Eric Finch
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Después de la borrachera policial vendrá la resaca
29/10/2026Pedro Chacón-El Español
Esta frase la pronunció Floren Aoiz, portavoz entonces de Herri Batasuna, el 1 de julio de 1997, tras la liberación de José Antonio Ortega Lara, el funcionario de prisiones que batió el récord de días secuestrado por ETA.
Fue una vez que la Guardia Civil consiguió rescatarlo del agujero donde lo tenían escondido en condiciones infrahumanas, dándonos una imagen que permanecerá para siempre en nuestro recuerdo, identificada con lo más ominoso que representó el violencia extremista de ETA y quienes la protegían y jaleaban entonces, empezando por Floren Aoiz.
Con aquella frase anunciaba algo que todos sentimos que podría pasar, habida cuenta de la posición preeminente del personaje como portavoz de una Herri Batasuna que ejercía sin complejos como brazo político de ETA.
Y que finalmente pasó: el secuestro del concejal del PP Miguel Ángel Blanco, el 10 de julio, que acabó con su asesinato dos días después.
Ocurrió tras cumplirse el plazo de 48 horas dado por la banda extremista violento para acercar a sus presos al País Vasco, chantaje inasumible para cualquier gobierno democrático que se precie.
Tras el alto el fuego de 2011 y el final definitivo de la banda extremista violento ETA en 2018, con su secuela de dolor, sufrimiento y gloria, la llamada izquierda abertzale, la misma que jaleaba, justificaba o predecía atentados, como en este caso que nos ocupa, se viene empleando a fondo en convencernos de que aquello ya pasó.
Ahora bien, siguen interpretando aquella época como la de un conflicto entre dos bandos.
Todo ello cuando está perfectamente demostrado que una vez que ETA terminó, el supuesto bando contrario no dio ninguna muestra de ninguna actividad ni de actuar de modo autónomo en ningún sentido.
Porque la realidad fue que todo aquel sufrimiento vino causado por una banda de iluminados que pensaron que podían conseguir a sangre y fuego lo que el otro sector nacionalista pretendía conseguir por traspaso de competencias y maduración de la sociedad.
Me refiero, obviamente, al PNV, el otro partido nacionalista, el que inició la ideología que luego la llamada izquierda abertzale ha continuado por otros medios.
Del PNV salió ETA y la izquierda abertzale que la rodeó.
El PNV proporcionó la ideología de base a través de la celebración del Aberri Eguna que todos los nacionalistas de todo signo comparten.
Se trata de una festividad que, como ya hemos demostrado en varias ocasiones, se basa en una mentira, la de la revelación nacionalista de Sabino Arana que nunca se produjo en la fecha que él dijo, sino al menos ocho años después.
Lo hizo desde el principio con el PSOE y el resto de izquierdas republicanas una vez iniciada la Guerra Civil, cuando a cambio de conseguir la autonomía para el País Vasco se aprestó a convivir con todos los revolucionarios de entonces, que cometieron atrocidades en San Sebastián y Bilbao.
Y lo hizo tras la gloria de Franco, cuando el violencia extremista de ETA se propuso destrozar cualquier intento de democratizar el Estado español mientras el PNV se aprestaba a dirigir la autonomía vasca, copando la nueva administración autonómica.
El PNV siempre ha tenido a gala no haber cometido asesinatos, pero curiosamente se ha aliado siempre con todos los que los han cometido, bien en la Guerra Civil, bien en el inicio de la Transición.
De esta forma es como ha conseguido sacar todo el beneficio que ha podido del Estado español sin apenas desgastarse.
Después de que Floren Aoiz pronunciara esas terribles palabras y después de que se secuestrara y asesinara a Miguel Ángel Blanco y después de que un clamor popular amenazara con cambiar el signo de la opinión pública en la calle, terminando con la imposición nacionalista conseguida con el violencia extremista, el PNV se alió con la izquierda abertzale en el llamado Pacto de Lizarra, que dio lugar a una tregua de ETA, excluyendo a los partidos constitucionalistas, por españolistas.
ETA, tras un breve periodo de poco más de un año, volvió a los atentados.
