Feijóo pide a los carteros repartir el voto por correo pese a sus jefes
Un expresidente de Correos pidiendo a los carteros que se salten a sus propios jefes. La paradoja resume el lío que rodea al
voto por correo de cara a unas generales convocadas en pleno julio. Feijóo, que, según varios mensajes del hilo, dirigió la empresa pública
entre 2000 y 2003, reclamó a los carteros que repartan los votos «con independencia de sus jefes». La frase ha corrido por redes y medios, y sus críticos la leen como una invitación al conflicto justo cuando más falta hace que el proceso sea irreprochable.
Su paso por Correos no es un detalle menor. Quien exige ahora transparencia a la empresa pública la pilotó años atrás, y eso le ha sido recordado desde varios frentes. Con la sospecha instalada, cualquier gesto se interpreta en clave política.
El atasco del voto por correo, en cifras
Los números que se manejan apuntan a un atasco real.
En 2019 se emitieron por correo alrededor de 900.000 votos, una cifra que maneja uno de los mensajes del hilo; el volumen de solicitudes de esta convocatoria ha desbordado lo previsto. Uno de los mensajes del hilo relata colas de una veintena de personas en una oficina, con un ritmo de
unos 15 minutos por trámite y el calor del verano apretando.
El reparto del colapso no es homogéneo. Según un mensaje del hilo, los mayores porcentajes se concentran en
Madrid, Tarragona, Baleares, Sevilla, Málaga y Murcia. Hay quien lee ahí una pista, y no porque el dato sea concluyente, sino porque son, precisamente, plazas donde el PSOE tendría más que perder.
La dotación de personal es el otro frente. Se sostiene que se ha asignado
una tercera parte del mínimo necesario para tramitar el voto por correo, lo que explicaría las colas y los retrasos. Y sobrevuela la fecha: unas elecciones en plenas vacaciones de julio, con parte del electorado fuera de su domicilio.
Quién custodia el voto y quién mueve los datos
El recuento descansa en
Indra, un extremo que se subraya a menudo para descartar el amaño clásico: manipular el conteo físico es complicado. La atención se desplaza entonces al traslado de datos, el eslabón donde siempre ha estado la madre del cordero.
Aquí aparece un detalle que ha llamado la atención. Un usuario del hilo sostiene que el envío de los datos de participación a pie de urna y de los resultados de cada colegio electoral
no lo hará esta vez el personal de Correos, como es habitual en unas generales, sino otra empresa. Que la empresa pública y quien la dirige —un nombramiento que sus críticos vinculan al Gobierno— no hayan llegado a un acuerdo para encargarse de esa tarea ha alimentado toda clase de lecturas.
De la petición de Feijóo al asalto al Capitolio
La comparación más dura ha llegado desde la izquierda. Pablo Echenique ha vinculado la petición de Feijóo con el asalto al Capitolio de Estados Unidos: sostiene que Trump empezó así y acabó jaleando a una turba que asaltó la sede del Legislativo. Es una acusación gruesa, y como tal se formula, pero mide bien la temperatura del asunto.
Enfrente, la lectura es la contraria. Cuestionar la neutralidad de Correos sería legítimo cuando quien está al frente es un nombramiento afín al Gobierno, y poner el foco en el voto por correo no atacaría la democracia, sino que exigiría garantías. Dos marcos mentales que no se van a encontrar.
CCOO, el «secreto de Estado» y lo que no está probado
En medio del ruido se ha colado la mención al sindicato CCOO: el mensaje inicial del hilo subraya que la crítica al voto por correo no la hacen el PP ni VOX, sino CCOO. Otro usuario se pregunta, en cambio, qué ha pasado con el sindicato. Junto a eso circula la afirmación,
sin confirmar, de que el voto por correo se ha declarado «secreto de Estado». No hay documentación pública que respalde esa idea y merece el mismo trato que el resto de rumores que han acompañado al proceso: escepticismo.
La tesis del pucherazo: qué se sostiene y qué no
Aquí toca separar el grano de la paja. Una corriente sostiene que el pucherazo no es posible sin controlar Correos e Indra, y que por tanto solo el partido que gobierna tendría esa capacidad. Otra va bastante más allá y asegura que todo está decidido de antemano por una suerte de logia que reparte turnos. Es una hipótesis sin ninguna prueba detrás y así se presenta.
Entre las propuestas que circulan está la de forzar un
recuento aparte del voto por correo, igual que se hace con el voto desde el extranjero, para analizarlo estadísticamente y descartar o confirmar un fraude. Nadie con voluntad de transparencia debería negarse, argumenta quien la plantea.
Y una advertencia que se repite: quien no controla los medios ni las instituciones difícilmente puede dar un pucherazo. Es el argumento que se usa para decir que, según quién gane, la sospecha apuntará siempre al mismo lado.
El final que nadie firma
Queda la Junta Electoral Central, a la que algunos reclaman que actúe de oficio. Queda Feijóo diciendo que, si cree que ha habido problemas, investigará. Y queda la pregunta incómoda: si el voto por correo no se puede verificar de forma independiente, ¿de qué sirve discutir quién lo controla?