China es un país del Tercer Mundo, y lo dice el FMI
Según un análisis que abre el debate, el Fondo Monetario Internacional cataloga a
China dentro de los 152 países en situación de Tercer Mundo, eufemísticamente llamados «en vías de desarrollo». El mismo organismo que, según ese planteamiento, elevó al gigante asiático al rango de superpotencia económica lo devuelve ahora al grupo de los países pobres. La contradicción que se señala es de manual: no se puede ser a la vez la segunda economía del planeta y un Estado en desarrollo con 600 millones de personas bajo el umbral de la pobreza.
Qué dice exactamente el FMI sobre China
La clasificación del FMI incluye a China entre los 152 países en vías de desarrollo, según la lista que se cita en el debate. El dato se presenta como una lista oficial que sitúa al país en la misma categoría que decenas de economías africanas, latinoamericanas y asiáticas.
El propio organismo que certificó el milagro chino es el que ahora lo desmiente, según el planteamiento que abre el análisis.
La clave está en qué se mide. La acusación central es que la contabilidad macroeconómica china se hizo con los grandes agregados —PIB total, reservas, exportaciones— pero sin bajar al detalle microeconómico: renta por habitante, distribución territorial, acceso a servicios básicos. Un país puede tener un PIB gigantesco y una población mayoritariamente pobre. No es una paradoja nueva; es la definición misma de desigualdad estructural.
600 millones de chinos en la pobreza y un mapa que lo enseña
El dato más repetido en el análisis es contundente:
600 millones de chinos viven en la pobreza, según se afirma en el debate. El mapa que acompaña la discusión muestra una coincidencia llamativa entre las zonas rurales del interior y la ausencia de electrificación. El gobierno chino asegura haber erradicado la pobreza desde 2010; los datos que circulan apuntan en dirección contraria.
Hay quien matiza que la pobreza tiene grados y que meter en el mismo saco a 150 países con diferencias enormes es una simplificación burda. Es un argumento razonable. Pero no invalida el hecho de que la clasificación oficial del FMI sitúe a China en ese grupo, con o sin matices.
El nivel de vida real: 600 euros en China no son 600 euros en España
Uno de los puntos más discutidos es el poder adquisitivo.
Un sueldo de 600 euros en China equivale a un nivel de vida cercano a 2.000 euros en España, según uno de los cálculos que circulan. El coste de la vida, la vivienda y los servicios básicos funcionan con otra escala. Eso explica que el umbral de pobreza fijado por la ONU en 600 euros mensuales resulte, cuando menos, discutible.
La esperanza de vida es otro dato que se cruza en la discusión.
Estados Unidos y China comparten cifra, pero la tendencia diverge: la estadounidense sube, la china arrastra un problema demográfico con una población cada vez más envejecida. El gigante tiene pies, y no todos son de barro: algunos son de edad avanzada.
Las megaciudades como cementerio económico
La inversión en megaciudades es otro frente. Hay quien sostiene que muchas de esas urbes son hoy cementerios económicos, proyectos milmillonarios lanzados sin viabilidad real. La imagen de rascacielos vacíos y barrios sin actividad contradice el relato de modernidad acelerada.
El contraargumento es que China ha jugado bien sus cartas: se aprovechó del retraso industrial occidental, absorbió inversión extranjera y ahora la redirige a I+D. El músculo industrial existe. La duda es si ese músculo sostiene a 1.400 millones de personas o solo a la casta vinculada al partido.
Quién vive bien en China
La respuesta más repetida: los adheridos al Partido Comunista y su entorno.
Ni los empresarios de alto nivel tienen libertad para librarse del sometimiento al PCCh. El resto, ya sea rural o urbano, sobrevive con márgenes estrechos. La censura, el crédito social y el control informativo completan el cuadro.
La paradoja final es la de los apologistas: defienden con vehemencia un país al que no se mudan.
Ni los más entusiastas se resuelven a irse a su admirada China. Es el dato que no aparece en ningún informe del FMI, pero que dice más que muchos de ellos.
Si el FMI mantiene la clasificación, la próxima revisión del estatus chino será el termómetro real. Con estos números sobre la mesa, la etiqueta de superpotencia tiene fecha de caducidad. O no. Depende de quién firme el próximo informe.