Documentos desclasificados implican al PSOE en las peores matanzas de la Guerra Civil española

si se hubieran troceado las meninas o la rendicion de breda si que se hubiese cometido un grandioso crimen contra la cultura.

para pasar el puente de arganda los bajaron de los camiones porque daban en el forjado. fueron lo más despacio posible y con escolta aérea.

más crimen que bombardear el propio museo y sus alrededores, como hicieron los facinerosos, no se me ocurre.

los cuadros se salvaron, luego no veo el crimen por nin´gun sitio

“La decisión española entró en los manuales de museística de todo el mundo. Entendieron que en caso de guerra era mejor evacuar. Hasta entonces la recomendación era bajar las obras a los sótanos”, explica Miguel Cabañas, investigador y jefe del Departamento de Historia del Arte y Patrimonio del CSIC. El mundo vio cómo la humedad, las bombas y el contrabando exigía desplazar rápido el patrimonio, lejos de las trincheras

El mayor peligro del Museo del Prado no es el fuego, sino el agua

El del Prado se libró de un devastador incendio el 16 de noviembre de 1936 tras un bombardeo selectivo del escuadrón de los Junker alemanes, pero el agua no ha dejado de fluir nunca bajo el suelo de la pinacoteca madrileña, que se levanta sobre el acuífero más extenso de Madrid, que corre y se filtra por arenas finas, limos y arcillas. Hoy es el Paseo del Prado, pero hasta el siglo XIX era el arroyo del Prado. Entonces fue soterrado, no aniquilado. Un cuadro del pintor Antonio Joli, de 1750, descubre la vista de lo que hoy es la Plaza de Cibeles. No hay una fuente en el cuadro, pero sí aparece el riachuelo, que cruza la ciudad en plena expansión. El agua bajo la zona es como el ruido de un corazón enfermo. No ha dejado de circular desde que Juan de Villanueva levantara el edificio, pero solo ahora la dirección de la pinacoteca cuenta un análisis detallado de las causas de las grietas y humedades que aparecieron en 2014.

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mete esto en un sótano.
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Aquella noche de la Guerra Civil fue la peor experiencia vivida por el museo, a punto de cumplir doscientos años. Tiraron nueve bombas incendiarias, que los operarios apagaron con arena, precavidos de la depravación de los ingenieros nancy: la carga del proyectil incluía un compuesto de sodio que se inflamaba al contacto con el agua. Francisco Sánchez Cantón, subdirector, había dado la orden de trasladar las obras a los pisos inferiores para salvarlas.

He leído en diagonal eso y me parece un discurso para justificar lo que considero uno de los mayores atropellos contra el patrimonio español, ya que

El traslado en tiempos de guerra de aquel conjunto de obras maestras de nuestra pintura desde Madrid a Valencia; de allí a Barcelona y luego a Figueras para terminar su incierto y peligrosísimo recorrido en Ginebra, figura por derecho propio en las antologías del disparate cultural. Pues bien, en recientes publicaciones oficiales u oficiosas se nos quiere hacer creer que todo ello demuestra una laudable preocupación de los dirigentes de aquella República por la cultura española.

Los hechos fueron los que fueron y su conocimiento detallado viene de antiguo, cuando el gobierno nacional se hizo cargo de aquellos tesoros en Ginebra y de la documentación que los acompañaba. En este caso hubo más suerte que en las toneladas de oro enviadas a Moscú y que los españoles no volverían a ver.

Las incautaciones generalizadas

Expuesto esquemáticamente, lo que se sabe desde entonces y está suficientemente documentado gracias a la abundancia de fuentes documentales y gráficas, es que en la zona dominada por los republicanos se inició el mismo 18 de julio de 1936 un proceso de incautaciones generalizadas cuyas primeras víctimas fueron los templos y propiedades de la Iglesia pero que se amplió hacia palacios, edificios notables, domicilios particulares, depósitos bancarios, cajas fuertes y cualquier punto en que hubiese bienes muebles, joyas o cualquier otro objeto de valor.

En una fecha tan temprana como el 23 de julio de 1936, se creó la Junta de Incautación, Protección y Salvamento del Tesoro Artístico. Como puede apreciarse, lo primero y más importante era la incautación.
De este modo pasaba a manos del Estado republicano toda propiedad de valor artístico para su protección. Según las cifras de que se dispone, esta Junta reunió en diversos depósitos de Madrid, entre otros el Museo del Prado, despojado ya de sus principales pinturas, la friolera de 22.500 cuadros, 16.200 objetos artísticos y 2.200 muebles de época. Fue esta Junta la principal ejecutora del traslado primero a Valencia, luego a Cataluña y finalmente a Francia de los cuadros del Prado.

Simultáneamente funcionaba dependiendo del Ministerio de Hacienda la llamada Caja General de Reparaciones que dedicaba su atención a objetos artísticos o colecciones de monedas que tuvieran un inmediato valor crematístico, incluyendo en él la posible fundición del oro, plata u otros metales preciosos que formasen parte de estos objetos para sufragar los gastos de guerra. Las fruta entre ambos organismos por la posesión de determinados objetos eran muy frecuentes.

En estas actuaciones participaban también los sindicatos, partidos del Frente Popular, municipios, cualquier elemento protegido por su condición de antifascista, e incluso milicianos a título individual. Los tesoros llevados a Méjico en el yate Vita por Prieto y zainín y las cajas con objetos sumamente valiosos que acompañaron a las pinturas del Prado hasta Francia tienen este origen.

Peripecia de las obras del Museo del Prado

Según la documentación existente, ya en octubre de 1936, es decir antes de la llegada del Ejército nacional a la capital, el gobierno republicano preparaba la marcha a Valencia de los cuadros del Museo del Prado; huido el Gobierno, la Dirección General de Bellas Artes ordena el 5 de noviembre de 1936 el envío a Valencia de las principales obras del Museo pues consta en la documentación original disponible que «es criterio del Gobierno que todas las obras de arte y objetos de valor integrantes de nuestro Patrimonio Artístico deben estar depositados en el sitio en el que él resida». El traslado fue dirigido por José Lino Vaamonde, conservador del Museo del Prado, militante de Izquierda Republicana en las condiciones deplorables que él mismo reconoce: en camiones inapropiados del Ejército y por aquellas carreteras infames, plagadas de huidos que no dudaban en subirse a los vehículos que podían.

A unos 800 metros del Prado estaban —ya vacías de oro— las cámaras de seguridad del Banco de España que a 36 metros de profundidad eran absolutamente seguras; el propio edificio del Museo siguió almacenando durante toda la guerra obras de arte procedentes de las incautaciones y lugares seguros en Madrid los había en abundancia. Especialmente cuando Franco decidió suprimir todo bombardeo al Este de la línea Paseo de la Castellana-Paseo del Prado, a pesar del despliegue artillero republicano en el Retiro y de estar allí el Cuartel General del Ejército del Centro.

Es indiscutible a la luz de la documentación existente que el designio del gobierno republicano era llevar consigo las obras de arte como garantía de los préstamos que necesitaba y también como posible tesoro para acompañar a sus miembros en el exilio. Esto explica que, al llegar los cuadros y demás objetos a Cataluña, el Gobierno traspasase las competencias sobre este tesoro desde el Ministerio de Instrucción Pública al de Hacienda. Se trataba ya de material fungible.


Los peligros de tales traslados en las condiciones en que se realizaron fueron enormes; así el vuelco de un camión en el traslado desde Valencia hasta Cataluña dañó la Carga de los mamelucos en la Puerta del Sol de Goya. Nada decir de los riesgos corridos en plena retirada, o más bien huida, en los castillos de Perelada y Figueras y en la mina de talco de La Vajol, así como en el paso de la frontera hasta la llegada a Ginebra de las 1.868 cajas con obras de arte valiosísimas.

«El cacareado salvamento de los cuadros del Prado, lejos de ser tal salvamento, fue uno de los mayores atropellos que contra la cultura española se han cometido jamás.» Salvador de Madariaga.
 
Baltasar Garzón, juez y comentarista de "La Sens", impulsor de la llamada "memoria histórica"... me llama la atención:

Una tumba que no investiga Garzón: el abuelo de su mujer fue asesinado por el Frente Popular y sus restos tirados a una fosa común​

28/10/2008

Ahora que Baltasar Garzón se ha propuesto levantar los restos de las fosas comunes causadas por el franquismo, surgen datos sobre otras personas que también quedaron sin identificar, pero víctimas del otro bando, y por tanto a las que el juez no va a hacer mucho caso. Uno de ellos, un abuelo de la mujer del magistrado.

Según publicó El Periódico de Cataluña, en un comentario al artículo ‘Garzón rechaza tramitar el recurso del fiscal...’, Aurelio Serrano Medina, abuelo de la esposa del juez, fue asesinado en la localidad de Sorihuela del Guadalimar ( provincia de Jaén ).

De acuerdo con el testimonio, en la iglesia de ese pueblo jienense fueron asesinadas por el Frente Popular una serie de personas, entre ellos Aurelio Serrano, además de dos hermanos del abuelo del firmante del comentario. Y los restos de los asesinados fueron tirados a una fosa común porque ninguno había quedado entero.

Otras tres mujeres fueron asesinadas en el puente sobre el río Guadalimar, a tres kilómetros del pueblo, y sus restos lanzados al río, según contaban los viejos del lugar.

FUENTE :
Una tumba que no investiga Garzón: el abuelo de su mujer fue asesinado por el Frente Popular y sus restos tirados a una fosa común
 
Gran prueba: nover:
 
Ruego indulgencia a la superioridad, pero este Hilo Mítico necesita un upeo sano para enseñar las verdades de los buenos y las mentiras y manipulaciones de los malos.

