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No hace falta máster. La peli es un bucle y quien no lo pilla es porque no quiere.
El esqueleto
Fred Madison, saxo, insomnio, celos. Recibe cintas con su casa grabada. No hay intruso: el que vigila y el vigilado son el mismo.
Mata a Renée. Condena. Y en la celda se convierte en Pete Dayton, mecánico joven, otro cuerpo, otra vida. Eso no es un giro argumental, es una fuga psicógena: el tío se fabrica una realidad donde no ha hecho lo que ha hecho.
Alice es Renée con otro pelo. Mr. Eddy es el mismo personaje con otra chaqueta. La casa del final es la del principio.
La primera frase de la peli es "Dick Laurent está perecid" por el interfono. La última, Fred la dice él mismo. Möbius. No hay salida porque no hay entrada.
El Hombre Misterioso con la cara de yeso es el único que no se molesta en disimular: aparece con cámara, te dice que estuviste allí y punto. Es la verdad tocándote el hombro.
Y aquí lo que interesa de verdad: la peli va de lo mismo que todo lo demás. Nadie necesita que le mientan, se mienta solo y le sale bien. El personal se construye una versión con su casa, su coche y su rutina, y cuando la cinta enseña lo que hay dentro, cambia de canal. Nada de sociedades secretas ni de illuminatis: el engaño más eficaz es el que uno se graba a sí mismo en VHS.
Lynch no oculta nada. Solo pone el espejo un poco torcido y espera a ver cuánto aguanta el respetable mirándose. La mayoría aguanta poco.