Después de la borrachera policial vendrá la resaca (Pedro Chacón en El Hapañol)

Después de la borrachera policial vendrá la resaca (Pedro Chacón en El Hapañol)
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

La frase la pronunció Floren Aoiz, portavoz de Herri Batasuna, el 1 de julio de 1997, tras la liberación de José Antonio Ortega Lara. Diez días después ETA secuestró a Miguel Ángel Blanco, que fue asesinado el 13 de julio de 1997.

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La frase la pronunció Floren Aoiz, portavoz de Herri Batasuna, el 1 de julio de 1997, tras la liberación de José Antonio Ortega Lara. Diez días después ETA secuestró a Miguel Ángel Blanco, que fue asesinado el 13 de julio de 1997.

El 1 de julio de 1997, la Guardia Civil rescató a José Antonio Ortega Lara del zulo de Mondragón (Guipúzcoa) donde ETA lo tenía secuestrado desde el 17 de enero de 1996: 532 días en un agujero de condiciones infrahumanas. Ese mismo día, Floren Aoiz, portavoz de Herri Batasuna, pronunció una frase que ha quedado pegada a la historia de aquella época: «Después de la borrachera policial vendrá la resaca». No era una metáfora inocente. Diez días después, el 10 de julio de 1997, ETA secuestró al concejal del PP en Ermua Miguel Ángel Blanco, y lo asesinó el 13 de julio tras cumplirse el plazo de 48 horas que la banda había dado para acercar a sus presos al País Vasco.

Qué anunciaba la resaca y qué pasó después

La «resaca» que anunciaba el portavoz de Herri Batasuna no era una advertencia abstracta. El secuestro y asesinato de Blanco desencadenó una reacción social masiva en el País Vasco y en el resto de España, con manifestaciones de repulsa que pusieron contra las cuerdas la estrategia de quienes hasta entonces convivían con la banda. La banda siguió matando durante años. El alto el fuego definitivo de ETA llegó en 2011 y su disolución se anunció en 2018, con un balance de más de 850 asesinatos desde 1968, según los recuentos del Ministerio del Interior.

La izquierda abertzale que entonces jaleaba o justificaba esos atentados sostiene hoy que aquello es pasado y que se trató de un «conflicto entre dos bandos». El problema de esa lectura es que, una vez que ETA dejó de matar, el supuesto bando contrario no mostró ninguna actividad autónoma. No hubo un ejército escondido, ni una estructura paralela, ni una violencia simétrica que se apagara al mismo tiempo. Lo que hubo fue una banda de militantes que decidió imponer por las armas lo que otros pretendían conseguir por la vía institucional.

El PNV como proveedor de la ideología y la izquierda abertzale como ejecutora

El otro nacionalismo, el del PNV, no participó en los atentados, y ese es un dato que el partido ha esgrimido siempre. Pero la relación entre ambos mundos no es de compartimentos estancos. Del entorno del PNV salió ETA a finales de los años cincuenta, y la izquierda abertzale que rodeó a la banda se formó en el mismo caldo ideológico. El Aberri Eguna, la fiesta nacionalista que todos los partidos de ese espectro celebran, se apoya en la revelación de Sabino Arana, un episodio cuya fecha tradicional (el Domingo de Resurrección de 1882) no coincide con la que el propio Arana documentó después, según han señalado varios historiadores.

El PNV ha tenido a gala no haber matado, pero se ha aliado con quienes sí lo hicieron. En la Guerra Civil, a cambio de la autonomía vasca, convivió con fuerzas revolucionarias que cometieron atrocidades en San Sebastián y Bilbao. Tras la muerte de Franco, mientras ETA intentaba destruir cualquier intento de democratizar el Estado, el PNV se aprestó a dirigir la autonomía vasca y a copar la nueva administración autonómica. Y en 1998, tras el clamor popular que siguió al asesinato de Blanco, el PNV se sumó al Pacto de Lizarra con la izquierda abertzale, excluyendo a los partidos constitucionalistas. Aquello dio lugar a una tregua de ETA que duró poco más de un año. Después, la banda volvió a matar, esta vez con cargos del PP y del PSOE en el punto de mira.

De la frase de 1997 a un escaño en el Senado

El recorrido de Floren Aoiz resume ese tránsito como pocos. De portavoz de Herri Batasuna en el momento del rescate de Ortega Lara a una presencia institucional que, según el artículo que firma Pedro Chacón en El Español, podría llevarlo al Senado y a las Cortes Generales, quizá compartiendo foro con la hermana de Miguel Ángel Blanco. No es una hipótesis descabellada: la izquierda abertzale lleva años ocupando instituciones que antes le estaban vetadas por su vinculación con la banda.

