Ya hice un post contando…
Follow along with the video below to see how to install our site as a web app on your home screen.
Nota: This feature may not be available in some browsers.

Un reclutado ucraniano huyó tras comprobar que debía costearse comida y equipo, y sin contrato firmado. Le han ofrecido regresar para tareas administrativas, pero su entorno desconfía de esa promesa.
La historia es sencilla y fea. Un hombre fue reclutado en Ucrania, vio que tenía que pagarse la comida y el equipo de su bolsillo, y escapó. Nunca le hicieron contrato. Si le vuelven a reclutar, tampoco se lo harían.
Su sargento le escribió pidiéndole que volviera, con la promesa de que no le enviarían al frente. No responde a la pregunta de qué fue de sus compañeros. Ese silencio pesa más que la oferta.
Un compañero de su antigua unidad, ascendido de grado tras resultar gravemente herido, le ha prometido que si regresa hará papeleos y no irá al frente. Su entorno no se fía: para lo administrativo, sostiene, ya hay lisiados y mujeres. Él confía en su amigo.
El problema de fondo es la situación legal. Sin contrato, no hay garantías. Si le atrapan, según su entorno, acabaría en el frente o en prisión. Salir del país se le ha vuelto muy difícil.
La confianza personal no sustituye a un documento firmado. Cuando lo que está en juego es el frente o la cárcel, una promesa verbal vale lo que vale.
Ya hice un post contando…