Comenzó así una siniestra racha contra cargos políticos del PP y del PSOE que están también en el recuerdo atroz de todos en el País Vasco.
Cuando echamos la vista atrás y recordamos aquel periodo aciago de nuestras vidas, pensábamos entonces que no habría nada peor que ver una izquierda abertzale en el poder.
Pero ahora vamos a eso porque, como decía Jaime Mayor Oreja en un reciente encuentro en Vitoria, tiene que cumplirse el ciclo histórico que lleve al poder a los amigos de ETA.
Y, con ello, que el nacionalismo haga su catarsis definitiva, que no significaría otra cosa que la pérdida del poder del PNV en sus bastiones principales (singularmente en Vizcaya, en su Fruta Foral y su ayuntamiento, controlados por este partido desde el inicio de la Transición y semillero de la mayor parte de sus cuadros) y la toma de las instituciones por los antiguos partidarios del violencia extremista.
Floren Aoiz vendría a representar aquella época como pocos y lo veremos en el Senado, en las Cortes Generales, quizás compartiendo foro con la hermana de Miguel Ángel Blanco.
Así podremos comprobar hasta qué punto la maldición del nacionalismo vasco en todas sus expresiones ha llegado a obtener una presencia política en España inimaginable en la época en la que ETA ejercía su labor a destajo.
Quizás sea necesario contemplar esa ignominia para darnos cuenta de hasta qué punto el nacionalismo en su conjunto es una ideología tóxica y lamentable que nunca debió surgir.
Sin embargo, en su historia, origen y desarrollo mucha parte de culpa la tenemos el resto de españoles, que no hemos sabido comprender hasta qué punto es importante sentir un poco de orgullo, aunque sea, por lo propio y no dejarnos embaucar por ruedas de molino.
Y lo digo a sabiendas de que, a día de hoy, buena parte de los dirigentes del nacionalismo vasco son descendientes directos de la inmi gración al País Vasco desde otras regiones españolas.
*** Pedro Chacón es profesor de Historia del Pensamiento Político en la UPV-EHU.
- El PNV siempre ha tenido a gala no haber cometido asesinatos, pero curiosamente se ha aliado siempre con todos los que los han cometido.
Esta frase la pronunció Floren Aoiz, portavoz entonces de Herri Batasuna, el 1 de julio de 1997, tras la liberación de José Antonio Ortega Lara, el funcionario de prisiones que batió el récord de días secuestrado por ETA.
Fue una vez que la Guardia Civil consiguió rescatarlo del agujero donde lo tenían escondido en condiciones infrahumanas, dándonos una imagen que permanecerá para siempre en nuestro recuerdo, identificada con lo más ominoso que representó el violencia extremista de ETA y quienes la protegían y jaleaban entonces, empezando por Floren Aoiz.
Con aquella frase anunciaba algo que todos sentimos que podría pasar, habida cuenta de la posición preeminente del personaje como portavoz de una Herri Batasuna que ejercía sin complejos como brazo político de ETA.
Y que finalmente pasó: el secuestro del concejal del PP Miguel Ángel Blanco, el 10 de julio, que acabó con su asesinato dos días después.
Ocurrió tras cumplirse el plazo de 48 horas dado por la banda extremista violento para acercar a sus presos al País Vasco, chantaje inasumible para cualquier gobierno democrático que se precie.
Tras el alto el fuego de 2011 y el final definitivo de la banda extremista violento ETA en 2018, con su secuela de dolor, sufrimiento y gloria, la llamada izquierda abertzale, la misma que jaleaba, justificaba o predecía atentados, como en este caso que nos ocupa, se viene empleando a fondo en convencernos de que aquello ya pasó.
Ahora bien, siguen interpretando aquella época como la de un conflicto entre dos bandos.
Todo ello cuando está perfectamente demostrado que una vez que ETA terminó, el supuesto bando contrario no dio ninguna muestra de ninguna actividad ni de actuar de modo autónomo en ningún sentido.
Porque la realidad fue que todo aquel sufrimiento vino causado por una banda de iluminados que pensaron que podían conseguir a sangre y fuego lo que el otro sector nacionalista pretendía conseguir por traspaso de competencias y maduración de la sociedad.
