Un forero afirma que el 40% de los que reman lo hace en turno de noche
Hay una pregunta que estos días circula por los mentideros digitales: ¿cuántos no reman actualmente? La respuesta, a juzgar por los testimonios recogidos, es que la mayoría rema, pero muchos lo hacen a regañadientes. La metáfora del remo —trabajar— sirve para radiografiar una España donde el esfuerzo no siempre se traduce en recompensa.
Solo un 20% declara no remar en absoluto, y de ese grupo, una parte significativa lo hace gracias a una
herencia o a una paguita que les permite vivir sin dar palo al agua. El resto, o rema, o finge que rema.
¿Cuántos no reman actualmente?
La pregunta inicial, lanzada al aire, obtuvo respuestas dispares.
Un forero afirma que un 40% de los que reman lo hace en turno de noche, una modalidad que algunos consideran «premium» porque, según argumentan, la noche se paga mejor o al menos permite conciliar de otra manera. La mayoría, sin embargo, rema en horario diurno y sin especial entusiasmo.
Remar, remo lo menos posible, confiesa un participante, que añade que no necesariamente hacia delante. La ironía es la tónica general: muchos admiten que su remo es más inercia que vocación.
Paguitas, herencias y el sueño de no remar
La posibilidad de no remar se asocia a menudo con la existencia de una
paguita o con haber heredado un piso.
Un participante afirma que si tuviera un pisito heredado iba a remar su putísima madre —expresión que resume el sentir de una generación que ve en el trabajo una condena más que una oportunidad—. Otros, en cambio, presumen de vivir de rentas o de ahorros, aunque no especifican cuántos. La pregunta «¿Ahorros y rentas o paguita?» queda sin respuesta clara, lo que sugiere que el pelotazo inmobiliario o la herencia familiar son las vías más citadas para escapar del remo.
El remo como castigo y la baja laboral
No todos los que no reman lo hacen por gusto.
Hay quien está de baja y volverá a remar antes o después. La baja laboral, en este contexto, se presenta como un paréntesis, no como una liberación definitiva. La conversación deriva hacia la idea de que trabajar en España es de «subnormales», una opinión extrema que, sin embargo, conecta con un malestar más amplio: la sensación de que el esfuerzo no compensa.
El remo es duro, sentencia otro, sin más añadidos.
¿Qué hay detrás de la metáfora del remo?
La metáfora del remo, tomada del lenguaje coloquial, alude al acto de trabajar, especialmente cuando se hace por obligación. La pregunta «¿Cuántos no remais actualmente?» busca cuantificar cuántos han logrado escapar de esa obligación. Las respuestas dibujan un panorama donde
la mayoría rema, pero muchos lo hacen con desgana o en condiciones precarias. La mención al turno de noche como «remo premium» sugiere que ciertos trabajos, aunque duros, ofrecen ventajas que otros no tienen. La conversación, en definitiva, refleja una realidad laboral fragmentada, donde la herencia y las ayudas públicas marcan la diferencia entre remar o no.
Al final, la cifra que descoloca no es cuántos reman, sino cuántos admiten que lo harían menos si pudieran.
La inercia de la nave, como dice otro, debería llevar a buen puerto. O no. Quién sabe.