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El tren vive en España su peor momento
29/10/2026Fernando Navarro-El Español
Un año y medio más tarde, cuarenta y seis personas murieron en un accidente de tren en Adamuz.
¿Pueden estar tranquilos los viajeros?, preguntó un periodista. ¿Se podría repetir?
Puente sonrió con suficiencia y, con el brazo en el respaldo de la silla, contestó: «En treinta y pico años, con estas consecuencias y con estas características no se había producido nunca un accidente, por lo tanto la probabilidad es muy baja, bajísima».
Esta vez sólo han transcurrido nueve meses, y un nuevo accidente ha tenido lugar en la misma línea.
It’s not a bug, it’s a antiestéticature.
Fuentes del ministerio, recogidas por los medios afines, apuntan a un fallo humano. ¿Fallo humano?
Lo que se estropeó, al parecer, fue el LZB, el sistema de seguridad que monitoriza la circulación de los trenes y los frena automáticamente si hay riesgo de colisión. Es de suponer que, al fallar, la circulación, con muchas restricciones (incluidas las de velocidad), pasó a ser controlada por semáforos, balizas y el centro de control.
En todo caso, si un sistema de seguridad depende exclusivamente de la inexistencia de error humano, es un mal sistema.
En la prevención de accidentes se suele usar el modelo del queso suizo de James Reason. Visualmente, presenta los niveles de seguridad como las lonchas de un queso. Como no son infalibles, pueden tener agujeros.
Pero como hay varias rodajas, el accidente sólo puede ocurrir cuando quedan alineados los agujeros de todas ellas.
Que se hayan producido dos accidentes muy graves en un corto espacio de tiempo (acompañados de un sinfín de incidencias menores) hace sospechar que las lonchas tienen unos agujeros enormes.
O que sólo han dejado una loncha, si debemos conformarnos con la explicación del fallo humano.
En todo caso, el responsable del queso es el ministro Óscar Puente.
Parece pertinente señalar que el exministro de Transportes José Luis Ábalos está en la cárcel, que la expresidenta de Adif está investigada, que Koldo García fue consejero de Renfe Mercancías y que el ministro encarcelado colocaba a amantes en Ineco y Logirail.
¿Sería razonable esperar que el funcionamiento del ministerio no se resintiera?
El chavismo se cargó Petróleos de Venezuela (PDVSA) porque la eficiencia y la eficacia no estaban entre sus prioridades. Por eso la corrupción y la politización de los gestores sustituyeron a la gestión.
Lo mismo puede decirse de Pedro Sánchez y las infraestructuras, y este es el problema.
(imagen visible para usuarios registrados)
Pedro Sánchez, en la zona del accidente de Urda (Toledo). Foto de archivo
Al menos desde marzo de 2020 deberíamos tener claras dos cosas.
Que está dispuesto a subordinar el interés de los ciudadanos al suyo propio (y por eso celebró una manifestación en vez de prepararse para una esa época en el 2020 de la que yo le hablo).
Y que no le preocupa que ocurra un desastre si puede echar la culpa a alguien.
Desde entonces, los desastres (la gestión previa, simultánea y posterior de la DANA, el apagón, Adamuz, Ceuta…) se han multiplicado. Y Sánchez se ha servido de la descentralización autonómica para jugar al escondite y eludir la responsabilidad.
Recordemos brevemente la gestión de Puente tras la catástrofe de Adamuz.
Empezó por decir que la línea Madrid-Sevilla (la del actual accidente) había sido renovada completamente desde 2021, hasta que apareció un raíl fabricado en 1989.
Un medio apuntó entonces a que el fallo podía estar en un error de soldadura, y Puente entonó la salmodia habitual: «De nuevo un bulo como una catedral, y en portada. Pasan los años y todo sigue igual: desgracia, seguida de intoxicación». Al día siguiente, en una entrevista, confirmó la versión del medio.
Pero Puente se mostró satisfecho: a ustedes lo que les molesta es que lo hago muy bien, espetó a los senadores del Partido Popular. Y lo creía sinceramente: había cuarenta y seis perecid, pero él seguía a flote.
Puente debía haber sido fulminantemente cesado tras Adamuz, pero, desde su sillón en el ministerio, siguió insultando en las redes.
No hay evidencias de que introdujera mejoras en la gestión de los trenes, pero en un programa de Marc Giró se permitió bromear sobre los incidentes ferroviarios.
Cuando escribo estas líneas escucho que tampoco tiene intención de dimitir ante esta catástrofe. Puente continúa al frente del ministerio, y Sánchez asegura que tiene intención de reconstruir la confianza de los ciudadanos en la alta velocidad.
Ambas cosas son estrictamente incompatibles. Y, por desgracia para ambos, no se puede echar la culpa de los desastres de la alta velocidad a las comunidades autónomas del Partido Popular.
En resumen, el tren vive en España su peor momento, porque el Gobierno está en las peores manos.
Óscar Puente, que este miércoles tuiteaba sobre la superioridad sarracena de la izquierda, es un buen ejemplo en ambos casos.
Mientras tanto, RTVE, con más de sesenta perecid, revelaba sus actuales prioridades: «El accidente ha caído como un mazazo en plena precampaña electoral».
- Si un sistema de seguridad depende exclusivamente de la inexistencia de error humano, es un mal sistema.
