Dos PC gaming para dos hijos: de 699 € en Carrefour a 1.800 €
Un padre con dos hijos de 12 y 13 años abre la web de Carrefour, encuentra un pack con torre, monitor, teclado, ratón y auriculares por 699 € y cree haber resuelto la papeleta. Media hora después tiene un segundo modelo de 829 € en otra pestaña y la sensación de que nadie le está diciendo lo mismo dos veces. La pregunta —¿sirve para lo que juegan mis hijos?— acaba en una factura que multiplica por más del doble la oferta inicial: entre 1.500 € y 1.800 € por cada uno.
El primer equipo monta un
Ryzen 5 3400G con 16 GB de RAM DDR4, 2 TB de disco mecánico más 240 GB de SSD y gráficos integrados, con Windows 10 Home. El segundo sube a un
Intel Core i5-9400 y añade una
GTX 1650 de 4 GB, pero llega sin sistema operativo. Comparten pantalla de 23,6 pulgadas y periféricos, y los dos se venden como equipos
gaming.
Qué esconde un PC de hipermercado a 699 €
El folleto enseña lo que vende y esconde lo que importa. No aparece la marca de la placa base, ni la de la fuente de alimentación, ni la velocidad real de la memoria, y hay quien sospecha que no llega a 3.200 MHz. La caja se queda en un
SSD de 240 GB, ajustado para el sistema y dos juegos grandes. Los periféricos incluidos —teclado, ratón, auriculares— son el reclamo clásico para redondear el precio y distorsionar la comparación: comprados sueltos, apenas valen un puñado de euros.
Hipermercado, oferta y letra pequeña. La acusación más repetida es que estos packs son una trampa para quien no entiende de hardware. Y el matiz que lo refuerza: entre reciclar un equipo viejo al que hay que ir ampliando cosas y comprar gama baja decente apenas hay diferencia de precio, pero sí un abismo de prestaciones.
¿Por qué la gráfica integrada no vale para jugar?
Aquí está la línea que separa un ordenador de oficina de un equipo de juegos. El Ryzen 5 3400G lleva gráficos integrados: suficientes para ofimática y vídeo, incapaces de mover los títulos que estos chavales tienen en la cabeza. Para LOL, Fortnite o FIFA hace falta tarjeta dedicada, aunque sea modesta. El segundo modelo la trae —una GTX 1650—, pero con solo 4 GB de memoria gráfica y una arquitectura ya mayor. La conclusión que más se repite apunta a una decepción rápida, en cuanto comparan con el equipo mejor equipado de un amigo.
Hay un contrapunto razonable: si lo que van a jugar es
Among Us o partidas sueltas de LOL, casi cualquier torre con 16 GB de RAM y arranque en SSD cumple de sobra. El problema es que nadie compra un PC pensando en lo que juega hoy, sino en lo que querrá jugar en dos años.
Montar por piezas gana terreno
La alternativa que se abre paso es el configurador de una tienda especializada, donde se elige componente a componente y se sabe qué se está pagando. Frente a eso, el argumento de quien no quiere complicaciones es que el cliente medio quiere que el PC funcione y punto. La discusión se mueve entre esos dos polos, y la recomendación práctica que sale de ahí es sencilla: evitar los packs que regalan monitor y periféricos y poner ese dinero en la placa, la fuente y el almacenamiento.
La escasez de gráficas lo enreda todo
El contexto del momento no ayuda. La escasez de tarjetas gráficas marca los precios y la
RTX 3060 de 12 GB se anunció por
335 €, una cifra que sonaba a broma cuando en las tiendas no había nada a ese precio. Los fabricantes amenazaban con subidas y la falta de GPUs debía estirarse, al menos, hasta mayo. La recomendación dominante: aguantar y esperar a la nueva gama media-baja. Mientras tanto, las ventanas reales de ahorro se reducen a un Black Friday o a un 21% de descuento sobre el IVA en una gran superficie.
De 699 € a 1.800 €: la configuración que acabó ganando
El desenlace retrata un presupuesto que se desborda. La oferta inicial se descarta y se monta un equipo a medida: un
Ryzen 5 3600X de 226,90 €, una placa
Gigabyte B550M por 87,99 €, 16 GB de RAM DDR4 a 3.200 MHz (150 €), un disipador de 45,99 €, un SSD M.2 NVMe de 1 TB por 122,60 € y un Seagate de 2 TB por 56,98 €. El total ronda los 1.300 €, más unos 300 € de pantalla. Entre 1.500 € y 1.800 € por hijo, con la compra aplazada a febrero por falta de stock en diciembre.
El pack de 699 € quedó enterrado. Para dos adolescentes que juegan a Among Us, LOL y Fortnite y que, en el mejor de los casos, editan algún vídeo, la factura se multiplicó por más de dos. Y hay un detalle que no aparece en ningún folleto: un equipo de juegos serio se mueve en torno a los
250 W de consumo, mientras que un procesador de bajo consumo se conforma con
24 W. Las horas de
vicio terminan pesando en la factura eléctrica tanto como el propio regalo.