Gentuza https://t.co/qrW4lvpqbi pic.twitter.com/9WvTAUZVVg
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Un mensaje en X califica de "gentuza" a un grupo de personas y sugiere que hay "moros camuflados" entre manifestantes, sin aportar prueba alguna. Es un ejemplo de cómo se construye el relato de la amenaza difusa en redes sociales.
Un mensaje en X califica de "gentuza" a un grupo de personas y sugiere que hay "moros camuflados" entre manifestantes, sin aportar prueba alguna. Es un ejemplo de cómo se construye el relato de la amenaza difusa en redes sociales.
La publicación es breve y no aporta contexto. Un usuario de X comparte una imagen y escribe una sola palabra: «Gentuza». El texto que acompaña al enlace, sin embargo, va más allá: habla de «ciudadanos» que se enfrentan a «abertzales y moros camuflados» y menciona heridos. No hay nombre de lugar, ni fecha, ni fuente que respalde lo que se afirma. Es un mensaje que no informa: señala.
«Gentuza» no describe un hecho. Lo enmarca. Es un término que en español coloquial descalifica a un colectivo entero sin necesidad de argumentar nada. Al usarlo junto a «abertzales» y «moros camuflados», el mensaje construye una escena de confrontación donde el lector ya sabe quién es el malo antes de ver una sola imagen. La ausencia de datos concretos no es un descuido: es el formato. Un tuit así no busca informar, busca que se comparta.
La idea del «camuflado» tiene una función muy concreta: convierte a cualquier persona que participe en una protesta en sospechosa. Si alguien puede estar disfrazado, cualquiera puede serlo. Es un mecanismo que se ha usado en contextos muy distintos y que no requiere pruebas porque se alimenta de la desconfianza previa. En este caso, además, mezcla dos frentes: el conflicto vasco y la inmigración. Dos temas que no tienen por qué estar relacionados, pero que juntos activan más alarmas.
Un mensaje así no se puede contrastar porque no ofrece nada que contrastar. Y precisamente por eso es eficaz. Circula, se comparte y deja un poso: la sensación de que algo grave ha pasado y de que alguien lo está ocultando. Los heridos que menciona el texto no aparecen identificados en ninguna fuente. La economía de la atención premia lo que indigna, y este mensaje lo sabe.
No hace falta creerse el tuit para que funcione. Basta con que genere duda. Y en un ecosistema donde la información circula más rápido que las correcciones, la duda es rentable. Cada vez que un mensaje de este tipo se comparte, se refuerza la idea de que hay grupos enfrentados y de que la versión oficial no es fiable. Eso tiene un coste: desgasta la confianza en las instituciones y en los medios que sí verifican.
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