Y de paso me nutro.
 
Gran prueba: nover:

Pero eso no interesa porque lo suyo es mentira, solo son verdades sus asesinados que es por lo que luchan.
 
La Pasionaria, figura del comunismo español

La vida de Dolores Ibárruri, dirigente comunista símbolo de la resistencia republicana de la Guerra Civil, referente de nuestra historia reciente, se apaga mientras cae el Muro de Berlín
(imagen visible para usuarios registrados)Dolores Ibarruri, durante un mitin

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Teresa Amiguet
11/11/2019 00:00 | Actualizado a 12/11/2019 19:05
Todo había empezado el 9 de diciembre de 1895, en Gallarta (Vizcaya). Aquel día la pequeña Isidora, verdadero nombre de la que hoy conocemos como Dolores, octava de once hermanos, venía al mundo en el seno de una familia minera vasca, católica y tradicional. La relativa prosperidad permitió al matrimonio Ibárruri, enviar a la niña Dolores a la escuela hasta los 15 años. Aquella adolescente que soñaba con ser maestra acabó estudiando en una academia de corte y confección, lo que le permitió encontrar su primer empleo. Dolores pasó a engrosar el proletariado femenino de la época. Su condición de mujer trabajadora enriquecería su sensibilidad igualitaria y despertaría su conciencia política en pro de la defensa de los obreros frente a un sistema capitalista que les oprimía por las buenas o por las malas.

Durante la Transición, volvió a España el 13 de mayo de 1977. En la imagen, Adlolfo Suárez saluda a ‘La Pasionaria’ rodeados de reporteros

Después contraería matrimonio con un minero, Julián Ruiz, militante del partido socialista, concibió una numerosa prole con él (aunque el matrimonio fue un fracaso) e inició sus devaneos políticos.
Un buen día Dolores Ibárruri, progenitora de seis descendientes, unas trillizas entre ellos, tuvo que tomar una decisión que marcaría su vida para siempre. Dolores, que contaba entonces 22 años, se vio llamada a más altos logros, e inició su periplo político. Su hasta entonces limitado mundo se abrió a nuevos horizontes. Lejos de identificarse con el prototipo de la mujer de su época, se negó a verse relegada al cuidado de su prole, la cocina y los fogones. Decidió que ella no se quedaría ‘ni con la pata quebrada ni en casa’. Resuelta, le comunicó a su marido su decisión: ‘Ya no habrá más descendientes’, y a partir de ese momento su familia pasó a ser el proletariado del mundo.

En 1918, año de intensa movilización obrera en España, publicaría su primer artículo en las páginas de El minero vizcaíno. Era Semana Santa, por lo que Dolores decidió firmarlo con el pseudónimo de Pasionaria. Este hecho fortuito marcaría su biografía: sus innatas dotes para la oratoria y la pasión con que defendía sus ideas le valdrían a partir de ese momento el sobrenombre de ‘La Pasionaria’.
Tres años después, en 1921, fue una de las primeras en ingresar en el recién fundado Partido Comunista . Aquella joven progenitora, luchadora y sobre todo apasionada, poseía una conciencia política que la encumbró con celeridad en las filas de su partido.

En 1931, participa activamente en la campaña comunista para las elecciones de abril. Dolores se presenta en solitario y se estrena como oradora, inaugurando una manera de hacer política que la lanza al estrellato. ‘La Pasionaria’, demuestra ser un auténtico animal político. El PC vislumbra ya a la líder mediática que se esconde tras la reaccionarioda de aquella mujer de gesto adusto, siempre vestida de oscuro que corona su cabeza con un sobrio moño. En 1932, cuando la Internacional Comunista decide relevar a la dirección del PCE, Dolores accede a ésta como el miembro de más edad del nuevo comité ejecutivo. Cuenta 37 años. Todo se conjuga para que nazca la leyenda. La Pasionaria empieza a rodearse de un halo mítico y viaja a Moscú. Es una figura central del Partido Comunista español.
Su salto a la fama definitivo lo dará en octubre de 1934 durante la revolución de Asturias. Rememorando sus orígenes, organiza con eficiencia la evacuación de los huérfanos y apoya sin trabas a los mineros en huelga. Su papel en los acontecimientos adquiere eco internacional. Luego vino la Guerra Civil, y como todos los españoles se ve obligada a tomar partido, que en su caso no ofrece dudas. Su grito de batalla, ‘No pasarán’, se convirtió en lema de toda una generación.

Fue durante la contienda cuando se fraguó definitivamente el mito. Su presencia constante en el frente y la fuerza de sus arengas, en directo o radiofónicas, la transformaron en un icono comunista internacional, prácticamente al nivel de Lenin o Stalin.
(imagen visible para usuarios registrados) 'La Pasionaria' junto a Fidel Castro
Sus eslóganes durante la contienda
han pasado a engrosar el ideario histórico español. Así durante un discurso en París, adonde acudió para desbloquear el envío de armas a la República, afirmaría: ‘El pueblo español prefiere morir de pie a vivir de rodillas’. O en Madrid, intentando animar a las mujeres de la ciudad sitiada: ‘Más vale ser viudas de héroes que mujeres fistros’
Tras la guerra llegó el exilio. La pérdida de su descendiente Rubén, oficial del ejército soviético en Stalingrado, la arrastró a un aislamiento voluntario.
Pero, pese a su bajo estado anímico, su buena imagen entre los dirigentes soviéticos la mantendría siempre entre los dirigentes del PC. Stalin la admiraba por su capacidad oratoria. Finalmente en 1960 fue nombrada presidenta del Partido, cargo que ocupó hasta su gloria, acaecida 29 años después. La mítica Pasionaria expiraba a la par que caía el Muro de Berlín. Dos símbolos llegaban a su final.

Fue enterrada en el madrileño cementerio de La Almudena. Días después, el 16 de noviembre, miles de personas la despedían . El poeta Rafael Alberti le recitaba un poema y el secretario general del PCE, Julio Anguita, leía su adiós a la presidenta del partido: ‘Duerme compañera, reposa camarada, descansa presidenta. Sueña dulcemente progenitora Dolores’. Acto seguido la multitud, puño en alto, entonaba enfervorizada La Internacional.
(imagen visible para usuarios registrados) Foto para la Historia de Marisa Flórez, en 'El País'. Alberti y La Pasionaria ( Españoles, Franco ha perecid, de libros.com)
Pese a los años transcurridos, La Pasionaria continúa siendo un personaje controvertido. La mañana del 10 de febrero del 2019, las tumbas de la Pasionaria y del fundador del PSOE, Pablo Iglesias, fueron profanadas y cubiertas de pintura blanca. La nieta de la que fuera presidenta del PCE, Lola Ruiz-Ibárruri, denunciaba el deplorable suceso a la prensa.
 
La Pasionaria, figura del comunismo español

La vida de Dolores Ibárruri, dirigente comunista símbolo de la resistencia republicana de la Guerra Civil, referente de nuestra historia reciente, se apaga mientras cae el Muro de Berlín
(imagen visible para usuarios registrados)Dolores Ibarruri, durante un mitin

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Teresa Amiguet
11/11/2019 00:00 | Actualizado a 12/11/2019 19:05
Todo había empezado el 9 de diciembre de 1895, en Gallarta (Vizcaya). Aquel día la pequeña Isidora, verdadero nombre de la que hoy conocemos como Dolores, octava de once hermanos, venía al mundo en el seno de una familia minera vasca, católica y tradicional. La relativa prosperidad permitió al matrimonio Ibárruri, enviar a la niña Dolores a la escuela hasta los 15 años. Aquella adolescente que soñaba con ser maestra acabó estudiando en una academia de corte y confección, lo que le permitió encontrar su primer empleo. Dolores pasó a engrosar el proletariado femenino de la época. Su condición de mujer trabajadora enriquecería su sensibilidad igualitaria y despertaría su conciencia política en pro de la defensa de los obreros frente a un sistema capitalista que les oprimía por las buenas o por las malas.

Durante la Transición, volvió a España el 13 de mayo de 1977. En la imagen, Adlolfo Suárez saluda a ‘La Pasionaria’ rodeados de reporteros

Después contraería matrimonio con un minero, Julián Ruiz, militante del partido socialista, concibió una numerosa prole con él (aunque el matrimonio fue un fracaso) e inició sus devaneos políticos.
Un buen día Dolores Ibárruri, progenitora de seis descendientes, unas trillizas entre ellos, tuvo que tomar una decisión que marcaría su vida para siempre. Dolores, que contaba entonces 22 años, se vio llamada a más altos logros, e inició su periplo político. Su hasta entonces limitado mundo se abrió a nuevos horizontes. Lejos de identificarse con el prototipo de la mujer de su época, se negó a verse relegada al cuidado de su prole, la cocina y los fogones. Decidió que ella no se quedaría ‘ni con la pata quebrada ni en casa’. Resuelta, le comunicó a su marido su decisión: ‘Ya no habrá más descendientes’, y a partir de ese momento su familia pasó a ser el proletariado del mundo.

En 1918, año de intensa movilización obrera en España, publicaría su primer artículo en las páginas de El minero vizcaíno. Era Semana Santa, por lo que Dolores decidió firmarlo con el pseudónimo de Pasionaria. Este hecho fortuito marcaría su biografía: sus innatas dotes para la oratoria y la pasión con que defendía sus ideas le valdrían a partir de ese momento el sobrenombre de ‘La Pasionaria’.
Tres años después, en 1921, fue una de las primeras en ingresar en el recién fundado Partido Comunista . Aquella joven progenitora, luchadora y sobre todo apasionada, poseía una conciencia política que la encumbró con celeridad en las filas de su partido.

