Zelensky y el pronóstico más repetido: polonio, accidente o exilio
La pregunta no es si Volodímir Zelensky sobrevivirá políticamente, sino de qué manera concreta terminará sus días. Un sondeo informal de 100 respuestas, abierto hace 593 días, ha ido acumulando pronósticos que van del envenenamiento con polonio al accidente aéreo, pasando por el retiro dorado en Israel o Miami. El consenso, si se puede llamar así, es que
no morirá de viejo.
El punto de partida del debate es una certeza incómoda: el presidente ucraniano sabe demasiado. Quien lo dice no lo hace como amenaza, sino como diagnóstico.
Sabe demasiado y puede hablar, resume una intervención que condensa el temor de muchos. En ese marco, la muerte natural —o incluso la muerte sin más— deja de ser la hipótesis principal y se convierte en la excepción.
Polonio, accidente aéreo y otras salidas violentas
La opción más repetida es la del envenenamiento. El polonio, el novichok y el té con tarta aparecen una y otra vez como métodos plausibles.
El polonio se ha convertido en el símbolo de las ejecuciones silenciosas, y varios mensajes lo dan por hecho. La referencia a Prigozhin —cuyo avión se desintegró en el aire— funciona como precedente:
el avión donde viaje, pilotado por Prigozhin, desaparecerá bajo una nube blanca.
El accidente aéreo es la segunda vía más citada. No se trata de un accidente cualquiera, sino de uno fabricado: un helicóptero que falla, un avión que se cae sin explicación. La ventaja de este método es que permite el descargo oficial.
Un aparato de esos puede fallar, se argumenta, como si la probabilidad técnica fuera el único factor en juego.
La tercera vía es la ejecución directa. Un tiro en la nuca, un francotirador, un ahorcamiento. Aquí las nacionalidades de los ejecutores varían según el pronóstico: británicos, rusos, estadounidenses o ucranianos. Cada uno tiene su método preferido. Los británicos, según esta lógica, optarían por el accidente de tráfico; los rusos, por el veneno; los estadounidenses, por el disparo certero; los ucranianos, por la horca.
El exilio dorado: Miami, Israel o Tel Aviv
Frente al catálogo de muertes violentas, hay una corriente que apuesta por la huida. Zelensky agarraría el maletín con los millones y tomaría un avión a Miami en el último momento. Otros lo ven en Israel,
como casi todos los suyos, según una formulación que mezcla geopolítica y prejuicio. El exilio de lujo no es una hipótesis descabellada: varios mensajes recuerdan que ya ha pasado antes con otros líderes.
El problema de esta tesis es que Zelensky no es un líder cualquiera. Ha sido el rostro visible de un conflicto que ha costado cientos de miles de muertos.
Su legado sería la destrucción de su país, apunta un análisis que subraya que ni Minsk ni Estambul fueron aprovechados. En ese escenario, ni Miami ni Tel Aviv garantizan tranquilidad. Los enemigos internos y externos no desaparecen con un vuelo transatlántico.
La variante israelí tiene un componente étnico que el debate no desarrolla, pero que aparece en varias respuestas.
Terminará sus días en Israel, como casi todos los suyos, se dice, sin especificar quiénes son los suyos. Es una línea argumental que se apoya en lazos familiares y en la comunidad judía, pero que no pasa de ser una conjetura.
El cálculo político: elecciones, paz y dignidad
Hay un cuarto escenario, menos espectacular pero más plausible: el retiro pactado. Desde Washington le estarían sugiriendo que convoque elecciones, que haga lo posible por perderlas y que se retire con un mínimo de dignidad. Es la salida que menos sangre derrama, pero también la que menos encaja con el personaje.
El drogainómano no se da por enterado, sentencia una intervención que resume el escepticismo sobre esa vía.
La firma de un acuerdo de paz con términos realistas tampoco le salvaría. Si firma, los sectores más radicales de su propio país lo considerarían un traidor. Si no firma, la guerra continúa y su desgaste aumenta.
Su vida en Ucrania no valdría nada, concluye un análisis que ve a Zelensky atrapado en una ratonera de la que solo puede salir huyendo.
La comparación con Ceausescu aparece como advertencia. El dictador rumano terminó ejecutado tras un juicio sumario. La diferencia es que Zelensky no es un dictador, pero la analogía sirve para ilustrar que los finales abruptos no son exclusivos de regímenes autoritarios.
La historia está llena de líderes que subestimaron su propio final.
¿Qué probabilidad hay de que muera de viejo?
Muy baja, según el conjunto del debate. La opción de una muerte natural, rodeado de familia, en una cama de acero y con sábanas de Holanda, se plantea como una ironía más que como un pronóstico serio.
Ese no muere de viejo, zanja una respuesta que condensa el sentir general.
La única voz que apuesta por un final tranquilo lo compara con Churchill: morirá anciano, en su país, y será enterrado como un héroe. Es una excepción en un coro que mayoritariamente descarta esa posibilidad. La referencia a Churchill no es casual: ambos lideraron a su país en una guerra existencial, pero Churchill no tenía a medio mundo señalándolo como responsable de una masacre evitable.
El debate no llega a un consenso sobre el método, pero sí sobre el desenlace.
Solo la fecha es incierta, su destino está sellado, resume una intervención que podría firmar la mayoría. La pregunta que queda flotando es si ese destino se cumplirá antes o después de que Zelensky abandone el poder.
El análisis se atasca en un punto: nadie sabe quién dará la orden. Los rusos tienen motivos, los ucranianos también, y los servicios occidentales no son ajenos a este tipo de operaciones. La única certeza es que Zelensky no parece tener intención de facilitarles el trabajo.