Irán condenó a la horca a dos conversas por repartir 20.000 biblias
Maryam Rostampour y Marziyeh Amirizadeh, nacidas en familias musulmanas, se convirtieron al cristianismo seis años antes de conocerse en 2005, mientras estudiaban teología en Turquía. Regresaron a Irán, montaron dos pequeñas iglesias en su apartamento —una para jóvenes y otra para trabajadoras sexuales— y distribuyeron Nuevos Testamentos en persa. La respuesta del Estado fue una condena a muerte en la horca por apostasía, actividad antigubernamental y blasfemia. Pasaron cerca de 259 días en la prisión de Evin. En 2009 salieron libres y al año siguiente fueron absueltas de todos los cargos. Emigraron a Estados Unidos como refugiadas.
La noticia, publicada por
Okdiario con firma de Marta Torres, recupera un caso de hace casi dos décadas justo cuando las dos mujeres han vuelto a la actualidad: apoyan públicamente la operación de Israel y Estados Unidos contra los ayatolás y agradecen a Donald Trump su interés por el pueblo iraní. Ese detalle temporal —el caso es de 2008-2009, la toma de posición es de ahora— es el eje del problema. Y el problema es que casi nadie discute el fondo: discuten la fecha.
Qué ocurrió entre 2005 y 2010
El relato de las dos mujeres, recogido en su libro
Cautivas en Irán, sitúa la detención como abrupta. «Nos separaron y comenzaron a preguntarnos por nuestra fe, por nuestras reuniones y por nuestras actividades», declararon después. Los cargos se ampliaron a delitos religiosos graves bajo la legislación vigente. Durante los interrogatorios en Evin, la presión tenía un solo objetivo: «Nos decían que si negábamos a Cristo podríamos salir libres inmediatamente».
La presión internacional funcionó. Fueron liberadas en 2009 y absueltas al año siguiente. Después, refugiadas en Estados Unidos, han hecho de su biografía una gira de conferencias por iglesias y grupos cristianos, con parada reciente en Sudáfrica. Amirizadeh ha pedido abiertamente la eliminación de la República Islámica y en 2024 declaró que no votaría a Kamala Harris porque, a su juicio, sus valores ponen en peligro a las mujeres en Oriente Medio. Rostampour Keller va más allá: «Tras la caída del régimen, necesitamos muchos cristianos listos y preparados para ir a Irán y compartir a Jesús con la gente».
El sistema legal iraní y la apostasía
El ordenamiento iraní contempla sanciones severas para la apostasía y la propaganda religiosa no autorizada, un marco que las organizaciones de derechos humanos señalan como factor de riesgo para los conversos. La clave está en el matiz: las minorías reconocidas —armenios, asirios— pueden practicar su culto, pero aisladas y vigiladas. Lo que se persigue es evangelizar fuera de esa jaula. Repartir 20.000 biblias no es un delito de fe privada; es una actividad considerada contraria a la seguridad del Estado.
Hay quien sostiene que las condenas responden a delitos comunes y no a la fe, y cita la existencia de un barrio cristiano en Teherán como prueba de tolerancia. En contra pesa el dato de que el cargo formal fue la apostasía, es decir, precisamente el abandono del islam. La discusión, por tanto, no es si Irán tolera cristianos: es si tolera que un musulmán deje de serlo.
Por qué un caso de 2009 se discute en 2026
El desfase temporal es el reproche más repetido. Las condenas son de hace diecisiete años, las absoluciones también, y lo único nuevo es la gira de promoción del libro y el respaldo a la operación militar. Desde esa óptica, presentar el caso como noticia de hoy es una operación de encuadre: sirve para justificar una intervención exterior con un relato de mártires.
La contraargumentación tiene su propia lógica. Que el caso sea antiguo no invalida el sistema que lo produjo, y las dos protagonistas no son testigos neutrales: son parte interesada en el cambio de régimen. Ambas cosas pueden ser verdad a la vez. El lector que llega buscando una condena reciente se encuentra con una historia cerrada y con dos activistas que hoy militan en otro bando. Ese es el punto exacto donde el análisis se atasca.
Este artículo se basa en la información publicada sobre el caso y en los testimonios recogidos en el libro de las protagonistas. Las condenas fueron absueltas y las acusaciones aquí descritas se corresponden con el proceso judicial iraní tal como lo relatan las afectadas.