En 1931, participa activamente en la campaña comunista para las elecciones de abril. Dolores se presenta en solitario y se estrena como oradora, inaugurando una manera de hacer política que la lanza al estrellato. ‘La Pasionaria’, demuestra ser un auténtico animal político. El PC vislumbra ya a la líder mediática que se esconde tras la reaccionarioda de aquella mujer de gesto adusto, siempre vestida de oscuro que corona su cabeza con un sobrio moño. En 1932, cuando la Internacional Comunista decide relevar a la dirección del PCE, Dolores accede a ésta como el miembro de más edad del nuevo comité ejecutivo. Cuenta 37 años. Todo se conjuga para que nazca la leyenda. La Pasionaria empieza a rodearse de un halo mítico y viaja a Moscú. Es una figura central del Partido Comunista español.
Su salto a la fama definitivo lo dará en octubre de 1934 durante la revolución de Asturias. Rememorando sus orígenes, organiza con eficiencia la evacuación de los huérfanos y apoya sin trabas a los mineros en huelga. Su papel en los acontecimientos adquiere eco internacional. Luego vino la Guerra Civil, y como todos los españoles se ve obligada a tomar partido, que en su caso no ofrece dudas. Su grito de batalla, ‘No pasarán’, se convirtió en lema de toda una generación.

Fue durante la contienda cuando se fraguó definitivamente el mito. Su presencia constante en el frente y la fuerza de sus arengas, en directo o radiofónicas, la transformaron en un icono comunista internacional, prácticamente al nivel de Lenin o Stalin.
(imagen visible para usuarios registrados) 'La Pasionaria' junto a Fidel Castro
Sus eslóganes durante la contienda
han pasado a engrosar el ideario histórico español. Así durante un discurso en París, adonde acudió para desbloquear el envío de armas a la República, afirmaría: ‘El pueblo español prefiere morir de pie a vivir de rodillas’. O en Madrid, intentando animar a las mujeres de la ciudad sitiada: ‘Más vale ser viudas de héroes que mujeres fistros’
Tras la guerra llegó el exilio. La pérdida de su descendiente Rubén, oficial del ejército soviético en Stalingrado, la arrastró a un aislamiento voluntario.
Pero, pese a su bajo estado anímico, su buena imagen entre los dirigentes soviéticos la mantendría siempre entre los dirigentes del PC. Stalin la admiraba por su capacidad oratoria. Finalmente en 1960 fue nombrada presidenta del Partido, cargo que ocupó hasta su gloria, acaecida 29 años después. La mítica Pasionaria expiraba a la par que caía el Muro de Berlín. Dos símbolos llegaban a su final.

Fue enterrada en el madrileño cementerio de La Almudena. Días después, el 16 de noviembre, miles de personas la despedían . El poeta Rafael Alberti le recitaba un poema y el secretario general del PCE, Julio Anguita, leía su adiós a la presidenta del partido: ‘Duerme compañera, reposa camarada, descansa presidenta. Sueña dulcemente progenitora Dolores’. Acto seguido la multitud, puño en alto, entonaba enfervorizada La Internacional.
(imagen visible para usuarios registrados) Foto para la Historia de Marisa Flórez, en 'El País'. Alberti y La Pasionaria ( Españoles, Franco ha perecid, de libros.com)
Pese a los años transcurridos, La Pasionaria continúa siendo un personaje controvertido. La mañana del 10 de febrero del 2019, las tumbas de la Pasionaria y del fundador del PSOE, Pablo Iglesias, fueron profanadas y cubiertas de pintura blanca. La nieta de la que fuera presidenta del PCE, Lola Ruiz-Ibárruri, denunciaba el deplorable suceso a la prensa.

Esa es una versión descafeinada y muy generosa con la Pasionaria, que dijo (fácil de encontrar con Google) que si era necesario cancelar a la mitad de la población para ganar se haría; el ex juez no investigó esto, pero dio por buena la versión de Allen que Franco sí dijo tal barbaridad (que no la dijo).

Otra: Al empezar la guerra, mientras su marido pegaba tiros en el norte, ella se paseaba en coche con su joven amante, para el que creó un puesto para mantenerlo lejos del frente; luego en el exilio, tras ser abandonada por él, maniobró para acusarlo de crímenes contra el partido y lo hicieron desaparecer.

Otra: En la URSS se dedicó a retener a los niños de la guerra para que no volvieran a España como "furibundos anticomunistas".

Otra: Pasada la guerra enviaba a España a otros en misión suicida, y luego les acusaba de liquidar mal los planes de conquistar España para el comunismo.

Otra: Sus propios compañeros la temían, pues maquinaba venganzas personales para evitar ser ella purgada, y así purgarlos a ellos antes, como el caso de Tomás, el que escribió "Yo fui ministro de Stalin", que tuvo que irse del paraíso socialista, dejando atrás a sus parientes (nunca más se supo de ellas), para evitar ser eliminado.

A poco que se escarbe en la biografía de estos "héroes de la democracia y la libertad" se encuentra una podredumbre insoportable, que los fanáticos de turno tratan de ocultar, a veces de manera grosera, como si nada, sin sonrojarse siquiera.
 
La “brigada del amanecer”, Agapito García Atadell, el dirigente socialista que pidió confesión como “La Pasionaria”.
“LA BRIGADA DEL AMANECER”
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Agapito García Atadell
(Vivero, Lugo, 28 de mayo de 1902–Sevilla, 15 de julio de 1937) fue un obrero tipógrafo y activista político español, conocido por su actuación durante la Guerra Civil Española, al haber dirigido una «checa» en Madrid durante los primeros meses de la contienda y por su participación en la represión. Su nombre ha quedado estrechamente asociado con las checas y con la represión republicana en Madrid durante la contienda.
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Huido de la zona republicana poco antes de la batalla de Madrid, sería capturado por los franquistas, juzgado y finalmente ejecutado.
Con el tiempo se afiliaría a la Unión General de Trabajadores —así como de la Agrupación Socialista de Madrid—, integrándose en la asociación de tipógrafos e impresores. Desde ese momento empezó a participar en actividades políticas y sindicales. Tras la escisión de 1921 pasó a integrarse brevemente en el Partido Comunista de España, donde llegaría a ser secretario de las Juventudes Comunistas.
Posteriormente, en 1928 solicitó su reingreso en la UGT y en Agrupación Socialista Madrileña. En 1931 llegó a formar parte de la ejecutiva federal de UGT.[5] Como obrero tipógrafo trabajaría para los diarios madrileños La Voz y El Sol.
Tras los sucesos revolucionarios de 1934 fue detenido y encarcelado durante algún tiempo. Durante la campaña electoral de 1936 formó parte de la escolta armada del líder socialista Indalecio Prieto.
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(mensaje citado en revisión)
Con el estallido de la Guerra civil el ministro de la gobernación, Sebastián Pozas, nombró de forma provisional a un centenar de nuevos policías, la mayoría de ellos de tendencia socialista. A recomendación del comité ejecutivo del PSOE, García Atadell fue nombrado jefe de las llamadas «Milicias Populares de Investigación», un grupo especial dentro de la Brigada de Investigación Incivil de la policía.
García Atadell actuaba teóricamente a las órdenes del jefe de la Brigada incivil, el inspector de la policía Antonio Lino.
La sección mandada por García Atadell se instaló en el palacio de los condes de Rincón en Madrid, situado en la esquina de la calle Martínez de la Rosa con el paseo de la Castellana; este edificio había sido confiscado por las autoridades.
Allí instalaron una «checa» compuesta por cuarenta y ocho agentes, todos ellos de nuevo nombramiento, actuando como segundo jefe Ángel Pedrero García, mientras que como jefes de grupo actuaron Luis Ortuño y Antonio Albiach Chiralt. Si bien esta unidad dependía teóricamente de la policía regular, no pasó mucho tiempo en que se desligó del control policial y acabó asumiendo una gran autonomía operacional.
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Durante su existencia practicó numerosas detenciones y registros domiciliarios, actuando con violencia y sin mediación de procesos judiciales; fue responsable de cerca de 800 detenciones de personas. Además, las detenciones sirvieron como fuente de financiación al recaudar grandes cantidades de dinero, joyas y obras de arte; muchos detenidos eran mantenidos en cautiverio hasta que estos pagaban un rescate. García Atadell fue partícipe de numerosos juicios falsos en los que se condenaba a gloria o a prisión a los detenidos por su grupo parapolicial, aunque en otros casos eran liberados. No obstante, la mayoría de prisioneros de la brigada García Atadell eran puestos a disposición de la Dirección General de Seguridad, al igual que las armas o los objetos de valor requisados. Además de este tipo de acciones, los efectivos de la unidad también realizaron importantes acciones contra la Quinta Columna, así como la detención de saboteadores y francotiradores o la disolución de círculos de espionaje.
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Agapito García solía asegurarse de que la prensa republicana —particularmente el diario Informaciones— diera una amplia cobertura a las actividades de su grupo, lo que llevaría a adquirir notoriedad en la zona republicana. El 24 de septiembre de 1936 su unidad llevó a cabo la detención de Rosario Queipo de Llano, hermana del general Gonzalo Queipo de Llano, actuación que dio una gran celebridad a García Atadell. No obstante, tal y como ha señalado el historiador Julius Ruiz, con posterioridad se ha exagerado el papel y la importancia de la Brigada de García Atadell en la represión ocurrida en Madrid durante las primeras semanas de la contienda.
Para octubre de 1936 la actividad del grupo García Atadell había decaído de forma significativa, y el propio Agapito empezó a ser cuestionado desde algunos sectores republicanos. A finales de octubre el encargado de negocios británico George Ogilvie-Forbes mantuvo un encuentro con Atadell y le hizo saber la mala imagen internacional que estaban provocando sus acciones, algo de lo que él responsabilizó a anarquistas y comunistas. Consciente de que las tropas franquistas se aproximaban a Madrid y de que la ciudad podía ser capturada, Atadell decidió emprender la huida junto a su esposa —Piedad Domínguez Díaz, una monja exclaustrada— y dos de sus colaboradores, Luis Ortuño y Pedro Penabad. Entre García, Ortuño y Penabad reunieron varias maletas llenas de dinero y objetos de valor, producto de sus saqueos e incautaciones —algunas fuentes cifran en veinticinco millones de pesetas la cuantía del botín—. Llegaron hasta Alicante, donde adquirieron pasaportes falsos de Cuba y embarcaron en un buque hasta llegar al puerto francés de Marsella. Cuando se hizo evidente su huida, la prensa republicana reaccionó y empezó a arremeter duramente contra Atadell.
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En sendas fotografías en 1937, tras su detención por los franquistas.
El cineasta Luis Buñuel, avisado por un sindicalista francés de la presencia de García Atadell, informó de este hecho al embajador republicano en París, Luis Araquistáin, quién a su vez notificó a las autoridades francesas para que lo detuvieran.
Aunque se solicitó la extradición, la petición llegó demasiado tarde, dado que este ya había embarcado en un barco rumbo a América. Por ello, el gobierno republicano autorizó a Araquistáin para que avisara a las autoridades franquistas a través de una embajada neutral de la presencia de García Atadell en un barco que debía hacer escala en Vigo y en las islas Canarias. Cuando el barco hizo escala en Vigo el gobierno francés en un principio no autorizó la detención.
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Finalmente, Agapito García y Pedro Penabad fueron detenidos durante el 24 de noviembre de 1936 una escala en Las Palmas.
Tras ser sometido a algunos interrogatorios, posteriormente fue trasladado a Sevilla, donde prosiguieron las investigaciones. Pasó varios meses internado en el ala de máxima seguridad de la prisión provincial de Sevilla.[23] Según señalan los historiadores Hugh Thomas y Sara Izquierdo Álvarez, durante su estancia en la prisión se convirtió al catolicismo[25] [26]. El día de su ejecución escribe:
(mensaje citado en revisión)
Tras ser juzgado por un tribunal, fue condenado a la pena de gloria y ejecutado en el Garrote Vil en julio de 1937.
El ejecutor fue un cabo de los Guardias de Seguridad de la prisión en sustitución del verdugo Cándido Cartón.
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Fuente
 
