comenzaron a aparecer piezas de aquel tesoro en el fondo de la laguna del volcán del Nevado de Toluca (Estado de México). Se trataba de relicarios, cajas de seguridad en la que aún hoy puede leerse, Montepío de Madrid, restos de cajas de relojes pertenecientes al tesoro del Vita cuyo valor no pareció interesar en su momento a quienes decidieron hundirlo en las frías aguas de la laguna.
 

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