El plan que une deportaciones masivas y robots industriales
A finales de 2025 y comienzos de 2026, la administración estadounidense intensificó las deportaciones de migrantes sin papeles mientras las grandes tecnológicas presentaban robots humanoides y camiones autónomos listos para producción. La coincidencia temporal ha disparado una tesis que circula con fuerza: la expulsión de mano de obra barata no responde a un arrebato identitario, sino a la necesidad de crear escasez de trabajadores para forzar a los empresarios a comprar automatización. El argumento, expuesto con detalle en un análisis que ha generado más de un centenar de respuestas, sostiene que los magnates tecnológicos financiaron campañas políticas para acelerar ese escenario.
El mecanismo sería sencillo: vaciar el mercado laboral de trabajadores migrantes en sectores como la construcción, la hostelería, la agricultura o la logística, dejar a los empresarios sin personal dispuesto a aceptar salarios bajos y ofrecerles entonces la solución robótica. Los vídeos de puertos y almacenes chinos operando sin apenas presencia humana se han convertido en la prueba visual de que la tecnología ya está lista. La pregunta que sobrevuela el análisis es incómoda: ¿qué pasa con los millones de trabajadores autóctonos que tampoco quieren recoger fresas por un salario de miseria?
La renta básica como parche del sistema
La segunda pata del plan sería la renta básica universal. Si los robots hacen el trabajo, sobra gente. Y a esa gente hay que mantenerla quieta, consumiendo lo mínimo y sin generar conflictividad social. El Ingreso Mínimo Vital español, concedido de forma automática a los desempleados que agotan la prestación, se cita como ejemplo de hacia dónde va el modelo:
entre 800 y 1.000 euros digitales al mes para vivir, con el alquiler intervenido o vivienda pública, y el resto del consumo canalizado hacia lo que producen las empresas automatizadas.
La financiación de esa renta saldría de impuestos a los robots, a la inteligencia artificial y a la producción. El círculo se cierra: se destruye empleo humano, se sustituye por máquinas, se grava a las máquinas para pagar la supervivencia de los desplazados y se garantiza que ese dinero vuelva al circuito del consumo.
Sostenibilidad fiscal a largo plazo mediante la eliminación del factor humano del proceso productivo. Casi nada.
¿Por qué se expulsa a los migrantes y no se les regulariza?
Porque regularizarlos mantendría el salario bajo y retrasaría la compra de robots. La expulsión no busca pureza cultural, sino
encarecer la mano de obra por la vía de la escasez. Si no hay quien cargue camiones por cuatro dólares la hora, el empresario tendrá que pagar más o automatizar. Y como pagar más reduce el margen, la opción tecnológica gana enteros.
Hay quien señala que las redadas y deportaciones espectaculares sirven sobre todo como escaparate para una base electoral que aplaude la medida, mientras los flujos migratorios legales hacia Estados Unidos siguen siendo muy superiores a las expulsiones efectivas. La operación de imagen funcionaría como coartada: se satisface al votante con gestos simbólicos y se prepara el terreno económico real, que es la sustitución de trabajadores por máquinas.
China y Estados Unidos compiten por el mismo mercado
Los robots humanoides de fabricantes chinos ya se presentan como operarios para industria y servicio doméstico. Los camiones autónomos circulan por carreteras chinas. En Estados Unidos, las mismas tecnológicas que financiaron campañas presionan para vender su propia versión.
Europa es el mercado a conquistar: un continente envejecido, con salarios altos y una industria de asistencia social que absorbe mucho dinero público.
La estrategia incluiría financiar partidos europeos de corte nacionalista para que apliquen políticas migratorias restrictivas que, paradójicamente, beneficien a las tecnológicas estadounidenses. Se cita el apoyo de Elon Musk a Alternativa para Alemania durante las elecciones alemanas como ejemplo de esa interferencia. El objetivo final sería desmantelar la industria de la asistencia a migrantes y redirigir esos fondos hacia la compra de automatización.
El escepticismo: la conducción autónoma aún no está resuelta
No todos compran el relato. Hay quien sostiene que
la conducción autónoma está muy lejos de resolver los imponderables del transporte real. Un camión se enfrenta a obras, accidentes, decisiones éticas imposibles y situaciones caóticas que ninguna IA actual maneja con solvencia. La automatización total sería viable solo en entornos controlados, tipo almacén o puerto, no en carretera abierta.
Otros recuerdan que llevamos más de un siglo escuchando predicciones sobre el fin del trabajo humano. Desde las teorías maltusianas del siglo XIX hasta los informes de los años setenta, la cantinela se repite. La diferencia ahora, argumentan, es que la tecnología ya existe y funciona. La pregunta no es si llegará, sino cuándo y a qué velocidad.
La natalidad y el control demográfico
El análisis deriva hacia un terreno más oscuro: el control de la natalidad. Si sobra gente, la lógica del sistema empuja hacia políticas de planificación demográfica. Se mencionan teorías sobre documentos desclasificados que ya contemplaban ese escenario hace décadas.
Conspiranoico o no, el dato es que la tasa de natalidad cae en todo el mundo desarrollado sin que nadie haya explicado del todo por qué.
La digitalización serviría para gestionar mejor los recursos en un contexto de pico del petróleo. El dinero digital permitiría prohibir a la gente quemar combustible en aviones y coches, algo que ya se insinúa con las zonas de bajas emisiones y las leyes de movilidad sostenible. El control biométrico y la IA completarían el cuadro.
El análisis se atasca en un punto: si el plan es tan evidente y los robots están tan listos, ¿por qué las empresas siguen contratando humanos en sectores donde la automatización sería rentable? La respuesta más repetida es que el despliegue masivo requiere que el coste de la mano de obra suba primero. Y para eso hay que echar a los que trabajan barato. El resto es esperar a que el mercado haga su trabajo.