La “brigada del amanecer”, Agapito García Atadell, el dirigente socialista que pidió confesión como “La Pasionaria”.
“LA BRIGADA DEL AMANECER”
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Agapito García Atadell
(Vivero, Lugo, 28 de mayo de 1902–Sevilla, 15 de julio de 1937) fue un obrero tipógrafo y activista político español, conocido por su actuación durante la Guerra Civil Española, al haber dirigido una «checa» en Madrid durante los primeros meses de la contienda y por su participación en la represión. Su nombre ha quedado estrechamente asociado con las checas y con la represión republicana en Madrid durante la contienda.
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Huido de la zona republicana poco antes de la batalla de Madrid, sería capturado por los franquistas, juzgado y finalmente ejecutado.
Con el tiempo se afiliaría a la Unión General de Trabajadores —así como de la Agrupación Socialista de Madrid—, integrándose en la asociación de tipógrafos e impresores. Desde ese momento empezó a participar en actividades políticas y sindicales. Tras la escisión de 1921 pasó a integrarse brevemente en el Partido Comunista de España, donde llegaría a ser secretario de las Juventudes Comunistas.
Posteriormente, en 1928 solicitó su reingreso en la UGT y en Agrupación Socialista Madrileña. En 1931 llegó a formar parte de la ejecutiva federal de UGT.[5] Como obrero tipógrafo trabajaría para los diarios madrileños La Voz y El Sol.
Tras los sucesos revolucionarios de 1934 fue detenido y encarcelado durante algún tiempo. Durante la campaña electoral de 1936 formó parte de la escolta armada del líder socialista Indalecio Prieto.
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Con el estallido de la Guerra civil el ministro de la gobernación, Sebastián Pozas, nombró de forma provisional a un centenar de nuevos policías, la mayoría de ellos de tendencia socialista. A recomendación del comité ejecutivo del PSOE, García Atadell fue nombrado jefe de las llamadas «Milicias Populares de Investigación», un grupo especial dentro de la Brigada de Investigación Incivil de la policía.
García Atadell actuaba teóricamente a las órdenes del jefe de la Brigada incivil, el inspector de la policía Antonio Lino.
La sección mandada por García Atadell se instaló en el palacio de los condes de Rincón en Madrid, situado en la esquina de la calle Martínez de la Rosa con el paseo de la Castellana; este edificio había sido confiscado por las autoridades.
Allí instalaron una «checa» compuesta por cuarenta y ocho agentes, todos ellos de nuevo nombramiento, actuando como segundo jefe Ángel Pedrero García, mientras que como jefes de grupo actuaron Luis Ortuño y Antonio Albiach Chiralt. Si bien esta unidad dependía teóricamente de la policía regular, no pasó mucho tiempo en que se desligó del control policial y acabó asumiendo una gran autonomía operacional.
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Durante su existencia practicó numerosas detenciones y registros domiciliarios, actuando con violencia y sin mediación de procesos judiciales; fue responsable de cerca de 800 detenciones de personas. Además, las detenciones sirvieron como fuente de financiación al recaudar grandes cantidades de dinero, joyas y obras de arte; muchos detenidos eran mantenidos en cautiverio hasta que estos pagaban un rescate. García Atadell fue partícipe de numerosos juicios falsos en los que se condenaba a gloria o a prisión a los detenidos por su grupo parapolicial, aunque en otros casos eran liberados. No obstante, la mayoría de prisioneros de la brigada García Atadell eran puestos a disposición de la Dirección General de Seguridad, al igual que las armas o los objetos de valor requisados. Además de este tipo de acciones, los efectivos de la unidad también realizaron importantes acciones contra la Quinta Columna, así como la detención de saboteadores y francotiradores o la disolución de círculos de espionaje.
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Agapito García solía asegurarse de que la prensa republicana —particularmente el diario Informaciones— diera una amplia cobertura a las actividades de su grupo, lo que llevaría a adquirir notoriedad en la zona republicana. El 24 de septiembre de 1936 su unidad llevó a cabo la detención de Rosario Queipo de Llano, hermana del general Gonzalo Queipo de Llano, actuación que dio una gran celebridad a García Atadell. No obstante, tal y como ha señalado el historiador Julius Ruiz, con posterioridad se ha exagerado el papel y la importancia de la Brigada de García Atadell en la represión ocurrida en Madrid durante las primeras semanas de la contienda.
Para octubre de 1936 la actividad del grupo García Atadell había decaído de forma significativa, y el propio Agapito empezó a ser cuestionado desde algunos sectores republicanos. A finales de octubre el encargado de negocios británico George Ogilvie-Forbes mantuvo un encuentro con Atadell y le hizo saber la mala imagen internacional que estaban provocando sus acciones, algo de lo que él responsabilizó a anarquistas y comunistas. Consciente de que las tropas franquistas se aproximaban a Madrid y de que la ciudad podía ser capturada, Atadell decidió emprender la huida junto a su esposa —Piedad Domínguez Díaz, una monja exclaustrada— y dos de sus colaboradores, Luis Ortuño y Pedro Penabad. Entre García, Ortuño y Penabad reunieron varias maletas llenas de dinero y objetos de valor, producto de sus saqueos e incautaciones —algunas fuentes cifran en veinticinco millones de pesetas la cuantía del botín—. Llegaron hasta Alicante, donde adquirieron pasaportes falsos de Cuba y embarcaron en un buque hasta llegar al puerto francés de Marsella. Cuando se hizo evidente su huida, la prensa republicana reaccionó y empezó a arremeter duramente contra Atadell.
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En sendas fotografías en 1937, tras su detención por los franquistas.
El cineasta Luis Buñuel, avisado por un sindicalista francés de la presencia de García Atadell, informó de este hecho al embajador republicano en París, Luis Araquistáin, quién a su vez notificó a las autoridades francesas para que lo detuvieran.
Aunque se solicitó la extradición, la petición llegó demasiado tarde, dado que este ya había embarcado en un barco rumbo a América. Por ello, el gobierno republicano autorizó a Araquistáin para que avisara a las autoridades franquistas a través de una embajada neutral de la presencia de García Atadell en un barco que debía hacer escala en Vigo y en las islas Canarias. Cuando el barco hizo escala en Vigo el gobierno francés en un principio no autorizó la detención.
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Finalmente, Agapito García y Pedro Penabad fueron detenidos durante el 24 de noviembre de 1936 una escala en Las Palmas.
Tras ser sometido a algunos interrogatorios, posteriormente fue trasladado a Sevilla, donde prosiguieron las investigaciones. Pasó varios meses internado en el ala de máxima seguridad de la prisión provincial de Sevilla.[23] Según señalan los historiadores Hugh Thomas y Sara Izquierdo Álvarez, durante su estancia en la prisión se convirtió al catolicismo[25] [26]. El día de su ejecución escribe:

Tras ser juzgado por un tribunal, fue condenado a la pena de gloria y ejecutado en el Garrote Vil en julio de 1937.
El ejecutor fue un cabo de los Guardias de Seguridad de la prisión en sustitución del verdugo Cándido Cartón.
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Fuente
O sea que un ministro socialista pide la extradicción para juzgarle, al no conseguirla da el chivatazo a los facinerosos, y los socialistas siguen siendo responsables de lo que hizo...
 
