Un cetáceo se acerca a la orilla en Huelva y nadie acierta la especie
Un vídeo grabado a plena luz del día en una playa de Huelva muestra a un cetáceo pegado a la arena, a pocos metros de unos bañistas que no salen del agua. El animal se cruza con una tabla de paddle surf y, al final del vídeo, su ocupante acaba en el agua. Lo publicó el diario
Huelva Información y la reacción inmediata fue dar por hecho lo más vistoso: era una orca.
Con calma, esa certeza se deshace. La clave está en
la aleta dorsal, en la ausencia de manchas blancas en los laterales y en un tamaño que no acaba de encajar. Las candidatas que se barajan son otras: la falsa orca (
Pseudorca crassidens), el calderón —ballena piloto, para los no iniciados— o un zifio de Cuvier, un animal esquivo y difícil de identificar en un vídeo de móvil.
¿Era una orca lo que se vio en la playa de Huelva?
No, o al menos no con la evidencia disponible. Una orca auténtica tiene una aleta enorme y un contraste blanco y negro que no admite dudas, y en las imágenes no se aprecia ni una cosa ni la otra, sostienen quienes participan en el hilo. Lo que sí se ve es un delfínido de gran talla nadando despacio, sin una conducta de caza reconocible.
El diagnóstico más repetido entre quienes opinan es el de falsa orca, aunque también hay quien defiende el calderón. La duda no se cierra: un cuerpo grande, una aleta alta y una imagen borrosa dan para muchas quinielas. Que sea
más grande que cualquier delfínido común —salvo la propia orca— es, por descarte, el argumento que más peso tiene entre los participantes.
La lista tampoco es caprichosa. El calderón, también llamado ballena piloto, es un delfínido grande y oscuro que varios foreros ponen sobre la mesa. El zifio de Cuvier es otra cosa: se deja ver poco y solo un ojo entrenado lo distingue. Desde la orilla, los tres candidatos se parecen sospechosamente.
¿Atacan las orcas a los bañistas?
El registro no ayuda a los alarmistas, según varios de los que intervienen en el hilo. Fuera de la cautividad no hay casos documentados de ataques de orcas a personas en libertad, y eso incluye encuentros en aguas abiertas y a pocos metros de la costa. Un pescador de Canarias lo resumía sin rodeos: es muy difícil que uno de estos animales ataque a un humano, aunque sea una orca de verdad.
Gana peso el argumento de la inteligencia, defienden los foreros. Las orcas se alimentan de tiburones blancos, cachalotes y otras ballenas, presas mucho más peligrosas que un bañista, y aun así distinguen a la persona del resto del menú. De depredador alfa a depredador alfa, con respeto.
Otra cosa es la etiqueta. En inglés nunca se llamaron «whale killer», sino justo al revés:
killer whale, ballena asesina. El nombre viaja peor que el animal.
El avistamiento real que quita hierro al asunto
Quien ha visto una orca de cerca no olvida la escala. Un forero contaba su propio episodio: una orca auténtica a
escasos 20 metros durante una almadraba. La aleta negra era inmensa, y el animal no se acercaba a la orilla, iba paralelo a ella. Ver semejante aleta tan cerca, venía a decir, hace salir del agua a toda prisa.
Ese detalle importa: en el vídeo de Huelva el cetáceo se arrima a la arena, no la rehúye. O no es una orca, o es la orca más educada del Atlántico. La hipótesis más simple, y la que defienden quienes distinguen las especies, es la primera.
Del susto a la broma
Con el susto pasando, la conversación derivó al chascarrillo. Que si el animal solo quería jugar, que si el del paddle surf se cae al final del vídeo y menos mal que el bicho era inofensivo, que si esto no es Australia ni Hawái. La escena, vista en bucle, se convirtió en un clásico de playa: gente grabando a un animal salvaje a dos metros mientras el animal pasa olímpicamente de ellos.
Otros no lo veían tan divertido. Sostienen que quedarse en el agua filmando a un cetáceo grande es tentar la suerte, y que la calma de los bañistas se parece demasiado a la ignorancia. La discusión se partió, como casi siempre, entre quienes se fían del bicho y quienes se habrían puesto a cubierto sin esperar a averiguar la especie.
El detalle que descoloca llega al final: existen
40 especies de delfines conocidas, según la web que cita un forero, y, ante una aleta que asoma a pocos metros, ni quien graba ni quien opina es capaz de decir con seguridad cuál es. El vídeo acaba y casi nadie acierta con el nombre.