Bruselas blinda el gas con dinero público antes de la próxima crisis
Bruselas quiere poder comprar gas con el dinero de todos. El borrador del nuevo reglamento de seguridad energético contempla abrir el presupuesto comunitario para financiar compras conjuntas cuando se declare una alerta regional o para el conjunto de la Unión. Es la pieza central de un futuro
escudo energético europeo que, a diferencia del instrumento actual —ya bautizado con sorna como
Tinder del gas—, sí llevaría fondos presupuestarios detrás. El diseño económico, el operativo y el
reparto de costes siguen sin definir. Es un borrador.
Subvencionar una importación inelástica
El argumento más sólido contra el escudo no es ideológico, es de física de mercado. Si la oferta no llega, subvencionar la compra no crea moléculas: el precio vuelve a subir hasta destruir demanda, y quien paga con dinero público estará poniendo euros para calentar exactamente la misma factura. No hay milagro que haga llegar gas a todo el mundo cuando el gas no llega. Hay quien apunta además que el objetivo real no es salvar el consumo europeo, sino exprimir el de otros países hasta que su gas licuado acabe virando hacia Europa. Y quien recuerda que el gas se paga en dólares teme lo de siempre: más euros impresos, euro más débil, todo más caro.
El problema no es el dinero, son los barcos
Antes de discutir el reparto de costes, la conversación seria es logística:
asegurar contratos con los buques metaneros, incluidos los que navegan bajo bandera opaca. La electrificación reduce la dependencia, pero a años vista. Una crisis de suministro ligada al conflicto de Irán, en cambio, se plantea como cuestión de meses, con el invierno encima. Dos relojes distintos que hay que mover a la vez, y ninguno perdona.
Con estos mimbres, el escudo promete. Y su factura también. El único número que circula estos días en cualquier barra es el de un bocata de tortilla francesa:
10 euros. No es un indicador oficial. Pero explica la temperatura mejor que cualquier comunicado.