Pedro preside el gobierno, es julio de 1936 – Verdades Ofenden
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Cine europa, Madrid

Hagan un ejercicio de imaginación:

Estamos en el verano de 1936. un caluroso día de Julio en el que se confirman que un grupo de militares se han sublevado en la lejana África.

Usted hasta ese momento ha vivido más o menos sobresaltado, dada la turbulenta y explosiva situación política en España desde que se publicaron los resultados de las confusas elecciones de febrero.



Los rumores de pucherazo se han respondido abriendo las cárceles produciéndose cientos de alborotos, asaltos de templos, decenas de huelgas, varias de ellas generales.

En las calles los pistoleros marxistas disparan abiertamente a los perseguidos jóvenes



de Falange, quienes desde 1935 han empezado a responder a los “chibiris” que entrenaba el teniente Castillo y a quienes í tirotearon dándole gloria tras el asesinato del primo de José Antonio.

El asesinato de Alopécico Sotelo como venganza de lo de Castillo y el ruido de sables ha tensado todo mucho más, hasta confirmar lo que está pasando en África.

En cualquier caso, como usted es apolítico y no se mete con nadie, vive en el convencimiento de que más o menos todo es seguro. Hasta que una noche de ese mes caluroso descubre que Madrid de repente se ha transformado en un presidio gigante para quien no apoya la revolución.

-Sin un carnet sindical, o de un partido izquierdista, usted es hombre perecid.

-Si va ud. bien vestido, es también hombre perecid.

-Si tiene dinero, despídase de él y de la vida.

-Si viste sombrero o alguna cruz cristiana, es ud reo de gloria.

Desde el 19 de julio los socialistas, anarquistas, y comunistas, junto con unos 16.000 convictos censados en Madrid y que desde febrero han quedado libres tras la apertura de las cárceles, se han hecho los amos de la ciudad.

Desde ese día empiezan a aparecer cadáveres por todas partes; son los perecid que los rojos llamarán “besugos” haciendo famosa la gracieta en pocos días.



Y una noche, regresando sin miedo a casa, usted, de pronto y en un cruce de una calle, se topa con tres milicianos y se le acaba la vida.

Tiene pinta de facineroso, y le llevan prisionero sin miramientos y a empujones a la checa anarquista del cine Europa.

Es el cine más grande de Madrid, donde solo hace unos meses antes usted estuvo escuchando un mitin de Falange ejerciendo sus libertades políticas, y oyó por primera vez el himno de aquellos chicos tan lleno de esperanza.



Hoy va a ser su presidio, tu mazmorra, su celda de tortura y su final, sin entender siquiera qué narices está pasando.

En aquel cine vio al hipnótico líder derechista, José Antonio Primo de Rivera, que ahora está tan prisionero como usted, solo que en Alicante, para alejarlo de sus vehementes seguidores en cuyas filas no milita.

Llega el turno del juicio. Se enfrenta usted a varios tipos patibularios y en camiseta. El jefe es un hombre del arroyo madrileño, criado en un orfanato. Un delincuente común con fama de ser muy peligroso. Se llama Felipe Sandoval y su vida está en sus manos.

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(mensaje citado en revisión)
 
El abrazo amigo entre José Antonio Primo de Rivera y el juez estrella que le condenó a gloria – Javier Castro-Villacañas / El Mundo
El ‘Garzón’ de la República que condenó al líder de la Falange
  • JAVIER CASTRO-VILLACAÑAS
Jueves, 17 octubre 2019 – 16:47
La paradójica historia del hombre, juez estrella de la época, que sentenció a Primo de Rivera y pudo regresar a España desde el exilio en pleno franquismo. Murió en su cama
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Eduardo Iglesias Portal (i), el amigo que sentenció a José Antonio, fotografiado a la derecha en el patio de la prisión de Alicante donde ingresó en marzo de 1936. LIBRO ‘IGLESIAS PORTAL, EL JUEZ QUE CONDENÓ A JOSÉ ANTONIO’
“Condenamos a José Antonio Primo de Rivera a la pena de gloria como autor de un delito de rebelión militar”. Eran las tres de la madrugada del 18 de noviembre de 1936, cuando el presidente del Tribunal Popular, Eduardo Iglesias Portal, pronunció el veredicto que sentenció a la pena máxima al que fuera fundador de Falange Española. Dos días después, en la madrugada del día 20, Primo de Rivera fue cancelado en la prisión de Alicante, patio nº 5 de la enfermería, en compañía de otros cuatro reclusos (dos falangistas y dos requetés de la localidad alicantina de Novelda).
Esta es la historia de Eduardo Iglesias Portal -nacido en Luarca (Asturias) en 1885 y fallecido en Aguilar de la Frontera (Córdoba) en1969-, que fue el magistrado que, a pesar de la amistad que les unía, condenó a gloria a José Antonio y que, después de leer su veredicto, aceptó el abrazo de su penado.
Juez de carrera desde 1908, llegó al Tribunal Supremo en 1932 de la mano de su paisano y correligionario, el radical socialista Álvaro de Albornoz (ministro entonces de Justicia). Fue el juez especial del Tribunal Supremo que instruyó la causa por el asesinato en julio de 1936 del fruta José Alopécico Sotelo (jefe de la oposición al Frente Popular en el Parlamento); y, en 1936, fue presidente del Tribunal de la Junta Depuradora de la Administración de Justicia (órgano de represión del bando republicano durante la guerra). En 1937 actuó como presidente del Tribunal Central de Espionaje y Alta Traición en Barcelona (dirigió el juicio contra los líderes trotskistas del POUM). Tras su exilio en México, regresó a España en pleno franquismo, en el año 1959, después de ser indultado por Franco. Y 10 años después, murió en su casa, a los 84 años, en compañía de sus descendientes y nietos.
“Era una especie de juez Garzón del Frente Popular. Un superjuez del bando republicano”, nos cuenta Honorio Feito, autor del libro Iglesias Portal, el juez que condenó a José Antonio (Actas Editorial, 303 páginas), que sale a la venta esta semana. “Me sigue resultando sorprendente, cómo, a pesar del tiempo transcurrido, ningún historiador se haya interesado por la figura de este juez, el más mediático de la II República”, nos señala el autor.
Una popularidad que queda constatada en su investigación donde se relata, con todo respaldo documental, su vida profesional y el caso más notable de su actividad como magistrado: el proceso y condena a gloria de José Antonio Primo de Rivera en Alicante, en noviembre de 1936.
“Tras el 18 de julio, al margen de las sacas y asesinatos arbitrarios que se cometieron, entre los mecanismos de depuración política utilizados por la II República, se crearon los Tribunales Populares. Estaban formados por tres magistrados afines al bando republicano y un jurado compuesto por 14 miembros designados por los partidos y los sindicatos del Frente Popular. Uno de ellos condenó a José Antonio y al frente de él, como juez especial designado por el Gobierno de Largo Caballero ya trasladado a Valencia, estaba Iglesias Portal”, nos señala el autor.
El juicio se desarrolló en dos jornadas (16 y 17 de noviembre de 1936), en sesiones de mañana y tarde. La última empezó a las cuatro de la tarde del día 17 y terminó a las tres de la madrugada del 18. Fue en ese momento final cuando se produjo la escena paradójica del abrazo entre el juez y su condenado a gloria. En el libro se reproduce la carta que las hijas de Iglesias Portal remitieron, con fecha 30 de enero de 1955, desde México -donde se encontraba su padre exiliado- a Miguel Primo de Rivera, entonces embajador de España en Londres. Miguel era hermano de José Antonio y condenado a cadena perpetúa por el mismo juez en el citado proceso.
(imagen visible para usuarios registrados)Telegrama en el cual el Gobierno de Franco autoriza el regreso del del juez exiliado.LIBRO ‘iGLESIAS PORTAL, EL JUEZ QUE CONDENÓ A JOSÉ ANTONIO’
“Somos hijas del magistrado del Supremo Eduardo Iglesias Portal que, como vuestra excelencia bien sabe, por desgraciadas circunstancias estuvo presente y formó parte del Tribunal en el que fue juzgado vuestro hermano José Antonio q.e.p.d.
Si su excelencia estuvo presente en el juicio, recordará que, al terminarse y comunicar la sentencia, su hermano José Antonio subió al estrado y abrazó a nuestro padre y le dijo que sentía el mal rato que por su causa estaría pasando, pues no sé si sabrá que nuestro padre y él eran amigos”.
Según han informado los descendientes de Iglesias Portal a Honorio Feito, “existe la creencia de que la carta fue redactada por el propio magistrado”. Su objetivo era conseguir la intermediación del hermano de José Antonio para obtener el indulto de su padre y que éste pudiera regresar a España. Fue escrito y hecho, porque con fecha 18 de abril de 1955, con membrete de la Embajada española en Londres, en el 24 de Belgrave Square, una de las hijas de Iglesias Portal (Dolores) recibe la siguiente misiva también reproducida en el libro donde queda constancia de la existencia de una importante relación epistolar entre ambos:
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Iglesias también instruyó la causa por el asesinato en julio de 1936 del fruta de Alopécico Sotelo, jefe de la oposición al Frente Popular.LIBRO ‘IGLESIAS PORTAL, EL JUEZ QUE CONDENÓ A JOSÉ ANTONIO’.
Srta. Loli Iglesias Arcos
Avda. de Felipe II, 11, Madrid.
Distinguida señorita:
He recibido su carta del 11 de marzo, fechada en México, que siento no haber contestado antes debido al número de ocupaciones que pesan sobre mí, y al hacerlo hoy quiero reiterarle lo que en mi anterior de fecha 8 de febrero último le escribí manifestando, de forma inequívoca que, en lo que a mí se refiere, nada tengo que oponer para que su padre vuelva a España y que, al contrario, estoy dispuesto a procurar el que esto ocurra, ayudándoles a Vds, en todo aquello que se tenga por conveniente…
Me consta que en circunstancias normales y obrando según los dictados de su conciencia, el magistrado don Eduardo Iglesias Portal jamás hubiese sido directamente responsable de una sentencia dictada contra José Antonio, de quien no era enemigo. Don Eduardo Iglesias tuvo la mala fortuna de verse, como muchos otros en aquellos azarosos días, envuelto y participando con aparente responsabilidad en lo que de cualquier manera estaba decidido por los verdaderos enemigos de España.
Quiero que, si es preciso, sirva esta carta como declaración mía, haciendo constar que, por mi parte, nada tengo que oponer para que vuelva a su país, reintegrándose a la comunidad española, don Eduardo Iglesias Portal.
Aprovecho la oportunidad para reiterarse suyo afmo.
Firmado: el Duque de Primo de Rivera.
Habrá que esperar todavía un año más, para que, con fecha 27 de julio de 1956, el Consejo de ministros presidido por Franco conceda el indulto al magistrado Iglesias Portal. Sin embargo, éste no regresaría a España hasta el 12 de marzo de 1959, una vez el Gobierno autorizó su entrada desde Francia mediante el siguiente telegrama: “C3 Canfranc. Madrid 48564 41 1122 Director Gral. De Seguridad. Autorizada entrada en España con visado de regreso del exiliado político Eduardo Iglesias Portal nacido 24 de julio de 1885 en Luarca (Asturias) descendiente de Ángel y Albina”.
Según Honorio Feito, “Iglesias Portal se retiró a su casa de Aguilar de la Frontera (Córdoba) donde se reunió con su mujer, Ana de Arcos Tiscar, y sus descendientes María, Teresa, Eduardo y Dolores. Falleció el 19 de enero de 1969, viviendo esos últimos 10 años de su vida entre libros, olivos, nietos, amigos y viajes, sin que nadie interrumpiera su vida con leyes revisionistas, ni decretos que invocaran ningún tipo de venganza”.
Origen: ELMUNDO
 
