El fútbol femenino español afronta la fuga de sus campeonas
Ganar un Mundial y plantearse abandonar la selección en el mismo tramo es, cuanto menos, un detalle. Eso es lo que se atribuye a las campeonas del mundo, que según la información difundida estudian renunciar a la Selección por la actitud del presidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), Luis Rubiales, en el episodio del beso a Jenni Hermoso. La amenaza no llega en el vacío: aterriza después de meses de tensión entre las jugadoras y la cúpula federativa, con una victoria mundialista que desde el entorno federativo se presenta como aval de su propia gestión. Ahí está la pregunta incómoda: ¿de quién es un éxito construido con dinero público?
El plan que multiplicó las licencias y el gasto público
Los números que se manejan dentro de la federación no son menores. Según la información citada en el hilo, la creación del departamento femenino y de un plan estratégico para el
fútbol femenino disparó las licencias: de 40.000 se pasó a más de 100.000, con el consiguiente aumento de desplazamientos, servicios médicos, nutricionistas y cuerpos técnicos. La delegación femenina, se defiende desde ese lado, quedó equiparada a la masculina.
El otro plato de la balanza es el dinero público. Según la información citada, el Gobierno destina más de 30 millones a potenciar el fútbol femenino mientras el masculino se autofinancia. Un mensaje del hilo cifra además en 250.000 euros la prima por jugadora tras el título mundial. Con esa contabilidad, reducir el conflicto a un beso es quedarse en la superficie: lo que se dirime de fondo es quién controla el presupuesto y quién firma el relato.
¿Por qué estudian renunciar a la selección las campeonas?
El detonante inmediato es la actitud de Rubiales tras el beso, pero el malestar viene de antes. En una temporada previa, un grupo de quince jugadoras renunció a la selección en un pulso con el entonces seleccionador. Aquel precedente, como recuerdan varios mensajes del hilo, no impidió el posterior título mundial, lo que alimenta la tesis de que las salidas no siempre debilitan al equipo.
La lectura contraria sostiene que este órdago es de otra naturaleza: no sería un pulso deportivo, sino una maniobra de presión con la opinión pública como árbitro. Hay quien ve ahí un intento de forzar el desgaste definitivo del presidente. La RFEF ha replicado difundiendo material gráfico para rebatir la versión de Hermoso y de FUTPRO, señal de que el capítulo sigue abierto.
El coste real: patrocinios, taquilla y relevo
El impacto no es solo deportivo. Para varios mensajes del hilo, un equipo sin sus campeonas es un producto con menos valor de mercado, y la competición femenina se apoya en buena parte en sus internacionales. Quien patrocina busca público y estabilidad, advierten esas mismas voces, y una guerra interna sostenida en los medios resta atractivo a cualquier marca. Si las empresas saltarán de un barco que se escora es, hoy, una incógnita.
La pregunta del dinero recorre todo el episodio. ¿Renuncia el grupo a sus emolumentos si deja la selección? ¿Aguanta la federación un torneo sin referentes? No hay respuesta en los datos disponibles. En cualquier caso, no hay constancia de que el coste de la pelea recaiga en ninguno de los dos bandos.
El precedente de la caja común
Hay un detalle que incomoda a ambos lados. El crecimiento del fútbol femenino que se exhibe como logro se apoyó, en parte, en gasto público y en una apuesta que no dependía del mercado. Eso vuelve más difícil justificar que el desenlace sea un grupo de jugadoras marchándose y un presidente atrincherado. El retorno sobre esa inversión, si el barco se parte en dos, queda en entredicho.
También aparece el relevo, y con él el viejo lugar común de que el sistema pesa más que las personas. Hay quien sostiene que pasarán otras quince y que el equipo jugará igual; otros avisan de lo contrario, que sin las que ganaron el producto pierde su principal reclamo.
Con los datos sobre la mesa, no cabe esperar una renuncia en bloque y definitiva, sino más bien un pulso largo con marchas y regresos según se mueva la federación. El dinero público seguirá, previsiblemente, financiando el espectáculo, gane quien gane esta batalla.