Correos pide moderar los envíos urgentes en plena campaña navideña
¿Tiene sentido que una empresa le pida al cliente que consuma menos de su propio servicio? Es lo que ha hecho Correos: entre el Black Friday y Reyes prevé repartir más de 100 millones de paquetes y ha lanzado una reflexión pública sobre el uso excesivo del envío urgente, animando a un consumo responsable. La reacción no se ha hecho esperar. En el fondo del asunto hay una pregunta incómoda: ¿es una empresa en apuros pidiendo clemencia o un operador saturado que intenta ordenar su demanda?
El mensaje oficial mezcla dos cosas que no siempre van juntas: la sostenibilidad y la capacidad operativa. La compañía sostiene que muchos pedidos se tramitan como urgentes sin serlo, y propone reservar esa modalidad para lo que de verdad corre prisa. La propuesta, en plena temporada alta, ha caído como una bomba entre quienes ven en ella una excusa para no reforzar el servicio.
Qué ha dicho Correos y por qué ahora
El detalle importa: la empresa no pide que se compre menos, sino que se use con criterio la etiqueta de urgente. Entre el Black Friday y Reyes se prevé el envío de más de 100 millones de paquetes, una cifra que tensiona cualquier red logística. La reflexión que propone Correos apela al uso responsable del envío urgente, no a reducir pedidos.
Sin embargo, el contexto no ayuda. La compañía arrastra un modelo que, según las críticas, ha ido recortando servicios: cierre los sábados, cierre los días 24 y 31 de diciembre, oficinas con horarios reducidos. Hay quien recuerda que antes, en estas fechas, se anunciaba un refuerzo de personal que ahora no llega. La pregunta que sobrevuela es sencilla: si el volumen es previsible, ¿por qué no se dimensiona la plantilla en lugar de pedir al cliente que module su comportamiento?
El negocio de la paquetería: competencia, márgenes y clientelismo
El sector vive una paradoja. Las empresas privadas de paquetería llevan años ganando dinero, mientras Correos, según sus críticos, acumula pérdidas millonarias. La comparación es inevitable: ¿por qué una compañía con 300 años de historia no compite en igualdad? Hay quien apunta al clientelismo y a los contratos heredados como lastre; otros señalan que la competencia real brilla por su ausencia en ciertos nichos.
El argumento de la privatización aparece una y otra vez. Se recuerda que muchas empresas postales europeas fueron privatizadas y hoy tienen beneficios. Frente a eso, la defensa del servicio público sostiene que la comparación es tramposa: el operador tradicional asume obligaciones de servicio universal que el resto no cubre. El resultado es un pulso entre dos relatos que no terminan de encontrarse.
Funcionarios, laborales y el mito del empleado público
Una parte del malestar se dirige al estatus laboral de la plantilla. Se repite que los empleados de Correos ya no son funcionarios, sino personal laboral fijo, y que los que conservaban la condición de funcionario fueron trasladados a otras empresas públicas. El matiz importa porque desmonta el tópico del «funcionario intocable» que se va a las 14:30.
Aun así, la percepción social sigue anclada en la idea de un empleo blindado. Los testimonios sobre cartas acumuladas durante meses, paquetes dejados en casas equivocadas o servicios que se han degradado alimentan esa imagen. La discusión de fondo es si el problema es de actitud o de gestión: una plantilla desmotivada y sin refuerzos frente a una demanda creciente.
El cliente atrapado: precios, aduanas y alternativas
Para el usuario, la decisión rara vez es libre. En muchos comercios online, la elección de transportista la hace la tienda, no el comprador. Y cuando el paquete llega de fuera de la UE, de Ceuta, Melilla o Canarias, aparecen cargos que sorprenden: hay quien relata haber pagado casi seis euros por una publicación gratuita llegada del Reino Unido sin entender el motivo.
La alternativa privada tampoco sale gratis. Los envíos urgentes de otras compañías tienen sus propios fallos: avisos de entrega que no se cumplen, paquetes mal entregados, atención al cliente mejorable. El consumidor queda atrapado entre un servicio público que pide moderación y operadores privados que no siempre cumplen.
El fondo del asunto: ¿servicio público o empresa que debe dar beneficios?
La discusión trasciende la logística. Si Correos es un servicio público, su objetivo no es maximizar beneficios, sino garantizar cobertura. Si es una empresa, debe competir y adaptarse a la demanda. El problema es que se le exige lo uno y lo otro a la vez, sin darle los medios para ninguna de las dos cosas.
Mientras tanto, la campaña navideña avanza y los paquetes siguen acumulándose. La petición de moderación suena razonable en el plano teórico, pero choca con la realidad de un consumidor acostumbrado a la inmediatez. Y con la de una empresa que, en lugar de ampliar capacidad, pide al cliente que se contenga. Ironía fina: el único operador que pide por favor que no le den trabajo.