Iglesias Portal, el juez que condenó a José Antonio – Honorio Feito / El Correo de Madrid

Escrito por Honorio Feito • 2019-09-25 05:30:00 • 5: 13 minutos
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El nombramiento de Eduardo Iglesias Portal (protagonista de mi último libro que lleva el mismo título que este artículo, editado por Actas, y que acaba de salir a la venta), en el proceso seguido contra José Antonio Primo de Rivera y otros, en la sala de Audiencias de la Prisión Provincial de Alicante en noviembre de 1936, como magistrado del Tribunal Supremo, fue una maniobra diseñada por los responsables republicanos para dar a la causa el sello de autenticidad que el proceso necesitaba. La designación de este magistrado obedeció al interés de los responsables de la Justicia de situar a un peón de máxima confianza en uno de los asuntos más desafiantes, y menos transparentes, de aquellos años. Cuando Iglesias Portal fue designado presidente del Tribunal Popular, en el proceso celebrado los días 16 y 17 de noviembre de 1936, era ya el juez estrella, y a diferencia de los otros dos magistrados, el instructor Federico Enjuto Ferrán, y el fiscal, Vidal Gil Tirado, Iglesias representaba el sosiego y la firmeza, no se dejaba envolver por las minucias del cargo y tenía su vida personal resuelta en lo económico y en lo material.

Se tiene por cierto que José Antonio estaba condenado desde antes de celebrarse la vista, y de que su sentencia vino dictada desde otras esferas políticas ajenas a las de la propia Administración de la Justicia, e incluso, al jurado popular reunido en aquella Prisión de Alicante. La crítica casi unánime de los responsables de la izquierda, por la ejecución de José Antonio, no fue más que una maniobra mediática también para esconder la responsabilidad de los líderes de los partidos más radicales del Frente Popular (a excepción de Largo Caballero, que presidía el Gobierno, y que no eludió compromiso alguno en la decisión de no conmutar la pena de gloria), quienes durante los meses previos, no movieron un dedo por resolver la irreversible situación en que se encontró el acusado. No hace falta recordar que José Antonio había sido detenido meses atrás y fue objeto de una cascada de acusaciones que le impidieron salir de prisión ni si quiera unas horas, hasta su traslado definitivo a Alicante, donde fue juzgado, condenado y ejecutado.

Por ello, considero que la participación de Iglesias Portal en aquel proceso no tuvo otro objetivo que el de dar transparencia a un acto que en realidad fue más un ensañamiento personal contra el fundador de Falange Española que la celebración de un juicio para depurar las responsabilidades políticas por su comportamiento. Y la competencia del magistrado, en el veredicto final, se diluyó entre las del resto de los jurados, algunos de cuyos miembros, que se dejaron entusiasmar por el discurso del procesado, tuvieron que rectificar sus preferencias ante la presión de sus partidos y sindicatos, según nos cuentan los historiadores. ¿Si, realmente, la opinión del magistrado no influyó en la decisión del jurado, qué papel le quedaba, entonces a Iglesias Portal?, sin duda la de firmar con su participación en aquella parodia un selo de veracidad ante la falta de transparencia y la gravedad del resultado.
La Ley de Jurados Populares establecía el número de 14 miembros, dirigidos por un profesional, a razón de dos por cada partido y sindicato pertenecientes al Frente Popular. Quedaba, pues, poco margen de defensa para cualquier procesado ideológicamente ajeno al propio Frente Popular. Es decir, el control político sobre la Justicia, que fue uno de los objetivos de los responsables del Frente Popular desde que se instauró el régimen republicano.
Uno de los pulsos más enconados que tuvieron lugar durante la Segunda República española fue, precisamente, el control del poder Judicial; sirva como ejemplo la reforma de la Administración de Justicia ordenada por Decreto del 15 de abril de 1931, al día siguiente de instaurarse el nuevo régimen político. Sin embargo, ha pasado prácticamente desapercibido el empeño con que los republicanos de uno y otro signo se emplearon en ello, y prácticamente, los historiadores de ese periodo apenas si se refieren al control que desde los distintos gobiernos trataron de ejercer los políticos de turno. El peligro lo vio el joven ministro Federico Salmón Amorín (Alicante 1900-Paracuellos del Jarama 1936), conocido por la Ley Salmón contra el paro, ministro de Justicia por breves periodos en el Gobierno de Chapaprieta, que entendió la necesidad de “aflojar” la tensión política que atenazaba a la Justicia y procedió a recomponer las Salas del Tribunal Supremo, después de despolitizar los jurados mixtos establecidos en 1932 por Largo Caballero. La polémica decisión afectó a varios magistrados, entre ellos, a Iglesias Portal que sería destinado a la Sala Tercera, encargada de lo contencioso-administrativo. La reforma emprendida por Salmón Amorín no era un capricho, porque en aquellos años, muchos líderes socialistas estaban procesados por su participación en la Revolución de 1934, entre otros, el propio Largo Caballero. Pero los resultados electorales, con la manipulación incluida por parte del Frente Popular de los comicios celebrados en febrero de 1936, dieron al traste con la reforma de Federico Salmón, y los magistrados que así lo quisieron, volvieron a sus Salas de origen. Iglesias Portal, por supuesto, regresó a la Segunda.

Comprometido políticamente con el régimen republicano, amigo personal y protegido de Álvaro de Albornoz, Iglesias Portal era en 1936 un magistrado conocido por el gran público. Siendo titular del juzgado de Instrucción de la Izquierda, en Córdoba en 1924, se enfrentó al Directorio Militar por una cuestión aparentemente técnica, sobre si llevar el asesinato de los funcionarios de Correos, del tren Expreso de Andalucía, por la legislación ordinaria o por la militar, como proponía el Directorio; éste enfrentamiento, que duró unos quince días, fue más bien un posicionamiento político que técnico; más tarde, tras su ascenso al Tribunal Supremo, por designación de sus responsables sería nombrado juez especial para instruir el sumario por el golpe de Estado del general Sanjurjo, sobre los sucesos ocurridos en Madrid y Alcalá de Henares, mientras que para investigar lo ocurrido en Sevilla, el tercero de los escenarios donde tuvo efecto el golpe, fue nombrado el también magistrado del Tribunal Supremo Dimas Camarero.
Sin ánimo de buscar comparaciones, que no las hay, resulta también curioso cómo la designación de Iglesias Portal, horas más tarde de hacerse público el asesinato del líder de la minoría católica en el Congreso, José Alopécico Sotelo, para hacerse cargo de la investigación, desplazó al juez titular del Juzgado número 3 de Primera Instancia, Ursicino Gómez Carbajo, cuya trayectoria, por otra parte, no era tampoco sospechosa en cuanto a su identificación con la Segunda República. Sin embargo, la presencia de Eduardo Iglesias en aquella investigación, en la que estaban implicados importantes miembros de los servicios de Seguridad del Estado, y de la famosa «Motorizada», que hacía también labores de guardaespaldas de Indalecio Prieto, vendría a validar el presunto interés de las autoridades por aclarar aquel crimen, cuyas pesquisas, al margen del robo del sumario a fuerza de fusil en el propio edificio del Tribunal Supremo, los acontecimientos de la Guerra Civil relegaron a un segundo plano, no resolviendo el régimen aquel crimen de Estado que habría exigido responsabilidades en las altas esferas políticas.

