China pide que Europa participe en las negociaciones sobre Ucrania
La noticia, adelantada por EFE, no es un gesto de simpatía: es un cálculo económico. China defiende que Europa juegue un papel en las negociaciones sobre Ucrania, y el mensaje ha caído como un jarro de agua fría en un continente que lleva tres años descubriendo que no pinta nada en su propia guerra. La paradoja es de manual: el principal rival comercial de la UE sale a recordarle a Washington que a los europeos no se les puede tratar como a un lacayo. Y no lo hace por cariño.
El interés chino: Europa como cliente, no como aliado
El argumento que recorre el análisis es simple: China no quiere una Europa humillada porque Europa es su segundo mejor cliente. Si Washington arrastra a Bruselas a una ruptura comercial, los aranceles europeos a los productos chinos se multiplican y Pekín se queda con un agujero en su cuenta de resultados. El cálculo es frío: cada punto de PIB europeo que se evapora es un pedido menos de maquinaria, de coches y de componentes.
Hay quien va más allá y sostiene que el verdadero objetivo chino es aprovechar la grieta entre Europa y EEUU para estrechar lazos económicos. La OTAN saltando por los aires sería el sueño húmedo de Pekín, y esa posibilidad está encima de la mesa. Otros apuntan a que a China le viene de perlas una Rusia convertida en proveedor sumiso de hidrocarburos baratos a cambio de munición. Si Rusia revienta, la beneficiada es China, que recuperaría influencia en Siberia y Mongolia.
El diagnóstico militar de la UE
El diagnóstico más repetido es que la UE no aguanta una guerra. El ejército español, se argumenta, tiene un 60% de chupatintas y oficiales, y no es operativo. Solo el francés tiene experiencia real en África; los polacos gastan mucho pero no han olido pólvora. La conclusión que se impone: la UE no aguanta un conflicto, y con países como España claramente antibelicistas, hasta una potencia menor podría quitar territorio.
El contrapunto llega desde otro flanco: los ejércitos europeos son más que suficientes, pero la industria no está preparada para una campaña de dos o tres meses. Los suministros, no los soldados, son el cuello de botella. Y ahí entra el cálculo que circula: el ejército profesional español cuesta 15.000 millones al año. ¿Podría ese ejército entero expulsar a los rusos de Ucrania? La pregunta queda flotando, sin respuesta unánime.
El desgaste ruso y el doble win europeo
La tesis más ambiciosa del análisis es la del doble win: la UE saca un comunicado, no reconoce los acuerdos de paz, sigue apoyando militarmente a Ucrania hasta restituir las fronteras previas, manda tropas europeas y aprovecha el desgaste ruso para frenar a Moscú y sacar a EEUU de la influencia europea. Sobre el papel, impecable. Sobre el terreno, la pregunta es quién pone los ataúdes.
Porque ahí está el nudo: ¿aguantarían nuestras democracias recibir 1000 ataúdes al mes por una guerra a miles de kilómetros? La respuesta que se da es que no. Ucrania ya no tiene soldados de reserva, y si Europa sigue, tendría que reclutar en España, Francia, Italia, Alemania o Polonia. El escenario que se dibuja no es el de una victoria rápida, sino el de un desgaste político interno que ningún gobierno europeo ha querido afrontar.
La historia como aviso: Napoleón y Hitler
El recordatorio histórico es recurrente: a Napoleón y a Hitler les fue mal en Rusia. La advertencia no es menor en un momento en que se discute enviar tropas europeas. La geografía y el invierno han derrotado a más ejércitos que cualquier arma. Quien ignore esa lección, se dice, repite el error.
También se recuerda que Ucrania fue fundadora de la URSS en 1922, un detalle que algunos esgrimen para cuestionar el relato de que Ucrania es Europa. La historia, en este asunto, se usa como arma arrojadiza en ambas direcciones.
El papel de EEUU y el negocio de la guerra
La lectura más crítica apunta a que EEUU se ha forrado con esta guerra, ha debilitado a Rusia y ahora los europeos pagan la cuenta. La propuesta que se lanza es que Europa diga a Washington que la próxima aventura vaya solo con sus cojones, que deje a EEUU ocuparse de Ucrania, que se fortalezca militarmente y se independice para siempre. El gas ruso, se recuerda, no se compra porque la UE se auto-embargó en un acto de «me enfado y no respiro».
El trasfondo es una pregunta incómoda: ¿quién se beneficia realmente de que Europa siga en esta guerra? La respuesta que se insinúa es que no precisamente los europeos.
Al final, la pregunta no es si China tiene razón, sino por qué necesita decirlo. ¿Qué clase de actor internacional ha llegado a un punto en que su principal competidor sale a defenderle la dignidad?