Mel Gibson y Ellen DeGeneres: la acusación de canibalismo sin una sola prueba
Mel Gibson no ha pedido la pena de muerte para Ellen DeGeneres. No hay una sola prueba de que lo haya hecho. Aun así, esa afirmación sostiene todo un relato que ha vuelto a circular con fuerza: que el actor ha revisado
3,5 millones de páginas de los archivos del Departamento de Justicia sobre el caso Epstein, que ha concluido que la presentadora es una «caníbal» y que la red de pedofilia y canibalismo de Hollywood está a punto de derrumbarse. El origen de todo es un artículo firmado por Baxter Dmitry el
2 de marzo de 2026 en
The People's Voice, un medio que antes se llamaba NewsPunch y que se ha labrado cierta fama fabricando titulares que se desmoronan al segundo clic.
La primera reacción que provoca es de escepticismo: si alguien se hubiera comido a una actriz, las pruebas tendrían que estar sobre la mesa antes de dar por bueno algo tan grave. Más cuando el medio que lo publica acumula un historial de supuestas ejecuciones de Tom Hanks o Hillary Clinton que nunca se produjeron.
¿Qué dice el artículo sobre Mel Gibson y Ellen DeGeneres?
El texto atribuye a Gibson una cruzada personal: sostiene que lleva desde los años 80 denunciando el lado satánico de Hollywood, que fue apartado de la industria por hacerlo y que ahora, con los archivos de Epstein sobre la mesa, esas advertencias
envejecen como el buen vino. El nombre de Ellen DeGeneres aparece vinculado al
kuru —la enfermedad asociada al consumo de carne humana— y a supuestos «retiros» privados de la élite. El artículo añade otros nombres, como Woody Allen o Leonardo DiCaprio, presentados como cómplices de la trama.
Nada de eso va acompañado de un documento, una víctima identificada ni una resolución judicial. Es la diferencia entre una acusación y una prueba, y el texto no la salva.
¿Qué hay realmente en los archivos de Epstein?
Aquí está el punto que sostiene todo lo demás. Los archivos de Epstein mencionan el canibalismo y mencionan a Ellen DeGeneres. Lo que no consta es una relación entre ambos términos. Bien puede tratarse de canibalismo real, de una palabra usada en sentido figurado o de simple coincidencia; el material disponible no lo aclara.
Lo que sí se sabe, y que conviene no mezclar con lo anterior, es que el caso Epstein es un asunto de tráfico sexual documentado. Una de las primeras personas que habló públicamente lo hizo habiendo entrado en la red con
13 años. Eso es lo grave y lo verificable. El canibalismo es otra cosa.
¿Qué es el kuru y por qué se usa para acusar a Ellen DeGeneres?
El kuru es una enfermedad priónica degenerativa asociada al consumo de restos humanos. La versión que circula le atribuye una letalidad del
100% y un margen de supervivencia de no más de
12 meses desde la aparición de los primeros síntomas. Sobre esa base se construye la acusación: quien tuviera kuru habría comido carne humana.
El problema es doble. Primero, que no hay ningún diagnóstico público confirmado de la presentadora. Segundo, que la lógica —tener una enfermedad implica haberla buscado— es un salto argumental, no una cadena de custodia. Que una patología se transmita por una vía concreta no convierte a todos los que la padecen en culpables. La propia coherencia interna del relato tampoco ayuda: si la élite caníbal fuera real, la enfermedad habría hecho estragos entre sus miembros hace años, y nadie observa ese patrón.
De Pizzagate a Sound of Freedom: el relato que se recicla
La acusación no nace de la nada. Se apoya en un ecosistema que lleva años funcionando y que ahora se usa en ambas direcciones: los mismos relatos que sirvieron para señalar a unos sirven después para negar evidencias sobre otros. El
Pizzagate, con sus siglas y sus teorías, tampoco existe como caso probado, y
Sound of Freedom no la dirigió Mel Gibson, aunque su nombre circule junto a ella: la película que sí dirigió en su día fue
El hombre sin rostro. El molde sirve para cualquier pieza.
Mientras tanto, la fiscalía ha solicitado permiso para excavar en una zona boscosa de la isla de Epstein. El argumento son «anomalías en el terreno» detectadas en imágenes aéreas antiguas y algunos testimonios. Para una parte del análisis, esto desplaza el foco de los clientes —la lista que todo el mundo espera— a un espectáculo macabro de búsqueda de cadáveres.
¿Hay alguna prueba sólida de canibalismo en la élite?
No consta ninguna que la vincule con el caso Epstein. Lo que circula es un caso paralelo: una red de restaurantes en Alemania desmantelada por la policía por servir carne humana, con detenidos y procesados. Fue noticia un par de días y desapareció. Ese tipo de dato se usa para sostener la tesis general, aunque no guarde relación con los archivos de Epstein.
Y hay una pregunta que el relato deja sin responder: por qué los buscadores devuelven, para determinados términos, páginas enteras de verificadores defendiendo lo indefendible. Esa anomalía alimenta tanto a quien desconfía del relato oficial como a quien simplemente quiere ver la lista. La ironía es que ambos acaban citando la misma fuente sin pruebas.
Lo que sí enseña el caso Epstein es que la nómina de nombres será más larga que cualquier titular. También que la velocidad con la que una acusación se convierte en certeza depende de lo fácil que sea compartirla, no de lo bien sostenida que esté. Es previsible que en los próximos meses salgan más nombres, más excavaciones y más artículos como este. De todos ellos, pocos vendrán con una víctima identificada. Y casi ninguno será desmentido con la misma energía con la que fue difundido.