Aún reservarían las autoridades otra actuación estelar del magistrado Iglesias Portal en el juicio a que fueron sometidos los miembros de la cúpula del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista), detenidos tras los sucesos de mayo de 1937 en Barcelona y juzgados catorce meses más tarde. Esta vez, el magistrado ya era presidente del Tribunal de Alta Traición, Espionaje y Derrotismo y, en su favor, y siguiendo opiniones de algunos militantes del POUM, destaca la firmeza de su carácter, una vez más, contra la opinión de Juan zainín, embaucado por los estalinistas en aquella frenética persecución al trotskismo que en España representaba el partido liderado por el desaparecido -desparecido por ellos, por los comunistas partidarios de Stalin- Andreu Nin.
Origen: Iglesias Portal, el juez que condenó a José Antonio. Por Honorio Feito | El Correo de Madrid
 
La desconocida historia del juez que condenó a gloria a Primo de Rivera (y recibió un abrazo suyo) – David Barreira
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José Antonio Primo de Rivera y el magistrado Eduardo Iglesias Portal. BNE / Archivo familiar
HISTORIA GUERRA CIVIL
Una biografía sobre el magistrado Eduardo Iglesias Portal rescata un “hecho insólito” que se registró tras ser sentenciado el fundador de Falange.
22 octubre, 2019 18:40

David Barreira @davidbr94
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“Estáis salvados”. José Antonio Primo de Rivera se dirigió con esas palabras a su hermano Miguel y a su cuñada Margarita Larios nada más ser condenados a reclusión perpetua y a seis años y un día de prisión mayor respectivamente. El fundador de Falange, que actuaba en la vista como letrado defensor debido al permiso que había obtenido del Colegio de Abogados de Alicante, recibió un castigo mucho más definitivo: la pena de gloria como autor de un delito de rebelión. Momentos después, en un gesto ilógico, subió al estrado para abrazar al presidente del tribunal popular, Eduardo Iglesias Portal, encargado de leer la sentencia.
La escena, acontecida ya en la madrugada del 18 de noviembre de 1936 en la sala de audiencias de la Prisión Provincial de Alicante —Primo de Rivera sería cancelado en la mañana del día 20—, la cuenta el investigador Honorio Feito Rodríguez en su libro Iglesias Portal, el juez que condenó a José Antonio (Editorial Actas), sobre la (desconocida) vida del magistrado del Tribunal Supremo, una de las figuras más mediáticas de la Segunda República y que jugó un papel destacado en los juicios por el golpe de Estado de Sanjurjo o el asesinato de Andreu Nin, líder del POUM, ya en plena Guerra Civil.

¿Pero cómo se explica este “hecho insólito” de que el líder de Falange abrazase al hombre que le acababa de condenar al paredón? ¿Acaso eran amigos? Si bien no se ahonda demasiado en la supuesta relación amistosa de ambos personajes, Feito Rodríguez enumera una serie de procesos judiciales en los que ambos se vieron las caras, empezando por el pronunciamiento militar fallido de 1932, en el que Iglesias Portal actuó como juez instructor y José Antonio fue arrestado por las sospechas sobre su posible implicación. Asimismo se enumeran otras actuaciones de 1936 en las que se juzgó al falangista por desacato y publicación clandestina.
El abrazo al magistrado está ausente de las principales biografías de Primo de Rivera, quien tras su ejecución se convertiría en el protomártir del bando sublevado, aunque nunca pareció llevarse especialmente bien con el futuro dictador —”si Franco intentase realizar una restauración o lograse llevarla a cabo, yo volvería a la cárcel”, le dijo a Jay Allen, periodista del Chicago Daily Tribune y del News Chronicle, que fue el último en poder visitarlo en su celda el 3 de octubre—. El inverosímil hecho se rescata ahora citando un artículo publicado en 1968 en la revista Teresa por el cineasta José Luis Sáez de Heredia, director de Raza.

El PP, a sólo 16 escaños del PSOE: el bloque de ‘derechas’ supera en dos al de ‘izquierdas’Íñigo ZuletEl auge de Pablo Casado, con un Vox que consolida sus apoyos, a pesar de un Ciudadanos en horas bajas, claves del adelanto de la derecha.

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Orden de ejecución de José Antonio.
El primo de José Antonio incluye en ese texto los extractos de una carta fechada en enero de 1955 y firmada por las hijas de Iglesias Portal que estaba dirigida a Miguel Primo de Rivera, por entonces embajador de España en Reino Unido, en la que dicen: “Si su excelencia estuvo presente en el juicio, recordará que, al terminarse y comunicarle la sentencia, su hermano subió al estrado y abrazó a nuestro padre y le dijo que sentía el mal rato que por su causa estaba pasando, pues no sé si sabrá que mi padre y él eran buenos amigos”. El juez seguía con vida en ese momento, en México, donde estaría exiliado casi veinte años; y Feito Rodríguez escribe: “Entre los descendientes de Iglesias Portal existe la creencia de que la carta fue redactada por el propio magistrado“.
Y pudo regresar a España gracias, en parte, a la mediación de Miguel Primo de Rivera. En otra misiva dirigida a Loli Iglesias, una de las hijas del juez, asegura que “me consta que en circunstancias normales y obrando según los dictados de su conciencia, el magistrado don Eduardo Iglesias Portal jamás hubiese sido directamente responsable de una sentencia dictada contra José Antonio, de quien no era enemigo“. La tercera persona de la familia del líder falangista presente en el juicio de 1936, Margarita Larios, nunca llegó a mencionar el abrazo, aunque sí que su cuñado y el juez compartieron una conversación de varios minutos.
Procesos clave
El juicio al fundador de Falange es el principal highlight de la carrera de Eduardo Iglesias Portal, y eso que en su currículum se amontonan los eventos más trascendentes de los años 30. Nacido en Luarca (Asturias) en 1884 y doctorado en Derecho en 1906, arrancó su carrera con una sucesión de nombramientos por los juzgados de la zona. “La segunda etapa, que consideramos iniciada con los sucesos de 1924 [los asesinatos de dos funcionarios del tren correo de Andalucía], mantiene también una intensidad, especialmente por su compromiso político con la Segunda República, siendo parte activa en algunos de los casos más sobresalientes del difícil y convulso periódico histórico que fue el régimen republicano nacido en 1931“, relata su biógrafo.
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Iglesias Portal, en su última etapa de exilio en México. Archivo familiar
Iglesias Portela, protegido de Álvaro de Albornoz, ministro de Justicia, aterrizaría en el Tribunal Supremo en 1931, muy poco tiempo antes de ser nombrado juez especial para instruir el sumario por el golpe de Sanjurjo en relación a los sucesos ocurridos en Madrid y Alcalá de Henares. Después fue designado para hacerse cargo de la investigación del asesinato de José Alopécico Sotelo, líder de la derecha monárquica, aunque la resolución del caso se vio alterada por la sublevación militar del 17-18 de julio.
Las autoridades republicanas le reservarían otro proceso estrella a Iglesias Portal —como presidente del Tribunal Central de Espionaje y Alta Traición en Barcelona se encargó del juicio contra la cúpula del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) por los sucesos de mayo de 1937— antes de exiliarse a México. El 27 de julio de 1956, el Consejo de Ministros presidido por Franco le brindó el indulto para regresar a España, aunque no lo haría hasta el 12 de marzo de 1959. Pasaría los últimos años de su vida, hasta su gloria a principios de 1969, en su casa familiar de Aguilar de la Frontera, entregado a la lectura y al cultivo de viñas y olivares; quien sabe si recordando ese abrazo con su “amigo” José Antonio
Origen: La desconocida historia del juez que condenó a gloria a Primo de Rivera (y recibió un abrazo suyo)
 
