Las cartas de Nicolich y el fuselaje quemado entran en el hilo
El hilo se ha desviado hacia el papel. Bonaire cuelga las dos cartas que Gustavo Nicolich escribió desde el glaciar los días 21 y 22 de octubre de 1972 y las trae desde Sociedad de la Nieve. El forero avisa de que es un post largo y pide leerlo: es
una fuente primaria escrita en los Andes. A partir de ahí, el foco salta del descenso a qué se quemó en el fuselaje y qué contaron los que ya no están.
Qué se ha sabido
De las cartas, Bonaire extrae tres cosas: Gustavo se contradice de una a otra pese a escribirlas en días consecutivos, la versión oficial
difiere con furia del papel, y él no parece un natural born killer como Parrado, «por eso, como si de una peli de Scream se tratase, muere». En la primera, Nicolich cuenta desde «un lugar divino, todo cerrado por montañas» que hay
26 vivos y que ese mismo día ha muerto la hermana de Parrado. Las cartas están enteras en
este enlace.
TedKord tira del mismo sitio para rescatar a los menos conocidos. Sobre Álvaro Mangino: se rompió la pierna en el accidente y, según esa web, así sigue a día de hoy, sin operar. Añade que al principio se mostró con «algo de egoísmo e histeria» y que después trabajó como el que más, y que gozaba con el beneplácito de Roberto Canessa y Eduardo Strauch, que lo protegían. TedKord avisa de que es la primera vez que lee lo de
egoísmo e histeria.
Warrior trae extractos de las propias cartas para cerrar el asunto de si se movieron o no. Allí pone que la primera expedición sale el
17 de octubre, «solo 3 o 4 días tras el accidente», con Carlos Páez, Numa Turcatti, Canessa y Fito Strauch. Otra, el 23 de octubre, va a arreglar una radio. Y un texto del 5 de noviembre describe la expedición de prueba de Carlitos Páez, Roy Harley y Antonio Vizintín, que vuelven en «deplorable estado físico y mental».
Del documental, Cripps sigue tomando notas. Náufragos de los Andes, en La 2 y en RTVE Play. Le choca que uno de los rescatadores vaya identificando las caras de los muertos y que hable de cuerpos enteros. Añade que en un reportaje de hace dos años los propios rescatistas cuentan que quemaron el fuselaje. Crisopa recuerda que volvieron «meses después del rescate con un cura para rezar y enterrar» y prendieron fuego al avión.
Otros cabos sueltos: Roy Harley pesaba
85 kilos el 13 de octubre de 1972 y llegó al hospital chileno con
38, según FiorenzoMagni. Gnomo corrige a Rextor88: el hotel El Sosneado estaba cerrado desde 1953, aunque tuviera guardés. Ginko apunta que no se puede vivir sólo de músculo por el síndrome de intoxicación por proteínas. Y TedKord ha escuchado el podcast del Centinela del Misterio, que habla de un pacto de silencio y de fotos de Roy Harley que «jamás saldrán a la luz». TedKord resume también ese podcast: dos aludes, el primero el más fuerte, y la lectura de que la primera avalancha les vino bien, porque los protegió de la tormenta, convirtió el fuselaje en algo parecido a un iglú y les dio más carne. Uno de los Strauch, cuenta, se cabreó cuando lo salvaron tras una experiencia cercana a la muerte.
De paso queda corregido un error del propio foro: la frase de que los cuerpos huelen a cementerio y que ni los animales se les acercarían no era de un rescatista, sino del arriero y su hijo. Crisopa lo reconoce sin problema.
Dónde está la bronca
Dos peleas corren en paralelo y una es más ruidosa que la otra.
La de siempre: ¿debieron bajar? Rextor88 lo tiene claro: eligieron tirar hacia Chile y «tuvieron la suerte padre al encontrarse al arriero». Warrior responde con la lista de expediciones: la primera, a los cuatro días del accidente; otras hacia el este, que volvieron «en deplorable estado físico y mental». Acepta que él no sabe «lo que haría yo en esa situación», pero exige que se deje de decir que no se movieron.
La nueva: por qué se quemó el fuselaje. Crisopa sostiene que
ese avión nunca se tenía que haber quemado y que no se hizo la debida investigación. ussser apunta que una familia sí reclamó los restos y tuvo problemas con la policía. Rextor88 admite que había
tres cuerpos enteros: los de la madre y la hermana de Parrado y el de una mujer que murió la primera noche. V.R.N. pregunta dónde están las entrevistas a los familiares de los muertos y sospecha del procedimiento posterior con los huesos.
Y una tercera discusión, más pequeña: el mecánico del avión, el único militar a bordo. V.R.N. y ussser sostienen que, al caer los mandos superiores, a él le tocaría llevar encima el arma. ussser añade que en la película de 1993 lo presentan como un trastornado. TedKord recuerda que ese mecánico «muere como no podía ser de otra forma, en el alud».
Qué cambia respecto a antes
Se da por superado el cristalito, el hacha y de dónde salían los panes del arriero. El material está ahora en el papel. Las cartas de Nicolich entran como fuente primaria y se convierten en la pieza que alimenta la sospecha de que el relato de los supervivientes va por un lado y los documentos por otro. El asunto nuevo es el fuego: quién lo prendió, cuándo y qué se llevó por delante. La broma del mate de Gonzalor queda como único respiro: «Un uruguayo puede aguantar cualquier cosa menos quedarse sin mate».