Errejón rompe el silencio en redes mientras la denuncia sigue sin resolver
Una denuncia pública difundida en
redes sociales, sin imputación ni resolución judicial conocida, ha colocado a Íñigo Errejón en el centro de una tormenta política en plena precampaña. El relato es de una persona que dice haber vivido una «situación muy desagradable» con el dirigente en una fiesta celebrada el 17 de junio. No hay, por lo que se sabe, denuncia formal, imputación ni condena: hay un testimonio, una acusación que corre de pantalla en pantalla y una pregunta directa a Yolanda Díaz sobre si sabe algo. Lo que ha encendido todas las alarmas no es solo el contenido. Es lo que hizo después el señalado:
nada.
El silencio que se rompió con un tuit sobre una patera
La cuenta de Errejón dejó de publicar desde el mismo 17 de junio, en plena precampaña. El silencio, en política, nunca es neutro: alimenta interpretaciones y las deja crecer sin control. Y se rompió de la forma menos esperada. El dirigente retuiteó la noticia de un bebé muerto cerca de Canarias en una patera que, según el medio citado, había pedido auxilio a España más de 12 horas antes. El primer movimiento público tras la acusación fue, por tanto, ajeno al caso. Un giro hacia un asunto humanitario y migratorio que muchos leyeron como una manera de cambiar de tema sin cambiar de tema.
¿Existe denuncia contra Errejón?
Por ahora solo consta una denuncia pública, la que se difunde en redes. No hay imputación, no hay causa abierta conocida y no hay sentencia. Esa es la foto fija del asunto. Sobre ella se cruzan dos lecturas incompatibles. Una sostiene que la ausencia de proceso no equivale a ausencia de hechos y recuerda que muchas denuncias nunca llegan a los tribunales. La otra responde con una pregunta tan vieja como incómoda: si no hay condena ni acusación formal, ¿qué se está juzgando exactamente, y en qué tribunal?
El «yo sí te creo» cambia de bando
La paradoja tiene su gracia, y su parte de trampa. El dirigente construyó buena parte de su discurso sobre la máxima de creer a quien denuncia, sin exigir pruebas previas. Ahora esa misma vara se aplica a él. Hay quien lo celebra con un punto de venganza —
la medicina de su propia receta, dicen—, y hay quien advierte que reírse de la presunción de inocencia por cálculo partidista es un juego de doble filo. Los argumentos que ayer servían para no dudar de una víctima sirven hoy para no dudar de la acusación. Nadie parece cómodo con la simetría.
La mediación y los nombres que circulan
En las versiones que se cruzan aparece la figura de una intermediaria —se menciona a la diputada Loreto Arenillas— y la idea de que existe una mediación en marcha para gestionar el asunto al margen de los tribunales. De ahí sale una de las frases más repetidas: si hay mediación, es que hay conflicto. Es un razonamiento circular y, a la vez, revelador: la propia mecánica de gestión de la crisis alimenta la sospecha de que hay algo que gestionar.
La exigencia de un mismo rasero mediático
Entre los reproches que más se repiten está el de la cobertura. Una parte de quienes siguen el caso pide que los medios apliquen a esta acusación el mismo tratamiento que dieron a otros escándalos con personajes famosos, como el de Dani Alves, y se pregunta en voz alta por qué aquí se invoca la presunción de inocencia y allí no. El argumento es potente en su forma y frágil en su fondo: dos casos distintos no se vuelven idénticos porque a uno le convenga el paralelismo. Pero la queja señala algo real, y es que el rasero del relato público cambia según quién esté sentado en el banquillo.
Por qué la fecha importa tanto
El detalle del calendario no es menor. La acusación aparece en precampaña, cuando las listas se cierran y los equilibrios internos se tensan. Eso abre dos hipótesis que conviven sin reconciliarse: que la denuncia sea real y llegue justo cuando más duele, o que llegue justo cuando más daño hace precisamente porque el momento la vuelve más útil. Ninguna de las dos se puede demostrar con lo que hay sobre la mesa. Y esa falta de prueba es, a la vez, el argumento de unos y de otros.
Con la precampaña en marcha y sin resolución judicial a la vista, la pregunta no es solo qué ocurrió el 17 de junio. Es si una acusación sin tribunal puede convivir con la presunción de inocencia que casi nadie parece dispuesto a defender cuando el señalado cae del lado que no toca.