Un año y medio más tarde, cuarenta y seis personas murieron en un accidente de tren en Adamuz.
¿Pueden estar tranquilos los viajeros?, preguntó un periodista. ¿Se podría repetir?
Puente sonrió con suficiencia y, con el brazo en el respaldo de la silla, contestó: «En treinta y pico años, con estas consecuencias y con estas características no se había producido nunca un accidente, por lo tanto la probabilidad es muy baja, bajísima».
Esta vez sólo han transcurrido nueve meses, y un nuevo accidente ha tenido lugar en la misma línea.
It’s not a bug, it’s a antiestéticature.
Fuentes del ministerio, recogidas por los medios afines, apuntan a un fallo humano. ¿Fallo humano?
Lo que se estropeó, al parecer, fue el LZB, el sistema de seguridad que monitoriza la circulación de los trenes y los frena automáticamente si hay riesgo de colisión. Es de suponer que, al fallar, la circulación, con muchas restricciones (incluidas las de velocidad), pasó a ser controlada por semáforos, balizas y el centro de control.
En todo caso, si un sistema de seguridad depende exclusivamente de la inexistencia de error humano, es un mal sistema.
En la prevención de accidentes se suele usar el modelo del queso suizo de James Reason. Visualmente, presenta los niveles de seguridad como las lonchas de un queso. Como no son infalibles, pueden tener agujeros.
Pero como hay varias rodajas, el accidente sólo puede ocurrir cuando quedan alineados los agujeros de todas ellas.
Que se hayan producido dos accidentes muy graves en un corto espacio de tiempo (acompañados de un sinfín de incidencias menores) hace sospechar que las lonchas tienen unos agujeros enormes.
O que sólo han dejado una loncha, si debemos conformarnos con la explicación del fallo humano.
En todo caso, el responsable del queso es el ministro Óscar Puente.
Parece pertinente señalar que el exministro de Transportes José Luis Ábalos está en la cárcel, que la expresidenta de Adif está investigada, que Koldo García fue consejero de Renfe Mercancías y que el ministro encarcelado colocaba a amantes en Ineco y Logirail.
¿Sería razonable esperar que el funcionamiento del ministerio no se resintiera?
El chavismo se cargó Petróleos de Venezuela (PDVSA) porque la eficiencia y la eficacia no estaban entre sus prioridades. Por eso la corrupción y la politización de los gestores sustituyeron a la gestión.
Lo mismo puede decirse de Pedro Sánchez y las infraestructuras, y este es el problema.
(imagen visible para usuarios registrados)
Pedro Sánchez, en la zona del accidente de Urda (Toledo). Foto de archivo
Al menos desde marzo de 2020 deberíamos tener claras dos cosas.
Que está dispuesto a subordinar el interés de los ciudadanos al suyo propio (y por eso celebró una manifestación en vez de prepararse para una esa época en el 2020 de la que yo le hablo).
Y que no le preocupa que ocurra un desastre si puede echar la culpa a alguien.
Desde entonces, los desastres (la gestión previa, simultánea y posterior de la DANA, el apagón, Adamuz, Ceuta…) se han multiplicado. Y Sánchez se ha servido de la descentralización autonómica para jugar al escondite y eludir la responsabilidad.
Recordemos brevemente la gestión de Puente tras la catástrofe de Adamuz.
Empezó por decir que la línea Madrid-Sevilla (la del actual accidente) había sido renovada completamente desde 2021, hasta que apareció un raíl fabricado en 1989.
Un medio apuntó entonces a que el fallo podía estar en un error de soldadura, y Puente entonó la salmodia habitual: «De nuevo un bulo como una catedral, y en portada. Pasan los años y todo sigue igual: desgracia, seguida de intoxicación». Al día siguiente, en una entrevista, confirmó la versión del medio.
Finalmente, Adif retiró, de noche, a escondidas, sin autorización judicial, un raíl del lugar del accidente.(mensaje citado en revisión)
Pero Puente se mostró satisfecho: a ustedes lo que les molesta es que lo hago muy bien, espetó a los senadores del Partido Popular. Y lo creía sinceramente: había cuarenta y seis perecid, pero él seguía a flote.
Puente debía haber sido fulminantemente cesado tras Adamuz, pero, desde su sillón en el ministerio, siguió insultando en las redes.
No hay evidencias de que introdujera mejoras en la gestión de los trenes, pero en un programa de Marc Giró se permitió bromear sobre los incidentes ferroviarios.
Cuando escribo estas líneas escucho que tampoco tiene intención de dimitir ante esta catástrofe. Puente continúa al frente del ministerio, y Sánchez asegura que tiene intención de reconstruir la confianza de los ciudadanos en la alta velocidad.
Ambas cosas son estrictamente incompatibles. Y, por desgracia para ambos, no se puede echar la culpa de los desastres de la alta velocidad a las comunidades autónomas del Partido Popular.
En resumen, el tren vive en España su peor momento, porque el Gobierno está en las peores manos.
Óscar Puente, que este miércoles tuiteaba sobre la superioridad sarracena de la izquierda, es un buen ejemplo en ambos casos.
Mientras tanto, RTVE, con más de sesenta perecid, revelaba sus actuales prioridades: «El accidente ha caído como un mazazo en plena precampaña electoral».