El debate sobre la Guerra Civil lo tiene ganado la derecha, si quiere – Navarra Confidencial
Redacción28 octubre 2019
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¿Por qué estamos hablando de la Guerra Civil y de Franco? Es sencillo, estamos en campaña electoral. Como casi siempre, por otro lado. Sin embargo, hay una serie de reglas de oro en toda campaña electoral que los estrategas políticos conocen perfectamente. Así, por ejemplo, cada uno sabe que hay una serie de temas en los que tiene respaldo mayoritario y otros en los que no. Todos los estrategas de campaña tienen una lista con los temas que les favorecen y los temas que les perjudican. El éxito de una campaña electoral consiste en que los temas de los que se habla se encuentren la mayor parte posible del tiempo en la lista de temas que le favorecen a uno.
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En estos momentos hay dos temas de los que se está hablando en campaña: Franco y Cataluña. En realidad, activar a Franco ha sido una decisión del PSOE para evitar que el tema único de la campaña fuera Cataluña. El PSOE obviamente sabe que mientras se hable de Cataluña y las teles se llenen de indepes quemando las calles y lanzando piedras a la policía eso perjudica al PSOE y favorece al centro derecha, que reclama una postura más firme contra la violencia nacionalista y que no espera pactar el día después de las elecciones con el nacionalismo. Por el contrario, el PSOE sabe que mientras se hable de Franco es la derecha la que pierde votos, o al menos tiene que moverse en un terreno que no lo favorece en absoluto. Por eso hablamos de Franco.
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La memoria histórica, un territorio en el que la izquierda se mueve a sus anchas
Una vez determinado que hablamos de Franco porque estamos en campaña, porque Franco está en la lista de temas que favorecen al PSOE, y porque hablar de Franco distrae algo de atención al problema presente, grave y real de Cataluña, la pregunta quizá sería por qué la izquierda se encuentra tan cómoda hablando de Franco, de la Guerra Civil y de la “memoria histórica”. En realidad el esquema del éxito izquierdista en este terreno es muy sencillo: hay que identificar totalmente al centro-derecha actual con el régimen facineroso, genocida, torturador y cunetero de Franco. El día de las elecciones los españoles deben sentir que al votar están eligiendo entre los nancy y la buena gente de la izquierda. ¿Y cómo es posible que esto haya llegado a ser así? Pues por una sóla razón y es que la derecha lleva 40 años en los que ha renunciado completa y absolutamente a cuestionar en lo más mínimo el relato de la Guerra Civil que hace la izquierda. La derecha, sin embargo, podría demoler con facilidad todo el discurso de la izquierda sobre la memoria histórica, y existen dos buenos motivos para ello.
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La derecha no tiene nada que perder en el debate
Todo el mundo conoce ya las atrocidades de la derecha, lo malo que fue Franco, las cosas horribles que se hicieron, las personas que quedaron en las cunetas. Todo eso ya está por tanto descontado del debate e incluido en el precio. La gente lo sabe. No se empeora la imagen que ya se tiene de la derecha por volver a decirlo. A nadie se le dice nada nuevo. Esto puede parecer malo pero en el fondo es una ventaja. La derecha no tiene ya nada que perder en el debate. Son las atrocidades de la izquierda las que la gente no conoce. La información sobre el terror rojo y el discurso antidemocrático de la izquierda sí sería una información nueva para mucha gente. Una información que podría cambiar su percepción del pasado y hasta su voto.
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La izquierda no resiste su propia hemeroteca
El día en que un líder de la derecha, en un debate con 3 millones de espectadores, cuando aparezca el tema de la memoria histórica saque un papel y empiece a citar lo que decían los líderes de la izquierda entre 1933 y 1936, se acabó el interés de los estrategas del PSOE por darle tantas vueltas a la memoria histórica. Ya sean los discursos del líder comunista José Díaz, ya sean los discursos de los socialistas Largo Caballero o Indalecio Prieto, es imposible no darse cuenta para cualquiera que los lea que no eran demócratas. La derecha solo tienen una forma de perder la batalla y es no darla, pero por suerte para la izquierda es justo lo que ha estado haciendo la derecha durante años. ¿Qué pasaría el día en que la derecha decidiera contar a los españoles lo que decían y hacían el PSOE y el PCE no ya en la guerra sino antes incluso de la guerra? Ese día se acabó la memoria histórica. La derecha tiene además la ventaja de que aquella derecha de los años 30 ya no existe, aquellos partidos y aquellas siglas han desaparecido, han evolucionado, se han reconvertido. La derecha actual es otra derecha que rechaza cualquier dictadura y cualquier crimen. La izquierda, sin embargo, como ha dominado el relato puede permitirse el lujo de no haber tenido que haber afrontado un proceso de autocrítica, evolución, condena ni reconversión. Por eso mismo las atrocidades que decían los líderes del PSOE serían letales puesto que el PSOE ni siquiera ha cambiado de siglas. Ellos no es que sean los herederos de aquellos antidemócratas, es que son el mismo partido.
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Origen: El debate sobre la Guerra Civil lo tiene ganado la derecha, si quiere – Navarra Confidencial
 
(El saqueo del banco de España) El “Decreto de zainin” – Por Honorio Feito
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El “Decreto”. Por Honorio Feito

Escrito por Honorio Feito • 2019-01-04 05:30:00 • 3: 45 minutos

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La misma sagacidad que Pedro Sánchez, y su cuadrilla al frente de los ministerios de lo que se viene llamando Gobierno de España, aplica en gestionar la exhumación del cadáver de Francisco Franco, Caudillo de España, ex jefe del Estado durante casi cuatro décadas, debería haberla mostrado, por ejemplo, para reunir a Las Cortes en un pleno extraordinario y dar cuenta de la gestión de los fondos expoliados del Banco de España que su partido, y sus camaradas y colegas de la Segunda República, con el doctor Juan zainín a la cabeza, y con el visto bueno del ácido Manuel Azaña, presidente de la Segunda República, que firmó el decreto del 13 de septiembre de 1936, efectuaron al comienzo de la guerra civil. zainín, ministro de Hacienda del gobierno de Largo Caballero, tuvo muy claro desde el comienzo de la guerra civil del fabuloso tesoro que guardaban las cámaras acorazadas del Banco de España, y la importancia que tenía el control y el manejo de aquellos fondos, valorados en 15 mil millones de euros actuales.
El decreto, que nació con la condición de “reservado”, contaba con dos artículos, el primero de los cuales, facultaba al ministro de Hacienda, Juan zainín, a disponer a su antojo de aquel tesoro: Para que en el momento que lo considere ordene el transporte, con las mayores garantías, al lugar que estime de más seguridad, de las existencias que en oro, plata y billetes hubiera en aquel momento en el establecimiento central del Banco de España”. A tenor de cómo se desarrollaron los hechos, está claro que zainín, salvo alguna distracción, que la hubo, tenía como lugar preferido con las mayores garantías de seguridad la capital de la Unión Soviética, Moscú. Y parece claro, porque no creo que sea una coincidencia, que la llegada a España del camarada Orlov tenía como objetivo verificar que aquellas diez mil cajas salían de su lugar de origen, el Banco de España en Madrid, con destino al puerto de Odesa, donde posteriormente serían trasladadas a Moscú. Porque Orlov apenas pisar suelo español viajó a Madrid e inmediatamente a Cartagena, donde se ocupó de controlar el embarque de las diez mil cajas que contenían el tesoro. Digo que hubo distracciones porque no parece que cuadren las cifras: de las diez mil cajas, siete mil ochocientas llegaron a Rusia, dos mil fueron con destino a París y otras doscientas “se perdieron”, según cuentan historiadores que han estudiado esta etapa.
El segundo artículo del decreto decía textualmente: El Gobierno dará cuenta en su día a las Cortes de este decreto. Los españoles llevan esperando ochenta y dos años a que algún miembro del Partido Socialista explique, en un pleno extraordinario, dónde fue a parar ese tesoro y qué tipo de gastos justifica la tremenda inversión, porque el Banco de España contenía el cuarto tesoro más importante del mundo. Y no deja de resultar curioso cómo, poco después del expolio, los capitostes soviéticos anunciaban el aumento de reservas de Moscú, aunque atribuían ese incremento a las excelencias del régimen marxista.
Pero hay más. A finales de 1938, el embajador español en París, el socialista Marcelino Pascua, intensificó sus contactos con las autoridades francesas por orden de Juan zainín, ya entonces presidente del Gobierno de la Segunda República, para lograr que un convoy de varios camiones que salió cargado desde Madrid, con destino a Francia, gozara del tratamiento de valija diplomática a su paso por el puesto fronterizo de Le Perthus, lo que consiguió. Los camiones fueron cargados con documentos procedentes de archivos personales de mandatarios del régimen republicano, archivos personales y el tesoro procedente de la Caja General de Reparaciones, lo que pronto sería conocido como el tesoro del Vita. La Caja de Reparaciones fue un organismo creado el 23 de septiembre de 1936, poco después de comenzar la guerra civil, por el propio Juan zainín, con el propósito de recoger bienes expropiados para contrarrestar los gastos que la guerra ocasionaba en el bando republicano. Expolios, requisas, incautaciones de bienes inmuebles, dedicados a atender las necesidades del ejército republicano en este caso, muebles, obras de arte, joyas, dinero efectivo y divisas… todo bajo el control de un miembro del sindicato socialista UGT, Amaro Del Rosal, que, ya en el exilio, alzó la voz contra su jefe y criticó las órdenes recibidas. Según los propios cálculos de Del Rosal, el valor del cargamento rondaba los 4800 millones de dólares actuales; zainín habló de 650 millones de dólares actuales, y el periodista e historiador Juan Ernesto Pflüger calcula que la equivalencia sería semejante a una anualidad de los presupuestos del Estado del año 1934 ¡casi nada!
Sería aconsejable que Pedro Sánchez, entre vuelo y vuelo al parecer a precio de chárter con que distrae su mandato, y entre decreto y decreto con que trata de paliar la falta de fruta de su grupo parlamentario, justificara a las españolas y a los españoles lo ocurrido con tanto dinero, tanto tesoro, tanta joya. Del cargamento del Vita, por ejemplo, sabemos que las cajas terminaron en Méjico, con la intervención del entonces presidente Lázaro Cárdenas y la manipulación del experto (en manipulaciones) don Inda (Indalecio Prieto), que le ganó la mano al propio zainín, aunque las cuentas auditadas por la propia República en el exilio nunca aclararon mucho, ya que los auditores (el que fuera subsecretario de Hacienda, Gabriel Bonilla; el miembro del Cuerpo de Intendencia de la Armada, Virgilio Botella, y el magistrado del Tribunal Supremo, Iglesias Portal), denunciaron que no se disponía de un inventario previo ni de un libro mayor, y no había contrapartidas contables, sino asientos sobre donaciones y ayudas sin más.
Origen: El “Decreto”. Por Honorio Feito | El Correo de Madrid
 

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