Disparo a quema ropa contra soldados ucranianos: ruso o fuego amigo
Un grupo de soldados ucranianos permanece de pie junto a un blindado ruso averiado, en la cuneta de una carretera. Un tanque se acerca por la misma vía, a paso lento. Nadie corre, nadie se cubre, nadie dispara. Alguno levanta la mano en lo que parece un saludo. Un segundo después, el carro abre fuego a bocajarro y la escena desaparece en una nube de polvo. El vídeo del
disparo a quema ropa circula desde hace días con una pregunta que nadie logra cerrar: ¿de quién era ese tanque?
Qué muestra el vídeo: selfies junto a un blindado averiado
La secuencia arranca con varios militares alrededor de un vehículo blindado ruso abandonado, identificable por la letra pintada sobre la carrocería. El que graba parece estar dejando constancia de la captura del aparato: unos posan, otros charlan y alguno mira al horizonte sin más. Es el tipo de escena que un ejército convierte en propaganda y que, vista desde fuera, se parece demasiado a una excursión.
Después llega el fogonazo. La segunda parte del material, bastante más dura, muestra a los mismos hombres junto al blindado abandonado en la cuneta. Una estimación a ojo que circula entre quienes han revisado las imágenes fotograma a fotograma habla de
entre diez y quince bajas, aunque no hay forma de comprobarlo con lo que se ve.
¿Por qué los soldados ucranianos no reaccionaron al ver el tanque?
No reaccionaron, y esa es justo la parte que descoloca. La explicación más repetida es que creían estar ante
un vehículo propio o capturado. Si el carro que se aproximaba era un trofeo de guerra recuperado por sus propias fuerzas, no había motivo para alarmarse: lo lógico era saludar y seguir con las fotos. La hipótesis encaja con el contexto, pero no con el desenlace: quien iba dentro del tanque no dudó ni un segundo.
Las cuatro posibilidades que se barajan
El origen del carro y la identidad de su tripulación abren un abanico de escenarios que conviene ordenar antes de tomar partido. Si el tanque era ucraniano y su tripulación también, estaríamos ante un caso de fuego amigo: los soldados ven a sus compañeros junto a un blindado enemigo, temen una emboscada y disparan. Si era ucraniano con tripulación rusa, el efecto sorpresa sería total. Si era ruso con tripulación rusa, los de la cuneta se habrían confundido creyendo que era un trofeo en manos amigas. Y si era ruso capturado y reconvertido, la tripulación ucraniana pudo leer cualquier movimiento como una trampa.
Hay quien sostiene que la balanza se inclina hacia la primera opción por un detalle técnico: el que graba el segundo vídeo lleva una
cinta azul en la pierna, la marca de identificación habitual de las fuerzas ucranianas. En contra juega que esas cintas también se han documentado en unidades irregulares y que la identificación visual se ha vuelto un caos en esta guerra.
La tesis del fuego amigo y sus indicios
La corriente que gana peso apunta a un error de las propias fuerzas ucranianas. Se apoya en varios detalles: en la versión más larga se escucha un
segundo pepinazo, señal de que la tripulación del tanque tardó en dar por buena su decisión, y también ráfagas de ametralladora pesada. El material posterior, con el blindado siendo retirado por una grúa, apunta en la misma dirección.
A esto se suma un argumento de manual que apareció pronto: una infantería no debe agruparse alrededor de un vehículo en campo abierto. Ni con un carro amigo cerca. La lección, de primero de academia, se cobró su factura en segundos.
Por qué a los dos bandos les interesa que el carro sea ruso
El ruido informativo tiene un incentivo claro. Si el tanque era ruso, la parte ucraniana se ahorra el bochorno de haber matado a los suyos y la parte rusa se apunta un golpe limpio contra el enemigo. Las dos narrativas ganan. Eso no prueba nada, pero explica por qué la tesis del fuego amigo ha tardado en abrirse paso frente al relato más vistoso.
Lo que el vídeo no permite aclarar
Ninguna de las piezas cierra el caso. Se ha especulado con que el carro sea un
T-72B3, un modelo que solo manejaría Rusia; pero el análisis de las imágenes no basta para confirmarlo ni para descartar que fuera un blindado recuperado y repintado. Las marcas blancas visibles tampoco coinciden con un patrón conocido.
La respuesta depende de testigos que todavía no han hablado: los propios supervivientes ucranianos. Hasta entonces, el asunto se mueve entre certezas prestadas y capturas de pantalla. Y el vídeo, por mucho que se pause y se amplíe, termina justo donde empieza el problema: en un fogonazo y una columna de humo.
Material audiovisual descrito sin reproducir imágenes explícitas de violencia.