Carrefour pone en revisión su negocio en Argentina: 680 tiendas y 6.000 millones
Carrefour ha puesto en revisión su filial argentina. La cadena francesa, con presencia en 22 provincias, ha encargado al Deutsche Bank la búsqueda de comprador o socio para un negocio que suma 680 sucursales y ventas anuales cercanas a los 6.000 millones de dólares. La operación, según las fuentes consultadas, podría superar los 900 millones. El movimiento no es una retirada: es una posible venta. Y como toda venta, admite varias lecturas.
La versión oficial: revisión estratégica, no huida
La compañía anunció en febrero del año pasado un programa de revisión de todos sus negocios. El objetivo declarado por el CEO global, Alexandre Bompard, es desprenderse de activos no estratégicos y concentrarse en los mercados que considera centrales: Francia, España y Brasil. Argentina entra en esa lista de países bajo revisión. El mandato al Deutsche Bank es para valorar los activos y buscar candidatos, no para cerrar tiendas.
El especialista Diego Sola Prats lo resume sin rodeos: «detrás de esta decisión no hay un problema de la Argentina». La filial, dice, «está correctamente operada y es rentable». Su recomendación pasa por mantener a Carrefour como socio minoritario para aprovechar el poder de la marca, y ve margen de mejora en surtidos, abastecimiento, optimización del real estate y comercio electrónico.
El proceso: meses, ofertas no vinculantes y un data room
La venta no es inminente. El procedimiento incluye una «short list» de candidatos, un «data room» con la información financiera y la presentación de ofertas no vinculantes. Solo después se define la lista de aspirantes que pasan a la fase final. Puede llevar meses o más de un año. Y el resultado no está garantizado: el mandato puede concluir en venta total, en venta parcial o en nada.
Entre los posibles compradores suenan nombres conocidos del sector: La Anónima, de la familia Braun; el grupo GDN, que lidera Francisco de Narváez; y el fondo Inverlat, vinculado a los dueños de Havanna y Mercado Libre. También se ha mencionado a otra cadena francesa, Decathlon, con presencia en 80 países pero no en Argentina.
El debate: ¿se vende porque va bien o porque va mal?
Aquí empieza la disputa. Una parte del análisis sostiene que vender un negocio rentable no tiene sentido económico: si funciona, no se vende. Otra corriente responde que las multinacionales venden filiales rentables constantemente por motivos estratégicos, de deuda o de asignación de capital. Según un usuario del foro, Carrefour arrastraría problemas estructurales: márgenes ajustados y deuda elevada.
Hay quien apunta a una razón más prosaica: el modelo de hipermercado está desfasado. La competencia de supermercados de barrio, cadenas de descuento y comercio electrónico ha erosionado el negocio. En Argentina, la irrupción de operadores como Pepco o Walmart —con productos baratos y sin marca— habría comido terreno por los pies a Carrefour, que no ha sabido reconvertirse, según esta opinión.
La discusión deriva hacia el contexto macro. Se argumenta que la economía argentina muestra señales contradictorias: sube la venta de viviendas, coches y yates, pero baja el consumo en supermercados. El país estaría caro en dólares, con colas en la frontera para comprar en tiendas de países vecinos y un tipo de cambio con múltiples restricciones. Según un usuario, el FMI y otros bancos habrían rescatado al país con 40.000 millones de dólares en abril.
Los números que no cuadran
La pobreza afecta al 28% de los argentinos, según los datos citados, y está en su nivel más alto en veinte años. La inflación, aunque se ha moderado, sigue siendo una losa. El salario mínimo es una referencia para pensiones y convenios, pero en la práctica los sueldos formales rondan entre 800.000 y un millón de pesos, según un usuario. Por debajo de esa cifra, trabajar no compensa.
El empleo informal es enorme. Muchos trabajadores son cuentapropistas, y una parte importante de la economía opera en negro. Esa dualidad explica que la tensión social no haya estallado: la gente aguanta porque compara con la alternativa, no con el ideal, según esta opinión.
El cierre: el dato que descoloca
Carrefour no se va de Argentina: vende. La diferencia importa. Si el negocio fuera una ruina, no habría cola de compradores. Si fuera una mina de oro, tampoco. La realidad es más aburrida y más incómoda: es un activo que la matriz prefiere convertir en liquidez para reforzarse en otros mercados. Lo que pase con las 680 tiendas, los empleos y la marca depende de quién ponga el dinero. Y eso, a día de hoy, sigue sin saberse.