Empezar de cero en bolsa: qué leer y qué evitar
Un ahorrador de 35 años, con piso y coche pagados y una nómina estable, se pone un objetivo: pasar de analfabeto financiero a inversor en un año. Quiere empezar con cinco cifras, diversificar entre bolsa, un pequeño negocio online y criptomonedas, y formarse durante la fase final de su ahorro. Su petición es concreta:
material serio, sin vendedores de crecepelo. La respuesta que recibe dibuja un mapa bastante útil de por dónde se entra a este negocio y, sobre todo, de dónde están las trampas.
Los libros que se repiten en todas las listas
La primera recomendación que cuaja es una trilogía que se repite sin coordinación previa.
Invertir en Bolsa a Largo Plazo Partiendo de Cero, de Gregorio Hernández, funciona como libro de texto para coger un nivel medio de terminología y conceptos.
Un Paso por delante de Wall Street, de Peter Lynch, es el más ameno y el mejor escrito para quien arranca. Y
What Works on Wall Street, de Jim O'Shaughnessy, sube el nivel: lo firma un gestor de fondos y se nota.
La advertencia llega con el cuarto.
You can be a Stock Market Genius, de Joel Greenblatt, trata situaciones especiales y no se aprovecha si se lee tan pronto. El orden importa. Y un aviso que se repite:
la mayor parte de esa bibliografía se encuentra gratis en internet si se rasca lo suficiente.
¿Merece la pena pagar por formación?
El consenso es tajante. En este mundillo hay demasiada información gratuita, incluso en exceso, y pagar por cursos de trading se considera directamente un sacacuartos. Los podcasts se llevan la otra mitad de las recomendaciones:
Tu dinero nunca duerme para terminología y conceptos,
Una vida invirtiendo con entrevistas a inversores,
Alfa positivo con gestores y
Másdividendos con particulares. En vídeo, el canal de Value School, sobre todo las presentaciones largas de inversores y métodos.
Hay una figura que se cita como contrapeso filosófico: Marcos Pérez, de Inversobrio, que bebe de Nassim Taleb y no dice en qué fondo concreto invertir. Útil, se argumenta, para no dejarse deslumbrar por los bancos y los traders de moda.
El colchón antes que la cartera
Antes de comprar nada, la recomendación más repetida es tener un colchón de gastos de un par de años para dormir tranquilo, y mover solo lo que pase de ahí. El autor del mensaje inicial ya lo tiene cubierto: nómina estable, vivienda y coche pagados, y un horizonte declarado de
cinco a siete años, diez como muchísimo.
Ahí aparece la primera grieta. Con ese horizonte, avisan, la volatilidad de la bolsa no se sortea: puede llegar una corrección y encontrarte con pérdidas justo cuando necesitas el dinero. La respuesta es que en bolsa se mete lo que sobra, no lo que se necesita.
Brokers: Degiro, IB y el aviso sobre los CFD
En plataformas, la conversación se ordena rápido. Para empezar con poco dinero se menciona Degiro: mediocre, pero sin comisiones por casi nada y con acciones reales. Por encima de
100.000 dólares de cartera aparece Interactive Brokers, más profesional pero con una comisión de unos 10 dólares al mes si no se llega a esa cifra. Y un aviso explícito: en plataformas tipo Plus500 lo que se negocia no son acciones, son CFD, con comisiones encubiertas.
La alternativa que gana peso es el roboadvisor. Indexa Capital se cita como opción de bajo coste y sin quebraderos de cabeza, con la idea de montar dos carteras de perfiles distintos, una para cada miembro de la pareja. La duda que queda abierta es cómo funcionan las aportaciones extra y si la cartera rota o se ajusta sola.
Indexación frente a stock picking
La corriente mayoritaria recomienda que el grueso de la cartera sean fondos indexados globales comprados sistemáticamente, la misma cantidad cada trimestre o una aportación mensual automática, y olvidarse de intentar comprar en caídas. Frente a eso, el autor del mensaje inicial se inclina por una cartera de
cuatro o cinco valores a largo plazo con 8.000 a 10.000 euros.
El contraargumento es duro: si no entiendes la indexación, no inviertas en ella. Y una advertencia sobre el perfil psicológico, con la comparación del póker online de 2008 a 2011, donde la disciplina y la gestión de banca separaban a los ganadores de los que dilapidaban todo por dejarse llevar.
Queda un dato que descoloca. En un mundo con información gratuita hasta ahogar, con libros de leyendas de Wall Street descargables y podcasts a docenas, la pregunta que más se repite no es qué comprar. Es cuándo entrar. Y la respuesta honesta, la que nadie firma, es que nadie lo sabe.