En un trabajo, en cualquiera, todo es urgente, salvo que creas que el trabajo no es algo que esperen de ti o que tú no harías por algo que te importara. Un trabajo es una función que haces (la que sea, sea dirigir una corporación o reponer compresas en un pasillo de supermercado).
Si los que reponen compresas en un supermercado y los que dirigen una corporación entendieran de verdad que ambos puestos se necesitan y que son igual de imprescindibles, habríamos avanzado mucho (al margen de que el que reponga en el supermercado cobre cientos de miles de euros y, además tenga, bonus por compresa y el dirigente de la corporación cobre el sueldo base y si, en todo caso, hace que la compañía gane mil millones más, le dan un día libre al año más).
No sé si el ejemplo que pongo es facineroso, comunista, anarquista, falangista o lo que sea... Solo es un ejemplo, una broma, una boutade o una metáfora, que no puede serlo, pues es real, si así sucediera. Quizá, una verdad difícil de admitir por los que se dicen comunistas, anarquistas, falangistas o facinerosos... o por algunos de ellos.
Nota: la ventaja que tenemos los que somos de un tal pensamiento, sin desdeñar ninguno, es que podemos serlo de cualquier cosa, mientras tal cosa, sea buena para todos, y no solo para uno mismo. En su momento nos llamaban de una forma, ahora, creo que, más o menos lo mismo, de otra. En cualquier caso, al margen de que nos llamen de una manera u otra, somos los mismos... (los de las buenas personas o el sentido común).
Nota: no porque yo me crea buena persona, que, sin duda, no debo serlo, sino por los que me apoyen, seguro que lo son.