La Comisión Europea dice no tener poder en casos penales individuales
¿Cómo puede Bruselas tachar de farsa los referéndums de Zaporiyia, Jersón y Donbás mientras Bélgica suspende una euroorden tras otra contra Carles Puigdemont? La contradicción no es un detalle menor: es el eje de un asunto que lleva años enquistado. La Comisión Europea repite que no tiene competencias para intervenir en casos penales individuales, que eso corresponde a las autoridades judiciales de los Estados miembros. Y ahí se acaba el argumento. Porque si la Justicia belga decide no entregar al expresident, la UE se lava las manos. Pero si España aplica esa misma lógica a los referéndums del este de Ucrania, entonces sí hay pronunciamiento. El doble rasero no lo inventa Moscú: lo fabrica Bruselas cada vez que calla, según sostiene un forero.
Qué dice exactamente la Comisión Europea sobre las euroórdenes
El texto que circula es literal: «The Commission has no general powers to intervene in individual criminal cases. The assessment of each individual case is the competence of the judicial authorities of member states». Traducido: la Comisión no tiene poder general para intervenir en casos penales individuales; la evaluación de cada caso corresponde a los tribunales nacionales. Es la respuesta oficial cuando se le pregunta por qué Bélgica no ejecuta las euroórdenes contra Puigdemont.
El problema es que ese mismo principio, aplicado a Ucrania, desmonta el discurso con el que la UE califica de «falsos referéndums» las consultas de Zaporiyia, Jersón y Donbás. Si cada caso penal es competencia nacional, ¿por qué no lo es cada referéndum? La Comisión no ha dado una respuesta que cuadre las dos cosas, según el forero.
Por qué Bélgica se ha convertido en el refugio judicial del expresident
Bélgica no es Estado miembro de la UE en el sentido de que su Justicia actúe como brazo ejecutor de las euroórdenes españolas. Es Estado miembro, sí, pero su tribunal competente ha suspendido una euroorden tras otra. La última, según los datos disponibles, sigue en el aire. Y mientras tanto, Puigdemont mantiene su escaño y su agenda política desde territorio belga.
Hay quien sostiene que Bélgica solo aplica garantías procesales que España no ofrece. En contra pesa el argumento de que la euroorden es un instrumento de reconocimiento mutuo: si cada país puede reinterpretarla a su gusto, el sistema se vacía. La paradoja es que Bruselas exige a España que ejecute las órdenes contra los independentistas, pero no exige a Bélgica que entregue a Puigdemont. La Comisión no tiene poder, dice. Cómodo.
El paralelismo que Moscú explota y Bruselas no sabe desactivar
La comparación es inevitable. En Zaporiyia, Jersón y Donbás se celebraron consultas bajo ocupación militar, sin observadores independientes y con el resultado escrito de antemano. En Cataluña se celebró un referéndum declarado ilegal por el Tribunal Constitucional, sin garantías y con una participación que nunca se certificó. Bruselas califica los primeros de farsa y guarda silencio sobre el segundo.
El argumento de que Bélgica no es Ucrania no responde a la pregunta. La pregunta es por qué la UE tiene competencia para deslegitimar unos referéndums y no para obligar a un Estado miembro a cumplir una euroorden. La respuesta oficial es que no tiene competencia para lo segundo. Entonces, ¿de dónde sale la competencia para lo primero?
Qué está en juego para España en este pulso
España ha visto cómo Bélgica suspendía euroórdenes mientras la Comisión miraba hacia otro lado. El Gobierno español ha protestado, ha pedido explicaciones y ha recibido siempre la misma respuesta: es cosa de los jueces belgas. La consecuencia práctica es que Puigdemont sigue en Bruselas, con escaño y sin entregar.
Para España, el coste no es solo judicial. Es de credibilidad. Si la UE no puede obligar a Bélgica a entregar a un prófugo, ¿con qué autoridad moral exige a Rusia que respete la integridad territorial de Ucrania? No es una pregunta retórica. Es la pregunta que cualquier diplomático ruso pone encima de la mesa y que nadie en Bruselas responde sin balbucear, según el forero.
La Comisión Europea tiene razón en algo: no puede intervenir en casos penales individuales. Lo que no explica es por qué sí puede opinar sobre referéndums individuales. Con ese doble rasero, la UE no necesita enemigos que le recuerden su incoherencia. Ya los tiene en su propio boletín oficial.