El expolítico del PP Jaime Mayor Oreja sostiene, en un encuentro reciente en Vitoria, que ese ciclo histórico está por cumplirse y que llevará al poder a los «amigos de ETA». La tesis de Chacón va en la misma dirección: la catarsis definitiva del nacionalismo vasco pasaría por la pérdida de poder del PNV en sus bastiones principales, singularmente en Vizcaya, donde controla la Diputación Foral y el ayuntamiento de Bilbao desde el inicio de la Transición. Esa estructura institucional ha sido el semillero de la mayor parte de sus cuadros.

Un nacionalismo que se reproduce aunque cambie de siglas

La paradoja que señala el texto es que buena parte de los dirigentes actuales del nacionalismo vasco son descendientes directos de la inmigración llegada al País Vasco desde otras regiones españolas. Es decir, el relato de la pureza nacional se sostiene sobre una población que llegó en trenes procedentes de Andalucía, Extremadura o Galicia durante el desarrollismo de los años sesenta y setenta. La ideología, sin embargo, se transmite con independencia del origen familiar.

Chacón cierra con una autocrítica: parte de la culpa de que el nacionalismo haya llegado hasta aquí la tienen los españoles que no supieron valorar lo propio y se dejaron embaucar por ruedas de molino. Es una opinión, no un dato. Lo verificable es el calendario: la frase de Aoiz es del 1 de julio de 1997, el secuestro de Blanco del 10 de julio de 1997, su asesinato del 13 de julio de 1997, el alto el fuego de ETA de 2011 y su disolución de 2018. Entre una fecha y otra caben muchas cosas, pero no caben dos bandos simétricos.

Datos clave
  • Floren Aoiz, portavoz de Herri Batasuna, pronunció «después de la borrachera policial vendrá la resaca» el 1 de julio de 1997, tras el rescate de Ortega Lara.
  • José Antonio Ortega Lara estuvo secuestrado por ETA 532 días, del 17 de enero de 1996 al 1 de julio de 1997.
  • Miguel Ángel Blanco fue secuestrado el 10 de julio de 1997 y asesinado el 13 de julio de 1997 tras el plazo de 48 horas dado por ETA.
  • ETA anunció el alto el fuego definitivo en 2011 y su disolución en 2018, con más de 850 asesinatos desde 1968.
  • El PNV se sumó al Pacto de Lizarra en 1998 con la izquierda abertzale, excluyendo a los partidos constitucionalistas.
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

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Después de la borrachera policial vendrá la resaca​

