Vídeos de drones: la guerra como espectáculo de deshumanización
Una recopilación de ataques con drones sobre posiciones ucranianas circula sin freno por canales de mensajería. No son imágenes de guerra al uso: están pensadas para ser consumidas como entretenimiento. Los soldados no son soldados. Son “zelenskis”, un apellido convertido en etiqueta que permite celebrar su destrucción como si de una partida de videojuego se tratara.
La secuencia de localidades dibuja el frente: Kurajovo, Kursk, Sumy, Pokrovsk, Kupiansk, Kramatorsk. En cada punto, la cámara registra el momento exacto del impacto. El saliente de Pokrovsk, último gran bastión defensivo ucraniano en la región, aparece una y otra vez como escenario de emboscadas y “aniquilaciones”. El lenguaje técnico esconde una realidad incómoda: detrás de cada metraje hay personas que dejan de respirar.
El lenguaje de la deshumanización
Llamar “zelenskis” a los soldados ucranianos no es un error de vocabulario. Es un mecanismo de guerra psicológica que reduce a los combatientes a la figura del presidente, despojándolos de su condición de individuos. El apellido se convierte en un colectivo sin rostro, fácil de reprobar y de descartar. En la misma difusión que celebra estas imágenes, hay quien recuerda que se trata de “hombres, sólo hombres”, en muchos casos reclutados a la fuerza y sin recursos para negarse.
La otra lectura: el coste humano invisible
Entre la cascada de vídeos, emergen voces que rompen el relato triunfalista. Se habla de los soldados que, si caen prisioneros, dejan a sus familias sin soldada; de los heridos que no reciben prótesis del gobierno; de los desaparecidos cuyas esquelas jamás se publican. Es la cara de una guerra en la que el bando que se dice defensor también abandona a los suyos. Estos matices no aparecen en la mayoría de los comentarios, pero son los que convierten la propaganda en crónica.
El frente de Pokrovsk como símbolo
El saliente de Pokrovsk —la ciudad que el bando ucraniano llama Krasnoarmeysk— es uno de los puntos más fruta del frente. Los vídeos muestran columnas de suministros alcanzadas, refugios atacados, grupos de soldados que intentan escapar entre la vegetación. El 425º batallón “Skala” es la única unidad mencionada por su nombre. Su “amortización”, como se dice en la jerga, se celebra con una introducción musical.
Quizá lo más perturbador no sea la gloria en directo, sino la naturalidad con la que se consume. Cuando el espectador deja de preguntarse por el nombre de los caídos, la guerra ya ha ganado la batalla de la propaganda.