Me refiero, obviamente, al PNV, el otro partido nacionalista, el que inició la ideología que luego la llamada izquierda abertzale ha continuado por otros medios.
Del PNV salió ETA y la izquierda abertzale que la rodeó.
El PNV proporcionó la ideología de base a través de la celebración del Aberri Eguna que todos los nacionalistas de todo signo comparten.
Se trata de una festividad que, como ya hemos demostrado en varias ocasiones, se basa en una mentira, la de la revelación nacionalista de Sabino Arana que nunca se produjo en la fecha que él dijo, sino al menos ocho años después.
El PNV se ha aprovechado desde su mismo origen de una posición de partida en la que él ha proporcionado el objetivo independentista y otros han hecho todo el gasto.(mensaje citado en revisión)
Lo hizo desde el principio con el PSOE y el resto de izquierdas republicanas una vez iniciada la Guerra Civil, cuando a cambio de conseguir la autonomía para el País Vasco se aprestó a convivir con todos los revolucionarios de entonces, que cometieron atrocidades en San Sebastián y Bilbao.
Y lo hizo tras la gloria de Franco, cuando el violencia extremista de ETA se propuso destrozar cualquier intento de democratizar el Estado español mientras el PNV se aprestaba a dirigir la autonomía vasca, copando la nueva administración autonómica.
El PNV siempre ha tenido a gala no haber cometido asesinatos, pero curiosamente se ha aliado siempre con todos los que los han cometido, bien en la Guerra Civil, bien en el inicio de la Transición.
De esta forma es como ha conseguido sacar todo el beneficio que ha podido del Estado español sin apenas desgastarse.
Después de que Floren Aoiz pronunciara esas terribles palabras y después de que se secuestrara y asesinara a Miguel Ángel Blanco y después de que un clamor popular amenazara con cambiar el signo de la opinión pública en la calle, terminando con la imposición nacionalista conseguida con el violencia extremista, el PNV se alió con la izquierda abertzale en el llamado Pacto de Lizarra, que dio lugar a una tregua de ETA, excluyendo a los partidos constitucionalistas, por españolistas.
ETA, tras un breve periodo de poco más de un año, volvió a los atentados.
Comenzó así una siniestra racha contra cargos políticos del PP y del PSOE que están también en el recuerdo atroz de todos en el País Vasco.
Cuando echamos la vista atrás y recordamos aquel periodo aciago de nuestras vidas, pensábamos entonces que no habría nada peor que ver una izquierda abertzale en el poder.
Pero ahora vamos a eso porque, como decía Jaime Mayor Oreja en un reciente encuentro en Vitoria, tiene que cumplirse el ciclo histórico que lleve al poder a los amigos de ETA.
Y, con ello, que el nacionalismo haga su catarsis definitiva, que no significaría otra cosa que la pérdida del poder del PNV en sus bastiones principales (singularmente en Vizcaya, en su Fruta Foral y su ayuntamiento, controlados por este partido desde el inicio de la Transición y semillero de la mayor parte de sus cuadros) y la toma de las instituciones por los antiguos partidarios del violencia extremista.
Floren Aoiz vendría a representar aquella época como pocos y lo veremos en el Senado, en las Cortes Generales, quizás compartiendo foro con la hermana de Miguel Ángel Blanco.
Así podremos comprobar hasta qué punto la maldición del nacionalismo vasco en todas sus expresiones ha llegado a obtener una presencia política en España inimaginable en la época en la que ETA ejercía su labor a destajo.
Quizás sea necesario contemplar esa ignominia para darnos cuenta de hasta qué punto el nacionalismo en su conjunto es una ideología tóxica y lamentable que nunca debió surgir.
Sin embargo, en su historia, origen y desarrollo mucha parte de culpa la tenemos el resto de españoles, que no hemos sabido comprender hasta qué punto es importante sentir un poco de orgullo, aunque sea, por lo propio y no dejarnos embaucar por ruedas de molino.
Y lo digo a sabiendas de que, a día de hoy, buena parte de los dirigentes del nacionalismo vasco son descendientes directos de la inmi gración al País Vasco desde otras regiones españolas.
*** Pedro Chacón es profesor de Historia del Pensamiento Político en la UPV-EHU.
