Cuatro muertos en la A-67: el Ford Bronco, los baches y la somnolencia
El pasado domingo, un Ford Bronco se salió de la calzada en el kilómetro 83 de la A-67, en Palencia, y dio varias vueltas de campana. Cuatro de los cinco ocupantes —entre ellos dos adolescentes de 17 y 14 años— fallecieron por traumatismo craneoencefálico severo. Solo una niña de nueve años sobrevivió, grave. En cuestión de segundos, una familia quedó destrozada.
La autovía, que conecta Palencia con Cantabria, acumula quejas desde su inauguración hace dos décadas. Varios conductores que la recorren a menudo describen un firme lleno de hundimientos y parches que obligan a circular por el carril izquierdo para evitar baches peligrosos. El atestado apunta a una distracción o somnolencia del conductor, pero muchos señalan que el mal estado de la vía pudo agravar la pérdida de control.
Un vehículo de alto riesgo estructural
El Ford Bronco siniestrado, un todoterreno de 2,3 toneladas y 338 caballos con capota desmontable, no es precisamente un ejemplo de seguridad pasiva en vuelcos. Por su centro de gravedad elevado, cualquier maniobra brusca provoca un efecto péndulo que multiplica las vueltas de campana. En Estados Unidos, estos vehículos llevan pegatinas en el parasol que advierten del riesgo. Aquí no.
Los cuatro fallecidos sufrieron lesiones craneales irreversibles. Algunos apuntan a que la falta de techo rígido —el Bronco tiene una capota de lona— y el uso de cinturones de tres puntos (en lugar de arneses) resultaron fatales. La niña, más baja y quizás mejor sujeta en su sillita infantil, fue la única que aguantó.
El coste económico de la seguridad
El precio de este Bronco ronda los 100.000 euros. Una cifra que pone sobre la mesa una paradoja: los SUV y todoterrenos, pese a su apariencia robusta, tienden a ser más peligrosos en vuelcos que una berlina tradicional. Un Audi A8 o un Volvo S90, por el mismo precio, ofrecen una protección muy superior gracias a su centro de gravedad bajo y estructuras diseñadas para absorber impactos sin volcar.
La pregunta económica es pertinente: ¿por qué los consumidores gastan fortunas en coches altos que multiplican el riesgo de vuelco? La moda del SUV se ha impuesto, y las marcas facturan grandes márgenes. Pero la siniestralidad real apunta a que, en accidentes con vuelco, las berlinas son más seguras.
La carretera como factor sistémico
La A-67 en el tramo de Herrera de Pisuerga es conocida por los locales como una de las peores autovías de Castilla y León. No es un tema nuevo: hace un mes, una médico falleció en el mismo punto conduciendo un Seat Arona. Los socavones en el carril derecho llevan dos décadas sin solucionarse de raíz; solo parches temporales que duran días. La inversión en mantenimiento brilla por su ausencia, mientras se destinan fondos a otras partidas.
España, pese a ser el tercer país del mundo en kilómetros de autovías, mantiene muchas en condiciones deplorables. El desgaste del asfalto y la falta de reposición integral generan peligros evitables. Si el conductor se durmió o se distrajo, como indica la investigación, el bache pudo ser el desencadenante del volantazo fatal.
La fragmentación de responsabilidades
La tramitación de responsabilidades patrimoniales contra la administración es posible, pero larga y costosa. Exigir que se arreglen los hundimientos requiere demostrar que el estado de la vía fue determinante. Mientras tanto, los conductores que conocen el tramo optan por ir por el carril izquierdo, una solución improvisada que no resuelve el problema.
La mezcla de un vehículo inestable, una carretera en mal estado y una posible somnolencia forma una tormenta perfecta. Pero si algo enseña este suceso es que la seguridad vial no se compra con un maletero grande ni con un capó alto. Para cuando el coche empieza a dar vueltas, el precio ya no importa.
El precio de la imprudencia sistémica
La DGT insiste en que la fatiga al volante es una de las primeras causas de siniestros graves, sobre todo en horas de siesta. Conducir 200 km sin parar, como es frecuente en esta autovía sin suficientes áreas de servicio, multiplica el riesgo. Los expertos recomiendan parar cada dos horas o 200 km, pero la infraestructura no lo facilita.
El resultado es una tragedia anunciada. Los cuatro miembros de la familia Dehesa de los Canónigos —el conductor era un conocido bodeguero— ya no volverán. La niña de nueve años, si se recupera, crecerá sin padres ni hermanos. El coste social y económico de estos accidentes es incalculable, pero rara vez se traduce en cambios estructurales. Hasta el próximo siniestro.
Lo que queda por resolver
Es probable que el caso termine en los tribunales, con la familia de la superviviente buscando responsabilidades. Pero mientras los SUV sigan vendiéndose como tanques invencibles y el asfalto se deshaga, las cifras de fallecidos en carretera seguirán sin caer al ritmo que prometen los discursos oficiales. La física, tozuda, no entiende de modas.