Un forero afirma que un Prius de 2010 tiene menos mortalidad real que un EcoSport de 2025
Un usuario del foro sostiene que un Toyota Prius matriculado en 2010 presenta un riesgo de mortalidad de 16 por millón de vehículos registrados, mientras que un Ford EcoSport de 2025, con tracción delantera, alcanza una tasa de 84. Según su exposición, la diferencia es de más de cinco veces. El dato, según este participante, procede de los registros del IIHS estadounidense, y lo utiliza para cuestionar la creencia de que todo coche nuevo es sinónimo de seguridad y todo coche viejo, de peligro. Añade que la antigüedad del vehículo no es el factor determinante y que lo que realmente importa es el tamaño, el peso y la calidad estructural del modelo.
La mortalidad real desmiente el relato oficial
Según los datos que maneja este forero, las estadísticas de siniestralidad muestran un estancamiento que contradice el discurso de la DGT y los fabricantes. Afirma que en España el número de fallecidos en carretera apenas ha variado en las últimas dos décadas y que en Estados Unidos la tasa de muertes por milla recorrida permanece prácticamente idéntica desde hace veintidós años. Señala que durante ese periodo se han achatarrado vehículos considerados peligrosos, como los todoterreno con chasis independiente y sin control de estabilidad, y se han sustituido por crossover autoportantes con sistemas electrónicos, sin que el resultado refleje la milagrosa mejora prometida.
Hay quien sostiene que la seguridad pasiva alcanzó su techo técnico hace dos décadas y que la introducción del control electrónico de estabilidad fue el último avance significativo. Desde entonces, según esta postura, los fabricantes se centran en añadir asistentes electrónicos para justificar el reemplazo del parque móvil. La comparación con el sector armamentístico resulta reveladora: diseños como la carabina Ruger 10/22 o la pistola Glock siguen siendo referencia décadas después de su creación porque los materiales y la física imponen límites infranqueables.
El fraude de los ratings que caducan
El programa europeo Euro NCAP asigna una validez de seis años a sus calificaciones, según denuncia este usuario. Un vehículo que obtuvo cuatro estrellas en 2001 aparece hoy como inseguro por el mero paso del tiempo. El IIHS estadounidense, en cambio, mantiene sus resultados indefinidamente. Si un Volvo S60 de 2001 obtuvo la calificación de «Good», esa evaluación sigue siendo válida. Según este forero, la diferencia de criterio no es casual y Euro NCAP responde a intereses comerciales que buscan demonizar el vehículo usado para estimular la compra de unidades nuevas.
La paradoja alcanza su punto máximo cuando se comparan modelos concretos. Un Volkswagen Passat de 1999, cuyo precio de mercado ronda los mil euros, registra menos mortalidad que un Tesla Model 3 de 2023, según este participante. El Volvo S60 de 2001, otro vehículo que se adquiere por cantidades irrisorias, supera igualmente al eléctrico de cincuenta mil euros. El Tesla Model 3 con tracción total presenta una tasa de mortalidad superior al promedio de toda la flota estadounidense desde 2006.
Los ADAS: ¿solución o nuevo riesgo?
La obligatoriedad de los sistemas avanzados de asistencia al conductor ha coincidido con un repunte de la siniestralidad desde 2019, según este forero. Afirma que no existe evidencia sólida de que estos sistemas reduzcan los accidentes. La experiencia con el ABS resulta ilustrativa: se introdujo con grandes promesas y, años después, los estudios serios revelaron que los vehículos equipados con él presentaban mayor siniestralidad. Los ADAS dependen de una señalización viaria perfecta que rara vez existe. En tramos en obras, las marcas viales provisionales pueden dirigir al vehículo hacia una barrera de hormigón.
El principio fundamental del automovilismo establece que solo hay un conductor por viaje. Los sistemas que corrigen la trayectoria o aplican frenadas autónomas introducen un segundo mando sobre el volante y los frenos. Un pasajero que grita instrucciones constantemente sería expulsado del vehículo. Los ADAS institucionalizan esa presencia indeseada. En California, un accidente de un Cybertruck se saldó con tres ocupantes fallecidos por el incendio posterior, no por el impacto. La especulación apunta a que los ocupantes, bajo los efectos de sustancias, confiaron en que el vehículo les llevaría a casa de forma segura.
La contaminación como excusa para renovar el parque
Los vehículos antiguos cumplen la normativa europea de emisiones vigente en el momento de su homologación, según este usuario. Si una norma Euro resultaba aceptable en 1999, no hay razón técnica para considerarla insuficiente en la actualidad. Suiza carece de zonas de bajas emisiones y permite circular a cualquier vehículo que cumpla la normativa de matriculación. En España, ese mismo coche se convierte en un supuesto asesino medioambiental pese a emitir exactamente lo mismo que cuando salió de fábrica.
La estrategia de demonización del vehículo usado responde a intereses económicos, según esta exposición. La renovación forzosa del parque automovilístico beneficia a los fabricantes y a las entidades financieras. El precio de los coches nuevos ha escalado hasta niveles que excluyen a amplias capas de la población. Mientras tanto, los modelos actuales incorporan motores tricilíndricos con downsizing, pantallas táctiles que dificultan la ergonomía y arquitecturas crossover que elevan el centro de gravedad. El resultado, sostiene, es un vehículo más caro, más complejo y, en muchos casos, menos seguro que su antecesor.
¿Qué coches ofrecen realmente más seguridad?
Las listas del IIHS recomiendan vehículos usados de gran tamaño, con motorización modesta y buenos resultados en pruebas de choque para conductores noveles. La DGT, en cambio, orienta hacia utilitarios eléctricos de dimensiones reducidas, según este forero. La física impone sus reglas: a mayor distancia entre los ocupantes y el exterior, más espacio y materiales para disipar la energía del impacto. En una colisión lateral, un vehículo pequeño ofrece un margen de supervivencia mínimo. El peso y el tamaño determinan la seguridad en un accidente real, no la fecha de matriculación.
La paradoja final la protagoniza el combustible. El diésel, el más seguro ante un incendio, es precisamente el que se está abandonando, según este usuario. Las baterías de los vehículos eléctricos arden tras una colisión y generan incendios de difícil extinción. La transición energética introduce nuevos riesgos que no se evalúan con el mismo rigor que las emisiones. El comprador que busca seguridad real debe atender a criterios que el marketing oficial ignora deliberadamente.
¿Cuánto más seguro es un coche nuevo que uno de hace veinte años? La pregunta sigue sin respuesta cuantificada. Los datos disponibles apuntan a que la diferencia, cuando existe, es marginal o inexistente.