El CIS dispara al PSOE 5,3 puntos sobre el PP
Una encuesta que coloca al PSOE 5,3 puntos por delante del PP y hunde a Vox. Ese es el titular que el Centro de Investigaciones Sociológicas puso sobre la mesa en su barómetro y que, en cuanto se difundió, activó el resorte de siempre: la duda sobre el cocinero. Porque el CIS no es una encuesta cualquiera. Es un organismo público, pagado con dinero de todos, y su presidente, José Félix Tezanos, lleva años convertido en el blanco favorito de quien sospecha que el sondeo se cocina antes de publicarse. La cifra, 5,3 puntos, es lo bastante abultada como para que nadie la deje pasar.
Qué dice el barómetro y por qué nadie se lo cree
El dato central es ese:
5,3 puntos de ventaja socialista sobre el Partido Popular y un retroceso de Vox que, según el sondeo, lo deja muy tocado. En el análisis inmediato, la respuesta más repetida fue la sospecha de manipulación. Se argumenta que Tezanos «saca la salsa y el gusto de su jefe» cada cierto tiempo para agradar y conservar el puesto, y que estas encuestas sirven para justificar después lo que algunos llaman pucherazos. Hay quien va más allá y sostiene que si la encuesta se hubiera hecho en determinados entornos sindicales, el resultado cuadraría igual.
La paradoja que señalan los más críticos es sencilla: si los datos fueran ciertos,
Sánchez no tendría motivo para no convocar elecciones. Y no las convoca. Ese silencio, dicen, es la mejor refutación del barómetro.
El argumento que descoloca: la economía percibida
Frente al coro de la cocina, aparece un matiz que merece atención. El CIS no solo pregunta por intención de voto. También pregunta por la situación económica, y ahí los números se parten en dos: un
64% considera buena o muy buena su situación económica personal, mientras un
62% califica de mala o muy mala la del país. La gente no extrapola lo que vive a lo que ve. Y eso, sostienen algunos análisis, explica por qué un gobierno puede mantener apoyo mientras el relato general es catastrófico.
A partir de ahí, el diagnóstico se divide. Unos creen que el votante premia la estabilidad y el empleo, aunque sea precario. Otros replican que la suma de realidades individuales es la que construye la realidad social, y que si a alguien le va bien, difícilmente percibirá el desastre. La discusión, en el fondo, es sobre qué mide una encuesta: el bolsillo o el relato.
La comparación con Montoro y el impuesto que nadie olvida
Uno de los giros más interesantes del análisis es la comparación fiscal. Hay quien sostiene que
Cristóbal Montoro fue mucho peor que el actual equipo económico, y lo argumenta con nombres propios: el modelo 720, que complica tener broker extranjero y cuyas multas llegaron a escandalizar a Bruselas; la subida de impuestos por encima de lo que pedía Izquierda Unida; la reintroducción del impuesto de patrimonio que Zapatero había eliminado; el exit tax, que dificulta la inversión extranjera; y la subida del impuesto de sociedades a las pymes. La tesis es que, con ese historial, el actual gobierno sube impuestos con moderación y sin disparates.
Es un argumento incómodo para quien espera una hecatombe económica. Y conecta con otra idea recurrente: que salvo el problema de la vivienda, donde la izquierda señala a los especuladores, la situación en la calle no es desesperada. El cálculo completo de esa comparación fiscal, partida a partida, da para un análisis que no cabe en cuatro líneas.
El rival ausente y el factor Ayuso
La otra pata del análisis no es económica, es política.
Sánchez gobierna por ausencia de alternativa elegible, sostienen algunos: un rival con dificultades para expresarse en inglés, lastrado por su pasado y por un socio al que se describe como poco trabajador. Si a eso se suma la gestión de la DANA y el desgaste de Isabel Díaz Ayuso, el panorama se complica para la derecha. La conclusión de esta corriente es que el PSOE no gana por méritos propios, sino porque el contrario no da miedo.
La advertencia que nadie quiere oír
Y luego está el aviso incómodo. Cada vez que sale un CIS, todo el mundo se ríe de Tezanos. Llegan las elecciones, las demás demoscópicas fallan, el CIS acierta y todos los partidos y medios legitiman el resultado. Después vuelve la normalidad, nuevo sondeo y otra vez la burla. El patrón se repite elección tras elección, y quien lo señala pide que se abran los ojos de una vez.
El dato que descoloca no es la ventaja de 5,3 puntos. Es que, pese a todo, la maquinaria sigue funcionando igual: encuesta, escándalo, risa y vuelta a empezar.