FP con más de 30 años: del aula obsoleta a 3.500€ en Suiza
Hacerse un grado superior pasados los 30 no sirve para nada. La frase se repite cada vez que alguien con canas vuelve al aula, y el recorrido que documenta esta historia la deja a medias: quien empezó un FP de construcciones metálicas por encima de la treintena terminó ahorrando
3.500 euros netos al mes en Suiza, según su propio relato; por el camino abandonó el centro público, se formó por su cuenta y chocó con un muro del que nadie le había avisado. Sin experiencia previa, el título no contrata.
La aventura arranca en septiembre de 2023, en un turno de tarde que va de las 15:15 a las 20:30. Un horario pensado, en teoría, para quien trabaja de mañana.
De 9 alumnos, 8 llegaron sabiendo soldar
El primer golpe llegó en la primera clase. Los grados superiores se venden como programas que empiezan de cero, pero el aula fue otra cosa: de nueve matriculados, ocho venían del grado medio de soldadura y traían, además de la técnica, nociones de AutoCAD e Inventor. Se le exigió ese software desde el día uno. La respuesta fue echar horas en casa hasta ponerse al mismo nivel y, al cierre de la primera evaluación, el resultado lo confirmaba:
un 10 y dos 9,5, las notas más altas de la clase en los tres exámenes.
El propio relato deja una observación sobre el perfil del alumnado joven: capacidad de atención corta, inglés casi nulo al salir de la ESO y, en general, buena convivencia. Nada de pollos en clase, pero tampoco de un nivel que sostenga una formación técnica seria sin trabajo extra por delante.
¿Qué se encontró en el aula? Un taller con el 80% del material inservible
El diagnóstico es duro y lo firma quien lo vivió:
de cinco profesores, solo uno tenía experiencia real en el sector, y ese único daba dibujo técnico. Los demás, según su versión, acudían a cobrar o impartían materia desfasada. Los responsables de prácticas faltaban con frecuencia; cuando aparecían, comían en clase.
El taller remata el cuadro:
el 80% de los equipos no funcionaban o no existían ya en un taller normal. A eso se suma lo que le contaron sus propios compañeros: que en la FP pública existía un pacto tácito, profesores que no daban clase y alumnos que no protestaban a cambio de la beca. Con ese panorama, la conclusión es sencilla: si algo se aprende, se aprende fuera del horario lectivo.
Dejar el FP público y pagar por formarse
En abril de 2024 abandona el centro tras una primera evaluación con sobresalientes salvo un 7. El motivo no es académico sino estructural. Su sustituto: un curso privado de programador CNC, con el que dice estar aprendiendo cada día, y la vista puesta en Francia para hacer experiencia y dar el salto a Suiza.
La escena se repite en cualquier reconversión tardía. Uno puede ser el mejor de su promoción y aun así saber que el título, por sí solo, no le va a colocar.
El muro de la experiencia: sin sector no hay primer empleo
Con el curso privado en marcha, llegaron las candidaturas como operario CNC por Valencia. En todos los sitios la respuesta era la misma: sin experiencia en el sector, no hay contratación. La paradoja es conocida —no te contratan porque no tienes experiencia y no consigues experiencia porque no te contratan— y golpea con más fuerza a quien se reconvierte con años a la espalda.
La salida que quedó fue tirar de contactos y currículum bien construido, la misma receta que el autor ofrece ahora a quien se lo pide.
El escepticismo: ¿trayectoria ejemplar o excepción estadística?
No todo fueron aplausos. Una parte de la conversación sostuvo con insistencia que el caso es
uno entre cien mil, pura casualidad, y que la mayoría de quienes se sacan un FP con más de 30 no encuentra nada. El argumento de fondo: el título caduca rápido, las prácticas no siempre colocan y el mercado premia a quien cae en el sitio justo en el momento justo.
A ese coro se suman predicciones sombrías sobre una crisis ligada al turismo y a los empleos de poco valor. Frente a ellas, la respuesta del protagonista es su propio resultado: encontró trabajo en Suiza y anima a otros a intentarlo. El dato que zanja la disputa por ahora es que la meta se cumplió.
Suiza, el francés y la contradicción del discurso migratorio
El desembarco en Suiza no llegó por casualidad. El protagonista ya dominaba el inglés, se puso con el francés y el alemán por su cuenta y, según su propio relato, llevaba el francés con soltura. Para homologar títulos universitarios en el país helvético se pide un nivel B2 de idioma, un C1 si se quiere ir sobrado, según un participante de la conversación.
Otro apunte útil que aparece: el programa
Erasmus plus para FP llega a pagar
4.000 euros por hacer las prácticas en el extranjero, según un forero. Un detalle que muchos desconocen y que cambia las cuentas de cualquiera que quiera saltar fuera.
No faltó quien señalara una contradicción incómoda: quejarse de la inmigración que, según su diagnóstico, baja los salarios y, a la vez, pretender emigrar uno mismo. Es la vieja historia de que el problema, siempre, es el que llega después.
Qué queda de todo esto
Los números finales son los que son: un FP público abandonado, una formación privada pagada de su bolsillo, un empleo a media jornada como operador CNC en mayo de 2024 y, después,
3.500 euros netos al mes en Suiza, según su relato. La conclusión que se cae sola es que el sistema público de FP, tal como está, funciona más como trámite que como trampolín, y que quien no tenga la fortuna de un profesor implicado tendrá que compensarlo con horas de YouTube y cursos por libre. La predicción optimista, con reservas: el que tenga idiomas y un oficio demandado encontrará la puerta; el que espere que se la abran desde la administración, probablemente siga llamando.