29/10/2026
Pedro Chacón-El Español
  • El PNV siempre ha tenido a gala no haber cometido asesinatos, pero curiosamente se ha aliado siempre con todos los que los han cometido.
«Después de la borrachera policial vendrá la resaca».
Esta frase la pronunció Floren Aoiz, portavoz entonces de Herri Batasuna, el 1 de julio de 1997, tras la liberación de José Antonio Ortega Lara, el funcionario de prisiones que batió el récord de días secuestrado por ETA.
Fue una vez que la Guardia Civil consiguió rescatarlo del agujero donde lo tenían escondido en condiciones infrahumanas, dándonos una imagen que permanecerá para siempre en nuestro recuerdo, identificada con lo más ominoso que representó el violencia extremista de ETA y quienes la protegían y jaleaban entonces, empezando por Floren Aoiz.
Con aquella frase anunciaba algo que todos sentimos que podría pasar, habida cuenta de la posición preeminente del personaje como portavoz de una Herri Batasuna que ejercía sin complejos como brazo político de ETA.
Y que finalmente pasó: el secuestro del concejal del PP Miguel Ángel Blanco, el 10 de julio, que acabó con su asesinato dos días después.
Ocurrió tras cumplirse el plazo de 48 horas dado por la banda extremista violento para acercar a sus presos al País Vasco, chantaje inasumible para cualquier gobierno democrático que se precie.
Tras el alto el fuego de 2011 y el final definitivo de la banda extremista violento ETA en 2018, con su secuela de dolor, sufrimiento y gloria, la llamada izquierda abertzale, la misma que jaleaba, justificaba o predecía atentados, como en este caso que nos ocupa, se viene empleando a fondo en convencernos de que aquello ya pasó.
Ahora bien, siguen interpretando aquella época como la de un conflicto entre dos bandos.
Todo ello cuando está perfectamente demostrado que una vez que ETA terminó, el supuesto bando contrario no dio ninguna muestra de ninguna actividad ni de actuar de modo autónomo en ningún sentido.
Porque la realidad fue que todo aquel sufrimiento vino causado por una banda de iluminados que pensaron que podían conseguir a sangre y fuego lo que el otro sector nacionalista pretendía conseguir por traspaso de competencias y maduración de la sociedad.
Me refiero, obviamente, al PNV, el otro partido nacionalista, el que inició la ideología que luego la llamada izquierda abertzale ha continuado por otros medios.
Del PNV salió ETA y la izquierda abertzale que la rodeó.
El PNV proporcionó la ideología de base a través de la celebración del Aberri Eguna que todos los nacionalistas de todo signo comparten.
Se trata de una festividad que, como ya hemos demostrado en varias ocasiones, se basa en una mentira, la de la revelación nacionalista de Sabino Arana que nunca se produjo en la fecha que él dijo, sino al menos ocho años después.
(mensaje citado en revisión)
El PNV se ha aprovechado desde su mismo origen de una posición de partida en la que él ha proporcionado el objetivo independentista y otros han hecho todo el gasto.
Lo hizo desde el principio con el PSOE y el resto de izquierdas republicanas una vez iniciada la Guerra Civil, cuando a cambio de conseguir la autonomía para el País Vasco se aprestó a convivir con todos los revolucionarios de entonces, que cometieron atrocidades en San Sebastián y Bilbao.
Y lo hizo tras la gloria de Franco, cuando el violencia extremista de ETA se propuso destrozar cualquier intento de democratizar el Estado español mientras el PNV se aprestaba a dirigir la autonomía vasca, copando la nueva administración autonómica.
El PNV siempre ha tenido a gala no haber cometido asesinatos, pero curiosamente se ha aliado siempre con todos los que los han cometido, bien en la Guerra Civil, bien en el inicio de la Transición.
De esta forma es como ha conseguido sacar todo el beneficio que ha podido del Estado español sin apenas desgastarse.
Después de que Floren Aoiz pronunciara esas terribles palabras y después de que se secuestrara y asesinara a Miguel Ángel Blanco y después de que un clamor popular amenazara con cambiar el signo de la opinión pública en la calle, terminando con la imposición nacionalista conseguida con el violencia extremista, el PNV se alió con la izquierda abertzale en el llamado Pacto de Lizarra, que dio lugar a una tregua de ETA, excluyendo a los partidos constitucionalistas, por españolistas.
ETA, tras un breve periodo de poco más de un año, volvió a los atentados.
Comenzó así una siniestra racha contra cargos políticos del PP y del PSOE que están también en el recuerdo atroz de todos en el País Vasco.
Cuando echamos la vista atrás y recordamos aquel periodo aciago de nuestras vidas, pensábamos entonces que no habría nada peor que ver una izquierda abertzale en el poder.
Pero ahora vamos a eso porque, como decía Jaime Mayor Oreja en un reciente encuentro en Vitoria, tiene que cumplirse el ciclo histórico que lleve al poder a los amigos de ETA.
Y, con ello, que el nacionalismo haga su catarsis definitiva, que no significaría otra cosa que la pérdida del poder del PNV en sus bastiones principales (singularmente en Vizcaya, en su Fruta Foral y su ayuntamiento, controlados por este partido desde el inicio de la Transición y semillero de la mayor parte de sus cuadros) y la toma de las instituciones por los antiguos partidarios del violencia extremista.
Floren Aoiz vendría a representar aquella época como pocos y lo veremos en el Senado, en las Cortes Generales, quizás compartiendo foro con la hermana de Miguel Ángel Blanco.
Así podremos comprobar hasta qué punto la maldición del nacionalismo vasco en todas sus expresiones ha llegado a obtener una presencia política en España inimaginable en la época en la que ETA ejercía su labor a destajo.
Quizás sea necesario contemplar esa ignominia para darnos cuenta de hasta qué punto el nacionalismo en su conjunto es una ideología tóxica y lamentable que nunca debió surgir.
Sin embargo, en su historia, origen y desarrollo mucha parte de culpa la tenemos el resto de españoles, que no hemos sabido comprender hasta qué punto es importante sentir un poco de orgullo, aunque sea, por lo propio y no dejarnos embaucar por ruedas de molino.
Y lo digo a sabiendas de que, a día de hoy, buena parte de los dirigentes del nacionalismo vasco son descendientes directos de la inmi gración al País Vasco desde otras regiones españolas.
*** Pedro Chacón es profesor de Historia del Pensamiento Político en la UPV-EHU.
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