Twitter limita la lectura y exige registro para ver tuits
Twitter acaba de cerrar la puerta. La red social propiedad de Elon Musk ha empezado a exigir el registro obligatorio para ver cualquier contenido y a aplicar un límite de lectura de 600 publicaciones diarias para las cuentas no verificadas. El mensaje que se encuentran millones de personas al intentar consultar un tuit es el de «Rate Limit Exceeded»: has superado el número de conexiones permitidas. La medida coincide en el tiempo con las declaraciones de Emmanuel Macron, que ha culpado a las redes sociales de los disturbios en Francia y ha anunciado que se tomarán medidas para «eliminar contenido sensible» e «identificar» a quienes llamen al desorden. La coincidencia ha disparado las sospechas: ¿es una avería técnica o un ciberconfinamiento selectivo?
Qué ha pasado exactamente con Twitter
El cambio no es menor. Hasta ahora, cualquiera podía leer tuits sin necesidad de tener una cuenta. Desde este fin de semana, la plataforma obliga a iniciar sesión o registrarse para acceder a cualquier contenido. El propio Elon Musk justificó la decisión argumentando que se estaban produciendo «extracciones masivas de datos» que degradaban el servicio para los usuarios normales. «¡Nos estaban saqueando los datos tanto que estaba degradando el servicio para los usuarios normales!», escribió en su cuenta. La excusa oficial es el scraping: programas automatizados que recopilan información de la plataforma para entrenar inteligencias artificiales. Pero el remedio ha resultado peor que la enfermedad. No solo los no registrados no pueden ver nada; es que las cuentas registradas también se topan con el muro. El límite de 600 tuits diarios para usuarios no verificados, 6.000 para los que pagan la suscripción azul y 300 para las cuentas nuevas ha convertido la experiencia en un laberinto. Hay quien sostiene que el problema es una sobrecarga puntual de servidores; otros apuntan directamente a una operación de control. La fecha del fallo, según Downdetector, comenzó a las 17:52 horas, justo después de que Macron cargara contra las redes por los disturbios.
La coincidencia con Macron y las protestas en Francia
El presidente francés compareció para anunciar que su gobierno tomará medidas contra las plataformas que, según él, permiten la organización de disturbios. «Identificaremos a quienes llaman al desorden», dijo. Horas después, Twitter empezaba a fallar. La secuencia temporal es, como mínimo, llamativa. En Francia, la policía ha autorizado el uso de drones para vigilar París y varios municipios desde las 18:00 horas hasta el lunes 3 de julio a las 6:00, según el arrêté préfectoral número 2023-00772. El ministro de Justicia, Éric Dupond-Moretti, ha amenazado con penas de dos años de cárcel y 30.000 euros de multa a los padres de menores que sean sorprendidos en la calle por la noche. El paquete completo —drones, toques de queda, multas y ahora el cierre de la principal red de información en tiempo real— dibuja un escenario que muchos interpretan como un ensayo de confinamiento digital. La excusa del scraping y la excusa de los disturbios se solapan demasiado bien.
El negocio detrás del cierre: identidad y datos
Musk compró Twitter por 44.000 millones de dólares. La operación nunca cuadró. La plataforma no genera beneficios suficientes para justificar ese precio y todas las ideas para rentabilizarla —suscripciones, verificación de pago, publicidad— la degradan como producto. El cierre del acceso sin registro tiene una lectura económica inmediata: forzar el registro para capturar identidad. Sin cuenta no hay datos. Sin datos, no hay negocio. La identidad asociada al registro de opiniones e intereses es el activo real. El límite de 600 tuits diarios empuja a los usuarios a pagar los 8 euros mensuales de la suscripción azul para ampliar el cupo a 6.000. Es un embudo clásico: degradar el servicio gratuito hasta que el usuario pague. El problema es que, como señalan algunos análisis, la mayoría no pagará. Y los que lo hagan serán cuatro entusiastas. Mientras tanto, la red se vacía.
Las alternativas: Telegram, los foros y el regreso al bar
El cierre de Twitter ha reactivado el interés por otras plataformas. Telegram, que no exige registro para leer canales públicos, se ha convertido en refugio para seguir la actualidad sin filtros. Los foros de discusión, que nunca dejaron de existir, recuperan tráfico. Y hay quien, con ironía, propone volver al mus en el bar. La pregunta de fondo es si Twitter puede sobrevivir como red de información en tiempo real si solo 600 tuits al día separan al usuario de la actualidad. La respuesta, por ahora, es que no. Una red social que limita la lectura a 600 publicaciones diarias es, en la práctica, una red muerta. Y nadie va a pagar 8 euros por ver 6.000.
El experimento de Musk tiene un precedente incómodo: durante la pandemia, con millones de mensajes simultáneos sobre el mismo tema, Twitter no cayó. Ahora, con la excusa del scraping, se cae justo cuando Francia arde. La coincidencia no prueba nada. Pero tampoco la desmiente nadie. Lo que sí está claro es que la red que prometió ser el ágora de la libertad de expresión ha terminado siendo un embudo de pago con la puerta cerrada. Y los usuarios, como siempre, buscan la salida.