España acumula carencias militares: 90 obuses de 1970 y 39 misiles
Un inventario de las carencias materiales de las Fuerzas Armadas españolas, desglosado sistema por sistema, dibuja un ejército con más huecos que capacidades. El punto de partida es una lista que recorre desde la artillería lanzacohetes —sin ningún sistema operativo desde la baja del Teruel en 2011— hasta la aviación naval, donde los Harrier afrontan el final de su vida útil sin sustituto confirmado. Entre medias, un rosario de obsolescencias que en algunos casos se mide en décadas: los obuses autopropulsados M109 llegaron a España en 1970 y siguen en servicio, en torno a 90 unidades.
No es un problema de un solo ejército. Afecta a los tres. Y la discusión derivada tiene menos que ver con el catálogo que con la pregunta incómoda: ¿de qué sirve comprar material si no hay voluntad de usarlo?
Artillería, misiles y blindados: el inventario que no llega
El repaso empieza por la artillería de cohetes. Desde la retirada del sistema Teruel en 2011, España no tiene nada en ese segmento. La compra del PULS israelí estaba prevista, pero quedó suspendida. En artillería autopropulsada, la flota de M109 —cerca de 90 unidades— arrastra más de medio siglo desde la llegada de los primeros ejemplares en 1970.
En misiles de crucero, el inventario se reduce a
39 Taurus, con un alcance de unos 500 kilómetros que el propio análisis considera escaso para los estándares actuales. Hay quien apunta a una alternativa de producción nacional con más alcance relativo por precio, pensada para emplearse en masa.
El transporte de tropas concentra buena parte de los problemas. Cientos de TOA M113 y de BMR 6x6 siguen operativos con protección limitada. Sus relevos —el VAC y el DRAGON 8x8— acumulan retrasos: del primero no se ha recibido ninguna unidad; el segundo ha arrastrado problemas de desarrollo por su tamaño. Los blindados Leopard 2E y Pizarro, por su parte, carecen de sistemas de protección activa tipo Trophy o Iron Fist.
Drones, defensa aérea y el hueco de la quinta generación
En drones de ataque, España dispone de
cuatro Reaper armados. No hay nada equivalente a los drones suicidas tipo Lancet ni a los FPV guiados por fibra óptica. La defensa antidrón se describe directamente como inexistente, con el recuerdo de cómo los TB2 cambiaron el equilibrio en Nagorno Karabaj.
La defensa antiaérea mezcla sistemas anticuados y dispersión geográfica: Patriot veteranos, baterías NASAMS en número escaso, HAWK obsoletos y Mistral de corto alcance. Buena parte de esos medios están desplegados fuera de territorio español, en Turquía, Ucrania, Rumanía y países bálticos.
En el aire, España no tiene cazas furtivos de quinta generación; la única opción sobre la mesa es el F35. Los F-5M de entrenamiento esperan relevo por el Hürjet turco. Y desde la baja de la Reina del Espectro en 2015 no hay ningún avión de guerra electrónica. La aviación antisubmarina perdió los P-3 Orion en 2022 y su sustituto previsto, el C295, ofrece menos permanencia en misión. El escenario que se dibuja: si Marruecos incorpora submarinos, la comunicación marítima con Canarias quedaría comprometida. Nunca ha habido AWACS.
La Armada: fragatas con menos celdas y submarinos contados
En la Armada, las F110 en construcción sustituirán a las F80, pero llegan con
16 celdas de misiles frente a las 48 de las F100. Las F100, además, ya necesitan una revisión de media vida. Los buques no cuentan con defensa de punto frente a misiles y drones.
En submarinos hay dos en servicio —el S71 y el S81— y tres S80 en construcción. Se plantea ampliar la serie a seis u ocho unidades y dotar a los nuevos de capacidad de ataque a tierra. El único buque de inteligencia, el Alerta, fue botado en 1985. La infantería de marina opera 19 vehículos anfibios de cadenas AAV y 39 Pirañas de ruedas, todos cerca del final de su vida útil.
De la lista de la compra a la pregunta que nadie responde
El inventario deriva pronto hacia algo más incómodo. Una parte de los análisis sostiene que el problema no es el material sino la voluntad política de emplearlo: un país que se desintegra, se argumenta, no defiende nada aunque tenga medios. Otra corriente reduce la lista a tres cosas —submarinos, defensa antiaérea y misiles— y liquida el resto. También hay quien pone el foco en la munición y la tropa como lo verdaderamente básico.
Aparece la sospecha de corrupción en programas como el 8x8, la idea de una fábrica nacional de drones y cohetes, y la advertencia de que comprar armas a proveedores que pueden vetar su uso en caso de conflicto es un error de cálculo. La conclusión más repetida no es técnica: falta sentimiento de país.
El dato que descoloca no está en el catálogo. Está en que, con este inventario, la discusión no gira sobre qué comprar, sino sobre si alguien lo usaría.